El futuro y el desarrollo urbano de una ciudad como Buenos Aires siempre es un tema de debate. Cómo se financia, quién lo paga o cuáles son las herramientas exitosas que se usan en otros lugares del mundo son algunas de las preguntas que afloran frecuentemente a la hora de discutirlo.

Las respuestas son tan variadas como los casos que se presentan. Y la discusión no es sólo porteña: muchas de las urbes de América latina y de los Estados Unidos comparten la problemática. Por esa razón, se llevó a cabo en Buenos Aires la segunda reunión entre funcionarios cuyas tareas están vinculadas al desarrollo urbano para  armar una red de intercambio de ideas y preocupaciones.

Convocados por el Ministerio de Desarrollo Urbano porteño que conduce Franco Moccia, asistieron a la misma representantes de las ciudades de Los Ángeles (Estados Unidos), Guadalajara (México), Panamá, Bogotá (Colombia), Lima y La Paz (Bolivia), Curitiba, Belo Horizonte y San Salvador (Brasil).

También formó parte de esta mesa el brasileño Martim Smolka, director del Programa para América Latina y el Caribe para el Lincoln Institute of Land Policy. Smolka es uno de los expertos más prestigiosos del mundo en este área de estudio y habló con Infobae acerca de los principales desafíos que la misma enfrenta.

"La ciudad es esencialmente una construcción colectiva, es resultado de las externalidades, pero todos quieren privatizar eso que te da la ciudad, beneficiarse de eso"; "Los países deben hacer bien sus tareas y se debe analizar cómo hacer para financiar los défcits de infraestructura"; "El cambio climático es una de las preocupaciones cada vez más presentes, estamos aprendiendo cómo medir y mitigar los efectos en las ciudades", son algunos de los conceptos que Smolka compartió durante la conversación.

Martim Smolka
Martim Smolka

Para el experto, la ciudad debería financiarse a sí misma con dos tasas o impuestos que no paga el vecino: se trata de los mecanismos conocidos como plusvalía, por la que los propietarios o desarrolladores deberán pagar una contribución por el beneficio que les da la nueva norma o infraestructura afrontada por el Estado y el predial, un impuesto que surge de la mejora de las condiciones del suelo que incide indirectamente en el precio del m2: esto significa cuánto menos servicios de infraestructura tenga el suelo, mayor va a ser la incidencia sobre precio total.

Aquí una versión condensada de la entrevista:

¿Desde Hábitat III en 2016 que propone la nueva agenda urbana y pone a la sustentabilidad en el centro, cómo han avanzado las ciudades de América latina?

– La nueva agenda urbana tiene 178 recomendaciones, pero no es muy explícita sobre cómo se van a viabilizar financieramente esas recomendaciones. Ahí es donde el Lincoln Institute está tratando de apoyar y promover discusiones. Es un debate internacional sobre la inmensa necesidad que hay y sobre el déficit que se está acumulando en todas las ciudades, no sólo de América latina. El déficit de infraestructura, mantenimiento e infraestructura nueva. Los números que se manejan son absolutamente abrumadores, ya se habla de trillones de dólares. El Banco Asiático de Desarrollo estima que en los próximos 30 años los países asiáticos (excluyendo China) tienen que poner, por lo menos, 5 por ciento de su PBI para poder afrontar sus déficits. Estados Unidos tiene un plan de inversión de un trillón de dólares en los próximos cinco o siete años.

¿Y cómo se afronta ese déficit?

Quién va a pagar por eso y cómo se va a pagar es lo que se discute. Algo se sabe: no se puede pagar con aumento de impuestos, nadie más lo soporta. Hay que buscar mecanismos alternativos de financiación. Pensar que van a haber emprendimientos público-privados para financiar eso también es otro error. La plusvalía es un tema que está ganando fuerza en esa discusión. No es tanto por un tema de equidad y justicia social, que obviamente que también entra en la discusión, hoy por hoy es una necesidad. Cómo lidiar con desafíos nuevos, buscar fuentes alternativas de financiación que tengan un mínimo de factibilidad sin mayores impuestos y que estén vinculados directamente al objetivo para qué estás movilizando ese dinero.

¿Las ciudades latinoamericanas están mal financiadas?

En primer lugar las ciudades son muy dependientes de transferencia por parte de niveles superiores de gobierno. Y esas transferencias no están vinculadas a desempeños o performances, entonces son usadas muchas veces de manera muy irresponsable. Segundo, entre las fuentes que son consideradas como las que deberían ser privilegiadas para financiar la ciudad, como el predial, es muy baja en América latina. Estados Unidos y los países de la OCDE destinan al menos 2% de su PBI anual, Canadá, el 4%. Argentina está relativamente bien, creo que puede estar en 0,7, 0,8%. Los países deben hacer bien sus tareas y se debe analizar cómo hacer para financiar los déficits de infraestructura. Las fuentes que deberían estar financiando a las ciudades deberían provenir de la ciudad misma. Tiene recursos que no son utilizados. ¿Por qué vas a pagar a un propietario de suelo que no ha hecho nada y todo lo ha hecho la ciudad? La ciudad es esencialmente una construcción colectiva, es resultado de las externalidades, pero todos quieren privatizar eso que te da la ciudad, beneficiarse de eso.

¿Es posible ese desarrollo urbano y financiero sin legislación?

Es mucho más complicado. Hay que lidiar con el sector inmobiliario que tiene sus propios caprichos. La cuestión es la redistribución de costos y beneficios de la urbanización, cómo se distribuye. En San Pablo, donde se aplican los recursos que se colectan, tienen que ir a un fondo que sólo puede usarse para vivienda social e infraestructura donde no hay, no puede usarse para otra cosa. Los fondos siempre son municipales. La autoridad que debe reasignar es local, los fondos son administrados por la jurisdicción. En el pasado el Estado ponía la plata y los privados se quedaban con esa plusvalía. Ahora dicen: si van a hacer eso, esa parte debería ir a los lugares donde es necesaria la urbanización. Durante este encuentro [con los funcionarios de otras ciudades], por ejemplo, había un tema planteado respecto de la resistencia a las normativas. Y las respuestas que se brindó fue: nosotros enfrentamos eso con una amplia participación social, entonces las propuestas llegan con legitimidad de la sociedad civil y eso cambia bastante la manera en que se da la discusión. Siempre es necesaria la discusión con la sociedad civil.

¿Cómo se solucionan estos problemas en ciudades más pequeñas, de más baja densidad?

Las valorizaciones no son menores que en las ciudades grandes. Una de las características notables sobre el valor del suelo es que no está necesariamente vinculado al nivel de ingreso de la ciudad. Por ejemplo, en Bangladesh puedes tener el precio del suelo más alto que en Nueva York. El precio refleja esencialmente la diferencia que existe entre un lote que tiene servicios de uno que no lo tiene. El valor del suelo tiene una relación inversa con la calidad de los servicios con los que cuenta. Eso nos abre la posibilidad de tener un mecanismo automático de financiación de la infraestructura.

¿Siempre la solución está en el mercado?

Todas las soluciones son de mercado. El Estado hace todo a través del mercado. La infraestructura la hace un privado que el estado contrata. Pero el mercado no puede funcionar sin el Estado.

¿Respecto de la sustentabilidad cómo entra el cambio climático en el debate de la infraestructura?

Esas preocupaciones están cada vez más presentes. Estamos aprendiendo mucho y cómo medir eso. Hay varias cuestiones y cómo la ciudad se prepara para mitigar los efectos o prevenirlos. La gran cuestión aquí es cómo se va a financiar eso, que también es el fondo del debate internacional. Todavía estamos buscando formas de cómo vincular el tema de plusvalías con cambio climático. Es un desafío y la manera en la que estamos empezando a ver eso es que posiblemente sea a través de aseguradoras. Cuánto vas a ahorrar si no te ves afectado por una consecuencia de cambio climático y por lo tanto cuánto tendrías que pagar ahora para evitar que eso suceda mañana. Es un camino, no es fácil todavía.