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Un compuesto químico conecta el estrés crónico con los síntomas de depresión

Un estudio reveló mecanismos desconocidos de interacción en el cerebro. El hallazgo abre nuevas posibilidades para el diagnóstico temprano y el tratamiento

Un estudio revela que el formaldehído generado por el estrés crónico actúa como un vínculo clave entre estrés y síntomas de depresión. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La depresión es un trastorno mental que implica la pérdida del placer o el interés por actividades durante largos periodos de tiempo y que afecta a cerca del 6% de los adultos, según define la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En relación a sus causas, la OMS afirmó que es el resultado de interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos y biológicos.

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Ahora, un equipo de la Universidad Médica de Wenzhou, la Universidad Médica Capital y otros institutos de China identificó a una sustancia química, el formaldehído, como un factor químico central que conecta el estrés crónico con los síntomas de depresión.

El hallazgo, publicado en Molecular Psychiatry, sostiene que “el formaldehído derivado del estrés promueve la aparición de la depresión”, según explicaron los autores del estudio Yiqing Wu, Yonghe Tang y sus colegas.

Los niveles elevados de formaldehído en el cerebro disminuyen serotonina, dopamina y melatonina, neurotransmisores esenciales para la regulación emocional (Imagen Ilustrativa Infobae)

Investigaciones previas habían sugerido que el estrés puede desempeñar un papel clave en la aparición de síntomas depresivos; sin embargo, los procesos biológicos a través de los cuales podría aumentar el riesgo de depresión son poco conocidos.

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El ácido fólico (AF), una molécula pequeña y reactiva generada como subproducto del metabolismo y de la descomposición de ADN, ARN e histonas, también podría estar relacionada con los síntomas depresivos. Aunque estudios previos vincularon los ácidos grasos de cadena corta ambientales con la depresión, se desconoce el efecto de los producidos por el cuerpo. Los investigadores analizaron el impacto de la AF generada por el estrés para abordar este interrogante.

“Sorprendentemente, la administración de AF puede causar síntomas depresivos tanto en animales como en humanos, aunque no está claro si el AF endógeno induce depresión”, escribieron Yiqing Wu, Yonghe Tang y sus colegas.

El formaldehído y el estado de ánimo

El exceso de formaldehído deteriora el CA1 hipocampal y reduce la neuroexcitabilidad, impactando la motivación, el ánimo y el sueño (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio analizó el impacto del estrés, en diferentes niveles e intensidades, sobre el metabolismo cerebral.

Para ello, los científicos utilizaron sondas químicas capaces de medir con precisión los niveles de formaldehído tanto en ratones como en humanos expuestos a situaciones estresantes.

Los autores detallaron su metodología: “Se utilizaron infusión aguda e inyección crónica de formaldehído para imitar comportamientos depresivos en ratones sometidos a estrés leve impredecible crónico; la técnica de fijación de parche registró las descargas de CA1 del hipocampo inhibidas por formaldehído, mientras que la espectrometría de masas y la espectrofotometría examinaron la monoamina inactivada por formaldehído”.

Se estima que, en todo el mundo, el 5,7 % de los adultos padecen depresión, según la OMS (Imagen Ilustrativa Infobae)

El deterioro en la regulación emocional bajo la influencia del formaldehído surgió a partir de dos líneas de observación.

Por una parte, la acumulación de formaldehído en las neuronas CA1 del hipocampo disminuyó los niveles extracelulares de monoaminas.

Las monoaminas incluyen la serotonina, que regula el estado de ánimo, el sueño, la digestión y el control de los impulsos; la dopamina, que influye en la motivación, la recompensa y la atención; y la melatonina, el principal regulador de los patrones de sueño.

En consecuencia, una reducción de estos neurotransmisores podría explicar las alteraciones del estado de ánimo, el sueño, el apetito y la motivación asociadas con la depresión.

Por otra, se registraron cambios comportamentales compatibles con cuadros depresivos en los modelos animales. Los investigadores resumieron: “Nuestros resultados mostraron que, en modelos celulares y murinos, el ácido glutámico y el estrés agudo y crónico desencadenaron la producción de formaldehído en las neuronas CA1 del hipocampo. El exceso de formaldehído indujo conductas depresivas debido a la acumulación de formaldehído y disminuyó los niveles de serotonina, dopamina y melatonina en el espacio extracelular. En particular, el exceso de formaldehído desactivó estas monoaminas, dañó la estructura CA1 del hipocampo y redujo la neuroexcitabilidad”.

Posibles implicaciones clínicas

El descubrimiento del formaldehído como marcador biológico abre nuevas vías para el diagnóstico y tratamiento de los trastornos depresivos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las implicancias del hallazgo se profundizaron al comparar cerebros humanos y modelos animales.

Según Wu, Tang y sus colaboradores, “los pacientes adolescentes con trastorno depresivo mayor mostraron atrofia del CA1 hipocampal y deficiencias de monoaminas, y los niveles sanguíneos de formaldehído predicen la gravedad de la depresión”, lo que refuerza la hipótesis de que el formaldehído generado por estrés es un marcador patológico y un predictor de la intensidad del trastorno depresivo.

Para dimensionar la magnitud de este fenómeno, el equipo recurrió a análisis metabolómicos utilizando la base de datos MENDA (enciclopedia metabolómica para la depresión y la ansiedad). Esta información está relacionada con la presencia de sustancias químicas específicas en el organismo de personas con depresión y ansiedad. Así, establecieron una relación entre la presencia de formaldehído y el perfil neurobiológico de personas afectadas por estas condiciones.

Wu, Tang y sus colegas enfatizaron: “Estos hallazgos sugieren que el formaldehído derivado del estrés actúa como un desencadenante crítico de la depresión al inactivar las monoaminas y deteriorar el CA1 hipocampal”.

Según las conclusiones de los investigadores, este avance podría permitir el desarrollo de nuevas estrategias para el diagnóstico y el tratamiento de la depresión.

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