Tuvo cáncer de mama dos veces y en el medio nació su bebé: de los diagnósticos inesperados a la cruda mastectomía

Entre 2020 y 2023, Moria le puso el cuerpo a la enfermedad y a los tratamientos dos veces. Se lo detectaron a los 34, cuando todavía no era mamá, y no había palpado ningún bulto. El segundo diagnóstico que la llevó a una mastectomía. Todavía no cumplió 40 años. Solo en Argentina se diagnostican más de dos nuevos casos de cáncer de mama por hora

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Moria durante su gestación, después de haber atravesado su primer cáncer de mama
Moria durante su gestación, después de haber atravesado su primer cáncer de mama

Moria es la tía de mis sobrinas. No se llama Moria, pero así la llaman ellas y con eso alcanza. Tampoco es tía por parentesco familiar, sino por transferencia de amor. Moria es una de las grandes amigas de mi cuñada. Una de las históricas, de esas con las que se guardan recuerdos con distintos looks. Mis sobrinas aman a su tía Moria porque la mamá de mis sobrinas ama a su amiga Moria, y con eso alcanza.

Por este revuelo de cariño, conozco a Moria desde hace años. Nos cruzamos en cumpleaños, nos “megusteamos” fotos en las redes, le hice llegar mi abrazo cuando nació su hijita, me manda felicitaciones cuando lee algunas de las notas que publico. Hasta hemos comentado la alegría que nos da imaginar la inminente amistad entre su niña y mis (nuestras) sobrinas.

Por este revuelo de cariño también es que cuesta contar esta historia. Moria tiene cáncer de mama. Otra vez.

“No sabría mucho qué contarte. Pero si me guiás, podemos pensar cómo...”, me contestó Moria por chat cuando le propuse escribir sobre lo que está viviendo: enfermar de cáncer de mama por segunda vez en los últimos tres años.

¿Cómo se cuenta el cáncer de mama?

Una opción es compartir cifras, los números escandalosos, porque solo en Argentina se diagnostican más de 22.000 casos por año. Algo así como pensar en más de dos nuevos casos… por hora.

El 10% de esos cánceres de mama corresponden a mujeres menores de 40 años y la evidencia señala un incremento alarmante en este rango etario en los últimos años: 2.2% anual según bases de datos internacionales.

Para Dolores Mansilla, mastóloga del Instituto Oncológico Ángel Roffo y miembro de la Sociedad Argentina de Mastología, las pacientes jóvenes se convirtieron en una preocupación: “Si bien el cáncer sigue siendo una patología de edades avanzadas, quienes tienen su diagnóstico antes de los 40 años son objeto de estudio de los especialistas. Por un lado, porque al no estar indicadas las mamografías en menores de 40 años —salvo en sus grupos especiales—, son cánceres que usualmente son diagnosticados a etapas avanzadas. En segundo lugar, estos cánceres de mama suelen tener un comportamiento más agresivo. Así es que las mujeres jóvenes van a vivir con las consecuencias de los tratamientos que lamentablemente suelen ser agresivos, y en paralelo surgen desafíos únicos por el momento vital de las pacientes en cuanto a fertilidad, sexualidad, imagen corporal y hasta la necesidad de hacer estudios genéticos”.

Dolores Mansilla, mastóloga del Instituto Oncológico Ángel Roffo y miembro de la Sociedad Argentina de Mastología
Dolores Mansilla, mastóloga del Instituto Oncológico Ángel Roffo y miembro de la Sociedad Argentina de Mastología

Nombrar al cáncer de mama

Para hablar de cáncer de mama también podemos ponerle un nombre.

Moria recibió su primer diagnóstico en 2020, poquito antes de la pandemia. Tenía 34 años.

“Nunca palpé ningún bulto. Es decir, sin los controles no me hubiera enterado. Las dos veces fueron agarrados muy precozmente. De ahí que pensaba, ¿cómo puede ser que venga alguien a decirme que estoy enferma si yo no siento nada en el cuerpo? Además, empezás a buscar explicaciones en otros lados, por fuera de lo físico. Yo hice biodescodificación, constelaciones. Si me siento plena con la vida que llevo: me gusta mi trabajo, no me siento sometida, elijo mis amistades, no sufro en cuestiones puntuales o cotidianas, tengo un compañero desde hace 20 años que es amor... ¿de dónde nace esto que enferma mi cuerpo?”

El cáncer de mama es heterogéneo y presenta características biológicas más complejas en mujeres jóvenes. La enfermedad suele aparecer más avanzada a menor edad de la paciente porque su biología es más agresiva.

En una sesión de quimioterapia sosteniendo una piedra obsidiana, que le regaló su hermana
En una sesión de quimioterapia sosteniendo una piedra obsidiana, que le regaló su hermana

“Mis tumores son hormonodependientes, es decir se alimentan de las hormonas, y eso en etapa reproductiva es distinto a alguien que está posmenopaúsica porque tiene otra movida hormonal. Con el primer tumor nos angustiamos mucho con mi pareja porque la medicación para hacer hormonoterapia es incompatible con la gestación y nosotros estábamos pensando en buscar un bebé. Lo hablé con mi oncólogo, le expliqué que quería priorizar una gestación, pero finalmente no hizo falta elegir. Me dieron 25 sesiones de radioterapia y después del alta esperamos unos meses. En octubre de 2021 quedé embarazada”.

Moria disfrutó de un embarazo normal. Nueve meses sin controles diferenciales, parto natural y lactancia.

“Mi hija nació en junio y le di el pecho por seis meses. Al principio probé con la teta operada, tenía leche. Pero la cicatriz estaba muy cerca de la areola del pezón y me lastimó. Por eso seguí con la otra. Preferí no cascotear más esa teta”.

En febrero de 2023, Moria retomó las revisiones ginecológicas de rutina.

“Fui a hacerme los controles como a resolver un trámite, sin ningún fantasma. No se me armaba en la cabeza la posibilidad de tener cáncer dos veces. No se me armaba. Pero durante la mamografía noté que la ecógrafa me apretaba demasiado. Y de golpe dijo: `Encontramos algo, no sé qué´. Solo atiné a murmurar: `Me estás jodiendo´. Ya la había vivido, ya sabía todo lo que venía. Era el mismo pecho y bastante cerca de donde había sido el primero”.

Mercedes Fiuza ─ginecóloga, directora de Casa Sora y quien cobijó amorosamente a Moria durante el embarazo─ enumera los factores que favorecen que el cáncer vuelva: “Depende de la biología molecular, de los marcadores tumorales, la histología y el origen del tumor, la probabilidad de que se repitan o de que hagan metástasis. Lo que en medicina llamamos recidiva”.

A la beba la cuidó su abuelo mientras su mamá se hacía la última sesión de quimioterapia
A la beba la cuidó su abuelo mientras su mamá se hacía la última sesión de quimioterapia

Con el segundo diagnóstico, la única opción quirúrgica para Moria fue la mastectomía.

“Cuando me sacaron la mama no me podía tocar. No me quería mirar tampoco. En casa tenemos antebaño y baño, y como en el baño no hay espejo me cambiaba ahí para no verme. Con el tiempo un poco te amigás. Cuando se cierra la herida, cuando ya no tenés los puntos, cuando te sacan el drenaje. Yo siempre disfruté de mis tetas. En la intimidad, por ejemplo. Entonces, cuando te la sacan te cambia. Me pusieron una prótesis, pero no es lo mismo y tenés que hacer ejercicios para recuperar la sensibilidad. Encima mis tetas son más grandes que las prótesis que se venden en Argentina y por eso me quedó una asimétrica. Sin pezón además. Tenés una teta de mentira y lisa, sin nada. Ahora me puse a rastrear gente que tatúa pezones”.

A los ocho meses de parir, Moria volvió a enfermar de cáncer de mama
A los ocho meses de parir, Moria volvió a enfermar de cáncer de mama

Ganarle al cáncer no es disimulable. No es como tomar un comprimido para la insuficiencia cardíaca y seguir. El cáncer se nota, hace gala, parece jactarse de su presencia. Y el proceso que hay que atravesar para matarlo o ralentizar queda indefectiblemente sobre la mesa. Cuerpos en lucha, habitados por los tratamientos. Cirugías, rayos, quimioterapias, pastillas. Caída del pelo, hinchazón, cansancio, decaimiento, otros colores en la piel. Dolor.

Tras la mastectomía, a Moria le recetaron cuatro sesiones de quimioterapia cada 21 días.

“En cada sesión me pasaron cosas distintas. Creo que la tercera estuve bien, pude ir a trabajar. Pero la primera la pasé mal, la segunda la pasé mal. Y sin embargo fueron malestares diferentes. La quimioterapia es una paliza farmacológica. En el momento, con el catéter conectado, no te das cuenta. Pero a los tres días te sentís tremendo. Después de una de las sesiones de quimioterapia no pude comer nada por una semana. Y sin comer y sin tomar, no existís. Me la pasé en la cama”.

— ¿Cómo se materna una criatura mientras soportás semejante paliza?

— Yo pude hacerlo gracias a mi compañero. No me quiero poner sensible, pero fue así”.

Por primera vez, desvía la mirada. Se notan los esfuerzos por mantenerse rígida, pero Moria piensa en su compañero y la vista se nubla. Los ojos vidriosos.

El poema con el que Moria se siente muy reflejada
El poema con el que Moria se siente muy reflejada

“No solo paterna a la par y más. Se bancó todo. Yo no me podía ni peinar, porque me pasaba el peine y se me caía el pelo de a mechones. Miramos tutoriales para aprender a peinar sosteniendo las raíces, sin tironear, y Hernán después me peinaba. Se ocupó de mis curaciones. Otros tutoriales que vimos juntos fueron para fabricar de manera artesanal unos cascos de geles fríos que él me ponía en la cabeza en las sesiones de quimioterapia para no perder tanto pelo. Perdí bastante igual, y me lo tuve que cortar, pero no me quedé pelada. Para mí era fuerte. Sé que hay personas que se rapan y no les importa tanto. Pero yo tenía un tema con el pelo. Ojo, me lo pregunté. ¿Por qué el rollo con el pelo? ¿Qué es la estética? ¿Qué es el cuerpo? Y me miraba en el espejo, cambiando”.

La doctora Fiuza insiste en la importancia de la prevención a partir de controles tempranos que permitan diagnósticos precoces: “Si realizamos los controles de manera anual y prudente y estamos atentas advirtiendo y consultando frente a cualquier cambio en nuestras mamas, tendremos prontas posibilidades terapéuticas. Los tratamientos sistémicos, como quimioterapia o radioterapia, no suelen variar según se trate de mujeres posmenopáusicas o mujeres jóvenes. Va a depender de la biología del tumor y de sus características más médicas, aunque puedan tenerse en cuenta ciertas consideraciones”.

La ginecóloga Mercedes Fiuza, directora de Casa Sora
La ginecóloga Mercedes Fiuza, directora de Casa Sora

Moria registra como clave también buscar personas que hayan pasado o estén pasando por lo mismo. “Oncoamigas” que acompañen desde la vivencia. Incluso, para alivianar con información los tortuosos caminitos burocráticos que exigen las obras sociales y prepagas.

“Mientras le estás poniendo el cuerpo a curarte, tenés que ponerle el cuerpo a los trámites. Todo es un trámite. Trámite para internarme con mi familia el día de la operación, trámite en ventanilla por cada turno de quimio, trámite para conseguir la prótesis, trámite y carta documento para batallar que me devuelvan la diferencia económica que pagué porque no me quisieron cubrir la prótesis que indicó el médico, y así. Es muy desgastante”.

En el siglo 17, el filósofo holandés Baruch Spinoza popularizó la frase: “Nadie sabe lo que un cuerpo puede”. Lo que sí sabemos, en pleno siglo 21 y a pesar de los formidables avances de la ciencia, es que son demasiados los cuerpos de mujeres que se enferman y dejan de poder.