El Día de la Madre no es feliz para todas

Para las personas en la búsqueda de un hijo sin suerte, atravesar en Día de la madre es una penuria. Es un dia para ser especialmente empáticos con ellos y abrazarlos con cariño. Algunas estrategias para sobrellevarlo mejor

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En el Día de la Madre, también hay mujeres que anhelan la maternidad sin alcanzarla y aún así celebran el amor y la esperanza (Imagen ilustrativa Infobae)
En el Día de la Madre, también hay mujeres que anhelan la maternidad sin alcanzarla y aún así celebran el amor y la esperanza (Imagen ilustrativa Infobae)

No es un día fácil. Para quienes aún no han sido madres o padres y lo desean y lo buscan sin suerte hasta el momento, para quienes ya tienen un hijo pero no logran tener otro, la fecha es como una tela delgada que se rasga al medio con violencia.

El Día de la Madre, que en Argentina se celebra este domingo (y en otros países en mayo), es cada año un mojón a cruzar con el corazón en la mano. Revuelve la sensibilidad. Late ese deseo y la felicidad ajena parece aún más brillante. Las publicidades, las vidrieras, las redes sociales se llenan de maternidades de algodón de azúcar y, lejos de alegrarnos por la felicidad ajena, muchas de nosotras (en mi caso fue hace ya doce años) queremos meternos en el fondo de un agujero y que vuelen por el aire todas las palabras empalagosas ligadas a los niños y a las familias perfectas. Y entonces sobreviene la culpa. Y no sólo por no poder concebir o llevar el embarazo a término, como si fuera nuestra responsabilidad. “¿Por qué no puedo alegrarme por la felicidad ajena?”, nos preguntamos. Hay un ejercicio que es necesario hacer sobre todo el Día de la madre, que tiene que ver con desapegarnos de cierta exigencia. Son tránsitos que duran un tiempo, y en el que escucharse es más importante que nunca.

Un millón de mujeres en Argentina, una de cada seis parejas o personas solas buscan tener un hijo y no pueden. Y el Día de la madre, sufren.

“El tránsito sin suerte por la búsqueda de un embarazo, sobre todo cuando dura años, es una experiencia imposible de contar sin poner las tripas sobre la mesa. Solemos vivirlo en privado, con cierta vergüenza, y lo hablamos solo en ámbitos muy íntimos, pero el impacto es tan profundo que casi siempre nos enfrenta a nuestros prejuicios y pone nuestro mundo patas para arriba. De esta experiencia se entra de una manera y se sale de otra, sea cual fuere el final”, escribí en mi libro El deseo más grande del mundo.

La maternidad y la paternidad empiezan mucho antes de la llegada de un hijo. Me atrevo a decir, aunque legalmente sea una barrabasada, que arrancan con ese deseo que nos lleva hacia caminos misteriosos e inciertos. Y que en ocasiones nos enseña a maternarnos a nosotros mismos.

Como me dijo en el libro Magdalena Fleitas, como si supiera lo que yo estaba atravesando en aquel entonces: “Maternate a vos misma, armate el nido, tenete paciencia, sé más dulce con vos. Cada experiencia es única, cada mujer debe buscar lo mejor para sí misma, alejarse de los dogmas. Hay un conocimiento de las mujeres en masa, un murmullo de voces amorosas que vale la pena escuchar. La maternidad está llena de misterios. Unir dos mundos, cualesquiera que sean, sigue siendo algo mágico”.

Algunos podrán abrazar su rol de hijos y vivir el día montados en ese pilar, sosteniéndose del bastón en cada paso. Otros penarán por su orfandad hacia arriba y hacia abajo, no les bastará el consuelo, imposibilitados de hacer el movimiento.

En el Día de la Madre, las mujeres que no pueden serlo, si tienen en quién apoyarse, pueden transitar esas 24 horas con un dolor menor (Imagen ilustrativa Infobae)
En el Día de la Madre, las mujeres que no pueden serlo, si tienen en quién apoyarse, pueden transitar esas 24 horas con un dolor menor (Imagen ilustrativa Infobae)

De esto hablaba hace unos años en una columna que hacía en Crónica Televisión, en el programa de Santo Biasatti.

Dicen los psicólogos que he consultado que, si bien es un dolor grande, cuando uno puede apoyarse en personas cercanas y queridas, esas 24 horas resultan menos penosas. La contención es fundamental y, también, armar una estrategia. Oponer resistencia para que el día no nos encuentre, ni a hombres ni a mujeres, a su merced.

No ir a reuniones familiares a las que uno no quiere ir, no forzarse, escucharse plenamente, más que nunca, sentirse merecedor y protagonista de nuestras decisiones. Preguntarse: ¿Qué mimo puedo darme? ¿Qué me hace bien? ¿De quiénes me puedo rodear que están en mi misma situación? ¿Cómo puedo hablarlo con mi pareja para que sea algo compartido?

Quizás sea un buen momento para buscar encontrarse con otros que están en la misma, a través de algún taller o de alguna ONG que brinde espacios gratuitos sobre el tema, como Concebir.

Explicarles a los seres queridos que la búsqueda de un hijo que no llega se vive con una pena similar al del duelo por la pérdida de un familiar querido. Y que entonces es un día para acompañarnos, y no para minimizar ese dolor, como si fuera un capricho.

Es un día cuya única obligación, es mirarse y respetarse a una misma.

Escribiendo El deseo más grande del mundo, descubrí que escuchar a otras mujeres que pasaron este tránsito es una buena fuente de sabiduría, de consuelo y de esperanza. Por eso en los albores de este día tan especial, quiero regalarte estos fragmentos de mujeres sabias, mujeres comunes y corrientes que tienen o tuvieron la ilusión entra paréntesis, que pasaron por esto sin o con suerte. Y recalcar que, como dijo Cerati, muchas veces tarda en llegar pero, al final, al final, hay recompensa.

El deseo más grande del mundo, de Luciana Mantero
El deseo más grande del mundo, de Luciana Mantero

“Lo primero para mi es no perder las esperanzas. Siempre recomiendo que busquen un médico que se dedique a esto que les de una respuesta rápida. (...) La ansiedad, no saber qué les está pasando desgasta a las mujeres y a la pareja. (...) Una vez que ya tenés el diagnóstico sugiero evaluar las posibilidades y decidir lo antes que se pueda, de acuerdo a los tiempos de cada uno. Y escuchar a la gente que te tira buena onda, sólo a esa gente. Hacer oídos sordos al resto. Decidir lo que cada uno quiere e ir para adelante con toda la esperanza del mundo.(...) El problema de la esterilidad es de a dos. No importa quién tenga el problema, se tienen que acompañar. Tienen que venir los dos, hacerse los estudios juntos, escuchar los resultados juntos… si no es muy solitario. Es un buen momento para demostrarse el amor que se tienen”, Verónica.

“Por más que nos creamos más modernos… es mentira. Y en los temas de la maternidad y de la fertilidad es dónde la diferencia entre el hombre y la mujer más se ve. (...) ¿Me está por venir la menstruación? ¿Siento algo? ¿Cómo tengo las lolas? ¿Están un poco más duras? ¿Estaré ovulando? El ciclo de la mujer da tantos signos que tenés como un taladro adentro tuyo. Cada vez que vas a hacer pis tenés un mensaje. En cualquier momento de la búsqueda que estés, es muy difícil estar desconectada de tu cuerpo”, Andrea.

“Igual no está todo dicho. Un día por ahí la vida te sorprenda y te diga: ´Tengo este bebé de dos meses ¿Lo vas a querer? O me haga la próxima fecundación in vitro y me vaya bien. Ya no tengo miedo. Va a pasar lo que tenga que pasar. Y si no, seguiré siendo feliz. No va a ser nada distinto a lo que vengo viviendo ahora. Sólo que voy a dejar de vivir guardando esta loca ilusión, en estado de stand by”, Victoria.

“Pensé ¿Qué le puede pasar a la nena por no tener papá? Y… yo no tuve papá. Y bueno, hará terapia. ¡Yo hice terapia! No se va a morir por eso. Va a vivir una vida linda, va a estar rodeada de amor, porque es muy deseada… entonces, eso es lo importante. Y va a tener la oportunidad. Porque si yo no hubiese buscado la ovodonación, la donación de esperma, no hubiera existido ella. O hubiese existido de otra manera. Porque por ahí ese óvulo se hubiera juntado con otro esperma… y no hubiera sido la nena que es hoy. Tuvo la oportunidad. Y lo que pase de acá en adelante lo veremos entre las dos. Por ahora tiene los mismos problemas que yo: no pronuncia ni la erre, ni la ele, ni la de. ¡Igual que yo! Se pone así –frunce los labios como en un dos del truco- cuando algo no le gusta… ¡Igual que yo!”, Romina.

Amiga, amigo que la estás remando: no nos conocemos pero te abrazo fuerte. Y te insto a sumarte a la tribu, para seguir conectados. Vas a ver que el día pasa como un suspiro y el lunes a la mañana, otra vez, sale el sol.

Este artículo sintetiza algunos de los temas que trato en mi newsletter “El deseo más grande” (sobre los caminos diversos y no convencionales en la búsqueda de la mapaternidad). Para recibirlo vía mail, suscribirse sin cargo aquí https://www.infobae.com/newsletters/el-deseo-mas-grande/

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