Mucho antes de los dos terremotos del miércoles 24 de junio, que hasta el momento de escribir esta nota arrojaban un saldo de 1.430 fallecidos y 3.238 heridos, la institucionalidad de Venezuela estaba en la ruina.
Décadas de polarización, autoritarismo y crispación política estallaron la madrugada del 3 de enero, cuando fuerzas especiales de Estados Unidos atacaron el país y capturaron a Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Tras la caída de Maduro, Delcy Rodríguez se encargó de la Presidencia de la República y la oposición exige elecciones para restituir la soberanía popular y el orden constitucional.
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Naciones Unidas estima que las pérdidas materiales provocadas por el doblete sísmico ascienden a 6.700 millones de dólares. Ante la magnitud de la tragedia, expertos advierten que el enorme esfuerzo de reconstrucción amerita como paso previo recuperar la legitimidad democrática del Estado venezolano.
“La reconstrucción de Venezuela exige algo más que recursos financieros o asistencia internacional: requiere un liderazgo con legitimidad democrática y capacidad para construir consensos”, apunta el economista e investigador de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Asdrúbal Oliveros.
El experto subraya que “el país necesita diseñar una hoja de ruta que permita alcanzar acuerdos políticos amplios, conducir a un gobierno elegido democráticamente y dotarlo del respaldo necesario para impulsar las reformas económicas e institucionales que la recuperación demanda”.
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“Ningún programa de reconstrucción será sostenible si no descansa sobre instituciones legítimas, reglas claras y un pacto político que ofrezca estabilidad, genere confianza y permita movilizar el apoyo de la comunidad internacional y de la inversión privada”, enfatiza Oliveros.
Diálogo
El sociólogo Leonardo Vivas opina que “sería un momento ideal para llamar a una conversación abierta entre el gobierno provisional y la Plataforma Unitaria, de la mano de Estados Unidos, para acelerar los cambios institucionales”.
Días antes del cataclismo, la administración de Donald Trump impulsó la instalación de una mesa de negociación entre el régimen chavista y una delegación de la oposición.
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El Departamento de Estado aplaudió el acercamiento entre las partes, destacando la voluntad de “discutir una agenda que servirá como hoja de ruta para un diálogo político sobre una transición democrática”.
Vivas observa que Venezuela “se encuentra en la peor situación posible, pagando con creces la destrucción de más de dos décadas que desvencijaron la acción pública”.
El antiguo profesor de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy sostiene que el gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez solo atiende a los designios de la Casa Blanca para mantenerse en el poder, al tiempo que “gran parte del liderazgo político y social está desmovilizado o en el exilio, con poca capacidad para aunar fuerzas con quien sea para ayudar a sobrellevar esta enorme calamidad”.
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La líder de la oposición y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, no ha podido regresar a Venezuela por la persecución del chavismo. En las últimas horas han corrido versiones que afirman que Machado presiona a Estados Unidos para que facilite su retorno, movimiento que Washington no consideraría conveniente.
“El drama del terremoto del 24 de junio encontró a Venezuela desamparada. No se trata solo de la incertidumbre que nos carcome, que algo debe haber jugado en el ineficiente manejo de la sorpresa brutal de los dos terremotos, sino que todos aquellos mecanismos públicos tanto a escala nacional como local, o la diversidad de organizaciones de voluntarios y privadas, se encuentran en un estado de postración total”, señala Vivas.