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Violencia sexual y trauma: cómo impacta en la salud física y emocional

Los abusos dejan marcas emocionales y compromete el bienestar. Enfermedades crónicas y trastornos psicológicos son comunes entre las víctimas que no han sido reconocidas ni atendidas adecuadamente

Un análisis de cómo los traumas derivados del abuso sexual afectan diversos aspectos del bienestar a largo plazo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Muchas personas han sido víctimas de situaciones traumáticas de tipo sexual, algunas más graves que otras, pero con repercusión en la vida sexoafectiva. En todas estas experiencias la falta de consentimiento, la coerción, el dominio sobre el otro, estarán presentes dejando una marca imborrable.

Según una encuesta reciente en los Estados Unidos, realizada por la Facultad de Medicina de Harvard, una de cada seis mujeres y uno de cada 26 hombres atravesaron diferentes hechos de violencia. Las personas del colectivo LGBTIQ+, las de bajos ingresos, los grupos marginados racial o étnicamente son los más afectados, si bien se podría agregar que las personas de clase media, heterosexuales, blancos, guardan el dolor en el silencio de sus cuartos, saben que son víctimas, pero no se animan a compartirlo, por pudor, por apariencia, por no romper el orden familiar. Naturalizada o no, la violencia sexual es una realidad a la que debemos estar atentos para prevenirla y, en caso de estar presente en el vínculo de pareja, animarse a compartirla con personas de confianza o con profesionales de salud.

Una investigación muestra que una de cada seis mujeres y uno de cada 26 hombres han sufrido violencia sexual en algún momento de sus vidas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Síntomas del trauma sexual

La violencia sexual tiene una repercusión general, no solo en el estrado de ánimo, manifestado por el trastorno por estrés postraumático, depresiones, trastornos de ansiedad, disfunciones sexuales; también aumenta el riesgo de cardiopatía, diabetes, dolores crónicos, incluido el dolor genital, síndrome del intestino irritable, hipertensión, consumo de sustancias, incluidos los opiáceos. Respecto de los síntomas del estrés postraumático, comienza con insomnio, pesadillas, flash back (imágenes inesperadas), retracción social, se evita hablar del tema, y un estado de alerta a que la experiencia se repita.

Diferentes traumas sexuales

Cuando uno habla de traumas sexuales las primeras referencias que aparecen son las más graves: violación, coerción, obligar a la persona a tener relaciones con terceros para aumentar la excitación sexual del victimario, stealthing (sacarse el profiláctico en el acto sexual), ser víctima de pedofilia o de mobbing (cuando el acoso ocurre en el ámbito laboral), etc.

Cómo la violencia sexual desencadena desde trastornos emocionales hasta enfermedades físicas crónicas (Imagen ilustrativa Infobae)

Sin embargo, existen formas de violencia más solapadas, algunas de ellas naturalizadas. El domino de una persona por otra, estableciendo un modelo de relación desigual (incluido el sexual), empujar al otro a tener una relación abierta cuando el otro no lo desea, y acepta para complacer; presionar a los varones jóvenes a tener relaciones sexuales (como un rito de iniciación machista), el bullying hacia los jóvenes que no han tenido relaciones sexuales (mujeres y hombres), el bullying a las expresiones de género que no condicen con la heteronormatividad, etc.

Estas y otras formas de violencia requieren de una adaptación subjetiva con la finalidad de afrontarlas y procesarlas. Los procesos adaptativos movilizan mecanismos defensivos psíquicos como la represión (olvido) o la negación (no quiso hacerlo adrede) o la culpa (yo lo provoqué) con la finalidad de que el dolor psíquico no frene el desarrollo de la persona.

Las distintas manifestaciones de la violencia sexual incluyen coerción y prácticas de control en relaciones íntimas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sostener estos mecanismos de defensa a lo largo del tiempo trae sus consecuencias en forma de síntomas anímicos y/o físicos. La visibilidad de las diferentes formas de violencia ayuda a las personas a estar más atentas, no obstante, existen aquellas que aún siguen sin concientizar que muchos actos de la vida cotidiana no son tan inocentes y que el modelo “Ya somos así” necesita una revisión de las conductas, sobre todo cuando aparecen síntomas que la ponen en evidencia.

*El doctor Walter Ghedin (MN 74.794) es médico psiquiatra y sexólogo.

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