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El músico detrás del fenómeno del abuelo Coqui y sus consejos: “Nunca sabés hasta dónde puede llegar una canción”

Martín Dlugonoga tocó con Javier Calamaro, compuso para Beret, produjo con Trueno y Bizarrap pero la llave del éxito estaba en el lugar menos pensado: en lo más genuino de la familia y en los recuerdos de su infancia

Martín Dlugonoga y el abuelo Coqui: consejos y recomendaciones

Martín Dlugonoga nunca pensó que las charlas con su abuelo Coqui, ese ritual atemporal y personalísimo, se iban a convertir en canciones de alcance universal, que hoy millones de personas escuchan, comparten y usan para decir lo que de otra forma no se animarían a decir. El músico con pasado y presente en el camino tradicional de la industria vio como esa obra compuesta en tiempo real y casi sin darse cuenta empujaba a los tímidos a intentarlo de nuevo en el amor o ayudaban a acompañar a un ser querido ante lo irreversible. Un fenómeno de sobremesa familiar que hoy tiene millones de reproducciones y que aún así no deja de sorprenderlo.

“La base original son las enseñanzas que él me contaba cuando yo era chico”, cuenta Dlugonoga a Teleshow, músico de profesión y cerebro detrás del proyecto. A esta altura, ya no distingue entre el músico que compone en soledad y el nieto que le presta el teléfono a su abuelo para que hable frente a cámara en esa química que no parece tener límites. “Es todo parte de lo mismo”, explica sobre un oficio que aprendió a moldear con los años, como todos. Y que encontró un universo apasionante en los consejos de su abuelo, un comerciante de Flores que alguna vez se llamó Salomón pero para todo el mundo es Coqui, que no terminó la secundaria pero con esa sabiduría propia de la calle de otra época.

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Martín se propuso que estas historias personales, íntimas, familiares cobraran un sentido universal. Cambió los nombres propios y los detalles concretos por una profundidad que interpele sensaciones comunes. La primera canción que publicó con este formato fue “Voy a abrirte la puerta”, pensando en ayudar a quienes no se animan a dar ciertos pasos. El feedback fue inmediato, la gente la hizo propia y ya nada fue igual, ni para el nieto ni para el abuelo: “Ahí ya nos dimos cuenta de que la música tenía vuelo propio”, dice el músico, reconstruyendo el camino de las canciones se agolparon en el álbum Un café con el abuelo.

Martín Dlugonoga y Mía Frankel: "Voy a abrirte la puerta": la primera canción en la que Martín Dlugonoga se animó a ponerle voz a sus historias

—¿Qué te pasó a vos como autor y compositor formado en la vieja escuela con este nuevo escenario?

—Encontré algo novedoso que es la música funcional, e invito a todos los músicos que quieran hacerlo. Una canción que no solo sirva para escucharla, sino también para invitar a salir a alguien que te gusta, o para decirle algo a tu familia sin animarte por vergüenza: Así por ejemplo surgió “Las seis de la tarde”, que la pensamos para que la compartas en tu historia de Instagram, para que la persona que te gusta la vea, y si le gusta la letra y también gusta de vos, te va a responder. Es como una canción señuelo.

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—Cómo trasladás las charlas con tu abuelo al mundo actual, sobre todo esas enseñanzas que vienen de un contexto muy diferente. Él creció en un tiempo sin redes, y si le querías hablarle a una persona tenías que llamarla por teléfono o cruzártela por la calle.

—Sí, cambió la manera de relacionarse y también el tiempo de atención de una persona y el tiempo para esperar resultados. No es lo mismo que antes, que conocías a alguien y hablabas, y capaz en un mes o dos la conocías y te ponías de novio. Acá la gente quiere todo ahora y ya, aunque no sepa qué es lo que quiere. Entonces lo que intento con el abuelo es no desestimar eso que está pasando hoy en el mundo, porque si lo desestimás, te quedás afuera. Es un desafío para los dos: adaptar su enseñanza del siglo pasado y hacerlo en el lenguaje de los jóvenes de hoy. Y ahí el algoritmo te ayuda, porque te enseña las reglas. Si vos viralizás, vas bien. Si no viralizás, evidentemente puede ser muy bueno tu mensaje, pero no entendiste las reglas.

El consejo del abuelo para reconendar la canción "Para olvidarme de vos"

—El algoritmo te dio el visto bueno casi de entrada. ¿Cuándo fue el primer video viral?

—Nosotros habíamos empezado con el abuelo Coqui hace dos años haciendo humor. Ese video viral fue en 2024, cuando él contó un chiste. Después hicimos otro sobre él pidiendo la cuenta en un restaurante, que fue megaviral, pero dentro de Argentina. Cuando hicimos el primer video de filosofía, despegó mucho más que los anteriores: en un día hizo dos millones de vistas. Ahí entendimos que teníamos que ir por ese lado.

—Hasta ese momento ya tenías un recorrido importante en la música pero no tanto desde la exposición, sino más bien en la producción o composición. ¿Cómo tomaste la decisión de ponerle la voz a tus canciones?

—Cuando trabajaba con otros artistas, me pasaba que quería poner un acorde, y los artistas me pedían otra cosa. Entonces sentía que mi trabajo estaba buenísimo, porque me encanta hacer lo que amo, pero estaba limitado. Un día me senté en mi estudio y decidí hacerlo al revés, empezar el tema y después ver quién lo cantaba. Escribí “Voy a abrirte la puerta”, con Mía Frankel. En principio iba a ser una canción para que la cantara ella sola, porque me gustó tanto que me lo quise quedar para mí. Ella me ofreció cantarlo juntos y ahí puse mi voz por primera vez, con el escudo de una voz femenina que canta espectacular como Mía. Con ese escudo me animé a salir. Después hice lo mismo con Jenny Martínez, y el tercer tema que me animé a mandar solo se llama “Las cosas que no dije”. Me la jugué. El primer día hizo cien vistas, me quería morir. El segundo día hizo cincuenta, pensé que me iban a matar del sello. Al tercer día subí el video con mi abuelo, con mi concepto, y tuvo una viralización masiva como nunca vi. Al quinto día mi canción era el viral número uno de Argentina, y se escuchaba en toda Latinoamérica. Fue una locura total.

Un camino largo y sinuoso

Antes del fenómeno viral, Martín tenía una importante trayectoria en la música tradicional que parecía esperar el momento de ser visitada. Estudió música cinematográfica y empezó su carrera como baterista, un instrumento que tocó junto a Javier Calamaro y, más tarde, en la gira del artista español Beret. Ese recorrido lo llevó a decidir que quería producir, pero el cambio no fue automático: reconoce que le costó seis años hacerse un nombre, porque quienes lo conocían como baterista no lo veían como productor.

Martín Dlugonoga transformó las enseñanzas de su abuelo Coqui en composiciones musicales de alcance universal

Su llegada al universo de Bizarrap y Trueno tuvo un nombre propio, el de Lucas Vignale, el recordado director y realizador que falleció junto al youtuber Gaspi en el choque de dos helicópteros en Río de Janeiro. Vignale y su hermano Francisco conocían los trabajos de Dlugonoga en la música cinematográfica, y fue quien lo convocó para componer la música incidental de un videoclip con Trueno, con estética japonesa. Poco después llegó otro llamado inesperado, el de Bizarrap, para musicalizar en clave sinfónica el tráiler de una sesión con Tiago PZK.

Con Beret, en cambio, la relación fue más allá de una colaboración puntual. El artista español se convirtió en fanático de sus canciones y decidió componer junto a él, lo que derivó en una sociedad creativa que les valió un disco de oro por “Hola que tal” y que terminó también en el escenario: el español lo invitó a abrir su gira latinoamericana, con una fecha en el Gran Rex. “Su equipo se encargó de que no tocara como telonero, sino que esperaron a que el teatro estuviera lleno. Lo que más me impactó fue ver carteles con mi nombre y frases mías y del abuelo. Y ahí me di cuenta que era donde se veían los likes”, recuerda.

—¿Cómo vive el abuelo todo este fenómeno? ¿Es consciente de todo lo que provoca?

—Él maneja redes, pero yo le leo mensajes que llegan todo el tiempo, le voy filtrando los que más me interesan. Pero lo que más le impacta es la calle: ahí lo reconocen todo el tiempo. El taxista le dice: “no puedo creer que estoy llevando al abuelo Coqui”. Siempre cuenta una anécdota de una señora en un bar que, cuando lo vio entrar, se largó a llorar fuerte y le dijo: “usted salvó mi vida, porque yo estaba internada y por ver sus videos tomé fuerza y salí de una internación de dos meses”.

El músico comenzó su carrera como baterista de Javier Calamaro y Beret antes de dedicarse a la producción

—Está bueno esto, porque a veces uno piensa que lo que pasa en Internet queda en Internet y por lo que contás en este caso no es así.

—Es tremendo. A mí también me pasa con la música y uno no sabe qué tan profundo ni hasta dónde puede llegar con una canción. Te cuento una que no es muy linda, pero ejemplifica esto: una seguidora que era enferma terminal y usó mi canción “Las cosas que no dije” para despedirse de toda su familia, y me agradecía por ese regalo. No lo podía creer. Vos hacés la canción pensando en tener vistas y te llega eso, y te da una cachetada.

—¿ Te escribió algún músico a partir de los videos virales?

—Sí, J Balvin es fanático de nuestro contenido. Esa es la viralización que me gusta, cuando le llega a artistas como él. De ahí a producir o componer una colaboración con J hay un largo camino, pero ya tengo el contacto y nos escribimos. También estuvo Emilia Mernes likeando por ahí, pero en cuanto a personalidades hay una historia que me sorprendió todavía más.

—Contame.

—Yo estoy afuera de la política, no entiendo, no opino, no tengo bando. Pero un día nos compartió un video Javier Milei. Y llegó a un grupo de de dirigentes de La Libertad Avanza, y me propusieron declarar de interés los videos del abuelo Coqui por su aporte a la cultura popular. Yo les dije que sí y me olvidé, hasta que llegó un mensaje diciendo que se aprobó el proyecto y va a haber una entrega de diplomas en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. No lo puedo creer y para mi abuelo es mucho más impensado, porque no terminó la secundaria, con suerte sabe quién es Nietzsche y hoy es un tipo que tiene laureles de filosofía.

Martín Dlugonoga y su abuelo Salomón, conocido en las redes como Coqui

—¿Cómo es la experiencia sobre el escenario con el abuelo Coqui?

—Hicimos un espectáculo en el Margarita Xirgu, que fue hermoso porque mi abuelo está en el escenario contando chistes y anécdotas. Lo divertido es que yo armo un esquema de show, se lo explico ciento veinte mil veces y en el escenario hace lo que quiere. Eso le da un dinamismo particular, porque realmente yo no sé que va a contar, soy un espectador más. Y tenemos muchas ganas de repetirlo.

Fotos: Gentileza Martín Dlugonoga

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