
Un día como hoy, hace 40 años, el presidente Jimmy Carter lanzó la Operación “Eagle Claw” (Garra de Aguila), cuyo fracaso signaría el final de su presidencia.
Habían pasado varios meses desde que, el 4 de noviembre de 1979, un grupo de estudiantes iraníes fanatizados con la revolución de los ayatollas habían atacado la Embajada de los Estados Unidos en la capital iraní tomando como rehenes a más de cincuenta diplomáticos y trabajadores de la representación. Fracasados todos los intentos de negociar diplomáticamente, el presidente Carter había pedido a su influyente asesor de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski que diseñara un plan de rescate. La difícil decisión había dividido al gabinete. El secretario de Estado, Cyrus Vance, la consideraba arriesgada y presentó su dimisión, aunque el presidente le pidió que no la anunciara hasta que la operación hubiera finalizado, con o sin éxito. Carter se enfrentó entonces a la decisión más difícil de su administración dado que la operación implicaba riesgos enormes.
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Pero, como enseñó Henry Kissinger, un gobernante está obligado a decidir entre lo malo y lo peor. El 11 de abril, en ausencia de Vance, la decisión fue adoptada durante una reunión del Presidente con el Consejo de Seguridad Nacional.

Cuatro años antes, en un espectacular operativo, un comando de élite israelí había logrado rescatar exitosamente a un centenar de rehenes en el aeropuerto de Entebbe, en las cercanías de Kampala, la capital de Uganda. Una semana antes, el vuelo de Air France 139 que cubría la ruta Tel Aviv-París, con 248 pasajeros, había sido secuestrado por terroristas palestinos -y alemanes- de la OLP tras una escala en Atenas y había sido derivado a Uganda. Los pasajeros no israelíes habían sido liberados. El gabinete israelí, dirigido por el primer ministro Yhitzak Rabin y el ministro de Defensa Shimon Peres, había decidido la arriesgada operación. El 3 de julio de 1976, las fuerzas de defensa (IDF por sus siglas en inglés) lograron la hazaña. El accionar de las IDF había contado con la información obtenida por la agencia de inteligencia del país, el Mossad. La operación había implicado riesgos muy significativos pues exigió el transporte por vía aérea de cien comandos de élite a lo largo de más de 3500 kilómetros sin ser detectados y determinó un éxito casi cinematográfico. En tan solo 50 minutos fueron rescatados ciento tres rehenes. En la operación murieron todos los secuestradores, tres rehenes y unos cuarenta soldados ugandeses. Uno de los comandos murió en la operación, convirtiéndose en un héroe del país: Yoni Netanyahu, comandante de la unidad de asalto, y hermano del actual primer ministro Benjamin Netanyahu.
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Quizás envalentonado por la exitosa experiencia de Israel en Entebbe, Carter aprobó la operación de rescate de los rehenes de su Embajada en Teherán. La misma fue lanzada el 24 de abril de 1980, hace exactamente cuatro décadas. Estados Unidos ordenó a las tropas de la Fuerza Delta que se adentraran en Irán a través de los puntos ciegos en sus radares, logrando no ser detectados por las fuerzas iraníes hasta llegar a Tabas, en el centro del país. Pero los planes fallaron trágicamente. Un increíble percance afectó a algunos de los helicópteros y los aviones estadounidenses tuvieron fallas mecánicos y no pudieron continuar su misión. Al principio no funcionaba el sistema hidráulico de uno de los helicópteros. A pesar de esto, el resto de helicópteros y aviones prosiguieron con sus planes que tenían como objetivo alcanzar Teherán. Fue entonces cuando la metorología intervino fatalmente: los aviones y helicópteros, al despegar del desierto de Tabas, se vieron atrapados por una gran tormenta de arena determinando que uno de los helicópteros colisionara contra un avión y ambos estallaran provocando la muerte de ocho soldados americanos. La operación debió ser abortada.
El Ayattollah Komeini emitió un comunicado en el que afirmó que el viento y la arena habían actuado “como agentes de Dios”.
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En su libro de Memorias No Room for Small Dreams (2017), Peres relató que durante años siempre le consultaron cómo había decidido una operación tan osada pero que esa pregunta nunca tuvo tanta relevancia como cuando el presidente Carter se la formuló aquel día decisivo de abril de 1980. Peres se encontraba en Washington desde hacía una semana y, como líder de la oposición israelí, tenía una entrevista pautada con el Presidente para aquella mañana. “Cuando llegué, el secretario de Estado y el vicepresidente me acompañaron al Salón Oval, pero Carter les pidió que esperaran afuera”, recordó. Carter consultó: “¿Usted qué haría? ¿Cómo decidió en Entebbe?”. Peres respondió que entonces había entendido que “de existir alguna posibilidad real a partir de una opción militar, yo la tomaría”, aunque admitió que “teníamos tan poca información que estábamos forzados a actuar en la oscuridad”. “De todos modos, le advertí, esta es la realidad en cualquier operación y que, finalmente, decidimos tomar el riesgo y encontramos suerte en el peligro”. Peres contó: “Carter me agradeció por el consejo. Lo que yo no sabía es que él ya había lanzado la arriesgada misión temprano aquella mañana”.
Como vimos, a diferencia de Entebbe, los resultados fueron catastróficos. Peres relató que al día siguiente recibió un llamado de la periodista Barbara Walters, quien le consultó si estaba enterado de las noticias. “Sí, claro, todos estamos enterados de las noticias”, respondió. Walters quiso consultarle su opinión al respecto. “Creo que el presidente Carter tomó la decisión correcta. Si un helicóptero choca a un avión, ¿qué se puede hacer? No se puede ser presidente y soldado al mismo tiempo. Creo que fue un acto de coraje. Y fue un hecho desafortunado el que la operación haya fallado. Pero es un riesgo que usted corre en cada operación”, explicó. “Desde ya, los historiadores compararán nuestro éxito en Entebbe con el fracaso de Carter en Irán (...) creo que nuestra decisión de montar un rescate en Uganda fue correcto. Pero si hubiéramos fallado, también habría sido correcto. Esta es una de las cosas más difíciles de entender para algunos líderes: una decisión puede ser correcta aun cuando termine en un fracaso”, explicó.
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El fracaso de la operación “Eagle Claw” tuvo lugar en medio de las angustias que rodeaban a la administración Carter. El año anterior, el fatídico 1979, había ofrecido una sucesión de desgracias para la Casa Blanca. En enero de aquel “Annus Horribilis”, la caída del pro-occidental Sha de Irán había permitido el regreso de Khomenei a Teherán y la imposición de la dictadura totalitaria teocrática de los ayatollas que persiste hasta nuestros días. Meses después, Washington había dejado caer a su aliado Anastasio Somoza, “perdiendo” Nicaragua a manos de los sandinistas y un nuevo régimen socialista a la cubana amenazaba a extenderse a El Salvador. El 4 de noviembre, se había producido la toma de la Embajada norteamericana en Teherán. Y en la Navidad de aquel año, el Ejército Rojo de la Unión Soviética había invadido Afganistán.

Poco después del fracaso de la operación de rescate de los rehenes, el secretario de Estado Cyrus Vance renunció a su puesto y fue reemplazado por el senador Edmund Muskie (D-Maine). La revista Time tituló el 5 de mayo: “Debacle en el desierto”. Las dificultades de Carter en aquel, su último año en la Casa Blanca, se acumulaban día a día. En un gesto casi sin precedentes en la historia reciente, el senador Ted Kennedy (D-Massachusetts) desafió al presidente y buscó la nominación partidaria. Carter se aseguró la candidatura finalmente en la Convención Demócrata de agosto, pero después de un proceso casi humillante para un presidente en ejercicio. En tanto, como consecuencia de los dos shocks petroleros de 1973 y 1979, los Estados Unidos no escapaban a la persistente recesión económica que envolvía a las economías de los países industrializadas desde mediados de la década anterior.
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El primer martes de noviembre, Jimmy Carter perdió su reelección a manos de Ronald Reagan. Los rehenes fueron liberados el 20 de enero de 1981, en momentos en que el ex actor y ex gobernador de California asumía la Presidencia. Habían transcurrido 444 interminables días.
El autor es especialista en Relaciones Internacionales. Sirvió como embajador argentino en Israel y Costa Rica.
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