Identifican dos proteínas “puente” para que los fármacos lleguen al cerebro: cómo funcionan

Científicos identificaron mecanismos que regulan la barrera hematoencefálica, clave en la protección del sistema nervioso y el ingreso de fármacos. Los detalles de un hallazgo que podría mejorar tratamientos para Alzheimer y Parkinson

Científicos identifican las proteínas SLC7A1 y HYAL2 como claves en la regulación de la barrera hematoencefálica cerebral (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cerebro cuenta con un sistema de protección tan eficaz como restrictivo. Se trata de la barrera hematoencefálica, una estructura que actúa como un filtro selectivo entre la sangre y el tejido cerebral. Su función es vital: impedir el ingreso de toxinas y sustancias potencialmente dañinas.

Sin embargo, esa misma capacidad representa un desafío para la medicina, ya que también bloquea el paso de la mayoría de los medicamentos.

Ahora, un grupo de científicos logró avanzar en uno de los problemas más complejos de la neurociencia: entender cómo atravesar esa barrera de forma controlada. La investigación, publicada en la revista Science y liderada por el Howard Hughes Medical Institute, identificó dos proteínas clave que podrían permitir, en el futuro, facilitar la llegada de tratamientos directamente al cerebro.

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Una barrera que protege, pero también limita

La barrera hematoencefálica está formada por células especializadas que recubren el interior de los vasos sanguíneos del cerebro. Funcionan como un sistema de control que decide qué sustancias pueden ingresar y cuáles deben quedar fuera.

En condiciones normales, este mecanismo permite el paso de nutrientes esenciales, como el oxígeno o la glucosa, mientras bloquea bacterias, toxinas y otros agentes peligrosos. Gracias a este filtro, el cerebro mantiene un entorno estable y protegido.

La barrera hematoencefálica, vital para proteger al cerebro, también representa un obstáculo para el tratamiento de enfermedades neurológicas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pero esa misma selectividad genera un problema: muchos fármacos no logran atravesarla. Esto dificulta el tratamiento de enfermedades como el Alzheimer, el Parkinson o la esclerosis múltiple, ya que los medicamentos no llegan en cantidad suficiente al lugar donde se necesitan.

Durante décadas, los científicos intentaron encontrar formas seguras de “abrir” esta barrera sin comprometer su función protectora. Alterarla de manera indiscriminada podría exponer al cerebro a sustancias nocivas.

Por eso, el objetivo actual no es eliminar la barrera, sino comprender cómo funciona a nivel molecular. Identificar los mecanismos que regulan su apertura y cierre permitiría diseñar estrategias más precisas para transportar medicamentos sin generar daños.

Un nuevo método para observar el cerebro desde adentro

En este contexto, el equipo liderado por Jiefu Li desarrolló una técnica innovadora para estudiar las proteínas presentes en la superficie interna de los vasos sanguíneos cerebrales.

Las proteínas son componentes fundamentales de las células y cumplen múltiples funciones, desde transportar sustancias hasta regular procesos biológicos. Analizar cuáles están presentes en la barrera hematoencefálica permite entender cómo controla el paso de moléculas.

La permeabilidad de la barrera hematoencefálica depende de la integridad de SLC7A1 en el desarrollo y HYAL2 durante toda la vida (Imagen Ilustrativa Infobae)

La nueva metodología permite etiquetar y examinar estas proteínas con mayor precisión que técnicas anteriores. Además, posibilita observar cómo cambian a lo largo del tiempo, desde el desarrollo temprano hasta la vejez.

Para llevar adelante el estudio, los investigadores utilizaron herramientas virales que actúan como “marcadores” y permiten rastrear la actividad de las proteínas en modelos de laboratorio. Esta estrategia facilitó el análisis de la barrera en distintas etapas de la vida.

Dos proteínas que podrían cambiar el enfoque terapéutico

El principal hallazgo fue la identificación de dos proteínas con un papel central en el funcionamiento de la barrera hematoencefálica: SLC7A1 y HYAL2.

Los resultados indican que SLC7A1 tiene un rol más activo durante el desarrollo del cerebro, mientras que HYAL2 permanece presente a lo largo de toda la vida. Ambas participan en procesos que mantienen la integridad de la barrera.

Entender el funcionamiento molecular de la barrera permitirá diseñar estrategias seguras para transportar fármacos al cerebro sin dañarlo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando estas proteínas se alteran o disminuyen, la barrera se vuelve más permeable. Es decir, permite el paso de sustancias que normalmente no ingresarían. Este comportamiento sugiere que podrían funcionar como “puntos de control” para regular su apertura.

Comprender estas vías ofrece una oportunidad concreta: diseñar tratamientos que modifiquen de manera controlada estos mecanismos para facilitar la entrada de fármacos.

Implicancias para enfermedades neurológicas

El impacto potencial de este descubrimiento es significativo. En la actualidad, una gran parte de los tratamientos para enfermedades neurodegenerativas no logra atravesar la barrera hematoencefálica, lo que limita su eficacia.

Si se logra aprovechar estas proteínas como vías de acceso, los medicamentos podrían llegar directamente al tejido cerebral afectado. Esto permitiría tratamientos más efectivos y dirigidos.

La investigación aporta información relevante sobre el envejecimiento cerebral y su relación con enfermedades neurodegenerativas como la demencia (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, el estudio también aporta información sobre cómo cambia la barrera con el envejecimiento. Estos datos podrían ayudar a anticipar alteraciones relacionadas con enfermedades como la demencia.

Otro aspecto relevante del trabajo es la creación de una base de datos accesible para investigadores de todo el mundo. Este repositorio incluye información detallada sobre las proteínas presentes en el sistema vascular cerebral en distintas etapas de la vida.

La disponibilidad de estos datos facilita la colaboración científica y permite validar los resultados en otros contextos. También acelera el desarrollo de nuevas investigaciones orientadas a comprender el funcionamiento del cerebro.

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