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Los riesgos de las gafas inteligentes que no sabemos: de robar PIN bancario al espionaje con video

La integración de inteligencia artificial facilita que estos dispositivos reconozcan rostros y procesen información personal en tiempo real

Las gafas inteligentes pueden captar contraseñas y PIN bancarios de manera inadvertida en lugares concurridos. (Europa Press)

El auge de las gafas inteligentes plantea nuevos riesgos de privacidad y ciberseguridad en espacios públicos. Estos dispositivos, que integran cámaras, micrófonos y sistemas de inteligencia artificial, pueden captar y analizar información sensible sin que las personas a su alrededor sean plenamente conscientes de ello.

La posibilidad de grabar imágenes, interpretar rostros o capturar datos bancarios convierte a las gafas en una amenaza potencial tanto para usuarios como para terceros.

Vigilancia y privacidad: una frontera difusa

Según la empresa de ciberseguridad ESET, el principal riesgo reside en la capacidad de las gafas para grabar y procesar información visual y sonora en tiempo real.

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Empresas tecnológicas han enfrentado polémicas por el uso de funciones de reconocimiento facial en gafas inteligentes. (Europa Press)

Aunque algunos modelos incorporan una luz LED para indicar que están grabando, esta señal puede pasar inadvertida o resultar poco clara. Un ejemplo relevante es el de Meta, que debió implementar una actualización para desactivar la cámara cuando el LED era manipulado o tapado, buscando evitar grabaciones secretas.

Este problema aumenta cuando se combina la grabación con inteligencia artificial. Investigadores de Hardvard demostraron en 2024 que las gafas inteligentes, equipadas con reconocimiento facial, pueden identificar a personas en la vía pública de forma instantánea. El desarrollo de tecnologías portátiles de vigilancia incrementa el riesgo de usos abusivos por parte de acosadores, estafadores o ciberdelincuentes.

El papel de las grandes tecnológicas

No solo los usuarios pueden utilizar de forma indebida las gafas inteligentes; las decisiones de las grandes compañías tecnológicas también influyen en la seguridad. El caso de Meta ilustra esta preocupación.

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El almacenamiento de grabaciones en la nube incrementa la exposición de datos privados y financieros. (Reuters)

La empresa enfrentó controversias por la función de reconocimiento facial Name Tag, que pretendía identificar a personas y ofrecer información mediante el asistente Meta AI. Posteriormente, la función fue retirada tras descubrirse que se había implementado sin aviso público.

Otra investigación reveló que revisores humanos de Meta accedieron a videos personales de usuarios de las gafas, incluyendo grabaciones en situaciones privadas. Este tipo de incidentes expone los riesgos asociados a la gestión de datos personales y la intervención de terceros.

Exposición de datos bancarios y credenciales

Entre los riesgos más concretos destaca la posibilidad de que las gafas graben números de PIN bancarios, contraseñas o información financiera. La grabación puede darse de forma accidental o deliberada, incluso sin que el propietario del dispositivo lo sepa. La simple presencia de gafas inteligentes en cajeros automáticos o terminales de pago puede facilitar la captura de datos sensibles.

Expertos advierten que ciberdelincuentes pueden atacar estos dispositivos para acceder a información sensible. (Europa Press)

Lo mismo ocurre con documentos personales, extractos bancarios, facturas u otra información expuesta en mesas o pantallas. El riesgo se incrementa por la conectividad permanente de estos dispositivos y la posibilidad de almacenar grabaciones en la nube.

El uso de técnicas como shoulder surfing, que consiste en observar disimuladamente la pantalla de otra persona para capturar credenciales o datos importantes, se ve potenciado por la capacidad de grabación de las gafas.

Amenazas informáticas y control remoto

El peligro no proviene solo del mal uso por parte del propietario de las gafas. Los ciberdelincuentes pueden explotar vulnerabilidades en el sistema operativo o el firmware del dispositivo, comprometer aplicaciones asociadas, interceptar tráfico en redes WiFi maliciosas, distribuir códigos QR fraudulentos o crear aplicaciones falsas que imitan las oficiales.

Actualizar el software y controlar los permisos de las aplicaciones es clave para reducir los riesgos asociados a su uso. (Bloomberg)

En palabras de Josep Albors, director de investigación y concienciación de ESET España, “la amenaza no depende únicamente de que el usuario de las gafas actúe de mala fe. Como cualquier dispositivo conectado, las gafas inteligentes también pueden ser atacadas”. Si un atacante logra acceder al dispositivo, este podría transformarse en una vía para el robo de datos, la vigilancia no autorizada o el acceso a cuentas vinculadas.

Recomendaciones para reducir los riesgos

Frente a estos desafíos, el objetivo no es frenar la innovación, sino acompañarla de medidas que salvaguarden la privacidad y la identidad digital. Entre las recomendaciones principales de ESET figuran actualizar el firmware, el sistema operativo y las aplicaciones asociadas, descargar únicamente apps desde fuentes oficiales y revisar los permisos concedidos.

Asimismo, se aconseja evitar redes WiFi públicas salvo que se utilice una VPN, revisar las opciones de privacidad y desactivar el uso de grabaciones para entrenamiento de inteligencia artificial o revisión humana cuando sea posible. Los expertos también recomiendan guardar las gafas en una funda fuera de uso, eliminar grabaciones innecesarias y extremar la precaución al introducir datos personales en presencia de estos dispositivos.

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