
Parte de la vida puntaesteña en chalets de lujo rodeados de naturaleza se vive, desde hace 74 años, en el exclusivo barrio Parque del Golf, donde el Hotel L’Auberge y su icónica torre de agua de estilo medieval son referencias.
Difícil de imaginar que hubo un tiempo -no hace tanto- en que Punta del Este era un destino de campo y mar, un tiempo antes de que el cemento la invadiera, y se convirtiera el hot spot del jet set internacional con actividades a toda hora.
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En este histórico hotel de 36 habitaciones que permanece abierto los 365 días del año la escena pareciera trasladarse a ese tiempo. Del ruido y el bullicioso de la activa ciudad la realidad se torna diferente cuando los árboles cubren los chalets que permiten el viaje a cualquier campiña europea.
De pie se erige la torre de agua -símbolo del lugar- construida en 1948 por el reconocido arquitecto argentino Arturo Dubourg, de estética medieval marcada, esta fue la encargada de suministrar agua a todo el barrio, y en su planta baja a un pequeño hotel con 10 habitaciones originalmente.
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Con sus más de siete décadas de vida, la famosa torre de agua emerge majestuosa entre el inmenso pinar, y es mudo testigo de la evolución de un lugar tan clásico como tradicional. ”El lugar hace al barrio. Todo lo que se creó alrededor del L’Auberge fue planificado a partir de esta edificación. Había un loteo de terrenos muy grandes y querían construir chalets y casas importantes, pero no había agua corriente. Necesitaban un tanque de agua para abastecer a las casas del barrio”, aseguró en diálogo con Infobae Ignacio Carrera, hoy su director ejecutivo
Y añadió: “Así fue que los desarrollistas del proyecto le pidieron a Dubourg que construya la torre más linda que pudiera para abastecer a las casas. El arquitecto presentó el proyecto de la torre que finalmente se construyó en el año 1948. Enseguida vinieron el hotel de 10 habitaciones y un salón de té, como para tener un polo de atracción en el barrio. Ambos eran propiedad de Marguerite Jouvenau, una señora de origen belga”.
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El tanque de agua funcionó durante menos de 20 años porque después vino el agua corriente y el tanque quedó obsoleto. La torre era hueca y lo único que tenía era una escalera que llegaba al tanque. Años más tarde, se hicieron 13 habitaciones allí dentro. “Aunque no parezca, la torre tiene 14 pisos. Se hicieron habitaciones hasta el piso 10. En el 11 hay baños y en el 12 originalmente había un bar que funcionó durante unos años y que después cayó en desuso. Hoy hay un gimnasio con una vista increíble”, sostuvo Carrera.
La propiedad ha sido elegida por mandatarios, políticos y figuras del jet-set y la cultura como George Bush, Eric e Ivanka Trump, el matrimonio Melanie Griffith-Antonio Banderas, Mario Vargas Llosa y Pelé. La marca de fábrica de Dubourg (responsable entre otras cosas de la urbanización de Los Troncos en Mar del Plata) era el ladrillo rojo a la vista, los techos a dos aguas con tejas francesas y las finas maderas y cerámicas para los interiores.
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Luego de Jouvenau, la primera propietaria, vino Don Víctor Chaquiriand, quien fue dueño hasta que su hija, Cristina Chaquiriand tomó su lugar. Ella se casó con Ignacio Carrera, y la pareja continuó desarrollando el negocio de 74 años de historia.
Los soñados jardines de L’Auberge se hicieron populares por servir waffles. “Hace 74 años que se sirven en el lugar, con las mismas waffleras que trajo la dueña en su momento”, detalló Carrera. Y continuó: “Es una tradición de todo Punta del Este. Se hacen a la vista, en unos moldes traídos de Bélgica, con una receta original y se cocinan al fuego. Poseen mucho arte en la cocción porque las waffleras son calentadas en un punto justo y hay que controlarlas”.
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El salón de té de L’Auberge está abierto todos los días durante el verano (desde las 4pm), ofreciendo los famosos waffles belgas. Durante el otoño e invierno, de viernes a domingo inclusive, (también algunos fines de semana largos y vacaciones), sirven los exclusivos waffles acompañados por miel, chocolate, crema, frutillas o bananas con helado, o el clásico dulce de leche, entre otras salsas dulces y hasta una opción salada de quesos fundidos. Los lunes, martes, miércoles y jueves en cambio, se puede disfrutar y compartir el ya reconocido full tea L’Auberge, con una exquisita selección dulce y salada de productos hechos en casa.
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