“Mi problema, en general, es que siempre me costó ponerme límites”, reconoció Gero Arias al hablar sobre los desafíos extremos que lo llevaron a colgarse de grúas, globos aerostáticos y precipicios. En Desencriptados, el ciclo de entrevistas de Infobae, el influencer se refirió también a los problemas que atravesó con el alcohol y el juego online.
Gerónimo Arias, conocido como Gero, es un creador de contenido nacido en San Luis que construyó su popularidad alrededor del entrenamiento, la disciplina y los desafíos físicos. Su gran salto a la fama llegó con el reto de hacer una dominada más por cada día del año. Después de abandonar el primer intento en el día 281 de 2023, logró completarlo al año siguiente, cuando realizó 366 dominadas, por tratarse de un año bisiesto. En paralelo, desarrolló una carrera en el boxeo y participó en competencias de exhibición como Párense de Manos y La Velada del Año.
Su trayectoria también estuvo marcada por situaciones de alto riesgo fuera de los desafíos deportivos. En marzo de 2025 sufrió un accidente mientras escalaba un cerro junto a su padre, en San Luis, que le provocó la amputación de dos dedos de su mano izquierda y la intervención quirúrgica a la que se sometió para reimplantarlos. A los 23 años, continúa ligado al entrenamiento y a la creación de contenido, aunque asegura estar atravesando una etapa en la que busca encontrar un mayor equilibrio y aprender que “a veces, más no es mejor”.

— ¿Qué edad tenés vos?
— 23 años.
— Sos chico.
— Se podría decir que sí (risas). Considero que tengo una vida por delante. Pero bueno, uno nunca sabe cuándo se puede terminar. Estuve cerca varias veces de decir: “Capaz que no llego más”, pero hoy en día siento que me estoy volviendo más consciente y cada vez más alejando del peligro.
— Has hecho algunos desafíos que implicaban un riesgo real y la posibilidad de morir. ¿Qué te pasa frente al peligro? ¿Qué sentís en esos momentos? ¿Buscás esa adrenalina o necesitás llevarte al límite?
— Yo creo que mi problema en general es que siempre me costó ponerme límites. La necesidad de siempre querer más y no conformarme con nada. Cuando arranqué, por ejemplo, el reto que hice de las dominadas, al principio lo hacía en lugares normales: una barra a dos metros de altura. Después quise empezar a jugar y dije: “La gente se aburre con lo normal, tengo que hacer algo distinto, me tengo que diferenciar”.
— ¿Fuiste a una barra más alta?
— En vez de una barra normal a dos metros, probé con una de tres metros. ¡Boom! Hice las dominadas a tres metros y no pasó nada.
— Vos hacías una dominada más por día, cada día.
— Claro. Fue lo que me impulsó a la exposición o a la fama. Lo que me diferenció por lejos fue justamente el reto de hacer una dominada más por cada día hasta que termine el año. O sea que el día uno de enero tenía que hacer una, el último día serían 365, pero el año que lo logré fueron 366. Fue un año bisiesto.
— Decís “el año que lo logré”, porque un año fracasaste.
— El primer año que lo hice fue en 2023, que perdí el día 281. En el momento que perdí, dije: “El año que viene lo voy a volver a intentar”. En realidad el primer año del reto el único objetivo era superarme en las dominadas. El tema es que, cuando arranqué el siguiente año, la gente ya me había visto hacer 281 en lugares normales, entonces tenía que buscarle una vuelta de rosca. Y arranqué, por ejemplo, el día uno haciendo las dominadas en un helicóptero.
— ¡Te lanzaste fuerte!
— Arranqué con la vara arriba. Fue difícil ir subiendo la dificultad y no poder ponerme nunca un límite, porque al final también lo que yo buscaba era la exposición y llegar a más personas con el reto. Y la gente si ve a un tipo hacer dominadas en una barra normal, a dos metros de altura, no le llama tanto la atención. Ahora, cuando ve a uno que se cuelga en un semáforo, que después se cuelga en una grúa, en un globo aerostático, después se cuelga con cocodrilos debajo, cada vez le llama más la atención.
— ¿En algún momento pensaste en soltarte? Porque podría pasar que tuvieras un calambre, llegara un viento fuerte, un mal pensamiento y...
— Esa era una discusión muy grande con mi mamá, que me decía: “Che, ¿por qué hacés esto? No vale la pena que te expongas de esta manera”. Y yo le decía: “Si tengo la certeza en mi corazón y sé que no me voy a caer, no pasa nada”. Pero lo que ella me quería decir es que, obviamente, hay cosas externas que pueden fallar.
— Por ejemplo, la grúa se movió porque estaba mal la goma.
— Claro. Ahí no depende de vos. Cuando hacía esto, yo pensaba que, si sentía que estaba cerca de caerme en alguno de estos lugares —porque no todos los días era así—, iba a decir: “Ok, me bajo y lo hago en un lugar seguro”. Pero un día me quedó marcado porque lo hice en Ecuador, en un precipicio a 2.000 o 3.000 metros sobre el nivel del mar. Era un precipicio en el que, si me caía, no la contaba y hacía un frío terrible, se largó un viento que era tan fuerte que no podía estar con la remera porque se me inflaba. Me tuve que sacar la remera con cero grados y el viento me congelaba los músculos, las manos y me pasó que dejé de sentir las manos.
— El agarre ya era dudoso. ¡Un peligro!
— Si bien veía que estaba colgado, no tenía la certeza. Había un precipicio abajo y, en ese momento, dije: “Che, acá sí que me la estoy jugando”. Pero también me di cuenta de que no iba a tirarme para atrás. Podía caerme porque no sentía las manos, estaba el viento y había un montón de factores externos que no podía controlar y ahí entendí que, por más que sentía que había un riesgo real, no me iba a bajar porque era más grande mi necesidad de decir: “No me voy a dar por vencido”.
— Descubriste que tu personalidad podía llevarte al extremo de poner en riesgo tu vida con tal de cumplir un objetivo. Es una conclusión fuerte, incluso grave. ¿Sos consciente de eso?
— Sí. Es grave, pero yo creo que poco a poco me voy haciendo más consciente y poniéndome límites.

— Vos tuviste en algún momento problemas con el alcohol y con el juego. ¿Sentís que tenés una personalidad adictiva?
— No tengo duda y es justamente ese el problema de no ponerme límites y siempre querer más. Es una personalidad que he tenido siempre y que al principio me pasó con el alcohol, después con el casino.
— ¿Cuánto tiempo fue?
— El alcohol fue lo que duró menos, porque no era que tomaba todos los días. Tomaba si salía de fiesta, porque también siempre fui re deportista.
— ¿Y entonces por qué decís que eras alcohólico?
— Todas las noches que salía terminaba vomitando y al otro día no podía comer nada porque lo vomitaba. El problema no era que me pasaba una vez, me pasaba todas las veces que salía.
— ¿Mezclabas?
— No solo mezclaba, mi objetivo era ponerme en ped*. El tema era no poder ponerme un límite porque cuando arrancaba no podía parar.
— Viste que hay un momento que decís: “Hasta acá”.
— Yo no tenía ese momento. No fue una vez que falló. Era todo el tiempo, cada vez que salía. Me pasaba reiteradas veces.
— ¿Y cómo hiciste?
— Apenas empecé a tener este problema, mi mamá lo empezó a ver y me mandó directamente al psicólogo. Me dijo: “Tenés un problema, tenés que solucionarlo, porque no podés salir de fiesta que terminás siempre hecho bosta y eso puede terminar en cualquier cosa”. Yo tenía 18 años. Ahí pude resolver el problema del alcohol. Me dio herramientas el psicólogo para poder resolverlo. Pero al final mi personalidad seguía siendo la misma. Entonces, pasé del alcohol a encontrar otra cosa, que fue el casino virtual. Y volví a entrar en lo mismo.
— ¿Qué te sacó el casino virtual?
— Lo que tiene es que te genera falsas emociones, en donde vas de un extremo al otro, de la felicidad a la tristeza, por algo que no es real. Es como si estuvieras simulando algo, porque en realidad sí te pone feliz, pero por algo superficial. No es que te esforzaste por lograr algo, ¿entendés? Apretaste un clic y te generó más sentimiento eso que capaz hacer algo que tardaste un montón en lograr. Te genera dopamina al instante, pero al final, al tener eso tan al alcance de la mano, después te saca la ambición de poder llevarlo por otro lado, de querer hacer algo más, porque sabés que lo tenés a un clic.
— ¿Gastaste un montón de plata? ¿Qué te pasó con eso?
— Perdí mucha plata, me alejé de mis amigos. Mis papás me empezaban a administrar el dinero porque no podía tener control sobre mi propia plata. Por suerte, mis papás siempre lo pudieron identificar. Estuvieron presentes y ayudándome. Apenas vieron lo del casino, me mandaron de nuevo al psicólogo y me acompañaron con todas las indicaciones que nos daba.
— ¿Eso te pasó a los 18 después de que resolviste lo del alcohol?
— Sí. Pero era hasta volver a tener una recaída porque en ese momento resolvía el problema, pero dejaba el psicólogo y volvía otra vez. El problema iba más profundo. Esta misma personalidad se fue transmutando, si bien no era alcohol o la adicción con el casino, el juego, lo terminé haciendo por otro lado.
— ¿Las dominadas peligrosas?
— Las dominadas peligrosas, las redes sociales, el boxeo. Pero bueno mi personalidad fue transformando eso y hoy en día siento que estoy encontrando un equilibrio sin ese extremo y empezando a ser más consciente de poner un límite. El problema de mi personalidad, que me pasó en todas las etapas, fue siempre esto de no poder poner un techo, querer más y no conformarme.
— ¿Por qué se te pasa eso?
— Es algo que siempre he intentado profundizar con el psicólogo. Lo que me dijo él es la falta de amor materno. Pero yo nunca lo sentí tanto por ese lado...
— Le echó la culpa a tu vieja.
— Claro (risas). Pero siempre estuvo acompañando mi mamá, entonces yo no lo llevé por ese lado. Profundizando más, la conclusión que he sacado es que yo de chiquito siempre fui muy agnóstico. Entonces, lo que me ha acompañado es el vacío existencial, esto de preguntarse para qué vivir.
— El famoso: “No somos nada”.
— O ¿qué somos? Eso me agobiaba todas las noches de chiquito. Me acuerdo que todas las noches me la pasaba llorando por pensar en el sinsentido de la vida. ¡Y tenía 11 años!
— Me ha pasado también y te entiendo.
— Todas esas preguntas: ¿Y por qué? ¿Qué hay más allá? Y terminás en una especial que analizas para qué hacer si después al final vas a ser lo mismo.
— Es terrible cuando entrás en ese loop.
— Yo creo que fue el vacío que intentaba tapar, tener un sentido a través de eso. Hoy en día siento que estoy encontrando un sentido que no tengo que tapar.
— Lo que es simplemente vivir y ser feliz.
— Disfrutar, hacer lo que te gusta, conectar con las personas. Hoy también conecto mucho con ayudar a las personas, con lo que a uno le gusta.
— Hace poco falleció el influencer Gaspi. Fue un golpe fuerte, porque era un pibe joven que hacía reír y murió de una manera absurda. ¿Le tenés miedo a la muerte?
— Fue muy fuerte. Él peleó en el mismo evento que yo, en La Velada del Año ,tenía mi misma edad e intentaba transmitir un mensaje que siento que va muy de la mano conmigo. Cuando pasó fue muy duro y un golpe de realidad de darnos cuenta que en cualquier momento se puede terminar. También algo que pensé fue ¿por qué le pasó a él, que no se estaba exponiendo a tantas cosas y yo, que todo el tiempo me estoy exponiendo, nunca me pasó nada? Entiendo que si te tiene que pasar, te va a pasar. El miedo a la muerte va también de la mano con el vacío existencial, pero hoy en día ya lo estoy enfrentando y un poco aceptando. Pero también es algo que ha estado siempre presente en la historia de la humanidad.
— Te veo un tipo muy fuerte de cabeza porque te sobreponés a las cosas que te pasaron, reconocés tus errores y de golpe decís: “Voy a hacer una dominada más por día”, que cuando las sumás te da como 70 mil en un año. Tenés que tener mucha disciplina. ¿Cómo hiciste para prepararte para La Velada del Año?
— A mí lo que más me diferenció es el reto de las dominadas y me abrió mucho la cabeza. Si bien siempre fui deportista y mentalmente estuve bien en ese sentido, antes de arrancar el reto, mi récord era 64 dominadas y yo daba por hecho que el reto era imposible. Lo arranqué simplemente por contenido y daba por hecho que era imposible, porque dije: “¿Cómo voy a hacer 300 dominadas un día, 301 al otro, 302 al otro?”. Al final eran 67 mil dominadas en un año. Y aun así dije: “Voy a dar el 100% de mí”. Lo intento y vivo cada día como si fuese el último. El reto me enseñó a vivir y después lo que aprendí lo uso en cualquier otro ámbito. Por ejemplo, a la hora de enfrentar La Velada del Año, siempre volvía al reto. Volvía a decir: “¿Qué hice en el reto que me hizo llegar hasta mi máximo? ¿Qué fue lo que hice acá?”. Y una de las cosas que más resaltaba era el decir: “No pienso en el mañana, en lo que queda para terminar. Lo único que importa es hoy y este momento. Lo único que tengo que hacer es dar el 100% hoy. Después será problema del mañana. Hoy lo único que tengo es esto”. Lo que más me hizo marcar la diferencia, no solo entre otros influencers, sino como persona fue lo que me enseñó el reto: me demostró que soy capaz.
— Sé que lees mucho y también meditás. ¿Es verdad que meditás una hora por día, todos los días?
— Medito bastante.
— ¿Qué hacés? ¿Te quedás en silencio, pensando o con la mente en blanco?
— Voy aprendiendo que hay muchas formas de meditar, que incluso acá puedo estar meditando porque es estar presente, estar observando todo lo que estás viviendo, pero desde un lugar como observador, observando lo que está pasando.
— ¿Es como que te ves desde afuera?
— Algo así. Sentís, vivís, no son tus pensamientos, sino que los observás desde otra perspectiva. Pero en general siempre que puedo me gusta sentarte en posición de loto, cerrar los ojos, empezar a escuchar mi respiración, sentir, escuchar los ruidos que hay alrededor, todos los estímulos que se me vienen y observarlos. Es algo que hago todos los días.
— ¿Y eso te da paz?
— No solo me da paz, sino que es algo que me va a servir para cualquier pelea que vaya a enfrentar y me va a servir también para disfrutar. Siento que como humanos siempre estamos viviendo otro momento que en el que estamos e incluso lo pensé ¿qué es lo mejor que me puede pasar para ganar mi pelea? Y siempre volvía a decir: “Tengo que estar 100% presente y concentrado en lo que esté haciendo. No me tengo que ir para adelante ni para atrás. Tengo que estar acá, en el aquí y ahora”. Y siento que la meditación te vuelve a este momento presente.

— ¿Qué resignás cuando estás buscando un objetivo?
— Lo primero, obviamente, es el alcohol, las fiestas y las salidas. Eso de base, seis meses antes, ya lo corto. Y ni hablar en el reto, que era peor, porque era durante todo un año, todos los días. Pero hoy lo que me estoy dando cuenta es que hay que buscar ese equilibrio. Obvio, que no voy a salir de fiesta seis meses antes y tampoco me voy a descuidar con la comida, pero tampoco voy a sacrificar las cosas que disfruto. Por ejemplo, ver a mi familia, hacer un plan con amigos. No voy a hacer un plan con amigos que rompa mi esquema de lo que estoy haciendo. Pero sí disfrutar lo que hago y disfrutar del proceso va a hacer que el resultado final valga la pena. Porque nos volvemos muy locos con “quiero lograr esto o lo otro” y nos obsesiona el final, pero nos olvidamos de lo más importante que es disfrutar el proceso. También hoy estoy buscando un equilibrio y trato de encontrar qué disfruto sin que me saque. No estoy sacrificando tanto porque me doy cuenta que a veces más no es mejor.
— ¿Y en el amor resignás algo? ¿Sos Bilardista? ¿No hacés el amor antes de las dominadas?
— En el reto de las dominadas, por ejemplo, estuve un año sin masturbarme. Porque cuando perdí el reto e iba a arrancar de nuevo en 2024, dije: “Este no es un reto físico, es 100 por ciento mental. Y si yo quiero completarlo, tengo que estar con la mente superior, tengo que mejorar muchísimo el aspecto mental. ¿Cómo puedo mejorar más el aspecto mental? Desde que arranque el año, tengo que dejar de hacer cosas que quiero hacer, por ejemplo, masturbarme, para poder ponerme por encima de la mente y controlarla”. El objetivo era que la mente no me controle a mí y no reaccionar a cualquier estímulo. Ahí dije: “Voy a estar sin paj*arme para dejar de hacer cosas que quiero hacer”. Además, me bañaba solo con agua fría para hacer cosas que no quería hacer y poder estar enfocado.
— ¿Todo un año te bañaste con agua fría?
— Todo un año.
— Perdona. Pero a medianoche, ¿no tenías sueños húmedos que de golpe eyaculabas?
— Me pasó creo que dos veces. Me dio bastante bronca porque sentía como si hubiese perdido. Yo decía: “¿Para qué me mato en no paj*arme si al final voy a tener el resultado igual?”. Me acuerdo que me había dado bastante impotencia, pero entendí que tampoco puedo controlar todo. Me dio bronca que mi mente me lleve para ese lado, ¿entendés?
— Porque es por las ganas de hacerlo.
— Y fue duro después volver.
— ¿En qué sentido?
— Fue una sensación muy... Si no hacés nada durante tanto tiempo, después volver fue un sentimiento, una sensación completamente distinta.
— ¿Mejor?
— No, porque ya pasaba al extremo. Era como...
— Mucho.
— Sí, como incontrolable. Estar tanto tiempo sin placer, o sea, sin eyacular y sin sentir esa euforia...
— Ahora te acomodaste me imagino.
— Sí, ahora sí. Voy buscando el equilibrio. Obviamente, antes de una pelea, capaz que dos semanas antes de la pelea no hago nada. Pero me doy cuenta que tampoco hace falta tanto. Antes, por ejemplo, para mi primera pelea, cinco meses antes no hice nada Después hablé con Maravilla Martínez y me dijo: “No, yo capaz que una semana antes de la pelea”.
— Pero él es un profesional que lo hizo durante muchos años. Vos peleaste dos o tres veces.
— Pero digo, si alguien que llegó a la cima, que es lo que yo aspiro, y llegó a ser campeón del mundo sin sacrificar eso, capaz que estoy yendo a un extremo innecesario.
— ¿A Maravilla hoy lo fajás o te gana?
— Yo siempre que me enfrente contra cualquier persona voy a pensar que le gano.
— Pero no tenés chances contra Maravilla.
— Yo hoy pensaría que le gano (risas). Pero porque con cualquier persona que me subiría al ring, iría convencido de que le voy a ganar.
— Yo siento como que la pegada del profesional es heavy. Si te pega una piña muy potente, quizá ves pajaritos.
— Sí y viceversa. Si le pego una piña muy fuerte, él también vería pajaritos. Pero yo siento que es una pelea que no aceptaría.
— ¿Vos?
— Siento que es perder o perder. Porque al final, Maravilla siempre lo he tenido como un gran referente y maestro. Aparte ya está más grande, tiene más de 50 años. Si yo voy, le pego y le gano, me dirían: “Ey, sí, tiene 50 años, le pegás cuando ya pasó su carrera”. Ahora si voy, le pego y me gana, encima quedo mal porque me ganó con 50 años. Entonces siento que no haría esa pelea por un tema de que siento que es perder o perder.
Culpable o inocente
— Siempre hago un role play cuando vienen mis clientes al estudio. Yo te digo una premisa y vos me decís si sos culpable o inocente de esto que yo te acuso.
— Listo. Dale.
— Igual en cualquier caso me llamás antes a mí y vemos qué tenés que responder.
— Varios problemas tuve con la policía.
— Me imagino, ¿por las dominadas?
— Sí. Me esposaron una vez en Perú. Ahí te tendría que haber llamado...
— Pasa que mi jurisdicción es en el territorio argentino, tendría que haber llamado a un estudio asociado en Perú.
— Okey, okey (risas).
— La primera dice: se lo acusa de haber borrado de sus redes sociales para no perder el foco. ¿Culpable o inocente?
— Culpable.
— ¿Quién te maneja el Instagram?
— Estoy formando un equipo que me lleve toda la parte de redes. Si bien todavía no lo tengo tan pulido del todo, porque siempre me he enfocado más en la parte de preparación física y de llegar lo mejor para la pelea, estoy formando un equipo que quiero que siga avanzando para que no solo me haga los videos a mí, sino a la gente que comparte mis valores. Porque quiero poder transmitir distintos valores y, si hay algo que aprendí en tantos años de redes sociales es que no es lo que hagas, sino cómo lo hagas ver. Hay algo que por ahí está errado. Hay personas que piensan que es subir un video y hagas lo que hagas, es azar si le va bien o le va mal. Y en realidad, yo que he estado tanto tiempo metido en esto y he hecho tanta prueba y error, me di cuenta que en realidad va en vos, en cómo lo editás, en cómo contás una historia, si después a la gente le gusta y quiere ver eso.
— Se lo acusa de ser más fuerte de cabeza que de cuerpo, aunque sus abdominales digan todo lo contrario.
— Culpable.
— La cabeza es clave.
— Algo que repito mucho es: el cuerpo aguanta, pero es a la mente a la que hay que convencer. Y en el reto fue eso. El cuerpo un montón de veces quiso tirar para atrás y en realidad lo que me hizo resaltar fue la mente.
— Es como correr una carrera, un maratón.
— Pero al final el cuerpo también le tiene que seguirle el juego a la mente.
— ¿No habías empezado un reto para correr?
— En realidad no lo arranqué todavía. Lo estoy pensando porque siento que es enfrentarme a algo muy duro. Imaginate que quería correr un kilómetro más por cada día. ¿Que pasa hasta que termine el año?
— Vas a ir de acá a San Bernardo corriendo.
— Sí, el problema no es ese sino que el día anterior hiciste 359 kilómetros. En realidad, por tiempos, no te dan las horas del día. Pero sería un reto completamente extremo, incluso más duro que las dominadas. Pero lo estoy considerando. Cuando pensé en la idea del reto fue como una corazonada de decir: “Es por acá”. Y siempre quiero seguir mi intuición que me dice que tengo que hacer ese reto, por más que sepa que es imposible.
— Hasta San Bernardo salís corriendo ahora, llegás pasado mañana y ya perdiste el reto.
— ¿Pero sabés por qué realmente lo querría hacer? Porque siento que la única forma de que enfrente ese reto sería dejando completamente de costado el pasado, el futuro y cualquier otro momento que no sea este. Porque imaginate arrancar a correr hoy con los pies hechos bosta, todo demacrado, saber que hoy hacés 60 kilómetros, pero mañana te tocan 61. Te surge preguntarte ¿por qué me metí en esto? La mente se te puede ir muy lejos. Pero la única forma que tengo para realmente enfrentar esto es dejar de irme a otro momento. Lo único que tendré que hacer es estar 100% aquí y ahora. Pero sería enfrentarme a algo muy duro. Veremos.
— Se lo acusa de haber tenido un romance con Marta Díaz, que la googleé y me explotó el teléfono.
— Pará, ¿pero qué sería un romance? ¿Qué determinaría un romance? (Risas).
— Se sacaron la ropa los dos e hicieron el amor. Lo mismo que se hace para reproducirse sin reproducirse.
— Culpable.
— ¿Y qué onda con Marta ahora?
— Somos amigos.
— ¿Está en España?
— Sí, está en España. Tenemos vidas muy distintas.
— Peleó en La Velada del Año también, ¿no?
— Sí, ganó también.
— ¿Estás en pareja ahora?
— Estoy conociendo a alguien.
— ¿Estás bien?
— Sí, muy bien. Mejor que nunca. Buscando el complemento. Entendiendo que las mujeres también complementan desde su lado.
— Más si es compañera y te impulsa.
— Sí, que ayudan.
— Se lo acusa de haber mirado a un cocodrilo y pensar: a este le gano.
— Culpable (risas).
— ¿Vos pensás que, si te caías al agua, podrías haberle sostenido la trompa para evitar que te comiera?
— Yo siento que es mi forma de enfrentar cualquier problema. Viene Ilia Topuria y yo lo mato. Pero es un pensamiento que yo realmente lo siento porque también he descubierto que lo que más te va a acercar a que ese pensamiento o esa idea es creer que sea real. Hay una frase que también se repite mucho en mi cabeza: “Si lo querés, lo creás”. Entonces, yo me caigo y no voy a pensar que pierdo con el cocodrilo. Yo me caigo y estoy convencido que le gano. Después capaz que me come el cocodrilo, pero yo me voy a convencer.
— Menos mal que no te caíste, hermano.
— Yo creo que le habría la boca así por completo.
— ¿Lo pasas de rosca para el otro lado?
— Claro (risas).
— Se lo acusa de haber dicho en algún momento que las mujeres son una pérdida de tiempo.
— Culpable. Lo decía y en su momento lo pensaba. Hoy pienso que sí pueden ser un complemento.
— Sos conocido, sos joven y seguramente recibís propuestas. ¿Alguna vez te pasó de decir: “No, ahora estoy enfocado en mi objetivo”, incluso cuando la persona te parecía atractiva?
— Y sí.
— O tal vez no ibas a bailar y no hablabas con nadie.
— Claro. Sí, pero nunca daba el lugar. Pero sí me pasaba en el reto que por ahí amigos me decían: “Che, esta chica quiere estar con vos”. Y yo estaba editando el video y les decía: “No rompas la bolas, estoy en mis cosas”. No daba el espacio tampoco. Porque en general, ¿en dónde te puede pasar eso? Saliendo de fiesta. Y yo no salía ni a la esquina.
— Se lo acusa de haber recibido hate por filmar todo, incluso cuando te lastimaste la mano, que casi perdés dos dedos ahí en San Luis, escalando una montaña con tu viejo, ¿no?
— Sí, culpable.
— ¿Ahí sentiste que te matabas?
— ¿Vos sabés que sí? Y fue algo muy loco, porque justamente yo venía de hacer todo un año de contenido, de hacer las dominadas en los lugares más peligrosos del mundo, de haber estado colgado con cocodrilos abajo, con tigres, en globo aerostático, en puentes y nunca me había pasado nada. Y cuando fui a acompañar a mi papá al cerro, se me desprendió una piedra, empecé a caer y a rebotar por un precipicio. Y en el momento no veía abajo y yo no sabía hasta dónde iba a llegar.
— Dijiste: “Ahora se corta y me voy”.
— Fue lo primero que pensé: se termina.
— La sensación de que creés que te vas a morir es fuertisima.
— Es duro, pero también te deja después un golpe de realidad de decir me estaba preocupando por tantas cosas que realmente si me iba hoy iban a quedar en la nada y no importaban realmente. Ahí volvés a armar tu base y lo más importante es estar con tu familia, disfrutar con las personas que querés, hacer lo que a uno le gusta y no hacerse tantos problemas por cosas del futuro porque lo único que tenemos es el presente.
— Se lo acusa de haber querido darle un beso a Nicki Nicole.
— Culpable (risas).
— ¿En un momento te entusiasmaste?
— No. Yo no la he visto en persona. Es porque una vez en un stream dijeron: “¿A qué famosa le darías un beso?” Y fue la primera que se me vino a la mente. No la conozco en persona. Conozco a gente que la conoce, pero nunca nos hemos cruzado.
— La verdad que tengo mucha información. Voy a analizar todo lo que me comentaste y hacerte un informe para ver cómo estás jurídicamente hablando.
— Okey, para ver si puedo caer preso.
— A ver si caés o no caés. En principio, lo bueno es que si caés preso te vas a poder defender ahí adentro. Ya te podés parar de manos y decir: “Flaco, acá hay faka”.
— Es verdad (risas).
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