
La soja atraviesa distintas etapas a lo largo de su desarrollo, y lo que ocurre en cada una de ellas puede dejar huella en el resultado final.
Una investigación realizada por el INTA, el Conicet y Embrapa Soja demuestra que la pérdida de hojas durante un momento clave del cultivo no solo puede reducir el rendimiento, sino también modificar la calidad del grano.
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Porque la calidad de la soja no se define únicamente por la variedad sembrada o por las condiciones climáticas que acompañan al cultivo. El estudio pone también la mirada en el manejo durante el período de formación de los granos, una instancia decisiva que puede influir en características que más adelante determinan su valor para la industria alimentaria y para otros usos.
La investigación analizó qué ocurre cuando la planta pierde hojas durante el llenado de los granos, una de las etapas más importantes de su desarrollo. Los resultados indican que esa pérdida de follaje puede modificar la cantidad de proteínas, aceites y otros componentes presentes en el grano, reduciendo su calidad.
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Las hojas y la soja
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores evaluaron distintos niveles de defoliación, es decir, de pérdida de hojas, y observaron cómo respondían los granos ubicados en diferentes partes de la planta.
Durante el llenado de los granos, las hojas cumplen un papel central porque producen, mediante la fotosíntesis, la energía y los nutrientes que la planta necesita para completar su desarrollo. Cuando disminuye la superficie foliar, también se reduce la capacidad de generar esos recursos, lo que termina afectando tanto el peso como la composición del grano.
El trabajo mostró que la pérdida de hojas impacta en toda la planta, aunque algunos componentes resultan más sensibles que otros.
Aceite, la víctima
Uno de los más afectados fue el aceite, cuyo contenido disminuye con mayor facilidad cuando la planta cuenta con menos hojas para realizar la fotosíntesis.
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Los investigadores también analizaron cómo varía la calidad de los granos según el lugar que ocupan dentro de la planta. La soja produce vainas desde la parte inferior hasta la superior, por lo que cada sector recibe diferentes condiciones de luz y crecimiento, lo que también influye en la composición final del grano.
Además del contenido de aceite y proteínas, el estudio evaluó sustancias de interés para la alimentación y la salud, como los ácidos grasos omega-3 y omega-6 y los isoflavonoides, compuestos con propiedades antioxidantes que tienen aplicaciones en la industria alimentaria y nutracéutica.
Los resultados ponen de relieve la importancia de proteger el cultivo durante las últimas etapas de su desarrollo. La pérdida de hojas provocada por insectos, enfermedades o fenómenos climáticos como el granizo no solo puede reducir la producción, sino también afectar la calidad de la cosecha.
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El estudio aporta nuevos conocimientos para mejorar las estrategias de manejo del cultivo y contribuir a obtener granos con mayor valor industrial y nutricional, además de mantener buenos niveles de rendimiento.
Fuente: Inta
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