
En América Latina más de 2 millones de personas viven con la infección crónica por la hepatitis C. Pero solo el 36% de esas personas han sido diagnosticadas.
Esto implica que el 64% de quienes viven con la infección aún no accedió al diagnóstico, aunque ya existen tests y terapias que detectan curan la enfermedad.
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Así lo reveló un estudio de revisión y síntesis de la evidencia científica sobre la situación de la hepatitis C en la región, que fue llevado a cabo por investigadores de 19 países de América Latina y España, con el aval de la Asociación Latinoamericana para el Estudio del Hígado.
Los resultados fueron publicados en la revista Annals of Hepatology. Los investigadores destacaron que el mayor obstáculo no está en la ciencia ni en la tecnología, sino en la falta de políticas públicas organizadas y sostenibles.

“Cuando una persona adquiere el virus de la hepatitis C, la infección puede avanzar sin síntomas durante años y puede causar cirrosis o cáncer de hígado si no se detecta a tiempo. Si hace el test a tiempo y da positivo, se pueden recibir medicamentos que controlan totalmente la infección”, dijo a Infobae uno de los coautores del trabajo, el doctor Manuel Mendizabal, jefe de Hepatología del Hospital Universitario Austral en la Argentina.
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Cada persona debería hacerse el test de la hepatitis C al menos una vez en la vida. Consiste en un análisis de sangre, que identifica anticuerpos contra el virus. Si el resultado es positivo, se confirma con una prueba que detecta el material genético del virus (ARN del VHC) en la sangre.

“Sin embargo, muchas personas desconocen la posibilidad de haber contraído la infección y entonces no acceden al test y a los tratamientos. Sin cambios urgentes en los sistemas de salud de América Latina, la meta de eliminar la hepatitis C para el año 2030 seguirá lejos”, agregó.
La meta de eliminación de la hepatitis C fue propuesta por la Organización Mundial de la Salud (OMS): busca reducir en un 90% la incidencia de nuevos casos y en un 65% la mortalidad relacionada con la enfermedad para 2030.
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Alcanzar ese objetivo requiere que cada país amplíe el acceso al diagnóstico y al tratamiento a través de programas organizados y sostenibles, especialmente en países de ingresos bajos y medios.
Hepatitis C: un enemigo invisible en la región

El virus de la hepatitis C se transmite principalmente por contacto con sangre infectada.
Las vías más comunes incluyen compartir agujas o jeringas, recibir transfusiones de sangre no controlada o procedimientos médicos con material no esterilizado.
También puede transmitirse de madre a hijo durante el parto, aunque esta vía es menos frecuente.
Los investigadores partieron de una pregunta inquietante: ¿por qué tantas personas siguen sin diagnóstico si ya existen pruebas y tratamientos efectivos?

Identificaron problemas como la fragmentación de los sistemas de salud, la falta de registros electrónicos interoperables y el estigma social.
La ausencia de financiamiento continuo y políticas públicas sólidas deja fuera del diagnóstico a poblaciones clave, como personas que se inyectan drogas o quienes reciben hemodiálisis.
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El acceso a tratamientos curativos, conocidos como antivirales de acción directa, mejoró desde 2016. Aun así, la cobertura real sigue siendo baja y desigual.
El desafío de detectar y curar a tiempo

La investigación se basó en una revisión profunda de bibliografía científica, datos de programas nacionales y reportes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Los modelos de costo-efectividad desarrollados en México, Brasil y Argentina demostraron que el tamizaje temprano permite ahorrar recursos y vidas.
Consideraron que “el tamizaje de hepatitis C no debe considerarse opcional, sino una obligación ética, médica y económica”.
La detección temprana permite acceder a la cura y evitar complicaciones como hospitalizaciones o muertes prematuras.
La investigación también analizó experiencias exitosas, como la micro-eliminación en cárceles y el tamizaje obligatorio en el carnet de salud en Uruguay.
También se resaltó la vigencia de la Ley 681/2023 de Puerto Rico, que obliga a ofrecer pruebas de hepatitis en cada chequeo médico.

Para los investigadores, el desafío central no es técnico sino organizativo y financiero. “El éxito depende menos de la tecnología, que ya está disponible, que de la organización programática con estándares de calidad, auditoría continua y rendición de cuentas”, afirmaron.
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Entre las recomendaciones, los autores señalaron que se deben considerar modelos de tamizaje universal para adultos y repetido en grupos de riesgo y embarazadas, con pruebas rápidas y confirmación inmediata.
Instaron a que se abran registros interoperables, se asegure el financiamiento de manera continua y se auditen los programas para lograr acceso real y sostenible.

Como limitaciones, los investigadores reconocieron que aún faltan datos sólidos en algunos países y la dificultad para medir el impacto en poblaciones móviles o marginadas. También señalaron el peso del estigma y la criminalización del consumo de drogas.
“Con los otros coautores, consideramos que la eliminación de la hepatitis C en América Latina depende de pasar de la evidencia a la acción. El momento para actuar es ahora, con las herramientas y consensos internacionales al alcance”, subrayó Mendizabal.
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