El ceramista que convierte el arte en un refugio contra la ansiedad y es furor entre las celebridades

Nicolás Pottery trabaja con arcilla desde los 12. En diálogo con Infobae, destacó la importancia de las experiencias creativas frente al ritmo de vida actual

Nicolás Pottery comenzó su aprendizaje en la cerámica a los doce años por iniciativa de su madre en San Isidro (Nicolás Pottery)
Nicolás Pottery comenzó su aprendizaje en la cerámica a los doce años por iniciativa de su madre en San Isidro (Nicolás Pottery)
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Nicolás Pottery tiene 44 años y hace cerámica desde los 12. Más de tres décadas con las manos en la arcilla le dejaron una convicción que repite como mantra: “Es un arte que hace bien”.

En diálogo con Infobae, el ceramista y emprendedor porteño explicó por qué está convencido de que el trabajo manual es el mejor antídoto contra la ansiedad y cómo esa idea lo llevó a instalarse entre marcas internacionales de lujo.

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“Todas las actividades manuales hacen que tu cabeza funcione. No te puede funcionar un brazo, una pierna, pero si la cabeza funciona, está todo bien. Si la cabeza no funciona, no te funciona nada”, sostuvo. La frase sintetiza la filosofía con la que diseñó cada uno de sus espacios: lugares pensados menos para enseñar técnica y más para que la gente se desconecte.

La cerámica como refugio contra el ritmo de vida acelerado

El ceramista describió un escenario que le resulta familiar. La gente alterada en la calle, el celular encendido veinte horas por día, las preocupaciones que no frenan.

El trabajo manual con arcilla actúa como un freno ante la ansiedad y el ritmo de vida acelerado (Nicolás Pottery)
El trabajo manual con arcilla actúa como un freno ante la ansiedad y el ritmo de vida acelerado (Nicolás Pottery)

“Yo siempre digo que capitalicen esas dos horas para ellos. Después terminan y volvés a la realidad, a las preocupaciones. Pero por lo menos tu cabeza frenó dos horas de todo el día que vivimos”, señaló.

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Esa pausa, según cuenta, tiene efectos que van más allá de la clase. “Veo la evolución de los alumnos cuando entran y después al tiempo. Se forman grupos, después los ves porque los sigo en redes, ves que salieron a cenar, se generan amistades”, describió. Algunos de sus alumnos originales de Acassuso siguen asistiendo semana tras semana, quince años después.

La idea de fusionar el taller con una cafetería nació justamente de observar esos vínculos. “Los alumnos traían cosas para compartir en las clases y se quedaban después. Dije: ‘Yo tengo que poner un espacio donde vengan un rato antes, donde se queden después’”, reconstruyó.

Hoy, Pottery es elegido por artistas y celebridades como Abel Pintos, Dalma Maradona, Julieta Zylberberg y Rosario Ortega.

Dos hombres de pie en un taller iluminado con mesas, tornos de modelado y estantes con vasijas de cerámica
Abel Pintos y Nico Pottery (Instagram)

El origen de una vocación que empezó a los doce años

La diferencia con un taller convencional, insiste, no pasa por la técnica. “Los talleres de cerámica siempre existieron. De hecho, yo aprendí a los doce años. Pero yo lo fui llevando a espacios de recreación donde la gente viene y la pasa bien”, detalló.

Su madre tuvo mucho que ver con ese primer contacto. Conductora de un programa de radio en San Isidro, lo anotó en un taller a través de un canje publicitario cuando él tenía doce años.

“Fue una mamá de hoy hace treinta y dos años, porque me hubiese mandado a aprender fútbol. Ella vio en mí que me gustaban las manualidades y me mandó a un taller de cerámica donde aprendí todo este arte”, recordó.

El emprendedor sumó una cafetería al taller de cerámica para consolidar los lazos entre los concurrentes (Nicolás Pottery)
El emprendedor sumó una cafetería al taller de cerámica para consolidar los lazos entre los concurrentes (Nicolás Pottery)

Pero junto a la vocación artística apareció temprano otra mirada. “Cuando vi lo que era un torno de alfarería, dije: ‘¿Cómo se puede producir desde esta máquina?’. Siempre lo vi desde el lado comercial”, reconoció. Esa doble condición, artesano y comerciante, terminó por definir su recorrido.

Su padre enfermó joven y la situación económica familiar cambió. Esa urgencia funcionó como motor. “Eso me hizo trabajar, trabajar y seguir apostando a lo que creía”, explicó.

Con esa determinación abrió hace quince años su primer taller en Acassuso, en la zona norte del conurbano bonaerense. Una década más tarde sumó Palermo. Y hace cuatro meses se instaló en Patio Bullrich.

“Armé este proyecto de cero y nos costó mucho. Me queda el mensaje de que sí se puede”, agregó.

El cambio en la economía familiar derivado de la enfermedad de su padre impulsó el desarrollo de su emprendimiento (Nicolás Pottery)
El cambio en la economía familiar derivado de la enfermedad de su padre impulsó el desarrollo de su emprendimiento (Nicolás Pottery)

El espacio de 250 metros cuadrados articula los cursos regulares de cerámica, la cafetería, las experiencias rápidas de pintura sobre piezas para visitantes ocasionales y la venta de vajilla elaborada en el lugar. En apenas cuatro meses acumula alrededor de 150 alumnos.

Cuando se le pide un consejo para quienes buscan vivir del arte, vuelve siempre a la misma tensión. “Hay mucha gente muy talentosa que vos decís ‘¡guau, mirá lo que hace!’, pero no tiene ese lado comercial”, observó.

Y cerró con una frase que condensa sus tres décadas de oficio: “Vos podés crear, podés hacer lo que quieras. Ahora, si no sabés cómo comercializarlo, chau, no sirve. Cuando las dos cosas fusionan, ahí es donde funciona”.

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