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Su esposa murió en el parto, su hija nació, quedó con secuelas y necesita asistencia permanente: el desesperado pedido de un padre

Daniel Sánchez tiene 50 años y perdió a Carla el día en que Franchesca nació. La beba sobrevivió con graves secuelas neurológicas y necesita cuidados permanentes. Su papá pide ayuda para poder trabajar y darle la atención que necesita

"Quiero darle una mejor calidad de vida", dice Daniel Sánchez, el hombre que perdió a su mujer en el parto y hoy, solo, lucha por la salud de su hija.

Daniel Sánchez salió de su casa para trabajar como chofer de aplicación. Era sábado al mediodía, promediaba enero y las expectativas eran buenas. Después de unas horas al volante y de ganar unos pesos, regresó a su casa. Pero la primera imagen lo cambió todo: encontró a Carla, su pareja, inconsciente y con el cuerpo frío. Estaba embarazada de 38 semanas y, aunque tenía una arritmia, los controles médicos habían sido normales. Desesperado fue a buscar a su hermana y llamó a emergencias, pero la ambulancia no llegaba. No pudo esperar más: la cargó en el auto y salió rumbo al hospital.

Allí le practicaron una cesárea de urgencia para que naciera su hija. Mientras Franchesca llegaba al mundo, Carla luchaba por su vida. Los médicos intentaron reanimarla durante 40 minutos, pero no pudieron salvarla. “No vio nacer a nuestra hija. Murió sin conocer a la beba que tanto habíamos soñado”, cuenta.

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Franchesca sobrevivió, pero llegó al mundo en medio de una tragedia que marcaría su vida para siempre. Apenas nació, sufrió dos paros respiratorios por falta de oxígeno. La lesión le provocó una hipoxia isquémica y graves secuelas neurológicas. Después de casi nueve meses internada, volvió a su casa en Salta capital, pero necesita asistencia respiratoria, cuidados permanentes y tratamientos de rehabilitación. Daniel tiene que estar a su lado para atenderla, aunque también necesita salir a trabajar para cubrir los tratamientos médicos y cuidados. Pide ayuda para cubrir los casi dos millones de pesos que cuesta un turno de enfermería de ocho horas, una suma que no puede afrontar.

El desesperado pedido de Daniel para ayudar a su hija de 9 meses

Una tragedia que cambió sus vidas para siempre

El sábado 17 de enero de 2026 quedó marcado para siempre en la vida de Daniel Sánchez. Hasta ese día, él y Carla esperaban con emoción y muchos nervios la llegada de su primera hija. El embarazo había transcurrido sin inconvenientes y, aunque ella tenía una arritmia, se realizaba controles mensuales de presión y electrocardiogramas. Todo marchaba bien.

Esa semana habían consultado a un cardiólogo. Les dijo que la beba ya estaba en posición para un parto normal, pero recomendó programar una cesárea por los antecedentes cardíacos de Carla. El jueves 15 de enero fueron a hablar con el médico para avanzar con esa decisión, pero el profesional no estaba y debieron postergar la consulta para la semana siguiente. No llegaron.

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Dos días después, Carla se descompensó en su casa mientras Daniel trabajaba. “Ese día, al mediodía le mandé mensajes para saber cómo estaba y me decía que estaba bien. Cerca de las cuatro le escribí otra vez y me respondió. A las 16:05 me preguntó si ya estaba llegando a casa. Le mandé un audio para decirle que sí, que estaba por llegar, pero ya no lo escuchó”, revive Daniel.

“Yo programaba la vida estando Carla, Franchesca y yo, los tres. Pero nos falta un pilar fundamental, que es su mamá”

“Cuando entré al dormitorio pensé que estaba durmiendo. Di la vuelta a la cama y vi que tenía los ojos entreabiertos. La toqué y estaba helada. Fui a buscar a mi hermana, que vive al lado. Llamamos al 911 para pedir una ambulancia, pero no llegaba. Desesperados, la cargamos en el auto y la llevamos al Hospital Materno Infantil de Salta”, cuenta. Ese recuerdo todavía lo persigue. Daniel vuelve a leer los mensajes una y otra vez, y se pregunta si algo habría sido diferente si hubiera regresado antes. “¡Perdoname, Carla! La puta madre, si hubiese vuelto antes... Yo no me imaginaba esta etapa de mi vida sin Carla. Siempre me pregunto por qué se fue y a veces no encuentro la respuesta", se descarga entre lágrimas.

Carla ingresó con muy pocas pulsaciones y los médicos le practicaron una cesárea de urgencia. “Prepararon el quirófano y le hicieron una cesárea de urgencia para que naciera la bebé”. Franchesca nació en medio de esa emergencia. Apenas llegó al mundo, sufrió dos paros respiratorios que, según le explicaron a Daniel, estuvieron relacionados con la falta de oxígeno mientras permanecía en el útero. La hipoxia isquémica le provocó graves lesiones neurológicas.

Carla no sobrevivió al parto. Los médicos intentaron reanimarla durante 40 minutos, pero no pudieron salvarla. “Ellos me dijeron que era un síncope a raíz de la arritmia que tenía”, recordó Daniel. “Yo programaba la vida estando Carla, Franchesca y yo, los tres. Pero nos falta un pilar fundamental, que es su mamá”, dice consternado.

Franchesca era la primera hija de ambos. Tenían 50 y 33 años, respectivamente, y soñaban con la familia que estaban por formar. “Era nuestra primera bebé. A pesar de que yo tengo 50, ella tenía 33 años, era la primera hija de los dos”, dice. La vida que imaginaban juntos quedó truncada antes de que pudieran empezar a vivirla como la habían soñado.

"Yo no me imaginaba esta etapa de mi vida sin Carla. Siempre me pregunto por qué se fue y a veces no encuentro la respuesta", dice Daniel

Casi nueve meses de lucha en el hospital

Franchesca pasó ocho meses, casi nueve, internada. Fueron meses de complicaciones, procedimientos médicos y una evolución que obligó a Daniel a aprender, sobre la marcha, a cuidar a una beba con necesidades especiales.

Durante los primeros tres meses, sufrió cuatro convulsiones. “Las tuvo porque hacía febrícula, porque tenía una infección. A los tres meses, los médicos tuvieron que realizarle una traqueotomía porque no podía respirar por sus propios medios y dependía de un respirador”, cuenta Daniel, sin ocultar su lágrimas.

A partir del cuarto mes, sus pulmones comenzaron a ganar fuerza, aunque las dificultades respiratorias continuaron. Hoy Franchesca utiliza oxígeno y necesita el respirador durante la noche o cuando el calor y el cansancio la agotan. También presenta episodios de apnea, en los que deja de respirar. Daniel contó que, en el hospital, le explicaron que las lesiones cerebrales afectan funciones básicas del organismo y que, en el caso de su hija, pueden interrumpir las señales que le permiten respirar.

Durante la internación, Daniel aprendió a realizar cuidados que nunca había imaginado tener que afrontar como papá. En el hospital le enseñaron a cuidar a pacientes con traqueotomía, conocimientos que hoy aplica con su hija. Franchesca recibe anticonvulsivos y vitaminas, que le proporcionan a través del sistema público, pero su evolución requiere atención constante y seguimiento profesional.

Hace tres semanas, Franchesca recibió el alta y pudo volver a su casa. A través del hospital público, la familia consiguió un respirador, aspiradores y un concentrador de oxígeno. También le otorgaron internación domiciliaria. Sin embargo, la cobertura no incluye enfermería. Según contó Daniel, le explicaron que no había fondos para afrontar ese servicio.

El regreso al hogar significó estar juntos y por primera vez solos, pero también una responsabilidad enorme. Ahora, este padre solo debe garantizar los cuidados cotidianos de su hija sin el acompañamiento permanente del equipo médico que tenía en el hospital. Y, al mismo tiempo, necesita encontrar la manera de retomar su trabajo para sostenerla. “La veo a mi hija y digo: ‘La pucha, si ella venía sanita, ¿por qué tiene que pasar esto también? Y más, estar sin su mamá’”, lamenta.

Franchesca también necesita kinesiología motriz y estimulación para favorecer su desarrollo. Daniel intenta acompañarla con ejercicios en los brazos y las piernas, pero reconoce que no alcanza. “Necesita mucha estimulación. Yo le hago movimientos de piernitas, brazos, pero no es suficiente”, explicó. Quiere darle a su hija todas las oportunidades posibles para mejorar su calidad de vida, pero para eso necesita ayuda profesional que hoy no puede costear.

“La veo a mi hija y digo: ‘La pucha, si ella venía sanita, ¿por qué tiene que pasar esto también? Y más, estar sin su mamá’”

El pedido desesperado de un papá que necesita volver a trabajar

Daniel trabaja como chofer de aplicaciones y sus ingresos dependen de las horas que pueda pasar al volante. Pero desde que Franchesca volvió a casa, salir a trabajar se convirtió en un problema: la nena necesita cuidados permanentes y él requiere asistencia profesional para poder ausentarse durante parte del día.

La familia obtuvo, a través del sistema público de salud, un respirador, aspiradores, un concentrador de oxígeno y la internación domiciliaria. Sin embargo, Daniel asegura que esa prestación no incluye enfermería porque le informaron que no había fondos para cubrirla. Ante esa situación, la Municipalidad le solicitó tres presupuestos para evaluar la posibilidad de costear el servicio.

Daniel consultó con distintas profesionales y recibió cotizaciones de entre $2 millones y $3 millones por 12 horas de atención. Su objetivo es contratar a una enfermera que cuide a Franchesca mientras él trabaja y regresar por la tarde o la noche para continuar con su atención. Pero hoy no cuenta con los recursos para afrontar ese gasto.

Le dieron el alta, un respirador, aspiradores, oxígeno e internación domiciliaria. Pero no una enfermera: le dijeron a su papá que no había fondos para cubrirla

“No llego a pagar esa suma”, explicó. Daniel no tiene obra social ni un ingreso fijo. Vive de lo que consigue cada día con la aplicación o de otros trabajos que pueda encontrar. Este mes comenzó a cobrar la asignación por discapacidad y todavía tiene que iniciar los trámites para solicitar una pensión. Mientras tanto, necesita resolver cómo sostener los cuidados de su hija y generar ingresos para mantenerla.

Pedir ayuda tampoco le resulta sencillo. “No soy de salir en estos videos ni mucho menos pedir así”, reconoció en el mensaje con el que decidió contar su situación. En medio del duelo por perder a Carla, Daniel sigue en pie por su hija. “Hay momentos en los que me siento superado y necesito apartarme un rato para llorar antes de volver junto a mi hija. Extraño mucho a mi mujer. Juntos habíamos imaginado criar a nuestra primera beba y todavía no encuentro una explicación para lo ocurrido... La veo a mi hijita y ella me da fuerza para seguir adelante”, contó.

Hoy, Daniel pide ayuda económica para afrontar el costo de una enfermera que pueda cuidar a Franchesca durante 12 horas y permitirle salir a trabajar. “Quiero darle una mejor calidad de vida”, dice. Esa es su única prioridad.

*Para colaborar con Daniel puede hacerlo al alias JUEGA.ANIMO.CONTURBA a nombre de Luis Daniel martiniano Sánchez y para comunicarse con él, puede escribirle a luisdanielmartinianosanchez@gmail.com

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