Cómo una astronauta transformó sus errores escolares en confianza para sus hijas: “Aprendí que puedes sobrevivir a que te vean fracasar”

La investigadora Kellie Gerardi explicó en The Good Inside Podcast with Dr. Becky que prefiere que la vean intentar actividades nuevas aunque se equivoque, ya que esa exposición ayuda a construir una relación más sana con la frustración

Una mujer y una niña sentadas ante una mesa con una maqueta de cartón, lápices de colores, una ventana y una estantería con libros.
Kellie Gerardi viajó al espacio en noviembre de 2023 como investigadora de una misión científica de Virgin Galactic (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Antes de que su trabajo la llevara al espacio, Kellie Gerardi había enfrentado una frustración que después identificó como central en su recorrido. “Si no entendía algo de inmediato, pensaba que no era buena en eso o que nunca iba a lograrlo”, recordó al describir lo que pensaba de niña.

En The Good Inside Podcast with Dr. Becky, la conductora Becky Kennedy partió de esa experiencia para hablar sobre cómo los adultos pueden acompañar la curiosidad y las dificultades de sus hijos sin prometerles resultados.

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Gerardi había viajado al espacio en noviembre de 2023 como investigadora de una misión científica de Virgin Galactic.

Pantalla dividida con una mujer rubia frente a un micrófono y una mujer con cabello oscuro y auriculares
La investigadora creció en Florida cerca del Centro Espacial Kennedy, donde los lanzamientos de transbordadores formaban parte de la rutina escolar (YouTube/@goodinside)

A partir de sus recuerdos de infancia, los rechazos que había enfrentado y su experiencia como madre, sostuvo que la confianza no dependía de anticipar el éxito.

Para ella, se apoyaba en la convicción de que una persona podía atravesar un resultado adverso sin que eso definiera su valor ni sus oportunidades futuras.

Los intereses infantiles ayudaron a desarrollar autonomía

Gerardi recordó que había crecido en Jupiter, Florida, cerca del Centro Espacial Kennedy. Era hija única, leía con frecuencia y se involucraba de lleno en los temas que le gustaban.

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Cuando disfrutaba de una saga, no se limitaba a leerla: se vestía como sus personajes, asistía a lanzamientos de libros y buscaba participar en las comunidades que se reunían alrededor de esas historias.

Una mujer con suéter rosa escribe en un cuaderno azul frente a una estantería con libros, maquetas de cohetes y figuras de astronautas
La lectura constante formó parte de las actividades habituales de Gerardi (Instagram/@kelliegerardi)

Con el tiempo, esa disposición se trasladó a la ciencia y al espacio. Sus padres no tenían formación en esas áreas, pero, según relató, acompañaban sus intereses sin decidir cuál debía ser su futuro.

“Nunca fui una admiradora ocasional de nada en toda mi vida. Siempre quise ser parte de la comunidad, estar completamente involucrada”, dijo Gerardi en el podcast.

Kennedy relacionó ese recuerdo con las aficiones que algunos adultos podían considerar pasajeras. Planteó que los padres podían reconocer el entusiasmo de sus hijos aunque no respondieran a cada pedido.

Gerardi contó que, si no compraba un juguete a su hija, a veces le proponía fabricar una versión casera con materiales que ya tenían. De ese modo, mantenía el interés sin convertir cada entusiasmo en una compra.

Una mujer con chaqueta morada sostiene y señala una muñeca rubia con traje espacial blanco frente a una pared con afiches de juguetes
La investigadora propone a su hija elaborar juguetes caseros con materiales del hogar para atender su entusiasmo sin realizar compras continuas (Instagram/@kelliegerardi)

La vocación espacial tomó un camino distinto al tradicional

Durante su niñez, los lanzamientos de transbordadores formaban parte de la vida cotidiana en su zona. En la escuela, los alumnos salían al campo de fútbol para intentar verlos.

Esa cercanía le mostró que había personas que vivían y trabajaban fuera de la Tierra, aunque al principio solo conocía el modelo de los programas gubernamentales, asociado en muchos casos a pilotos militares de prueba.

Con los años, Gerardi identificó que su objetivo no consistía en repetir ese recorrido. Le interesaba usar el espacio como laboratorio de investigación y aportar a la humanidad desde ese lugar.

Una mujer con traje de vuelo negro sostiene un dispositivo blanco frente a la compuerta abierta de una aeronave
Gerardi viajó en 2023 como investigadora en una misión científica al espacio (Instagram/@kelliegerardi)

Esa revisión de su meta le permitió buscar otro camino hasta su vuelo de 2023, cuando viajó como investigadora en una misión científica operada por una empresa privada, sin integrar un cuerpo gubernamental de astronautas.

La entrevistada llevó esa idea a una situación que había vivido con su hija. Después de asistir a un concierto de Taylor Swift, la niña había dicho que quería dedicarse a lo mismo.

En lugar de discutir de inmediato si era posible, Gerardi le preguntó qué le atraía: cantar, escribir, actuar o relacionarse con el público.

“Si trabajas lo suficiente durante el tiempo suficiente, ¿por qué no tú?”, recordó como el mensaje que había recibido de sus padres, sin tomarlo como garantía de éxito.

Una mujer de cabello oscuro y auriculares sonríe frente a la cámara ante una estantería con maquetas, figuras y adornos
Gerardi relató su experiencia con la infertilidad secundaria y el proceso médico de fertilización in vitro (YouTube/@goodinside)

El fracaso dejó de ser una medida del valor personal

La relación de Gerardi con el error no había sido siempre la misma. En jardín de infantes no había entendido cómo leer un reloj analógico y evitó pedir ayuda. El problema se prolongó hasta una prueba y la posibilidad de quedarse durante el recreo para recibir apoyo individual.

Al año siguiente, le ocurrió algo parecido con la lectura de una clave de sol. En ambos casos, la vergüenza por no comprender algo de inmediato había aumentado su angustia.

Más adelante, esas experiencias orientaron su forma de enfrentar desafíos profesionales y personales. “Aprendí que puedes sobrevivir a que te vean fracasar”, afirmó.

Una mujer sentada en un sillón verde frente a un micrófono con un soporte cúbico amarillo y una estantería detrás
La científica asiste a clases de improvisación teatral para mostrar a sus hijas que las habilidades se adquieren con la práctica frente al rechazo (YouTube/@goodinside)

Gerardi había compartido públicamente sus metas y sus rechazos, además de su experiencia de infertilidad secundaria, es decir, la dificultad para lograr o sostener un embarazo después de haber tenido un hijo.

Durante los tratamientos de fertilización in vitro, una técnica de reproducción asistida, su formación científica la había ayudado a revisar información y considerar cambios, aunque no había eliminado el dolor.

Como madre, había decidido que sus hijas la vieran intentar actividades en las que no se consideraba experta. Contó que asistía a clases de improvisación después de enviar audiciones para trabajos de voz y actuación que no habían recibido respuesta.

Una mujer con suéter lila alimenta con biberón a un bebé recién nacido en brazos sentada en un sillón blanco junto a una ventana
Gerardi decidió mostrar a sus hijas el proceso de intentar actividades fuera de su dominio habitual (Instagram/@kelliegerardi)

Para Gerardi, esa práctica mostraba que las habilidades podían aprenderse y que una frustración no obligaba a abandonar un deseo. “Ser malo en algo suele ser el precio que hay que pagar para llegar a ser bueno en algo”, afirmó al cerrar su reflexión sobre los desafíos.

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