El general Oleg Makarevich secaba las gotas de transpiración que recorrían la despoblada superficie de su cabeza mientras sostenía su smartphone. Observaba con detenimiento su aplicación favorita: FlightRadar24. Esa app de posicionamiento y rastreo de vuelos le mostraba la posición de cazas y helicópteros norteamericanos. O eso creía. En eso descansaba él y hacía descansar al resto de la cúpula chavista a la que tanto él como el Kremlin prometieron proteger.
Makarevich -quien llegó a Venezuela luego de su pobre performance en Ucrania en noviembre de 2023- seguía órdenes de sus superiores. Debía convencer a los venezolanos que tenía las herramientas necesarias para garantizar su seguridad ante amenazas externas. Sería el guardián del régimen que por entonces comandaba Nicolás Maduro.
En sus horas más dramáticas -entre noviembre y diciembre de 2025-, el general ruso le subrayó al dictador latinoamericano y las autoridades militares venezolanas y cubanas que tenía todo bajo control. Le había informado -a él y a su esposa, Cilia Flores- que contaba con la tecnología necesaria para saber cuándo una nave de guerra de los Estados Unidos sería una amenaza. O cuándo un misil podría tener como destino Miraflores o dondequiera que se encontrara.
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Durante años, Moscú se posicionó como un aliado incondicional del chavismo. Militarmente resaltó que tenían absoluto control aéreo de lo que ocurría en Venezuela. Y que cualquier plan de desembarco y ataque podría ser anticipado gracias a sus sistemas de inteligencia de señales y de escuchas.
Makarevich tenía a su cargo la Equator Task Force, una fuerza militar de alrededor de 120 miembros que tenía como función entrenar agentes del Ejército de Venezuela. Los capacitaba en tácticas de infantería, operaciones de drones, reconocimiento y comunicaciones.
Pero el día más importante para la historia chavista -el 3 de enero por la madrugada-, las fuerzas rusas miraron hacia otro lado. Algunos dicen que fue una traición planificada. Otros que simplemente nunca tuvieron las capacidades que le prometieron a Maduro en el menú de servicios. “No puedes proteger a un dictador con FlightRadar; es absurdo... e indignante”, señala una fuente militar venezolana.
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Los militares venezolanos que debían velar por Maduro nunca estuvieron convencidos de la sinceridad o eficacia de Makarevich. Conocían sus pobres antecedentes en el frente ucraniano. “Es el gran responsable de la muerte de los soldados cubanos que protegían al presidente”, dice otra fuente chavista, que ya no está cerca del poder.
La presencia del general provoca reacciones no del todo agradables. El embajador ruso en Caracas, Sergey Mélik-Bagdasárov lo responsabiliza por el fracaso del operativo para impedir que Estados Unidos irrumpiera en el bunker de Maduro para llevárselo, pese a la cortina de protección que rodeaba al dictador. Nunca lo dirá en público, pero es lo que repite casi a diario cuando debe dar una explicación sobre el operativo en la capital venezolana en la cual se llevaron detenido a Maduro y a su esposa Cilia Flores.
Makarevich había instalado la supuesta base de observación para evitar una incursión norteamericana en el pueblo de Manzanares, al sur de Caracas. Pero nada de ello funcionó.
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La madrugada del 3 de enero de 2026 la operación militar “Resolución Absoluta” se puso en marcha sin que los supuestos radares de Rusia actuaran o supieran qué estaba pasando. La misión fue ejecutada tras meses de preparación y ejercicios, involucrando a más de 150 aeronaves.
El despliegue de las fuerzas norteamericanas comenzó con bombardeos intensos dirigidos contra Fuerte Tiuna, el mayor complejo militar de Venezuela, y una base aérea, además de ataques en los estados de La Guaira, Miranda y Aragua, donde se encuentra el aeropuerto internacional de Caracas. En Fuerte Tiuna estaba Maduro. Rusia estaba tan desconcertada como las autoridades del régimen chavista. Y el general Oleg Makarevich todavía no entendía de qué se trataba todo aquello frente a sus ojos.
Desde enero, las autoridades de la dictadura cubana han estado debatiendo qué hacer con la “ayuda” que Rusia les ofrece para protegerlos. Saben que los hombres de la Equator Task Force al mando de Makarevich no sólo no protegieron a Maduro, sino que además su ineficiencia generó la muerte de 33 militares cubanos que se suponía debían proteger al dictador chavista. Pero la cúpula cubana tiene claro que los rusos nunca tuvieron un plan diseñado para proteger a Maduro, quien hoy está preso en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, Nueva York.
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También saben que su tiempo se acerca. Y que tarde o temprano los rusos también los abandonarán. Sólo resta saber cuándo.
X: @TotiPI