Arnaldo Carmona salió con vida entre los escombros de un edificio derrumbado en Caraballeda, en el estado costero de La Guaira, tras más de 30 horas atrapado bajo los restos de la estructura colapsada por los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el norte de Venezuela el pasado miércoles.
Las imágenes del rescate, captadas en video, muestran al sobreviviente exhausto pero consciente, asistido por un grupo de voluntarios y rescatistas que lo guiaban con voces de aliento entre los restos del edificio.
“Vente, mi hermano”, se escucha decir a uno de los presentes mientras le ofrecen agua. "¡Grande, Arnaldo!”, grita otro al verlo salir. La operación demandó cerca de 10 horas de trabajo sostenido y reunió a más de 20 personas, entre voluntarios llegados desde Caracas y otras partes del país, bomberos y personal de protección civil.
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Uno de esos voluntarios fue Cristofer Correia, empresario y ex político venezolano que regresó a su país hace poco tras pasar años en el exilio por persecución, luego de que fuera aprobada la Ley de Amnistía. Correia, quien se desempeña actualmente como CEO de Govern AI —una startup de inteligencia artificial orientada a gobiernos que fundó el año pasado—, no tenía experiencia previa en labores de rescate. Aún así, se sumó a la operación junto a decenas de ciudadanos que respondieron de forma espontánea ante la magnitud del desastre.
“Jamás me había dedicado a nada de esto, no sé nada de esto”, reconoció Correia en diálogo con Infobae. “Pero al final, ¿cuál es la situación? Faltan manos y faltan herramientas. Son muchos edificios caídos y es poco personal para lo que hay”, describió.
El operativo en Caraballeda avanzó con extrema precaución. Los voluntarios evaluaban cada movimiento para no comprometer la estabilidad de los escombros, con la asesoría de rescatistas profesionales que, desbordados por la magnitud del desastre, no podían cubrir todos los frentes simultáneamente. En la fase final, los bomberos asumieron el control directo de la extracción, la etapa de mayor riesgo.
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“En la parte final se involucran más directamente los bomberos, que es la fase más crítica para sacarlos”, explicó Correia a este medio.
El agotamiento del personal oficial era visible. “Vi bomberos quedándose dormidos en las rotaciones de trabajo, en los escombros”, relató el empresario. Según su estimación, la proporción era de aproximadamente un bombero o rescatista profesional por cada 10 voluntarios.
La escasez de equipamiento agravó aún más las condiciones: “Todo se hace con las uñas. Hacen falta picos, mandarrias, esmeriles inalámbricos, cinceles, guantes, tapabocas”, enumeró.
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A pesar de las carencias, Correia también describió una respuesta ciudadana que contrastó con el colapso institucional. “Vi grandísimas olas de solidaridad, muchísima gente yendo a llevar cosas hasta La Guaira”, dijo a Infobae; al tiempo que agregó: “Todo el mundo está dedicado o a un centro de acopio o a alguna cosa. Todo el mundo está haciendo algo”.
El propio Correia tenía, además, un motivo personal para bajar a la zona costera: familiares de su esposa residen en el área afectada. Confirmó que están con vida pero perdieron todo. Los encontró en un parque, con una silla, a la espera de donaciones y asistencia.
La Guaira concentra los peores daños del desastre. Según datos oficiales difundidos por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, más de 100 edificios colapsaron en ese estado y al menos 70.000 familias resultaron afectadas. El aeropuerto internacional permanece cerrado por daños estructurales en el techo de la terminal.
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Los dos terremotos —separados por apenas 39 segundos— tuvieron su epicentro en el noroeste del municipio Montalbán, en el estado de Carabobo, a solo 13 kilómetros de profundidad, lo que amplificó la intensidad de la sacudida en superficie. Fueron los más fuertes registrados en el país en más de un siglo: el último de magnitud comparable ocurrió en 1967, cuando un sismo de 6,7 dejó más de 200 muertos en Caracas.
Ante la escala del desastre, distintos países desplegaron equipos de búsqueda y rescate coordinados por la ONU. Entre ellos, Estados Unidos envió brigadas especializadas desde los condados de Fairfax (Virginia) y Los Ángeles (California). También llegaron equipos desde El Salvador, México, República Dominicana, Suiza, Ecuador, España, Chile, Colombia, Países Bajos, Alemania, Italia, Argentina y Brasil para reforzar las operaciones de salvamento en las zonas más afectadas.