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Venezuela enfrenta riesgos sanitarios y ambientales un mes después de los terremotos que dejaron más de 5.000 muertos

Escombros contaminados, agua sin tratar y hacinamiento en refugios alimentan el temor a nuevos brotes de enfermedades en las zonas más golpeadas por los sismos de junio

Rescatistas en medio de la destrucción tras los sismos en La Guaira, Venezuela, el 6 de julio del 2026 (AP foto/Ariana Cubillos)

Ha pasado más de un mes desde los devastadores terremotos de Venezuela, y el sonido constante de la maquinaria pesada todavía resuena en los vecindarios más golpeados de La Guaira, en la costa norte.

El polvo de los edificios derrumbados queda suspendido en el aire húmedo. La basura se ha acumulado. Familias acampan fuera de viviendas consideradas demasiado peligrosas para entrar. Camiones cisterna se abren paso por calles dañadas.

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Hay algunas áreas en las que el olor a cadáver es muy fuerte”, declaró Carolina de Jesús, directora del proyecto en Venezuela de la organización humanitaria Project HOPE, quien ha pasado casi todos los días en la región desde los sismos.

Expertos en salud pública y medio ambiente dijeron a The Associated Press que las próximas semanas son cruciales para prevenir crisis secundarias causadas por contaminantes de los escombros y por la reconstrucción.

Rescatistas recuperan el cuerpo de una víctima de entre los escombros de un edificio derrumbado, tras los terremotos del 24 de junio en Caraballeda, La Guaira, Venezuela, 20 de julio de 2026 REUTERS/Gaby Oraa

Cifras del gobierno indican que los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 del 24 de junio dejaron más de 5.000 muertos, casi 17.000 heridos y a casi 18.000 personas sin hogar. Las autoridades no han dicho cuántas siguen desaparecidas, aunque estimaciones sitúan la cifra en decenas de miles. El Banco Mundial calcula que los terremotos causaron 19.600 millones de dólares en daños físicos directos.

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Los sobrevivientes ahora están viviendo los costos ambientales en una región donde el sistema de salud ya estaba debilitado por años de crisis económica.

“Hay un ambiente de esperanza, pero también una enorme presión con relación a qué pasará mañana, cómo será la reconstrucción, qué pasará con las personas si se van a reubicar en nuevos campamentos o no”, indicó De Jesús.

Los residentes enfrentan polvo y otros peligros ambientales

Fabiana Jaimes está sentada junto a un edificio derrumbado por los terremotos mientras espera a que los trabajadores terminen de retirar los escombros en la búsqueda incesante de su madre, Yalizca Bravo, en La Guaira, Venezuela, el jueves 23 de julio de 2026 (Foto AP/Ariana Cubillos)

Entre quienes aún buscan a sus seres queridos está Mary Cruz Andueza. La torre donde vivía su madre se derrumbó.

No sé si está viva, no sé si está muerta, no sé si está en un hospital, no sé dónde está, no sé si está allí, debajo de los escombros”, señaló Andueza, de 35 años.

“A los dos días de estar aquí, el polvo me provocó un malestar grave en el cuerpo”, dijo, añadiendo que ”mi papá sufre de los pulmones y hemos estado con tos, alergias... porque hay mucho polvo. Estamos muy cerca del edificio”.

Gestionar un estimado de 1,2 millones de toneladas de escombros causados por los terremotos es un gran desafío ambiental. Gran parte de los restos podría estar contaminada con combustibles, aceite de motor, pinturas, solventes, plásticos y otros materiales peligrosos liberados cuando los edificios cayeron.

Eso ha generado preocupación de que los contaminantes puedan propagarse si los escombros no se clasifican y eliminan adecuadamente. En La Guaira, montañas empinadas se elevan detrás de comunidades densamente pobladas, lo que deja poco espacio.

Las autoridades están separando los escombros contaminados del material reutilizable. El concreto y otros desechos reciclables se usarán en la reconstrucción, mientras que el material contaminado —como asbesto, químicos, residuos de combustible y otros desechos peligrosos— deberá desecharse en instalaciones especializadas, según Joaquín Benítez, director de Sostenibilidad Ambiental de la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas.

Una imagen tomada con un dron muestra edificios destruidos por los dos terremotos que sacudieron Venezuela hace un mes, causando la muerte y el desplazamiento de miles de personas, en La Guaira, Venezuela, el 24 de julio de 2026 REUTERS/Leonardo Fernández Viloria

Benítez señaló que había visto reportes de que algunos escombros pudieron haber sido arrojados a lo largo de la costa o al mar durante la respuesta inicial de emergencia, mientras las autoridades se apresuraban a despejar carreteras bloqueadas. Periodistas locales dijeron que la práctica se detuvo después de los primeros días.

Si los escombros que contienen combustibles u otros materiales peligrosos llegan a las aguas costeras, los contaminantes podrían afectar la calidad del agua y los ecosistemas marinos. Grandes volúmenes de sedimentos y desechos de construcción podrían modificar las líneas de costa y dañar hábitats costeros.

Diego Díaz Martín, presidente de la organización ambiental Vitalis, advirtió que las lluvias estacionales podrían desencadenar deslizamientos de tierra en laderas debilitadas por los terremotos. También alertó que el daño a ecosistemas sensibles podría permanecer sin detectarse porque muchas zonas afectadas aún no han sido evaluadas.

Martín sostuvo que el esfuerzo de recuperación debería incluir trabajos para reducir riesgos ambientales futuros, y pidió a las autoridades reconstruir fuera de áreas propensas a deslizamientos.

El gobierno venezolano no respondió a preguntas sobre su respuesta a los impactos ambientales y de salud pública del terremoto.

Preocupación por agua potable y enfermedades

Una mujer se agacha sobre los escombros de un edificio derrumbado mientras busca a sus familiares, casi un mes después de que los terremotos sacudieran Venezuela el 24 de junio, causando la muerte y el desplazamiento de miles de personas, en Caraballeda, La Guaira, Venezuela, el 22 de julio de 2026 REUTERS/Leonardo Fernandez Viloria

El acceso a agua potable se ha convertido en uno de los mayores desafíos. Incluso donde camiones cisterna están abasteciendo a las comunidades, eso no significa necesariamente que el agua haya sido tratada adecuadamente, afirmó de Jesús.

El agua sucia y el saneamiento insuficiente están contribuyendo a enfermedades diarreicas, infecciones urinarias, infecciones de la piel y condiciones que permiten la propagación de enfermedades transmitidas por mosquitos, explicó.

“El terremoto no provoca brotes por sí solo sino que el riesgo proviene de las condiciones posteriores al desastre”, apuntó el doctor Mauricio Cerpa, epidemiólogo del Centro de Operaciones de Emergencia de la Organización Panamericana de la Salud.

Refugios hacinados y la falta de sistemas de agua, saneamiento, atención médica y cobertura de vacunación crean las condiciones para que las enfermedades se propaguen, indicó.

FOTO DE ARCHIVO: Un hombre utiliza una amoladora angular en el lugar de un edificio derrumbado, tras los terremotos del 24 de junio, en La Guaira, Venezuela, el 4 de julio de 2026 REUTERS/Adriano Machado/Foto de archivo

Cerpa dijo que las autoridades han identificado 18 enfermedades prioritarias y problemas de salud pública que requieren notificación inmediata, entre ellos enfermedades diarreicas, infecciones respiratorias, dengue, malaria y sarampión. La cobertura de vacunación de Venezuela ya había caído por debajo de los niveles recomendados antes de los terremotos, lo que aumenta la preocupación por las condiciones de hacinamiento.

Funcionarios de salud señalaron que la detección de enfermedades en refugios temporales se ha convertido en una prioridad inmediata. La OPS indicó que equipos de salud están apoyando campañas de vacunación y mejorando las condiciones de agua y saneamiento.

Cerpa advirtió que miles de personas con enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión podrían enfrentar riesgos crecientes si los servicios de salud siguen interrumpidos.

Voluntarios desarrollan enfermedades respiratorias

Varias personas observan cómo las máquinas remueven los escombros mientras buscan a sus seres queridos entre los restos del terremoto de Caraballeda, La Guaira, Venezuela, tras el 24 de junio REUTERS/Gaby Oraa

Miles de voluntarios y trabajadores humanitarios se han sumado a las labores de ayuda en medio de críticas por la velocidad y la coordinación de la respuesta oficial.

De Jesús dijo que algunos han desarrollado enfermedades respiratorias tras semanas de respirar polvo de sílice y cemento liberado mientras se retiran los edificios colapsados. Otros han sufrido deshidratación y enfermedades diarreicas durante largas jornadas bajo el calor.

Uno de los principales desafíos es cómo recuperar toda la atención esencial”, aseguró Cerpa, notando que los hospitales deben reanudar el tratamiento de personas con enfermedades crónicas mientras atienden la creciente demanda de vigilancia de enfermedades, servicios de salud mental y atención materna.

Alycia Clark, vicepresidenta y directora farmacéutica de Direct Relief, dijo que los terremotos agravaron la escasez de larga data de medicamentos, personal sanitario e infraestructura médica, dejando a muchos pacientes en riesgo de perder su atención rutinaria.

Expertos en salud pública y medio ambiente indicaron que la siguiente fase de la recuperación se centrará en restablecer agua y saneamiento seguros, reconstruir servicios de salud esenciales y gestionar los peligros ambientales antes de que creen nuevas emergencias.

Clark afirmó que la respuesta inmediata al trauma daría paso a un desafío de salud pública mucho más prolongado.

“Las necesidades solo van a aumentar a partir de ahora”, aseveró.

(Con información de AP)

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