Del prejuicio de “enano soberbio” a construir sus propios proyectos: Nacho Elizalde habló de las críticas, la necesidad de hacerse visible y su deseo de ser padre

En Casino Deluxe, el conductor repasó su salida de Luzu, el camino que lo llevó a impulsar sus propios emprendimientos y su manera de responder a los cuestionamientos ajenos. Además, se refirió a cómo imagina la crianza de sus futuros hijos y a los aspectos de su vida que busca modificar antes de ese momento

Casino - Nacho Elizalde
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“No me gusta pasar desapercibido”, reconoció Nacho Elizalde en Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae, al hablar sobre el prejuicio que existe alrededor de su carácter. El conductor contó que muchas veces lo perciben como “soberbio” o “pedante”, pero explicó que detrás de esa imagen hay alguien que aprendió a defender su espacio y a hacerse visible. “El que me conoce sabe que soy bueno y me terminan queriendo”, afirmó.

Nacido en Necochea y formado en Producción Integral de Radio y Televisión, Elizalde construyó su carrera en los medios y el entretenimiento. Su salto de popularidad llegó con Luzu TV, donde comenzó como productor y luego se convirtió en una de las figuras de Nadie Dice Nada, junto a Nico Occhiato, Nati Jota y Flor Jazmín Peña. Más tarde desembarcó en Olga, donde hasta la fecha conduce Tapados de Laburo, y participó en en Bake Off Famosos. En paralelo, amplió su perfil hacia el mundo emprendedor con Tranca en una, su marca de ropa, y Polenta, la fiesta que creó junto a la DJ Pol4ca, además de otras iniciativas vinculadas con la música, la cultura y el entretenimiento.

En ese recorrido, dejar Luzu, pese al éxito del programa, fue “una de las decisiones más difíciles”, admitió. Sin embargo, aseguró que hoy está en paz con aquella decisión y remarcó la importancia de elegir trabajos con los que se sienta representado. Esa misma filosofía la traslada a sus emprendimientos: sostener los proyectos aun cuando los resultados no llegan de inmediato.

Durante la charla, también habló de su relación de pareja, de su deseo de ser padre y de los cambios que busca hacer antes de asumir ese rol. Entre ellos, mencionó la paciencia y la ansiedad como dos aspectos que intenta trabajar. Además, se refirió a la exposición y al peso de las opiniones ajenas, y reconoció que con el tiempo aprendió a convivir con las miradas y los juicios de quienes lo observan desde afuera.

Nacho Elizalde manifestó su intención de asumir la paternidad y evaluó la importancia de gestionar su paciencia y ansiedad antes de concretarla
Nacho Elizalde manifestó su intención de asumir la paternidad y evaluó la importancia de gestionar su paciencia y ansiedad antes de concretarla

—Bienvenido a Casino Deluxe. La primera pregunta es: ¿Qué harías con un millón de dólares?

—Comprarme una linda casita, no sé si en Capital, pero una casita con jardín. Y una casita en el sur.

—¿En qué parte?

—Y me gusta San Martín de los Andes, pero la verdad es que todo es lindo: Bariloche, Villa La Angostura, lo que sea montaña y paz para desconectar, apagar la cabeza y respirar aire de verdad, me gusta.

—¿Qué más harías?

—Viajes con amigos. Invitaría a viajar a mis amigos y a mi viejo y a mi vieja, que me invitaron tanto cuando era chico, que me parece que está bien devolver. Y después a mí me gusta mucho armar proyectos, entonces invertir en eso.

—¿Lugar preferido en el mundo para ir?

—Nueva York me encanta porque culturalmente es increíble. La última vez que estuve fue en marzo e iba todas las noches a un lugarcito de jazz. Iba a Blue Note o iba a Birdland, me encanta.

Por cuánta plata

—Te voy a hacer preguntas y tenés que decirme el monto de dinero que le pondrías a volver o no volver a tal situación.

—¡Uh! Qué difícil.

—¿Por cuánta plata vos, dueño y creador de Tranca, te vestís de blanco y negro por un año sin usar nada de colores?

—¿Pero de Tranca? ¿Hago una colección blanco y negro de Tranca?

—No, otra marca.

—Por 50 mil dólares, lo hago. ¡Son 50 mil!

—¿Cómo manejás el humor de los colores y la ropa? Porque tenés una identidad muy marcada en cada proyecto que encarás, desde la conducción hasta tus propios emprendimientos, como tu marca de ropa o tu ciclo de fiestas. ¿Qué lugar ocupa la imagen en todo eso?

—Hay días que estoy medio tristón y me visto de negro, pero no es que lo pienso.

—O sea que hay una versión tuya de negro.

—Obvio que hay una versión mía más triste, que se castiga, que siente que todo le sale mal. Recontra está esa versión. Por suerte, hago terapia que me ayuda y mi terapeuta me caga a palos (risas). Pero recontra existe el Nacho vestido de negro que se putea a sí mismo.

—¿Y ese Nacho de colores es una forma de correrse de esa versión o es realmente así?

—Es 100% real. Es lo que soy. Creo que soy colorido, luminoso y todo eso. Te diría que tengo esa parte en un 80% color y un 20% en negro. Justo hoy estoy de colores, me traje un buzo azul, tengo detalles en rojo. Me re gustan los colores y siento que también es manifestar la buena energía, la buena onda. Pero bueno, obviamente tengo una parte dark, que también me parece sano tenerla. Porque te hace replantearte las cosas y no vivir todo el tiempo en color y felicidad, que es medio vivir en una nube de pedos. Es como estar en Narnia.

—Y a veces pasa que hay que permanecer el tiempo suficiente en un estado, aunque sea una fiaca, porque también te trae información.

—Totalmente. Hay que atravesarlo porque de eso se aprende.

—¿Por cuánta plata volvés a hacer Nadie dice nada con el elenco original?

—Me gusta. Me parece un gran elenco. ¿Nati, Flor, Nico, yo? Depende cuándo. Ahora no lo haría, pero en unos años me encantaría. Capaz que ni tanta plata necesito, ¿eh? Me da nostalgia. Pensá que fue el principio de mi carrera, por lo menos en los medios y en esto que me gusta hacer. La pasé tan bien que no hace falta tanta plata. Pero lo haría más adelante, ahora no.

—¿Por qué te fuiste? ¿Para crecer? ¿Para hacer tu camino?

—Primero soy muy cambiante. Vos que sos medio astral, te cuento que soy géminis en la luna.

—¿Y en lo demás, qué sos?

—Capricornio de sol, que es estructura, orden y guita. Después tengo ascendente en aries que me mando, lo hago, me tiro. Y géminis en la luna, que entiendo que es medio cambiante. Entonces, soy muy cambiante. En un momento siento que tengo que cambiar para mover las energías, que ya no le puedo dar más a un proyecto o que el proyecto ya no me va a dar más a mí. Lo tengo clarísimo. Renuncié a muchos laburos en mi vida. Todo mi entorno me decía: “No lo hagas”, pero yo lo hice porque sabía que iba a ser para mejor. Necesitaba un cambio y estoy contento, pero eventualmente si me decís Nati, Nico, Flor y yo, y pienso en esa nostalgia. Sé que no va a ser lo mismo porque somos todos otras personas diferentes, pero me da una sensación linda. Así que te diría que solo sería con un sueldo acorde.

—Yo creo que podría pasar, porque fue icónico ese momento de ustedes.

—Yo creo que sí, pero tiene que pasar mucho tiempo.

—Todavía están muy cerca de todo eso y hay cosas muy fuertes que están explotando de los dos lados.

—Claro, pero todo tiene una vuelta. Pasó con Rebelde Way, con Popstars, con Casi Ángeles. ¿En unos 10 o 15 años? No sé. Pero me divertiría.

—¿Siguen siendo amigos los cuatro?

—No tanto. Yo tengo más afinidad con Nati. No solo porque la veo sino pegué muy buena onda. Después con Santi Talledo, que no estaba en el grupo original, tengo muy buena onda. Y con los chicos hay un querer, pero no amistad. No nos seguimos a diario, la verdad.

Nacho abordó los prejuicios que existen sobre su imagen pública y explicó la necesidad de hacerse visible desde su infancia
Nacho abordó los prejuicios que existen sobre su imagen pública y explicó la necesidad de hacerse visible desde su infancia

Por plata o nada

—Cuanta más plata apuestes por la pregunta y más data me des como respuesta, más plata y más fajos van a ser tuyos.

—A ver. Vamos.

—La primera dice: ¿cuál fue la decisión laboral que más te costó tomar?

—Todas las veces que renuncié a mis laburos, como te contaba antes, fueron decisiones en las que mi entorno me decía: “¿Estás seguro?”. Pero creo que la que más me costó fue esta última de irme de Luzu. Hice mucha terapia porque bajarse de un programa que es un éxito no es fácil.

—Además, recibiste mucho hate por esa decisión y el posterior pase a Olga.

—Sí, pero eso es lo de menos. Porque al fin y al cabo es un laburo y yo manejo mi vida. Confío en mi intuición y en mis decisiones que hacen que mi carrera esté bastante bien. Pero fue difícil, más que nada por eso, porque yo fui uno de los gérmenes de lo que armamos y desde el principio estuve ahí. Vi todo el crecimiento y el éxito. Cuando me fui siguió siendo un éxito y lo va a seguir siendo. Esa fue la decisión más difícil, pero estoy contento con la decisión. Estoy en paz.

—Está bueno que también tengas la amorosidad y la empatía para ver crecer ese proyecto y desearle el bien.

—Yo me pongo genuinamente contento. Veo los logros y me alegra. El otro día tuvieron un almuerzo con Milo J y me encantó. Veo que están haciendo una serie que creo que va a estar en Disney a fin de año y me ponen recontento los logros, como los Movistar Arena. No es que me digo: “Qué bronca, ojalá le vaya mal”. Te juro que para nada. Me pone contento de verdad porque yo estoy tranquilo con mi decisión. Me parece que es eso. Si yo me hubiese arrepentido y hubiese terminado todo como el orto y los odio, por ahí sí diría: “Que se fundan, que no logre nada”. Pero no me pasa.

—Es lindo que sientas eso genuinamente.

—Sí. También esto que hablábamos antes, al ser de Capricornio pienso mucho todo. No es que soy espontáneo, me la juego y soy pasional.

—Lo que pasa es que no lo hacés público cuando lo estás pensando. Es una conversación interna, solo tuya. Y cuando aparece, ya lo decidiste y te comportás con esa cosa fueguina hacia afuera.

—Claro, lo pensé mil veces. Y sí, solo.

—La segunda pregunta dice: ¿qué prejuicio tiene la gente sobre vos?

—Lo tengo clarísimo: que soy soberbio. Que soy un enano soberbio (risas). Pero con el tiempo me di cuenta de algo. Yo no caigo bien al principio si no me conocés, si ves recortes o me ves de lejos, decís: “Este enano soberbio, ¿quién se cree que es?”. Pero después la gente me termina queriendo. Me pasó mucho al principio en Luzu, que la gente decía: “¿Quién es este que se cree mil?” Y después me conocieron. Lo mismo me pasó cuando entré a Olga, que por ahí tenían el preconcepto de quién era y con el tiempo me conocieron y ahora me quieren. Y lo mismo me pasa con gente en la vida. Por ahí al principio tienen preconceptos míos y después me conocen y dicen: “Ah, era bueno el bolud* este”.

—¿Por qué sentías que la gente te quiere después?

—Y porque soy bueno, no tengo malas intenciones, no envidio, no tiro mala leche a nadie. También porque escucho, soy atento y creo que soy empático. Me preocupo y pregunto. Hay algo que pasa mucho en este ambiente que hablas con gente que no te pregunta: “¿Y vos?”. Siempre todos te quieren contar sobre ellos. Y a mí me gusta preguntar: “¿Y vos?”.

—Ponés la mirada en el otro.

—Sí, obviamente tengo una cuota de ego que me parece fundamental, por lo menos para mi vida y para laburar de esto, pero me preocupo por el otro. Entonces, siento que soy bueno, soy un buen chabón. Pero sí siento que la gente piensa que soy un egocéntrico, un soberbio, un pedante, porque también me tuve que armar de eso toda mi vida. Yo se lo atribuyo a mi estatura. Siento que de chiquito nadie me veía, nadie me hablaba y tuve que hacerme el cocorito, el peleador, hablar más fuerte y ser picante para que me vean. Algo de eso está en mi personalidad y en mi ser. Entonces entiendo cuando la gente dice: “Este enano soberbio, pedante”, siento que hay algo ahí, pero el que me conoce...

—¿Por qué creés que a la gente le parece que eso está mal? Porque podés ser soberbio y eso no significa que seas una mala persona. ¿Qué es ser soberbio? No vas a ir por la vida aplastando a los demás. Quizás también tiene que ver con defender tu espacio, tu autoridad y tus opiniones.

—Sí, yo siempre siento que esas cualidades chocan un poco. Una estupidez el comentario que voy a hacer, pero pienso que históricamente en Gran Hermano gana el buenito, el buenudo, el que no genera conflicto. La gente genera empatía con la persona buena, tranquilita, que no sobresale y que está ahí. Y yo no soy eso. A mí me gusta sobresalir, me gusta llamar la atención. Y eso por ahí genera un choque, pero después el que me conoce sabe que soy bueno y me terminan queriendo. Pero entiendo que al principio por ahí dicen: “¿Quién es este enano soberbio?, ¿qué mi*rda le pasa?”. Es lógico.

—Porque en realidad la gente también prefiere por ahí dominar a los otros.

—O el que sobresale un poco ya es tildado de “quién es este”. A mí no me gusta pasar desapercibido, la verdad.

—Pero tampoco sos de pisarle la cabeza a nadie.

—¡No! Y no me gusta el conflicto ni nada, pero entiendo que eso genere un rechazo y que digan: “¿Quién es este?, ¿quién se cree que es?”. La gente también en este mundo de redes ve clips y recortes y piensa que te conoce por eso. Uno no es el clip y el recorte, es un todo.

La renuncia al programa Nadie Dice Nada constituyó uno de los desafíos laborales más complejos en la carrera del creador de contenidos.
La renuncia al programa Nadie Dice Nada constituyó uno de los desafíos laborales más complejos en la carrera del creador de contenidos.

—Volviendo al tema de tus emprendimientos y de crear, ¿por qué elegiste la indumentaria y una fiesta para lanzarte?

—Es un poco de todo. Primero, por curiosidad absoluta. Me gusta hacer todo. Justo ayer armé un proyecto nuevo que fueron unas sesiones de música en un subte y fue espectacular. Cantó Tiago PZK y Cande Domínguez y salió bárbara. Creo que todo eso es por mi curiosidad y por mis ganas de hacer todo. Me acuerdo que en el colegio cuando me preguntaban qué quería ser, muchos decían médico, arquitecto o diseñador gráfico. Yo quería hacer todo y todavía quiero todo. Soy curioso y voy para adelante. Se me ocurre algo y lo materializo. Siempre me gustó la ropa, la moda, le di importancia y siempre quise tener una marca. Las fiestas fue más por una necesidad, yo la pasaba muy mal en los boliches.

—¿Por qué?

—Un poco por la estatura, un poco porque me gustaba caer de gorrita y no me dejaban entrar. El boliche me resultaba un lugar medio hostil, ¿viste?

—¿Te jodía ser bajito para eso o en general en la vida?

—No, nunca me jodía. Pero ahí la pasaba mal. Los patovas que no me dejaban entrar. Si no sos un chavón grandote y hegemónico o no sos una mina linda, la verdad que la pasás mal en el boliche. Entonces decidí armar mi propio espacio donde pueda venir gente que la pasaba mal al boliche para que venga y la pase bien. Fue más una necesidad. La plata llegó después. Mi primer motor no es la plata. Tener un proyecto en streaming, tal vez cayó. Pero mi obra de teatro unipersonal es algo que siempre tuve ganas de hacer. Son curiosidades y trato de armar equipo y materializarlas.

—¿Y qué es lo que todavía no hiciste y que te gustaría llevarlo a cabo?

—Siento que hay cosas que no se me ocurrieron que ya se me van a ocurrir (risas). Tengo un proyecto grande para el año que viene. No quiero contarlo mucho, pero es un proyecto muy grande que involucra cultura, música, gastronomía, moda, cultura pop y toda esa parte.

—¿Es una experiencia para ser vivida?

—No, es para consumir. Para verlo.

—¿En vivo?

—No, todo grabadito, lindo, hermoso, cuidado.

Yo nunca, nunca

—Me imagino que habrás jugado varias veces a este juego.

—Sí. Cuando realmente sucede, tengo que tomar. ¡Qué miedo le tengo a esto!

—Hay algunas que son muy graciosas, como por ejemplo: “Yo nunca, nunca me teñí la cabeza de animal print”.

—Sí, (risas).

—¿Me explicás eso? ¿Cómo surge?

—Creo que arranqué en pandemia o un poco antes de pandemia, por aburrimiento y por esto de los colores y tratar de hacer cosas distintas. Y tuve mil: cebra, leopardo, rayas de tigre, colores, de todo. Y eso lo tenía al aire en Luzu también. Me acuerdo que cuando fuimos al Mundial me decían cabeza de leopardo, cuando me bardeaban en Twitter. Y me rapaba y volvía a crecer. Por suerte tengo pelo. ¿Podés creer? Tengo 38 años y tengo mucho pelo (risas). Sentí que era un poco mi personalidad: cambiante, colorida, distinta. Me divertía y me sentía fachero. Me gusta seguir diferenciándome, llamando la atención, supongo.

—¿Cuánto tiempo te llevaba crear esos look?

—Como cuatro o cinco horas. Primero tiene que decolorar al blanco y después agregar los colores. Arde, te quema, son dos o tres decoloraciones para que quede bien blanco y ahí se pinta. Un calvario. Lo viví, lo hice y me divirtió. En fin, ¿volverá? Capaz.

—Me gusta la tolerancia a las críticas que tenés.

—Sí.

—¿Qué opinás de eso?

—Al principio me jodían, pero en un momento generás una coraza. Empezás a mirar para atrás y decís: “Soy un capo”. Justo ayer terminé de grabar la sesión y llegué a mi casa y dije: “Soy un capo” (risas). Me di cuenta de que soy capo. Lo que se me mete en la cabeza lo llevo a cabo, armo un equipo copado, lo hago, lo materializo y pasan las cosas buenas. Entonces veo las críticas y digo: “¿Pero quién me está criticando? ¿Qué hiciste para criticarme?”. Entiendo también que estamos en un contexto país donde no hay laburo, no hay nada y obviamente todo eso genera incomodidad, enojo, envidia y ves a este enano soberbio que encima cumple sus sueños y te da bronca. Lo entiendo. Entiendo de dónde viene y no me pasa nada con las críticas. Me ha pasado, me he encerrado en mis pensamientos cuestionándome la vida. Pero también entendí que si querés laburar de esto te la tenés que bancar, porque van a hablar siempre de vos. Y si hablan, por lo menos significa que estás haciendo las cosas bien.

—¿Te gustaría transmitir todos estos conocimientos que tenés y esta experiencia de vida de confiar en vos y de materializar las cosas que deseás a otras personas?

—Muchas veces aprovecho este tipo de entrevistas o charlas para decirlo. También me llaman para hacer charlas en universidades o en congresos y me re gusta. También cuando lo hago me llegan mensajes. Ahora estoy haciendo mucho YouTube, registrando todos los procesos en video. Y también lo uso mucho para canalizar. Mucha gente me escribe: “Che, me motivaste a hacer mi marca”. Y para mí dejar algo y motivar me parece increíble. Por eso, ¿cómo le voy a dar bola a las críticas si tengo unos mensajes tan lindos al lado? Prefiero eso, que la gente me agradezca, se motive o entienda un poco mi ser y le den ganas de hacer, que el que putea sentado en el inodoro. Yo me los imagino sentados en el inodoro, tristes y tuiteando con el celu.

—¿Y qué pensás de la paternidad?

—Me encantaría.

—¿Te gustaría ser padre en algún momento?

—Sí, total. Ya no aguanto más, te diría. Siempre supe que quería ser padre. Cada vez que nacen sobrinitos, primitos, me vuelvo loco.

—¿Te gustan los niños en general?

—Siento que me llevo bien y que el amor no se conoce realmente hasta que no... Siento que es un amor totalmente distinto. El amor de pareja romántico siento que es espectacular y genera algo buenísimo, pero esto me parece que es una droga muy fuerte.

—A vos te gusta crear cosas. Sería una creación tuya.

—La más pura.

—¿Cómo te imaginás como padre? ¿Lo hablás con tu pareja?

—Sí. Igual una cosa es tener un hijo, que es un deseo hermoso, y otra cosa el desafío de educarlo. Y ahí, ¡qué cagazo! (risas). Cada decisión es como es un efecto mariposa. No sé, por ejemplo, lo retás por algo y capaz que eso genera algo que andás como disparando...

—Lo bloquea, tal vez.

—Ya me estreso de pensar cómo lo quiero educar, qué valores quiero que tenga. Supongo que trataré de ser lo más franco y transparente posible. A mí me educaron tan bien y estoy tan agradecido de cómo mis padres me formaron, que trataré de replicar lo de ellos metiéndole mi impronta un poco más libre. Pero a veces también tanta libertad es difícil.

—¿Hay algo de vos que sentís que te gustaría trabajar o mejorar, pensando en el día que seas padre? ¿Algún aspecto que mirarías con más atención para no transmitirlo a un hijo o una hija?

—Sí, creo que la paciencia y la ansiedad. Como hago cosas todo el tiempo, un día estoy tranquilo, no tengo nada para hacer y digo: “¿Por qué no estoy haciendo nada?”. Quiero por lo menos trasladarles que disfruten de las pequeñas cosas: la paz, la tranquilidad y que no que sean unos loquitos como yo. Por suerte mi novia es súper tranqui y me hace bien.

Elizalde desarrolló proyectos independientes enfocados en la indumentaria con su marca Tranca en una y eventos como la fiesta Polenta
Elizalde desarrolló proyectos independientes enfocados en la indumentaria con su marca Tranca en una y eventos como la fiesta Polenta

—Contame de su relación. Lo que puedas y quieras.

—Nos conocemos hace cinco años y pico. Me puse de novio casi cuando arranqué con Luzu. Entonces, toda mi exposición y el momento de laburar en esto estuve acompañado de ella, lo cual celebro, porque no sé qué hubiese sido de mí soltero con tanta exposición. Por ahí sería un pelotud*, me hubiese mandado cagadas, no sé. Me encanta que ella me baja a tierra, que sea tranquila y que no sea celosa. Me gusta que me deje ser libre, que los dos seamos libres, que yo viaje dos meses y vuelva y ella esté...

—Se acompañan.

—Nos acompañamos. Ella también es muy adicta al trabajo, labura muchísimo y somos muy independientes y a la vez nos metemos en el laburo del otro, cuando el otro le permite. Y vivimos separados. No convivimos. Pero vivimos a cuatro cuadras, entonces está bien.

—Y el tema de ser padres, ¿a ella le pasa lo mismo que a vos? ¿O no lo piensan juntos?

—Sí, ya está re hablado. Compartimos. Ella es más chica que yo, tiene 31 y re está para esa también. Pero bueno, ya vendrá.

—Vamos con las últimas dos premisas: Yo nunca, nunca lloré en vivo en un stream.

—Sí (risas). Dos veces. Yo no lloro nunca. Soy una piedra, soy seco. Creo que la última vez que lloré, bueno, salvando estas, fue hace como tres años. Por ahí pasan años y no lloro. Lo estoy empezando a practicar viendo películas tristes. Pero hay algo en mí que se bloquea.

—¿Pero no llorás solo?

—Tampoco. Lloré en stream. No pensé que iba a llorar cuando me fui de Luzu ese último día. Fueron tres segundos de llanto, pero lloré. Y lloré mucho y con congoja. Porque también digo que yo no sé llorar. No tengo la práctica.

—Tenés una cosa guardada adentro que cuando llorás sale con toda la fuerza.

—Claro. Y lloré en Tapados del Laburo, en Olga, porque recordé a un amigo que falleció este año, Lucas Vignale. Fue muy fuerte y lo recordamos al aire porque se murió con Gaspi. Él iba también en ese helicóptero. No pensé que iba a llorar, pero empecé a hablar de él y fue un llanto muy feo y fuerte. Me da mucha vergüenza llorar, pero bueno, me salió. Fue genuino, pero me mató.

—¿Y cómo te enteraste de esa situación vos?

—Me enteré cuando me escribió una amiga. Me dijo: “Che, ¿viste lo que acaba de pasar?”.

—¿Pero estabas al aire?

—No. Creo que fue un fin de semana, pero me enteré por el celular y fue terrible. Estuve dos días en shock. Y cuando hicimos ese pequeño homenaje al aire, ahí me cayó toda la ficha y largué todo.

—Es muy fuerte porque fue una tragedia, dos chicos muy jóvenes.

—Sí y de golpe. Menos de 30 años. Así que sí, fueron esas dos veces que lloré en stream y espero no llorar nunca más frente a cámara. Igual entiendo que cuando llorás es como vomitar, como que sentís que te sanás, que largaste cosas.

—Es que, si lo estás reprimiendo, por ahí te toca una fibra que no tiene nada que ver y es una bomba.

—Encima querés hablar y no podés, te trabás. Hay que practicar el llanto. No sé.

—Vamos a la última: yo nunca, nunca abandoné un proyecto porque me di cuenta que no estaba funcionando.

—No. Nunca me bajé de un proyecto porque no funcionaba. Es más, me bajé de proyectos que funcionaban, lamentablemente. Tapados del Laburo a principios de este año no estaba funcionando para nada y por momentos pensé en bajarme. Pero también dije: “Hay algo tan lindo y genuino en este proyecto que no es momento de bajarme sino de remar, meterle cabeza, pensar y rearmar el equipo”. Y ahora está dando sus frutos y estoy contento de haberlo hecho. Rearmamos la mesa: se fue Paula, Morte, Eve y quedamos con Luli. Sentí que todo se iba al ch*to, que se caía y era re un momento por ahí para abandonar, pero dije: “Hay algo muy lindo de esto”. Hay un montón de gente que me dice: “Sos mi compañía”. Y con esfuerzo, laburo, con cabeza y dedicación, y armando el equipo, está levantando y cada semana nos ve más gente y fluye más la mesa. Lo veo en la calle y los mensajes que me mandan y digo: “¡Qué bueno que no abandoné!”. Me dio una enseñanza y lo extrapolo a las relaciones. Uno siempre piensa que tiene que fluir y ser hermoso siempre y a la primera de cambio que no funciona, decís: “Chau, no va más, no funciona”.

—Hay que saber construir.

—Hay que laburar y en las bajas es donde sale lo lindo, me parece. Y cuando resurge entendés que realmente era por ahí.

—¿Y no sentís que tiene otro valor la recompensa del esfuerzo?

—Total. Es hermoso decir: “Mirá cómo con cabeza, laburo y dedicación puedo levantar esto”. Cobra otro sentido. Pero no, nunca abandoné un proyecto que no funcionaba y creo que habla bien de mí.

—Siento que sos muy líder en los proyectos en los que estás, pero no desde el ego, sino desde el compromiso. Como un capitán, o más bien un guerrero, alguien que lo defiende y se involucra.

—Es que tampoco agarro proyectos que no me identifiquen. Creo que también esa es la clave. Nunca agarro un proyecto por la guita o por estar o pertenecer. Por suerte tengo todos mis otros “kioscos” que me hacen poder elegir, que también uno de los valores de por qué hago todo eso es para poder elegir mis laburos y no tener que agarrar cualquier cosa simplemente por agarrarlo. Entonces, como elijo todos proyectos que me identifican y me gustan, me cuesta mucho bajarme porque son míos y los siento propios siempre.

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