Un día en la vida de Martín Oscar Araujo comienza minutos antes de las siete de la mañana. A esa hora empieza su jornada laboral. Dice que baja porque vive arriba. Y que no tiene que desplazarse hasta su lugar de trabajo. Es el encargado de un edificio ubicado en pleno Belgrano, enfrente de los cines Multiplex. “Bajo y lavo la vereda. Después la seco para que no me manchen adentro. Limpio el piso, los vidrios, ascensores, todo lo que es el hall”, relata cuál es su dinámica de trabajo en las primeras horas del día. A las once de la mañana, corta su primer tramo. A las cinco de la tarde vuelve a bajar. “Doy un repaso, barro la vereda y me quedo por acá a disposición hasta las nueve de la noche por cualquier cosa. Después de ahí siempre estoy ante cualquier emergencia en mi departamento”, agrega.
Cumple ocho horas de trabajo de lunes a viernes y le suma cuatro los sábados, en horario matutino. Su sueldo es de alrededor de 400 mil pesos mensuales. Vive en uno de los departamentos del edificio, donde no paga alquiler. Está ahí hace 25 años. Una amiga de su esposa lo recomendó y quedó. Dice que lo más importante de sus tareas es que todo funcione correctamente y la parte que más le gusta es que no tiene que desplazarse hacia su lugar de trabajo. “Es un empleo que te exige mentalmente más que físicamente porque tenés que atender a todos los vecinos, tenés que recibir reclamos de varios y como vivís en el trabajo, es una tarea permanente”, razona.
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Identifica dos situaciones difíciles con las que debe lidiar: trabajar con la basura y hacer respetar los horarios de descanso. Sobre el primer punto, describe que entre los desechos “puede encontrar ahí cualquier cosa”. Sobre el segundo ítem, agrega: “Hay gente que tal vez no sabe o no entiende que hay una regla de horarios. Poner los límites es un poco chocante”. Su tarea no es solo limpiar y ordenar, sino interactuar entre los conflictos de vecinos. A veces debe mediar de forma anónima para no generar rispideces, a veces suelen pedirle favores por fuera de su trabajo y lo cumple, pero hay otros pedidos a los que debe negarse.
Una vez, cuenta, debió ayudar a una señora que siempre había sido muy amable y generosa con él. “Ella tenía a su marido que falleció y como estaban los dos solos en el país, tuve que hacer los trámites de la defunción, de la casa velatoria. No me podía negar porque es una señora fantástica conmigo”, rememora. Tiene anécdotas, curiosidades y recuerdos de los divertidos y de los otros, que no puede contar. Tiene vecinos que están pendientes de las cosas que hace o deja de hacer, aunque reconoce que son pocos. “Tuve una señora que cuando vine a vivir acá me dijo una vez ‘a mi encargado anterior le enseñaba cómo limpiar y dónde tenía que limpiar, pero con vos no tengo problema’, y por suerte nunca se quejó de la limpieza”, narra.
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Dice que cada encargado de edificio es una usina de chisme. “Me entero de muchos chismes del barrio por intermedio de colegas. Cada colega es una posta, vamos pasando uno con el otro. Y del edificio también me entero y veo algunas cosas. Los vecinos me preguntan si hay algún tema general del barrio, pero no por chusmerío interno”, relata.
Todo este imaginario popular sobre las vicisitudes de su trabajo quedaron expuestas y radicalizadas en la serie El encargado, con la actuación estelar de Guillermo Francella y la dirección de Mariano Cohn y Gastón Duprat. Martín vio solo la primera de las dos temporadas ya emitidas y una tercera próxima a estrenarse. “Como toda profesión que va a la ficción, está exagerada, pero algunas cosas sí son ciertas. No es que somos demoniacos. Un encargado hace unas cosas, otro hace otras cosas”, define y reconoce que se enteró de la verosimilitud de algunas modalidades poco éticas de los encargados que Eliseo, el personaje que interpreta Francella, comete. “Como cuando el encargado subalquila departamentos vacíos, pero eso pasa sobre todo en la costa”, comenta.
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Su sueldo es de apenas 400 mil pesos, apenas por encima de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) -el estudio que mide el total de gastos que debe hacer una familia para cubrir únicamente sus necesidades alimenticias y que en febrero de 2024 ascendió a $322.851- y muy por debajo del valor de una Canasta Básica Total (CBT), que en el segundo mes del año trepó a $690.902 y se calcula a partir de la CBA con la inclusión de bienes y servicios no alimentarios como vestimenta, transporte, educación, salud. Martín, sin embargo, está satisfecho con sus ingresos: “No puedo decir que cobramos mal. Cada trabajo es distinto. Para una persona que no tiene un título profesional, el sueldo está bien, pero para alguien que tiene un título profesional, trabajar de encargado sería perder plata”.
* Mi vida, mi oficio es un programa de entrevistas sobre la importancia, el valor, las exigencias y experiencias de cada trabajo, contadas por sus propios protagonistas. Escribinos y contanos sobre tu oficio y tu historia a mividamioficio@infobae.com
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