
El delito, casi siempre, va con la época: los robos de mercadería cometidos por piratas del asfalto se dispararon en la Argentina pandémica con una creciente violencia contra sus víctimas.
La Mesa Interempresarial de Piratería de Camiones, dirigida por los abogados Gabriel Iezzi y Víctor Varone, nuclea a empresas, secretarios de seguridad municipales, aseguradoras, fiscales especializados en la materia y fuerzas de seguridad: funciona como un termómetro de la actividad para reunir información y articular políticas públicas. La Mesa, por ejemplo, reúne números, hecho por hecho, para lograr la estadística más representativa sobre esta modalidad de delito en el país.
“Somos convencidos de que la interacción entre lo público y privado es parte clave del trabajo”, aseguró Iezzi. Hoy por la mañana, en una reunión vía Zoom con 80 asistentes, la Mesa presentó su informe periódico que reseñó los meses de julio de 2019 a agosto de este año. Los números comenzaron a la baja para los días anteriores al aislamiento obligatorio: 48 casos en febrero, la mayor baja de la historia reciente, para trepar a 99 casos en julio, que, comparativamente, es mucho menor a julio de 2019, que marcó más de 150 casos.
Agosto, según los datos a los que accedió Infobae, fue un pico feroz: 138 casos, casi el triple que febrero.

En promedio, la mitad de los asaltos ocurren en la provincia de Buenos Aires, con casi un cuarto de los hechos registrados en territorio porteño. En la provincia, la zona oeste es el foco principal, con el 44% de los casos. En Capital, Pompeya y Parque Patricios, históricos focos de la modalidad, concentran casi el 60% del total porteño.
La tendencia a atacar a una escala más baja, camionetas en vez de camiones, se mantiene: 82% de los hechos son contra vehículos de pequeño porte, 42% de los asaltos ocurren durante la carga o la descarga de la mercadería.
Comidas, bebidas y vino tinto, el rubro favorito de los últimos años, representa el 39% de los casos. Sin embargo, hay un cambio significativo: el segmento de medicamentos y farmacia, que representaba apenas un 6% en 2018, hoy llega al 15% de todos los robos del país.
Hay casos muy significativos: el 27 de marzo, cuando los barbijos se convertían rápidamente en un artículo de primera necesidad, un chofer al mando de una Ford F-100 partió de la empresa Anadelia, dedicada a fabricar productos textiles de sanidad médica y biológica, entre ellos, barbijos, en la calle Agustín Álvarez al 4800. Minutos después fue abordado por tres hombres en una camioneta Fiat Ducato en la esquina de Alsina y Cochabamba. Al chofer se lo llevaron en la Ducato, mientras otro se apoderaba de la F-100.
Todo duró cerca de 15 minutos. Lo liberaron poco después, luego de que su camioneta fuera abandonada. “Te la dejamos a cinco cuadras”, le dijeron. Corrió y la encontró. Allí estaba. Le faltaba su carga: 60 cajas que contenían barbijos y paños médicos.
La ruta del mercado negro parecía obvia. Una semana después de la cuarentena obligatoria, mensajes de WhatsApp hacían ofertas casi anónimas, hablaban de stocks de decenas de miles de unidades y de compras mínimas de 5 mil unidades en paquetes de a 100. El precio por cada uno: 35 pesos más IVA. La modificación del comercio, por otra parte, modificó las reglas del delito con un giro hacia lo peor.
Por otro lado, la violencia de los delincuentes que marca a entraderas y homicidios a lo largo del territorio bonaerense también llega a la piratería: el crimen de Fernando Marino, el repartidor en camioneta asesinado en Adrogué por una pareja que intentaba robarle, es considerado un emergente entre los integrantes de la organización, un signo de los tiempos. Los robos a mensajeros en bicicleta no son parte de la estadística, por el momento.
También surgieron otras modalidades en los últimos meses de cuarentena: las “pirañas del asfalto” son una nueva raza de delincuentes, más desesperados, una versión más básica de las históricas bandas que saqueaban camiones en golpes comando con móviles de apoyo, ametralladoras y equipos inhibidores de señales satelitales.
Las “pirañas”, grupos de cinco o más atacantes, pueden saltar sobre la lona de una camioneta para cortar y robar cajas, o llegar en banda a una camioneta para forzar su puerta y tomar lo que encuentren o puedan cargar, con hechos que ocurren en semáforos o barreras.
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