
Clarisa C., de 24 años, fue capturada la semana pasada en la Villa Zavaleta de Barracas por el Departamento Investigaciones Especiales de la PFA, que depende de la Superintendencia de Investigaciones Federales. Está acusada de drogar y desvalijar a hombres que seducía por redes sociales de citas, como Badoo o Tinder.
En el allanamiento en donde fue capturada le encontraron las tarjetas de crédito y un reloj de una de sus víctimas, comprimidos de alprazolam y ampollas de fenol, una droga inyectable comúnmente empleada como antiséptico que puede producir temblores musculares.
La causa en su contra, investigada por el fiscal Gabriel López de la UFI N°8 de Moreno -el mismo que investiga el caso del delincuente asesinado por un policía de la Bonaerense en la zona de La Reja-, comenzó tras la denuncia de un hombre de ese partido del conurbano que tuvo una cita con ella, para terminar desvalijado, un hecho que ocurrió el 13 de abril último. Según relató a las autoridades, estuvo inconsciente durante doce horas, hasta que lo encontró un familiar.

Clarisa, según la imputación en su contra, siguió el típico manual de las viudas negras: drogó a la víctima con una bebida cargada de psicofármacos, robó y huyó.
El hombre conservó las fotos de Clarisa, lo que permitió a la Policía Federal navegar las redes y comenzar la investigación en su contra. La cantidad de tatuajes la volvía fácilmente reconocible. La víctima, por otra parte, tenía cámaras de seguridad en su domicilio, cuyas imágenes ilustran esta nota.
Así, la PFA pudo comparar tatuaje por tatuaje y confirmar luego su identidad.

Los casos de este tipo se repiten en la historia policial reciente. A fines de marzo, el Tribunal N°20 integrado por los jueces Adolfo Calvete, Diego Leif Guardia y Patricia Mallo condenó a prisión perpetua a Ariana Domínguez y Rocío Barreto Vera, acusadas de asesinar el martes 11 de mayo de 2021, Adrián Enrique Muñoz, de 74 años.
Muñoz, distribuidor de quesos, jubilado, pensionado y tenista, fue encontrado muerto por su hija en su habitación en su departamento de la calle Ciudad de la Paz en Núñez con dos cuchillos en su espalda y una inusual serie de heridas en todo su cuerpo, golpes y lesiones compatibles con un filo serrado. La saña para asesinarlo fue particular.
Dos semanas después del crimen, las acusadas, de 20 y 21 años, fueron arrestadas tras una investigación del fiscal José Campagnoli y los secretarios Manuel Espinal y Agustín Serra, con jurisdicción en Núñez-Saavedra
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