Las leyendas son narraciones reales o fabulosas que hacen de su improbabilidad su épica. Tejen alrededor de un suceso un velo de superstición. Las historias dejan de ser historias, ciertas o no. Pasan a pertenecer al rótulo de leyenda cuando su cronología se oscurece y queda envuelta en un fenómeno paranormal, en un mito, en una maldición. La historia del automóvil absorbió eventos embrujados que cargan el peso de su prontuario. Son los modelos que arrastran un reguero de víctimas, trágicamente populares por encubrir relatos tormentosos. Su reputación está declarada. Siempre serán acusados de estar malditos, válidos o no, ya pertenecen a la categoría leyenda.
Isadora Duncan
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La creadora de la danza moderna murió arriba de un auto. Isadora Duncan fue una bailarina y coreógrafa estadounidense de trascendencia mundial. Su danza era fresca, radical, innovadora, cargada de sensualidad y energía. Era una artista libre, transgresora, poderosa y emancipada de los tradicionalismos. Sin embargo, su vida le había guardado un temor y un recuerdo indeleble. Sus hijos Deirdre y Patrick murieron ahogados en París, en 1913, luego de que el auto que los transportaba cayera al río Sena.

Su dolor se convirtió en obsesión. Constantemente decía que un auto iba a matarla. Pronosticaba su propia muerte aludiendo a la "maldición de las máquinas". Una premonición: el 14 de septiembre de 1927, Benoit Falchetto, amante y mecánico italiano, fue a recogerla en su precario descapotable Amilcar GS de 1924 para un encuentro romántico. Isadora ya tenía 50 años y atrás habían quedado sus años de fastuosos lujos: el Amilcar era un automóvil más bien modesto. Pero ella no sacrificaba su decoro y estilo. Vestía una chalina de seda a bordo de un modelo convertible. Las circunstancias trágicas que rodean su muerte contribuyeron a la consolidación del mito. La leyenda reza que Isadora Duncan murió ahorcada. La causa: la pieza de seda se enredó los rayos del neumático trasero.
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James Dean

"Vive intensamente, muere joven y deja un bonito cadáver", pensaba James Dean, mítico actor estadounidense de la década del cincuenta. Lo cumplió, casi que paradójicamente: murió a los 24 años en un accidente automotriz a bordo de su flamante Porsche Spyder 550, bautizado el "pequeño bastardo" tal vez por su exigencia, por su intimidante relación peso-potencia. Era un deportivo ligero y esbelto: motor 1.5 bóxer con doble carburación capaz de entregar 110 CV, con un peso mísero de apenas 550 kg de chasis y carrocería de aluminio. Su velocidad máxima era de 225 kilómetros, un logro para la época: había sido lanzado en 1954. Era una auténtica máquina aerodinámica.
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James Dean no duró una semana con su nueva adquisición. Sir Alec Guinness, otro célebre actor, le expresó su preocupación al conocer el vehículo. "Jimmy, no lo conduzcas. Con este auto te vas a matar en una semana", le advirtió. Ursula Andress y Eartha Kitt, también actrices, rechazaron subirse al deportivo porque les transmitía "malas vibraciones". El 30 de septiembre de 1955 James Dean se mató en su Porsche Spyder 550, como si fuese una profecía maligna. Un Ford Tudor conducido por un estudiante se le cruzó en la ruta 41, cerca de localidad de Salinas, en el estado de California. Viajaba junto a Rolf Weutherich, mecánico y amigo. Dean murió camino al War Memorial Hospital. Weutherich se fracturó brazo y clavícula. Y el pequeño bastardo quedó destruido. No así su maldición.

Los restos fueron comprados por el restaurador George Barris, el creador del primer Batimóvil. La leyenda del automóvil con bastidor número 2Z77767 acumuló siete accidentes más con un derivado de ocho heridos graves y cuatro muertos. Incidentes de robos fallidos, ruedas reventadas que provocaron siniestros fatales, eventos desafortunados en exposiciones, un cúmulo de desgracias que alimentan el imaginario popular. Su maldición fue demasiada: Barris quiso desprenderse del Porsche Spyder 550 despiezado, con un final tétrico. Su dueño quiso trasladar los restos al otro extremo del país, a Nueva Orleans, pero misteriosamente desaparecieron. Según rumores recientes, el "pequeño bastardo" o lo que queda de él se conserva en una caja oculta en un depósito de un humilde museo en Volo, Illinois.
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Francisco Fernando y la Primera Guerra Mundial

Es la historia del lugar físico donde comenzó la Primera Guerra Mundial. El magnicidio del archiduque Francisco Fernando, heredero al trono austrohúngaro, y de su esposa, la condesa Sophie Chotek, mereció la etiqueta del "Atentado de Sarajevo". Gavrilo Princip, un terrorista y estudiante de 19 años, perpetró el doble asesinato que un mes después inspiró el nacimiento de la Gran Guerra. Cuando Austriahungría le declaró la guerra a Serbia por considerar que había avalado el atentado y cuando el tejido de alianzas fue alcanzando a todas las potencias europeas.
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Su maldición no sucumbió ante el conflicto bélico. Por el contrario, se reforzó. En los doce años siguientes, el descapotable clásico participó en seis accidentes con un saldo fatal de tres conductores muertos. La superstición del vehículo permaneció incluso como pieza de museo. En el Museo de Historia Militar de Viena, Heeresgeschichtliches Musseum, soportó los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, dentro de un edificio que fue prácticamente devastado. El Gräf & Stift Double Phaeton se mantuvo perfecto, impecable. Nunca nadie más lo condujo.
Jean Bugatti
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Los comienzos de la firma que presume de haber creado el Bugatti Chiron, el mejor auto de la actualidad, no fueron felices. Ettore Bugatti, fundador de la automotriz que lleva su nombre, alguna vez soñó una premonición fatal: que su hijo Jean, diseñador y piloto de pruebas, sufriría un accidente trágico a bordo de un deportivo marcado con un IX. Era la mañana del viernes 11 de agosto de 1939 y Jean tenía que rodar con un prototipo del Bugatti Type 57 Tank, una evolución del modelo ganador de Le Mans.
Pero el número del vehículo de pruebas era el IX, el mismo que había protagonizado la pesadilla del presidente de la compañía. Inmediatamente solicitó cambiar la numeración alterando el orden de los factores. Jean Bugatti salió a pista con el XI en su carrocería. Pero la modificación no esquivó la maldición: un cartero perdió el control de su bicicleta cuando el Type 57 Tank de Jean circulaba a más de 200 kilómetros por hora. Una maniobra desesperada, el impacto frontal con un árbol y la muerte instantánea del heredero. El accidente fue el principio del fin para Ettore, acusado de juicio por colaboracionismo en la invasión alemana en el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Murió en 1947, en la vieja fábrica donde trabajaba Jean.
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