La selección absoluta de fútbol de República Dominicana tuvo un estreno cargado de emociones fuertes. En su debut en la máxima categoría (Liga A) de la Liga de Naciones de Concacaf 2026, el equipo quisqueyano superó 3-2 a su similar de Nicaragua en un encuentro donde se vivió de todo: madruguetes, remontadas, descuidos defensivos y un cierre dramático que hizo retumbar las gradas del estadio.
Ante más de tres mil aficionados que se dieron cita para apoyar a la tricolor, el equipo dirigido por Marcelo Neveleff demostró carácter cuando la situación se puso cuesta arriba. Aunque el triunfo deja a la selección en la cima del Grupo A, también dejó claro que en este nivel de competencia cualquier despiste se paga muy caro.
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El partido en el Estadio Cibao no pudo comenzar mejor para los de casa. Apenas rodaba el balón cuando, al minuto cinco, Heinz Mörschel aprovechó la primera oportunidad del juego para mandar el balón al fondo de la red. Ese primer golpe llenó de confianza a los locales, que empezaron a dominar con claridad el juego.
La fiesta apenas comenzaba. A los 15 minutos de la primera mitad, Mariano Díaz demostró su calidad al estar atento en el área chica y marcar el segundo gol de la noche. Con un 2-0 en la pizarra antes del primer cuarto de hora, el ambiente en las tribunas era de fiesta total y parecía anticipar una noche tranquila para la selección dominicana.
Sin embargo, el fútbol no perdona los excesos de confianza. Poco antes de irse al descanso, en una jugada a balón parado al minuto 40, la defensa dominicana se desconectó y Juan Luis Pérez metió de nuevo a Nicaragua en el juego. Ese descuento le dio vida a un conjunto visitante que hasta ese momento parecía desarmado.
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Sufrimiento, empate Nicaragüense y la calma Perdida
Para el segundo tiempo, el libreto del partido cambió por completo. los caribeños ya no mostraba la misma fluidez del arranque y la línea defensiva empezó a ceder terreno y cometió errores en las marcas. Nicaragua, empujada por la necesidad, comenzó a mandar centros peligrosos al área en busca del milagro.
La insistencia del cuadro visitante rindió frutos cuando faltaban solo seis minutos para cumplirse el tiempo reglamentario. Al minuto 84, Byron Bonilla conectó un remate certero que venció al guardameta local y puso el 2-2 en el marcador. El balde de agua fría se sintió en todo el recinto; lo que había iniciado como una fiesta cómoda amenazaba con terminar en un doloroso empate frente a su propia gente.
Cuando el reloj marcaba el séptimo minuto del tiempo de compensación (90+7′) y las esperanzas se agotaban, llegó la jugada decisiva del partido. En medio de un cobro de tiro libre en el borde del área rival y una serie de rebotes desesperados dentro de la zona de peligro, la pelota le quedó servida a Pablo Rosario.
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Sin pensarlo dos veces, Rosario mandó el balón al fondo de las redes para firmar el 3-2 definitivo. El grito de gol desató la locura en el estadio y selló una victoria inolvidable para la selección. Tras el choque, la gran figura de la noche expresó su alegría: “Creíamos en la victoria desde el inicio... Es una manera de devolverle al país todo el apoyo que nos vienen dando”.
Un calendario exigente sin margen de error
Con estos primeros tres puntos en la bolsa, República Dominicana toma el liderato del Grupo A. No obstante, el torneo no da respiro, ya que cada equipo disputará únicamente cuatro partidos en esta primera fase.
El duelo ante Trinidad y Tobago será clave para mantener la inercia ganadora antes de recibir a la peligrosa selección de Haití, equipo que ya cuenta con su clasificación al Mundial de 2026 y que históricamente representa el rival más difícil de la zona.
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