La investigación agropecuaria argentina alcanzó un nuevo hito internacional con el desarrollo del primer triticale resistente a herbicidas de la familia de las imidazolinonas. El logro fue alcanzado por los investigadores Francisco Di Pane, del INTA, y Marcos Yanniccari, del CONICET, en la Chacra Experimental Integrada Barrow, dependiente del Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense y el INTA.
El trabajo, que demandó diez años de investigación, permitió obtener dos líneas genéticas resistentes mediante mejoramiento tradicional, identificadas como 5202 y 5195. Los resultados fueron publicados en octubre de 2026 en la revista científica internacional Crops, de la editorial MDPI, y representan un avance con potencial para ampliar las alternativas de producción en los sistemas agrícolas que utilizan herbicidas de esta familia.
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El desarrollo adquiere especial relevancia por las dificultades que pueden generar los residuos de determinados herbicidas en el suelo. Las imidazolinonas son utilizadas, entre otros cultivos, en girasol y pueden persistir durante un período que condiciona la implantación posterior de especies sensibles, como el trigo, la avena y el triticale convencional. La incorporación de resistencia en este nuevo material permitiría ampliar las posibilidades de establecer cultivos de invierno en lotes donde esos residuos representan una limitante productiva. De esta manera, el avance científico apunta a ofrecer una herramienta para mejorar la planificación de las rotaciones, diversificar las alternativas agrícolas y aprovechar superficies que, bajo determinadas condiciones, podrían presentar restricciones para la siembra de cereales invernales.
Una década de investigación para superar una limitante productiva
El triticale es un cereal de invierno que combina características del trigo y el centeno. Se destaca por su capacidad de producir biomasa, su adaptación a condiciones ambientales adversas y su desarrollo en suelos de fertilidad moderada o baja. Sus principales destinos son la producción de forraje, la utilización como cultivo de cobertura y la obtención de granos para alimentación animal.
Para conseguir la resistencia a las imidazolinonas, los investigadores recurrieron a un proceso de mejoramiento genético tradicional que comenzó con la generación de una línea de trigo resistente, obtenida mediante mutagénesis física a través de irradiación con rayos gamma. Posteriormente, esa característica fue transferida al triticale mediante cruzamientos y sucesivas etapas de selección, hasta alcanzar las dos líneas avanzadas que demostraron la resistencia buscada.
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El ministro de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires, Javier Rodríguez, destacó: “Cuando incorporamos conocimiento y tecnología, estamos generando mejores condiciones para producir, diversificar y aprovechar las posibilidades de cada territorio”.
Rodríguez, remarcó: “tenemos capacidades científicas y tecnológicas que son el resultado de años de trabajo y de inversión pública. El desafío es que ese conocimiento se transforme en herramientas concretas para quienes producen. Por eso es tan importante sostener y fortalecer la articulación entre el Estado, los organismos de ciencia y tecnología y el sector productivo”.
El material obtenido se encuentra actualmente en una etapa avanzada de evaluación precomercial. Las dos líneas fueron evaluadas y multiplicadas en el campo experimental, mientras que los próximos pasos estarán orientados a completar los procedimientos necesarios para su inscripción durante 2027. El objetivo es que puedan alcanzar disponibilidad comercial en 2028, una vez cumplidas las instancias correspondientes.
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El desarrollo de Barrow no solo representa un logro para la investigación genética nacional, sino que también pone en evidencia el potencial de la ciencia pública para generar soluciones concretas a las limitaciones de los sistemas agrícolas y ampliar las herramientas disponibles para planificar las rotaciones.
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