Quién era el paciente del Borda muerto por una jauría de perros salvajes dentro del hospital

Jorge Marcheggiano tenía 70 años. El viernes 22 de mayo, salió a caminar por uno de los jardines del predio de la Institución y lo atacaron perros que entran y salen sin control del neuropsiquiátrico. Aunque fue trasladado al Hospital Penna, murió pocas horas después de su internación

Ubicado en el Barrio de Barracas, el Hospital Borda tiene 472 pacientes internados. A la derecha, Jorge Marcheggiano retratado por el fotógrafo Emiliano Rojas Salinas, docente de Arteterapia del Centro Cultural Borda.
Ubicado en el Barrio de Barracas, el Hospital Borda tiene 472 pacientes internados. A la derecha, Jorge Marcheggiano retratado por el fotógrafo Emiliano Rojas Salinas, docente de Arteterapia del Centro Cultural Borda.

El viernes 22 de mayo amaneció nublado y ventoso en la ciudad de Buenos Aires. A pesar de eso, Jorge Marcheggiano (paciente del servicio 15 del Hospital Borda) pidió permiso para salir a dar una vuelta por los jardines de la Institución. En su caminata, el hombre de 70 años fue interceptado por una jauría de perros que lo atacó ferozmente.

A Jorge lo encontró un empleado de seguridad. Estaba tirado en el piso con varias mordeduras en el cuerpo, sobre todo en una de sus piernas. Nadie sabe cuánto tiempo pasó agonizando allí. Finalmente, cerca de las 11.00 am, decidieron trasladarlo al Hospital Penna. Murió a las pocas horas.

Dos semanas antes de este episodio, el 7 de mayo, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) presentó una acción de amparo colectiva, donde denunciaba las graves condiciones de los cuatro hospitales psiquiátricos de la ciudad de Buenos Aires (el Borda, el Moyano, el Alvear y el Tobar García) en el contexto de la Pandemia del Coronavirus. Entre los reclamos, además, figuraba un pedido expreso para erradicar las jaurías que deambulan por los predios de esas instituciones.

El amparo quedó radicado en el Juzgado Contencioso Administrativo 12, a cargo de la jueza Alejandra Petrella que hizo lugar a la medida cautelar. El 14 de mayo, la magistrada instó al gobierno porteño a proveer equipos de protección e insumos para prevenir y evitar la propagación del COVID-19 en los psiquiátricos, pero desatendió el reclamo de los perros. “No existen a la fecha conclusiones médicas que permitan afirmar que la presencia de animales intensifica los riesgos de contagio”, expuso Petrella en la cautelar.

Según la jueza, se otorgó carácter colectivo al amparo y se estableció que, como los cuatro manicomios porteños están ya judicializados, este proceso se ocuparía principalmente del COVID-19 y de las personas internadas. “En lo relativo a los perros si bien se intimó al Gobierno porteño, ello fue puesto en conocimiento del juzgado en el que ya tramita la causa referida a cuestiones edilicias del hospital Borda y que tiene sentencia firme desde hace años”, dijo Petrella a este medio.

“Esto se había señalado y nadie tomó cartas en el asunto. Hubo otros casos similares en el Hospital Interzonal Dr. José A. Esteves (Lomas de Zamora) y en el Hospital Nacional ‘Colonia Montes de Oca’ (Luján). Lamentablemente muchas personas abandonan animales que se terminan criando como jaurías salvajes y son muy difíciles de controlar”, apunta Macarena Sabin Paz, coordinadora del área de salud mental del CELS.

“De cualquier forma, el problema no son los perros, sino la ausencia de una política sanitaria orientada a erradicar las jaurías que son un peligro, tanto para los usuarios como para trabajadores de estos grandes monovalentes”, agrega Sabin Paz.

Infobae se puso en contacto con tres personas que trabajan en el Hospital Borda. Sus testimonios coinciden: la jauría que mató a Jorge Marcheggiano estaba rondando la institución desde hacía más de un año.

Tras el amparo presentado por el CELS, la jueza Alejandra Petrella  
instó al gobierno porteño a proveer equipos de protección e insumos para prevenir y evitar la propagación del COVID-19 en los psiquiátricos, pero desatendió el reclamo de los perros.
Tras el amparo presentado por el CELS, la jueza Alejandra Petrella instó al gobierno porteño a proveer equipos de protección e insumos para prevenir y evitar la propagación del COVID-19 en los psiquiátricos, pero desatendió el reclamo de los perros.

"No era la primera vez que esos perros atacaban a alguien. Muchas veces los pacientes venían a los talleres con las marcas de los colmillos. En el Hospital se sabía, la empresa de seguridad lo sabía y las autoridades también”, sostiene Emiliano Rojas Salinas, fotógrafo, voluntario del hospital desde hace una década y docente de Arteterapia del Centro Cultural Borda desde hace tres años.

Aunque Marcheggiano no asistía al taller de Rojas Salinas, habían conversado varias veces. Por eso, cuando se enteró de su muerte, Emiliano le dedicó un posteo en sus redes sociales. “Jorge era un divino. Sonriente y solidario. Siempre dispuesto a ayudar y a dar una mano. Era uno de los que más trabajaba para acondicionar el espacio del Centro Cultural. No jodía a nadie, solo quería ser feliz y estar tranquilo. Nadie se merece terminar así”, escribió en su cuenta de Instagram.

A sus palabras le sumó una imagen de Jorge en primer plano. El hombre luce una chomba a rayas y lleva una llave (la del armario donde guardaba sus pertenencias) colgada del cuello. “Fue en uno de los Festivales de Variedades del Centro Cultural Borda”, cuenta el fotógrafo.

Según pudo saber Infobae, tras el ataque de la jauría, Jorge recibió unas primeras curaciones en el Servicio de Cirugía del Hospital Borda. Pero, al detectar la gravedad de las heridas, decidieron dar aviso al SAME que lo derivó al Hospital Penna, donde fue operado.

A pesar del esfuerzo del equipo médico, el hombre de 70 años murió a las 13.30 hs. Desde entonces, y a pesar de que su caso se difundió en distintos medios, ningún familiar o referente afectivo se acercó a la Institución Psiquiátrica.

De acuerdo con el testimonio de distintas personas que trabajan en el Hospital Borda, la jauría que mató a Jorge Marcheggiano estaba rondando la institución desde hacía más de un año.
De acuerdo con el testimonio de distintas personas que trabajan en el Hospital Borda, la jauría que mató a Jorge Marcheggiano estaba rondando la institución desde hacía más de un año.

Gonzalo Sánchez trabaja en la parte administrativa del Hospital Borda desde hace nueve años y, además, es delegado de ATE. De acuerdo con su relato, la problemática con las jaurías viene de larga data. “Los perros siempre están dando vueltas. Muchos, incluso, circulan por dentro de la Institución. Como no se hicieron arreglos en el perímetro, entran y salen del edificio con facilidad. Además de atacar pacientes, también mordieron a trabajadores y trabajadoras del Borda”, explica.

Los manicomios son tierra de nadie”, dice Alberto Sava fundador y director del Frente de Artistas del Borda (FAB). Como Marcheggiano no participaba de ninguno de los once talleres que ofrece la agrupación, Sava no llegó a conocerlo. Se enteró de su fallecimiento a través de otro compañero del Frente. “Estos perros son cuatro o cinco y hace muchos años que están. Un par de veces mordieron a algunos pacientes y, también, atacaron a una enfermera. Pero no fue tan grave. Esta muerte era evitable”, expresa.

Desde el Gobierno de la Ciudad prefirieron no hacer declaraciones respecto a lo sucedido. “Hay una investigación judicial en curso para esclarecer los hechos. La Ciudad se encuentra a disposición de la Justicia y elevó un informe con lo ocurrido”, dijeron a este medio.

Por otro lado explicaron que, desde el sábado 23 de mayo, están realizando recorridas diarias (tanto en el predio del hospital como en sus alrededores) liderados por la división canina de la Policía de la Ciudad, de los que también participan personal del Borda y del Instituto de Zoonosis Luis Pasteur. El objetivo, indican, es encontrar a los perros y evitar otro episodio de características similares.

Además, reforzaron las entradas del Borda para impedir que los animales pueden volver a ingresar. Consultado acerca de esto último, Gonzalo Sánchez afirma que es cierto. “Colocaron un alambre de unos 50 centímetros en el frente del hospital”, dice.

¿Por qué no actuaron antes? “Intervenimos tras recibir un pedido del Ministerio de Salud. Estamos haciendo rastrillajes diarios para dar con los perros agresores. Tratamos de identificarlos a partir de las descripciones que nos aportaron distintos vecinos y trabajadores del lugar. Hasta el momento atrapamos cuatro perros. Uno casi seguro es de la jauría, el resto no sabemos”, afirma Guillermo Belerenian Médico Veterinario de la Universidad de Buenos Aires, a cargo de la dirección del Pasteur desde principios de abril.

Según Belerenian, desde el Pasteur trabajan para prevenir el abandono de los animales. "Tenemos un departamento de educación para salud a partir del cual promovemos la idea de una tenencia responsable. También, un quirófano móvil que recorre distintos barrios para hacer esterilización quirúrgica, vacunación y desparasitación”, dice.

Desde el sábado 23 de mayo, la división canina de la Policía de la Ciudad, junto con personal del Borda y del Instituto de Zoonosis Luis Pasteur, están realizando rastrillajes en el predio del hospital como en sus alrededores.
Desde el sábado 23 de mayo, la división canina de la Policía de la Ciudad, junto con personal del Borda y del Instituto de Zoonosis Luis Pasteur, están realizando rastrillajes en el predio del hospital como en sus alrededores.

LA PANDEMIA Y EL HOSPITAL BORDA

Actualmente, el hospital Borda tiene 472 pacientes internos y, alrededor, de 1500 pacientes ambulatorios. La cantidad de personal (incluyendo profesionales de la salud, personal de limpieza en contacto con usuarios, camareros, entre otros) también alcanza esta última cifra.

Como sucedió en otras instituciones hospitalarias de la ciudad y el país, allí ya se registraron quince casos de COVID-19: dos médicos, tres enfermeros y diez pacientes. Según Gonzalo Sánchez, desde que se detectó el primer caso habilitaron un ala (el ex servicio 28) para aislar a los pacientes con síntomas leves. Si el cuadro se complica, dice, se los derivará al Hospital Penna o al Argerich.

A pesar de la medidas tomadas, los empleados de la institución psiquiátrica manifiestan su preocupación frente al avance de los casos de coronavirus en el hospital y advierten la falta de insumos y la escasa limpieza. “Necesitamos más elementos de protección. Cuando un paciente se descompensa, son tres o cuatro enfermeros los que deben asistirlo. Ahí se pierde la distancia social y hay que cambiar la indumentaria: barbijos, camisolines, todo”, apunta Sánchez.

“Los perros siempre están dando vueltas. Muchos, incluso, circulan por adentro de la Institución. Como no se hicieron arreglos en el perímetro, entran y salen del edificio con facilidad. Además de atacar pacientes, también mordieron a trabajadores y trabajadoras del Borda”, explica Gonzalo Sánchez, empleado administrativo del hospital.
“Los perros siempre están dando vueltas. Muchos, incluso, circulan por adentro de la Institución. Como no se hicieron arreglos en el perímetro, entran y salen del edificio con facilidad. Además de atacar pacientes, también mordieron a trabajadores y trabajadoras del Borda”, explica Gonzalo Sánchez, empleado administrativo del hospital.

“A partir de la pandemia tomamos conocimiento de que en el Hospital Borda había escasez de sistemas de protección tanto para los trabajadores, como para los usuarios. Supimos, además, que en las salas de internación de todos los servicios de la institución no había jabón para lavarse las manos”, apunta Macarena Sabin Paz, coordinadora del área de salud mental del CELS.

De acuerdo con Sabin Paz, debido al COVID-19, las personas bajo encierro psiquiátrico viven un doble encierro. “Como no pueden establecer ningún contacto con el afuera se suspendieron las visitas y los tratamientos psicosociales. Lo único que quedó en pie fueron los tratamientos médicos y farmacológicos, como si el resto no fuera importante ni parte estructural del tratamiento de una persona. Por otro lado, la mayoría de estos pacientes son un grupo de alto riesgo. En general, superan los 65 años y presentan patologías previas, como diabetes, hipertensión y enfermedades respiratorias", sostiene.

En su texto, la ley Nacional de Salud Mental Nº 26.657 (aprobada en 2010 y reglamentada en 2013) establece la extinción de los manicomios para 2020. “Aun así han habido muy pocos avances. Todavía hay mucho rechazo por parte de los hospitales generales a atender a personas con padecimientos mentales. Como contrapartida el hospital psiquiátrico sigue siendo un gran polo de atracción porque ofrece 'las respuestas más rápidas’ y cuando una persona carece de obra social, prepaga y recursos y tiene un problema de salud mental, lo más probable es que termine internado en unos de estos grandes monovalentes”, explica Sabin Paz.

“El proceso para proteger a las personas con padecimientos mentales del COVID-19 se inició hace dos semanas. Se está trabajando intensamente y, en ese lapso, se dictaron dos medidas cautelares que ordenan al Gobierno de la Ciudad a tomar medidas de aislamiento, prevención y contagio del virus en los cuatro hospitales monovalentes de salud mental porteños. Por otro lado, se dispuso que se hicieran testeos masivos y que se instalaran UFU (unidades febriles de urgencia) y UTA (unidades transitorias de aislamiento), se provean elementos de higiene y protección personal a los pacientes y se garantice su derecho a la comunicación con el exterior proveyéndoles líneas telefónicas y/o wifi, entre otras cosas. Y, fundamentalmente, que todo ello sea hecho en el marco de un protocolo específico que deberá presentar el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para los hospitales psiquiátricos que contemple la situación particular de las personas internadas, respetando el decálogo de derechos que establece el Artículo 7 de la Ley de Salud Mental”, señaló la jueza Alejandra Petrella.

El viernes 29 de mayo se cumplió una semana del fallecimiento de Jorge Marcheggiano. Desde el servicio del Hospital Borda se propusieron homenajearlo con una caminata por los jardines del predio, una caminata como las que tanto le gustaba dar.

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