La visita de Sebastián Pollo Vignolo a Mario Pergolini dejó una de las grandes anécdotas de la televisión del viernes a la noche. En una charla distendida y llena de guiños cómplices en Otro día perdido (El Trece), el periodista deportivo enfrentó uno de los mitos que durante mucho tiempo circuló sobre su físico.
Todo comenzó cuando Pergolini le hizo una observación: “Me encantó que hayas aplaudido con las dos manos”, señaló el conductor. La referencia fue en relación a una creencia que circuló en diferentes ámbitos acerca de que al relator de ESPN le faltarían tres dedos de una de sus manos. El origen de dicha teoría se remonta a que el conductor suele conducir sus programas con la mano izquierda guardada en el bolsillo.
PUBLICIDAD
Vignolo siguió el juego y se levantó del sillón para hacer una dramatización del estilo que generó las teorías. “Es difícil conducir con las dos manos, así que yo salía al programa y hacía así”, y se mostró con sus manos en los bolsillos. “Después una la dejaba acá adentro”, agregó haciendo el gesto.
“Apareció un mito que me faltaban tres dedos”, concluyó Vignolo. “Estaba muy instalado”, acotó Mario y relató una anécdota personal. “A mí alguien me preguntó una vez: ‘¿Conocés a Vignolo? ¿Tiene mano?’”, expresó entre risas. “Te lo digo en serio”, ratificó, pero no hizo falta, ya que el periodista deportivo tenía su propia historia de primera mano.
“Íbamos a cenar con mi esposa y yo veía que el mozo estaba...”, contó el Pollo, y con su cabeza hizo el gesto de que el camarero lo observaba con especial atención. “Es de goma”, apuntó Agustín Rada Aristarán, uno de los laderos de Mario, quizás el más indicado para hablar del tema por sus probados conocimientos de magia. “El tipo quería ver si tenía los dedos”, sentenció el Pollo entre las risas y los comentarios del estudio acerca de un rumor que había viajado demasiado lejos.
PUBLICIDAD
“¿Cuando lo leías, te causaba gracia?”, indagó Pergolini. “Me volvía loco, me causaba gracia y lo sostenía”, respondió Vignolo. Claro que las bromas se trasladaron al estudio de ESPN donde nació el mito y sus compañeros no se la dejaron pasar, con Oscar Ruggeri a la cabeza. “Ellos me dicen ‘Perro Verde’, porque soy raro. Y Oscar me gritaba ‘dale, Perro Verde, mostrá los dedos’”.
Las risas en el estudio tomaron otro rumbo ahora, con la revelación de un apodo que hasta el momento no había trascendido puertas afuera del canal. Conocido por todo el mundo como El Pollo, el apelativo de Perro Verde tiene una explicación sencilla. “Soy raro. No me gustan las fiestas, no me gusta donde hay mucha gente, no me gusta”, explicó Vignolo, lo que motivó un abrazo con Pergolini que se sintió identificado con su respuesta.
Un celular inoportuno que obligó a modificar la rutina
En una de las emisiones recientes de Otro día perdido, un sonido persistente interrumpió el monólogo de Pergolini. El conductor, que relataba sus fracasos como vendedor junto a Agustín Rada Aristarán y Evelyn Botto, frenó el relato al escuchar lo que describió como “un grillo dando vueltas”. Con la mirada puesta en las primeras filas, identificó a la responsable: una espectadora cuyo teléfono había activado una alarma.
PUBLICIDAD
Cuando Pergolini quiso saber el motivo del recordatorio, la respuesta generó carcajadas en todo el estudio: la mujer lo había programado “para ir al gym”, a las 22.30. “Estás mintiendo a alguien en tu casa que te vas al gym a las once menos cuarto”, ironizó el conductor. Tras el episodio, pidió un aplauso para el ya apodado “grillo” y retomó el programa.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD