Cómo explica la neurociencia que ciertas personas adquieran idiomas con mayor facilidad que el resto

El estudio sostiene que la manera en que el cerebro procesa los sonidos extranjeros, antes incluso de interpretarlos como lenguaje, determina en buena medida la velocidad y precisión con que se aprende una nueva pronunciación

Una mujer de cabello rizado habla y gesticula en una mesa frente a un hombre con gafas y barba que la observa.
La capacidad auditiva explica hasta un 40 % de la varianza en el dominio fonético de los estudiantes de lenguas - (Imagen Ilustrativa Infobae)
Guardar

Un nuevo estudio con imágenes de resonancia magnética funcional revela que las personas capaces de detectar diferencias acústicas sutiles en los sonidos —una habilidad denominada precisión auditiva— aprenden a pronunciar vocales de un idioma extranjero con mayor rapidez y exactitud que quienes carecen de esa agudeza perceptual.

La investigación, publicada en el Journal of Experimental Psychology: General por un equipo de la University College London (UCL) y la Universidad de Tohoku, ofrece la primera evidencia neuroimagenológica de que el grado de activación de las redes cerebrales motoras durante la escucha de sonidos extranjeros depende directamente de qué tan fino sea el “oído” de cada aprendiz —entendido este como la capacidad de codificar rasgos acústicos con independencia del lenguaje.

PUBLICIDAD

El estudio involucró a 207 estudiantes japoneses de inglés y se centró en la adquisición de dos vocales del inglés, /æ/ (como en cat) y /ʌ/ (como en cup), que no tienen equivalentes directos en el inventario fonético del japonés. En un primer experimento conductual con 140 participantes, los investigadores midieron la sensibilidad auditiva mediante una tarea de discriminación adaptativa de tonos no verbales, diseñada para evaluar qué tan pequeñas diferencias en la frecuencia del segundo formante (F2) podía detectar cada persona.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La imagen muestra el perfil de una cabeza humana con el cerebro visible, sobre el cual aparecen letras y caracteres de diferentes alfabetos y lenguajes, simbolizando la Los aprendices con menor agudeza auditiva activan en mayor medida la corteza sensoriomotora al procesar sonidos extranjeros - (Imagen Ilustrativa Infobae)

El rendimiento en esa tarea resultó un predictor significativo del desempeño en la identificación de las vocales inglesas, incluso al controlar variables de experiencia como años de educación formal en inglés, estancias en el extranjero y entrenamiento en pronunciación.

PUBLICIDAD

La estancia en el extranjero y el entrenamiento fonético también inciden, pero la audición tiene un peso propio

El modelo estadístico construido por el equipo explicó entre el 30 % y el 40 % de la varianza en el nivel de dominio fonético de los participantes. Dentro de ese modelo, la precisión auditiva respondió por alrededor del 26 % al 40 % de la varianza explicada, una proporción comparable a la de la experiencia en inmersión (estancias en países de habla inglesa) y la del entrenamiento explícito en pronunciación. Esto indica que la capacidad auditiva opera como una condición de base que potencia o limita el aprovechamiento de las oportunidades de aprendizaje, no como un factor que reemplaza a la experiencia.

En un segundo experimento, 67 estudiantes fueron escaneados mediante fMRI mientras realizaban dos tareas: discriminar pares de vocales inglesas (/æ/ y /ʌ/) y discriminar tonos no verbales con variaciones acústicas equivalentes. El objetivo era aislar qué ocurre en el cerebro cuando el mismo tipo de diferencia acústica se presenta dentro del habla versus fuera de ella.

Ilustración de un hombre sentado en una mesa con la mano en la oreja entre comensales y globos de diálogo con líneas enredadas.
La interferencia de la lengua materna disminuye cuando el cerebro analiza la información acústica antes de categorizarla como lenguaje - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Quienes tienen menor precisión auditiva activan más el sistema sensoriomotor al escuchar el idioma extranjero

Los resultados mostraron que los participantes con menor precisión auditiva exhibieron una activación significativamente mayor en un conjunto de regiones del hemisferio izquierdo durante la tarea de habla: la corteza premotora, la circunvolución postcentral, la corteza insular y el opérculo rolándico. Estas zonas, agrupadas bajo el concepto de corteza sensoriomotora, están asociadas con la planificación y simulación de movimientos articulatorios.

Dicha activación elevada no apareció cuando los mismos participantes procesaban los tonos no verbales con variación acústica equivalente, lo que refuerza la interpretación de que el fenómeno es específico del procesamiento del habla.

El Dr. Kazuya Saito-van Poeteren, investigador principal del Instituto de Educación de la UCL, explicó que los aprendices con buen oído pueden escuchar un sonido nuevo en otro idioma de manera objetiva, sin procesarlo de inmediato como “lenguaje”. “Sus cerebros analizan la información acústica en sí misma, y esta podría ser la clave de por qué algunas personas aprenden nuevos idiomas con más facilidad que otras”, señaló Saito-van Poeteren en declaraciones recogidas por Phys.org.

Un joven sostiene un libro abierto iluminado del que salen cintas con las banderas de Francia, Italia, Japón y Brasil sobre un fondo oscuro.
El análisis estadístico confirmó que la relación entre la precisión auditiva y la activación cerebral es independiente del nivel previo de inglés - (Imagen Ilustrativa Infobae)

La interferencia de la lengua nativa es mayor cuando la audición es menos precisa

El equipo interpretó estos hallazgos a la luz del modelo de asimilación perceptual para el aprendizaje de segundas lenguas, desarrollado por Best y Tyler en 2007. Según ese marco teórico, los adultos que aprenden un idioma nuevo tienden a procesar los sonidos desconocidos a través de los patrones articulatorios de su lengua materna.

La activación elevada de las regiones sensoriomotoras entre los aprendices con menor precisión auditiva podría reflejar, precisamente, ese mecanismo: en lugar de analizar los rasgos acústicos del sonido extranjero, el cerebro recurre a las rutinas motrices del japonés para intentar categorizar algo que no encaja bien en ellas.

En contraste, los estudiantes con mayor precisión auditiva mostraron niveles de activación sensoriomotora durante la tarea de habla comparables a los registrados durante el procesamiento de sonidos no verbales. Este patrón sugiere un uso más equilibrado de las vías auditivas y articulatorias, con menor dependencia de los mecanismos motores de la primera lengua y, por tanto, menor interferencia de esta sobre la percepción del idioma extranjero.

Un análisis de mediación exploratoria descartó que la relación entre precisión auditiva y activación sensoriomotora pudiera explicarse por completo a través del nivel de dominio del inglés o de las variables de experiencia consideradas. La asociación directa entre ambas variables se mantuvo estadísticamente significativa (β = 0,288; p = 0,001), aunque los autores advierten que la naturaleza transversal del estudio impide extraer inferencias causales sólidas.

Ilustración de un cerebro con hojas, letras, libro, burbuja de diálogo y banderas de España, Francia, Reino Unido, Japón. Fondo de acuarela.
La investigación se enfocó en estudiantes japoneses y recomendó el uso de la respuesta de seguimiento de frecuencia en futuros estudios - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los autores proponen ampliar el enfoque del entrenamiento lingüístico

Con base en los resultados, Saito-van Poeteren planteó que la enseñanza de idiomas extranjeros podría beneficiarse de incorporar, junto al trabajo léxico y conversacional habitual, ejercicios específicos de entrenamiento auditivo orientados a afinar la capacidad de detectar diferencias de tono y otras propiedades acústicas. “La enseñanza de lenguas extranjeras debería avanzar hacia un enfoque que desarrolle la capacidad auditiva de los alumnos de acuerdo con sus características individuales”, indicó el investigador en declaraciones a Phys.org.

El equipo reconoce varias limitaciones. La muestra se restringe a japoneses aprendiendo inglés, por lo que la generalización a otros pares de lenguas requiere estudios adicionales. Además, la medición conductual de la precisión auditiva podría estar influida por factores cognitivos como el control atencional y la memoria de trabajo; los autores recomiendan que trabajos futuros incorporen medidas neurofisiológicas como la respuesta de seguimiento de frecuencia (FFR), un índice subcortical menos susceptible a esas interferencias.

El equipo también señala que sería necesario comparar la activación cerebral ante vocales nativas y no nativas —con sonidos no verbales como control— para confirmar que lo que mide el fMRI refleja específicamente la interferencia entre sistemas fonéticos y no un contraste genérico entre habla y no habla.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD