Qué hace un terapeuta frente al paciente pedófilo

Hay preguntas lógicas y delicadas a la vez en torno a esta patología de alto riesgo social: ¿tiene cura?; ¿puede suceder que pida conscientemente ayuda? Responde la psicóloga Marcela Dal Verme

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Espanto, indignación, horror. Son los sentimientos habituales frente a algo que no podemos entender, como es el abuso infantil. Cuesta entonces aproximarse al tema desde el punto de vista de la racionalidad, de lo científico, para tratar de entender qué lleva a una persona a cometer semejantes actos. Sin embargo, hay preguntas lógicas que surgen si nos concentramos en el sujeto que padece esta patología. ¿Todo pedófilo es o será, más tarde o más temprano, un delincuente sexual? ¿Puede un pedófilo decidir consciente y voluntariamente no pasar al acto, pedir ayuda, tratarse? ¿Tiene cura?

Preguntas todas extremadamente delicadas que a veces hasta cuesta formular. En este caso, se las trasladamos a la psicóloga Marcela Dal Verme (mat. prof. 3761), miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Dal Verme integra también la International Psychoanalytical Association (I.P.A) y el foro Usina de Justicia.

Como bien lo explica Dal Verme, no estamos abordando un tema abstracto o puramente clínico, considerando el enorme riesgo social que entrañan estas conductas. Basta pensar, como también señala ella, en las consecuencias de algunos fallos de jueces que tienen una mirada displicente sobre el tema. A continuación, la entrevista completa:

— Se habla bastante -aunque tal vez nunca sea suficiente- de la prevención, de cómo ayudar a los propios niños a protegerse, de cómo detectar el abuso…, pero se habla menos de los perpetradores. Por ejemplo, ¿todo pedófilo será un delincuente sexual?

— Antes que nada, hay que diferenciar pedofilia de pederastia. El pedófilo coloca su deseo en niños, niñas o adolescentes. No le importa el sexo del objeto que elige. Lo excita la asimetría de fuerza, el poder. No necesariamente es pederasta, que es aquel que desea y abusa carnalmente con o sin coito a un infante o un adolescente. Ambas son perversiones desde la psicopatología, pero una es delito (pederastia) y la otra puede no serlo nunca en la vida. Los que antes eran llamados "mirones", esos de las puertas de los colegios, hoy son consumidores de erótica infantil virtual. Estos personajes pueden pasar al acto (abusar o violar a un menor) o no hacerlo nunca. Por las dudas, obviamente, no hay que minimizar jamás esas conductas.. Hay que saber todo y más de este tema.  Diferenciar delito de psicopatología es mi letanía en todo lo que hablo en público.

Intimidad y privado, dos conceptos imprescindibles que hay que inculcar desde la primera infancia

— Se habla mucho de cómo prevenir al chico, enseñarle a protegerse… ¿Es posible hacerlo?

— Es imprescindible hablar con los niños desde la primera infancia inculcando la intimidad como un valor importante; nadie, ningún adulto tiene derecho sobre su cuerpo. Su cuerpo es sólo de él y si eso ocurre tiene que elegir en quién confiar y decírselo sin miedo. Intimidad y privado, dos conceptos imprescindibles. Ahora, lo esencial es comprender el tema; después el decir adecuado viene solo. Pero, aunque es imprescindible esa enseñanza, que debe ser tan perseverante como el "lavate los dientes", no siempre es suficiente. Es necesario estudiar bien con quien se deja a un niño de primera infancia, hasta los cinco años, o los lugares que se eligen para su cuidado.  

—Volviendo al punto de vista del pedófilo, a mí me surgen preguntas, tal vez algo básicas, pero que son un poco tabú: por ejemplo, ¿se sabe cómo una persona se vuelve pedófila?

— Siguiendo tu manera de decir, no "se vuelve" pedófilo; lo vuelven pedófilo sus condiciones de crianza, su medio social y su predisposición psíquica, todos factores que son múltiplemente determinantes de la estructuración psíquica, aunque los resultados de estas combinatorias no siempre devienen en pedofilia.

— ¿Qué es la pedofilia?

— Es la depositación del deseo y la excitación sexual de un joven o adulto mayor de edad en una persona infantil que no necesariamente pasa al acto con abuso o acto sexual. Pero, por las dudas, un terapeuta no puede arriesgarse a pasarlo por alto en una entrevista diagnóstica o en un peritaje psicológico. Como dije hace un momento, la pedofilia, como otras patologías, está incluida dentro de un campo mayor que es la perversión. Tenemos tres grandes bloques: psicosis, neurosis, perversión. El perverso carece de sentimiento de culpa. Lo que tiene es pulsión de dominio. Es seductor. Atrae a la víctima. Si la víctima se queja, su reacción es. "No me imaginé nunca que me saldría con esto…"

— ¿Qué es un perverso?

— El perverso es la persona que manipula al otro, seduciéndolo hasta destruirlo en su condición de sujeto sin registro de culpa. suele ser mentiroso, extorsionador, y todo para su absoluta satisfacción. Se rige por el principio del placer y es un anárquico de la ética. Desde mi experiencia como psicoanalista, es aconsejable detectar en las entrevistas preliminares frente a qué estructura se encuentra un profesional para elegir la estrategia del tratamiento. No es lo mismo un neurótico que un psicótico que un perverso. La pedofilia está en esta última clasificación así como también el fetichismo, voyeurismo, exhibicionismo, sado-masoquismo.

— ¿Es genética?

— No, no lo es.

— ¿Surge entonces de deformaciones en la temprana infancia?

— Si. Es primero trauma, luego enfermedad, como casi todo en la psicopatología.

— Ese trauma infantil, ¿puede ser un abuso?

— Casi siempre lo que uno hace es lo que ha padecido, no sólo en esto sino en todo, se hace activo lo padecido pasivamente, pero nosotros usamos el "casi" para adecuarnos a cada caso hasta investigar.

Lo considero personalidad de riesgo, tomo precauciones, no relajo nunca los controles psicopatológicos

— Esto ya lo adelantó en la respuesta inicial, pero vale la pena profundizar. ¿Todo pedófilo es un criminal en potencia? Es decir, ¿todo pedófilo pasará al acto, cometerá o intentará cometer abuso sobre un niño?

— Todo pedófilo es una certeza; mejor decir cualquier pedófilo puede pasar al acto. Sí, por eso atención preventiva en el diagnóstico del colega que lo haga. Yo lo considero personalidad de riesgo aunque me cuente el drama de su infancia y su vida. No me conmuevo, tomo precauciones y le indico tratamiento categóricamente, pero no relajo nunca los controles psicopatológicos. Para mí no es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Es de riesgo.

—¿Puede pasar que un pedófilo sea consciente de que sus inclinaciones no son "normales" y son extremadamente dañinas para terceros?

— Alguno puede decir: "yo no toco jamás a esa criatura, ¿como voy a hacer eso?". Yo no le creo; puede no haberlo hecho, puede no hacerlo nunca, pero hasta que pueda modificar una conducta que empezó muy atrás seguramente y por muchas razones, es un perverso y debo cuidar de errar lo menos posible.

El perverso busca dominar, su pulsión de dominio es muy fuerte, incontrolable, y nada tiene que ver con el amor

—¿Puede pasar que, consciente de la gravedad de su inclinación, se contenga?

— El problema es que los perversos con la infancia -los otros también, pero acá estamos hablando de infancia- difícilmente piensen en el otro y menos en la gravedad de lo que hacen; el perverso busca dominar, su pulsión de dominio es muy fuerte, incontrolable y nada tiene que ver con el amor, menos con la ternura, dos sentimientos que en la sexualidad son imprescindibles para que sea considerada sana -aunque no me gusta la calificación "sano–enfermo" desde mi disciplina, para el colectivo hay salud y enfermedad y así lo califico en esta charla. El DSM-IV [Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales] pondera la perversión como enfermedad. Cuando estudiamos, nos permitimos más elucubraciones teóricas, investigación, algo para lo que en la consulta no hay tiempo.

— ¿Sucede que vayan pedófilos al consultorio de un analista o de un psiquiatra a decirle "doctor, tengo estas inclinaciones, qué puedo hacer"?

— Sí, sucede. Y lo primero que pregunto es: "¿de qué se ocupa? Si me dice pediatra, profesor de gimnasia o de música infantil, guia scout de adolescentes, o algo similar, armo un dispositivo de cuidado y prevención con el que soy rigurosa y estricta. Al modo adicción. O cumple, o no lo atiendo. O institucionalizo la situación. No lo escucho como algo más de su patología, para mí es "la patología" y requiere de toda mi atención preventiva como concepto de aporte social. No dejo al lobo a cuidar ovejas. Aunque lamentablemente no soy infalible.

Generalmente si llegan al tratamiento es por algún tipo de presión externa: familia, juez, instituciones

— ¿Pero es excepcional que vengan de motu proprio, no?

— Sí, generalmente si llegan al tratamiento es por algún tipo de presión externa: familia, juez, otro tratamiento…  Los perversos suelen llegar impulsados por la pareja, familiares o instituciones o autoridades judiciales que imponen el tratamiento por conductas inapropiadas y bajo apercibimiento de ser excluidos de trabajos o círculos familiares.
Esto lleva a la duda de que tenga tan asumido su problema. Por ejemplo, si viene presionado por un tercero, suele decir: "me armaron una causa y el juez me mandó a tratamiento". Es una personalidad de riesgo. Hay advertencia de riesgo social. No es algo banal. Para mí es menos peligroso un psicótico. Seduce, deja contento al profesional con los resultados. Busca poner al otro en falta, en fin. Es tratable, es analizable, pero hay que tomar precauciones y tener alerta máxima. Es delicado el tema en términos de curación. Lo que no se puede hacer es aflojar los controles.

— ¿En qué consiste un "dispositivo de cuidado"?

— Si tiene trabajos que lo ponen en contacto con infancia o adolescencia, que tienen su diferente abordaje, en ambos casos hay que separarlo preventivamente. Además, indicar tratamiento psicológico de alta frecuencia o lo más posible según el caso.

— ¿Puede un pedófilo curarse?

— Sí, pero no confío y eso que ejerzo hace más de 30 años. En el pedófilo en particular, la facilitación a esta pulsión de dominio es que su objeto de deseo es el infante o adolescente. Con rasgos psicopáticos, intenta transformarse en víctima si alguien se queja de sus pretensiones. No reconoce al otro como sujeto, sólo es objeto de deseo y como tal intenta su apropiación. Esto instala un mecanismo compulsivo, serial, de la búsqueda de objetos de deseo porque si su pulsión más fuerte es dominar, una vez dominado el objeto deja de excitar por lo tanto hay que buscar otro. Placer momentáneo no es satisfacción, es insatisfacción, y hay que buscar más. Es un eterno insatisfecho. Por eso en mi opinión personal, no se debería hablar de cura, sino de formas posibles de cierta adaptación.

Hay un riesgo de pasaje al acto que no se debe ignorar a lo largo de lo que dure un tratamiento

— ¿Qué hacer entonces?

— Bueno, esto nos coloca a los especialistas en estado de alerta para prevenir: si es una manera de relacionarse que necesita objetos y no sujetos, si bien el pedófilo no es un pederastra -como ya expliqué-, hay un riesgo de pasaje al acto que no se puede ni se debe ignorar a lo largo de lo que dure un tratamiento con pacientes considerados perversos pedófilos. ¿Por qué soy tan estricta en esta posición? Porque es una de las estructuras psíquicas en las que más debemos asumir con fina mirada que nuestra tarea es exigida desde lo social para que flagelos gravísimos, como el A.S.I [N.de la E: Abuso Sexual Infanto-juvenil] o las violaciones, dependen de nuestro diagnóstico e indicaciones terapéuticas o asesoramientos diversos si nos los piden, así como de nuestras intervenciones multidisciplinarias con juristas, educadores, pediatras y todo a lo que la infancia se refiere. Y en nuestros consultorios, para que no sean miradas teóricas o laboratorios de ideas disociadas de nuestra función social de brindar prevención primero y asistencia después, si no se pudo evitar, a lo que hace sufrir a nuestra infancia, que no debe ser puesta en riesgo por abolir lo que la teoría nos ofrece como clara herramienta para prevenir.

El pensamiento abolicionista de los conceptos básicos de la salud mental nos desampara y sobre todo a nuestra infancia y juventud

— Aunque no es su campo específico, hay un costado legal en la prevención. En los últimos tiempos se ve con frecuencia una negativa de los jueces a tener en cuenta este factor de peligrosidad que usted detecta como terapeuta…

— Este es un tema en el cual me siento aún más comprometida. Recomiendo que para morigeraciones de pena, cambios de carátulas, libertades inadecuadas, cuando los riesgos son sobre la infancia y adolescencia, hay que informarse y asesorarse con quien corresponda que está a la altura de tal responsabilidad, porque las opiniones del tipo " nada indica que deba seguir preso"; "ha mejorado su conducta", "se propuso cambiar su actitud y parece haber comprendido que lo que hacía estaba mal" etc, son frases cliché que, de mínima, muestran ignorancia y, de máxima, no están a la altura del riesgo que entrañan. Ese pensamiento abolicionista de los conceptos básicos de la salud mental nos desampara y sobre todo a nuestra infancia y juventud. En la pedofilia, no puedo negar la posibilidad de lo "aberrante", porque no puedo disociar lo psicológico de lo social.

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