Karol Sevilla tenía 15 años cuando llegó a la Argentina para convertirse en Luna Valente, la protagonista de Soy Luna. Diez años después, vuelve a ponerse los patines para reencontrarse con un personaje que marcó su adolescencia y que, reconoce, durante un tiempo también llegó a ocupar demasiado espacio: “Un poco me comió el personaje”. El regreso, sin embargo, la encuentra en otro lugar: más segura, más consciente de quién es y con una historia propia que quiere cerrar bien.
En el camino hubo una etapa especialmente difícil. Después de años de grabaciones, giras y exposición, volvió a México y atravesó “una depresión gigante”. También sintió que había perdido su propia identidad. “No me encontraba con nadie, no tenía amigos, no me entendía ni a mí misma”, recuerda. En ese momento decidió cancelar una gira, con el respaldo de su mamá, que eligió acompañarla antes que presionarla para cumplir con los compromisos.
Ahora tiene 26 años, está en pareja con el futbolista mexicano Diego Monroy, lanzó el álbum Imperfecta y prepara una nueva etapa artística. Al mismo tiempo, se reencuentra con sus compañeros de Soy Luna y se prepara para una gira mundial que comenzará en la Argentina, con funciones el 7 y 8 de octubre en el Movistar Arena. “Quise regresar para terminar de vivir algo bien”, explica en una charla distendida con Infobae. Y agrega: “Al final somos una misma”. Diez años después de ponerse por primera vez los patines, Karol vuelve a encontrarse con Luna, pero esta vez sin perderse a sí misma.
—Karol, bienvenida. Nos cruzamos en todas tus etapas, la primera nota fue en 2016 cuando recién llegabas a Argentina y querías ir al shopping para que te reconocieran, te pidieran fotos y autógrafos. ¿Qué quedó de aquella chica?
—Me sigue gustando que la gente me reconozca, me pida una foto y me abrace, siento que conectas de una forma más bonita. Hay una generación que creció conmigo y ahora hay otra que nos está conociendo, me da gusto que se puedan identificar y que me vean como una amiga.
—Son diez años en la vida de una adolescente. ¿Te mirás en aquel momento y qué sentís de vos misma?
—Me da mucha ilusión ver a esa niña de 15 que venía con un sueño y lo logró, pero también me veo en una etapa en la que no estaba disfrutando. Fue justo terminando la última gira, cuando regresé a México, que entré en una depresión gigante y en una etapa de no tener personalidad. Fue muy difícil, no tenía amigos, no me entendía ni a mí misma. Yo decía rojo y mi cabeza decía verde, era una confusión constante. Después vino el camino de salir de esa sombra negra y ver la luz poquito a poco. Hoy me veo mucho más tranquila, con los pies plantados y sabiendo cuál es mi objetivo. Me siento muy feliz de haber pasado por toda esa etapa, crecí muy rápido y no me di cuenta.
—Me impacta que hables de una depresión y de salud mental, especialmente porque muchos adolescentes atraviesan momentos muy difíciles.
—Cien por ciento. Se supone que los artistas no podemos estar mal, siempre tenemos que estar a tope, felices, dando buenos consejos, pero la realidad es que no es así. A mí me gusta usar mis redes sociales para mantener un mensaje positivo y hablar de lo que es ser una chica que pasa por todos estos momentos normales. Tuve un apoyo increíble de mi familia, mi mamá me dijo: “Estoy contigo. ¿Quieres bajar la gira? Bajamos la gira”. Era la primera gira solista, sin embargo, me dijo que si no me sentía bien, estaba bien. Nunca me juzgó ni me dijo: “Estás mal, te subes al escenario y se te quita”. Entendió lo que estaba pasando.
—¿Bajaron la gira?
—Sí, la bajé un día antes del show. Había una reunión con todo el equipo y les dije: “Se cancela la gira. No quiero hacer nada, estoy mal, no me siento bien, no estoy lista para subirme al escenario”. Ahora soy más consciente de que se portó diez puntos porque podría haberme dicho: “Se nos viene una demanda si no haces los shows”. Pero no lo hizo y no me causó un estrés más. Después sané muchas cosas y retomamos la gira de Que se pare el mundo.
—¿Llegó la demanda por haberte bajado?
—No, porque se hizo la gira, recorrimos un montón de lugares, pero cuando yo ya estuve un poco mejor.
—¿Qué sentís que fue lo que trajo esa oscuridad en aquel momento?
—Todo fue muy caótico. Pasaron muchos años muy rápido: grabación, tour, grabación, tour, y todo se convirtió en monótono. Era como un robotito que hacía exactamente lo mismo, me olvidé de crecer, de aprender, de vivirlo. Todo esto apareció cuando terminó el proyecto y me entró la pregunta: “¿Y ahora qué voy a hacer? Porque ya no soy más Soy Luna”.
—Claro, quién es Karol más allá de Luna.
—Exactamente. Fue larguísimo y, además, pasó durante mi adolescencia, cuando estás formando tu carácter. De repente llegué a México, tuve que volver a acostumbrarme a todo, volver a ver a mi familia todos los días. Fueron muchos cambios de la noche a la mañana y me daba cuenta de que me reía como el personaje, hablaba como el personaje, me comportaba como el personaje. Y decía: “Esta no soy yo. No he forjado una personalidad. Esta no es la que quiero ser”. Un poco me comió el personaje y, con el tiempo, fui entendiendo quién quería ser. Hoy soy una versión mucho más divertida, más relajada y ya no estoy todo el tiempo en pose.
—¿Hoy lo disfrutas más?
—Muchísimo más. Estoy demasiado feliz por el proyecto. El regreso de Soy Luna me tiene muy contenta y siento que tiene que ver con que sané muchas cosas. Ya está, fue parte de mi historia.
—¿Tuviste ayuda médica en ese proceso?
—¿Sabes que no? En México antes no era tan común ir al psicólogo. Cuando llegué a Argentina, todo el mundo me decía: “Bueno, vas a empezar el psicólogo”. Y yo: “¿Por qué?”. Para mí no era normal, hoy eso está cambiando por suerte. Lo mío fue un proceso de estar con mi familia, conmigo misma y escucharme. Creo que necesitaba más que escuchar a un profesional, escucharme a mí y saber qué quería hacer.
—Parar.
—Exacto. Era parar.
—En alguna de esas charlas que tuvimos me dijiste que tenías miedo de que se te subiera el ego, de marearte, de no tener los pies en el piso.
—Y pasó. Por algo tenía miedo, dicen.
—Muy poca gente se banca decir “sí, me la re creí”.
—Soy muy sincera y cuando la riego, la riego y te digo: “Sí, la regué”. Soy un ser humano, si tengo la oportunidad, soy joven y puedo mañana limpiar eso y no volverlo a cometer. Los humanos tropezamos dos veces con una piedra, hasta tres. Pero ya la cuarta, date cuenta de que te estás pasando de lanza.
—¿Cuándo te diste cuenta?
—Mi mamá me lo decía todo el tiempo: “Oye, bájale”. Pero fue cuando llegué a México, después de toda la odisea de Soy Luna, que me encontré con unos humos graves. Sentía que ya tenía el mundo comprado por ser Luna. Pensaba: “Voy a llegar y voy a tener un millón de trabajos porque todo el mundo va a querer trabajar conmigo”. Y de repente llego y me dicen: “Manda tu casting”. Y yo: “¿Por qué casting? ¿No has visto lo famosa que soy?”. Ahí dije: “Wow, wow, wow”.
—¿Respondiste eso: “no viste lo famosa que soy”?
—Sí, claro. Después pensé: “Bájale dos rayitas a tu licuado porque estás a tope”.
—¿En tu casa con qué, en dónde aparecía esa forma?
—Sí, en lo cotidiano, en lo normal, en el día a día. Ya ni siquiera era cuando estaba vestida de Karol Sevilla, sino cuando era Karol en pijama, en el momento desastre o en el momento bonito de un ser humano. Ahí también salía a tope.
—¿Tu mamá nunca renunció?
—No. Me sigue regañando como si tuviera 14 años, me sigue guiando, sigue siendo mi compañera, pero también me está dejando equivocarme sin reprocharme ni decirme “te lo dije”. Hoy es: “Bueno, no pasa nada, vamos a ver cómo lo solucionamos”. Buscar una solución en vez de un problema.
—¿Qué ves hoy para atrás y decís “cómo dije esto”?
—Más que nada esos comportamientos en casa. Era contestona, quería que todo el mundo se moviera a mi ritmo, que todo se moviera con un chasquido.
—¿Y qué pasó cuando te reencontraste en México con tus amigos?
—Fue hermoso. No tengo amigos, fue más bien con mi familia, sobre todo con con mi hermano que lo necesitaba y ahora tenemos una comunicación bellísima.
—Él también fue uno de los que te dijo “hasta acá”.
—Sí, justo ayer le hablé por teléfono y le conté que tengo miedo por todo esto que está pasando, la linda repercusión de la gente, y me dijo: “Hermanita, tranquila. Güerita, disfruta. Si regresaste al proyecto fue para disfrutar y recuerda cuáles son los objetivos que quieres. Por eso estás aquí”.
—Vuelve Luna y es un furor. ¿Por qué dijiste que sí esta vez? Te contactaron muchas veces y siempre dijiste que no.
—Mi pregunta hacia mí misma fue: “¿Sería buena idea para terminar de vivir algo bien?”. Necesitaba decir: “Cerré esta etapa de la mejor forma y la rompí”. No en el sentido de fama, sino de sentirlo, disfrutarlo. Quiero agradecerle todo lo que me dio, porque gracias a Soy Luna soy quien soy y jamás me voy a olvidar de eso. Quería volver y no me arrepiento de haber dicho que sí porque crecimos juntas, nos pasaban las mismas cosas.
—¿Cómo fue volver a patinar?
—Bien. El cuerpo tiene memoria. Me dio miedo, la verdad, pero Juampi, el coach de patín, me dijo: “No te preocupes. En cuanto te pongan los patines, el cuerpo va a mandar señales de que lo has hecho toda tu vida”. Y me sorprendió, me subí un poco rara y los golpes no sé por qué duelen más.
—Somos más grandes.
—Ahora lo entiendo: son como los golpes de la vida, duelen más cuando eres adulto. Igual que una caída en patín: el piso duele más.
—¿No habías patinado en todos estos años?
—Había patinado para mi show, pero no como Luna. Y después me escriben que soy campeona del freestyle, entonces tenía que regresar con patinaje pro. Yo dije: “No puede ser” (risas). Pero fue muy bien.
—Nada podía ser peor que aquel casting original en el que dijiste que cantabas, bailabas y patinabas.
—Todo dije que sí, por las dudas, y sigo haciéndolo: a todo le digo que sí.
—¿Cuál fue la última mentira que dijiste?
—No sé. Hoy soy muy realista. Si no quiero algo, es “no quiero ir, no tengo ganas”. No soy de decir: “Me salió un percance”. Prefiero decir que no a estar incómoda en un lugar, en un proyecto o haciendo algo que no me haga feliz.
—¿Es verdad que tu primer trabajo profesional fue hacer de árbol?
—Sí (risas). Literal, era una extra en un proyecto de Plaza Sésamo. Era el extra 533: el árbol. Ese fue mi primer proyecto. No lo busquen porque no va a existir: ni salí.
—¿Cuándo entendiste que ganabas un dinero importante?
—Es un tema curioso, porque sé cuánto gano, pero no me gusta que me hablen de cantidades de dinero. Siento que le pierdo poder a mi trabajo cuando pienso cuánto me van a pagar. Cuando hay reuniones de trabajo, todo lo actoral y lo artístico es conmigo; contratos, dinero y eso, a la siguiente ventanilla, literalmente. Obviamente mi mamá es muy transparente conmigo, sé cuánto gano y conozco mi dinero. También sé que tengo que pagar impuestos, hacer papeles, ir a Hacienda, cosas de adultos.
—Pero en algún momento te habrás dado cuenta que ganabas más dinero que tus padres y eso es impactante. ¿Qué te pasó con eso?
—Siempre me han enseñado a trabajar y no es algo a lo que le ponga tanta atención, pero sí me gusta disfrutarlo con mi familia: cada vez que podemos nos vamos de vacaciones porque trabajamos todos y somos un equipo. Mi mamá se lleva una friega gigante, ella se vino a vivir conmigo.
—Es un proyecto familiar.
—Es un proyecto familiar, todos somos dueños de ese dinero por decisión propia.
—Estás noviando. ¿Me podés contar todo?
—¿Todo?
—Todo. Pero no en tono Soy Luna.
—No Disney (risas). Una de las veces que vine a hablar con vos estaba destruida, tenía el corazón roto y ahí aprendí que no tenía que tener una pareja del medio artístico porque había muchas peleas de egos. Hoy estoy en un momento súper tranquilo y feliz, en pareja con alguien que se dedica a otra cosa, es futbolista. Nos apoyamos mucho y nos respetamos, no nos metemos en la carrera del otro. Necesitaba a alguien que entendiera quién soy, lo que soy, sin juzgarme ni cambiarme y estoy muy feliz. También me gusta que se lleve bien con mi familia y que su mundo sea familiar.
—¿Hace cuánto están juntos?
—Un año y diez meses.
—¿Cómo llevan estas separaciones cuando te vas de gira?
—Se trata de comunicación y confianza, estamos tranquilos de que no vamos a hacer nada.
—¿Te imaginás siguiéndolo por el mundo y dejando un poco de lado tu carrera?
—No voy a dejar mi carrera porque tengo claro que amo mi trabajo con todo mi corazón. Lo acompañaré donde tenga que acompañarlo y viajaré donde tenga que ir, pero también sé que mi trabajo es importante. Amo mi chamba y no quiero dejarlo por nada.
—Luchaste mucho por este lugar.
—Sí. Nos ha costado mucho trabajo llegar hasta donde estamos. Han sido millones de humillaciones, mucho trabajo para darme mi lugar, para que la gente me respete, muchas caídas y muchas levantadas. En algún momento sí lo tiré por amor, pero entendí que no era ahí. Mi trabajo y a lo que viene a este mundo es a soñar.
—¿Qué quiere decir “lo tiré por amor”?
—Dejé mi carrera para que otra persona brillara en ese momento.
—¿Estamos hablando de tu última relación?
—Una relación que tuve, para no ser muy exactas. Esa persona me hizo un comentario: “Dos estrellas no pueden brillar al mismo tiempo. Es mi momento”. Y yo dije: “Claro, tiene toda la razón”. Una enamorada hace cualquier cosa y lo hice. Después me di cuenta de que no. Que dos, tres, cuatro, cinco, ocho estrellas pueden brillar al mismo tiempo. Millones de estrellas pueden brillar al mismo tiempo.
—Y alguien que no quiere que vos brilles no es alguien que te quiera bien.
—Exactamente. Te haces de noche, miras el cielo y ves millones de estrellas brillando, porque en este planeta no pueden brillar solamente dos personas.
—¿Qué te hizo darte cuenta de que algo estaba mal?
—Ver que cambié, que me descuidé, que no era yo. Extrañaba mi trabajo, pero no podía hacerlo porque, según esa persona, no era mi momento.
—Lo quiero preso.
—(Risas) Pude haberme quedado en la oscuridad, pero me enseñó que no tengo que aceptar eso el día de mañana. Y si no hubiera pasado por eso, siento que hoy no estaría tan feliz con mi novio.
—A vos te fortaleció, pero es algo que pasa mucho: hombres que no quieren que sus mujeres trabajen y mujeres que quedan atrapadas en esas situaciones.
—Sí, no deberíamos normalizarlo. Creo que las mujeres somos muy capaces de hacer muchas cosas, de trabajar y salir adelante. También hay hombres que salen adelante solos, padres que crían a sus hijos.
—Sacaste un disco hace poco.
—Sí, Imperfecta.
—El disco se llama Imperfecta, pero hay un corte que es Imperfecto. Contame eso.
—Este disco fue muy gracioso porque nunca me tomé tan en serio la música. Era como muy vaga, hasta que empezamos a componer, lo escuché y pensé: “Hoy, por primera vez, estoy siendo sincera”. No solamente conmigo, sino que le estoy mostrando a la gente mi corazón, mis traumas, mis heridas, mis errores, cómo me hago cargo de mis cosas y las estoy escribiendo. Era un buen momento para que me conocieran y vieran que soy imperfecta en este mundo.
—¿Y en Amiga date cuenta qué te estás diciendo?
—Son las palabras de mi amiga. Ella me decía: “Es que no te quiere”. De repente ya no lo quieres y después regresa, te pinta pajaritos en el aire y dices: “No, ya cambió”. Saqué todas las palabras que me dijo mi amiga en una letra. Muchas amigas se lo decimos a la otra persona, pero como está tan cegada no lo entiende. Hasta que llega un momento en que dices: “Te lo dije”.
—Qué rol importante el de las amigas.
—Muy importante. Tengo solamente una amiga en mi vida, Gris, que sabe todo de mí. De repente me dice: “Sé que la vas a regar, pero hazlo. Yo te apoyaré”.
—¿Por qué tenés una única amiga?
—Me volví muy cerrada, no le abro a cualquiera mi núcleo personal ni mí corazón. No soy de platicar y me cuesta mucho trabajo hacer amigos. Con toda esta depresión que tuve me empezó a generar ansiedad social y cuando estoy rodeada de mucha gente o en eventos, me suelo sofocar y desmayar. Por eso, salvo que sea muy importante, no salgo.
—¿Cómo vas a estar con los shows en ese sentido?
—Esto me pasa más cuando estoy siendo Karol que cuando soy Luna. Estoy tan emocionada y ansiosa que no siento que me vaya a pasar con el tour de Soy Luna. Es diferente lo que voy a vivir ahora, es un regreso que ni siquiera yo esperaba porque estaba tan negada.
—¿Sentís que hay algo de Luna que protege a Karol en esas situaciones?
—Sí. Es como que la niña está abrazándome todo el tiempo y diciéndome: “Todo está bien. Vas a salir al escenario y vas a alegrarle la vida a muchas niñas, niños y papás que te vieron crecer y que están creciendo contigo. Estás en casa”.
—Te brillan los ojitos cuando lo decís, hay algo sanador en eso.
—Sí. Hoy te lo cuento con una sonrisa, emocionada, de corazón. Me siento como cuando eres niño y es tu cumpleaños y todo el mundo llega con un regalo. Ves a alguien llegar con un regalo y te emocionas. Así me siento.
—¿Te cuesta confiar en la gente?
—Sí, me cuesta confiar, aprendí a estar en guardia, hasta desconfío de mi propia sombra. Es agotador, pero prefiero y además, tengo unos ojos de águila demasiados certeros atrás, en mis espaldas siempre, así que me siento muy tranquila por eso.
—¿Cómo conociste a tu amiga Gris?
—Fue por amigos en común y encontré una conexión, somos iguales: no nos tomamos nada personal, las dos tenemos traumitas y tampoco somos muy de socializar. Somos muy parecidas, como en Juego de gemelas.
—¿Cómo manejás hoy la ansiedad social y llegar al punto de desmayarte?
—Hoy lo manejo. Sé cuándo me voy a desmayar y mi mamá siempre trae la bolsa de Mary Poppins, con los aceites y todo lo que me pongo. Aprendí a avisar. De todos los desmayos que tuve, aprendí a reconocer cuándo me pasa. Mi mamá y yo tenemos una seña para todo y agregamos una para el desmayo.
—¿Cuál es?
—Es como: “Ya me voy”. Ella sabe que tiene que correr y traer los aceititos. Eso me tranquiliza.
—¿Entendiste el poder que tenés para llevar mensajes?
—Sí, y me encanta. Si tengo tantos seguidores, no quiero usarlos solamente para mostrar qué usé zapatos Dolce & Gabbana. Me gusta mostrar un lado de moda, pero también está la posibilidad de mover mi voz para llevar mensajes o sumarme a distintas causas. Con mis nuevas canciones me llegaron millones de mensajes diciendo: “Me salvaste”, y eso me hace sentir orgullosa porque no solo me ayuda a mí la música, sino también a otras personas. Se me llena el corazón de amor, no es solo fama y dinero.
—¿Cómo te llevás con el hate?
—En su momento sufrí bullying por mi cuerpo y fue una crítica muy fuerte. Hoy el hate no me hace nada, ni cosquillas, pero me afectó y lloré horrible en su momento. Ahora hasta me río de las personas que me tiran hate. Pienso: “Qué triste debe ser tu vida para estar criticando a otra persona”.
—¿Cómo fue reencontrarte con tus compañeros?
—Fue muy bonito. En el primer ensayo de lectura del libreto, conforme íbamos llegando al salón, era como si le hubiéramos puesto pausa a la vida y de repente otra vez seguíamos. Volverlos a ver me dio muchas ganas de llorar y sonreír a la vez. Durante mucho tiempo fueron mis hermanos, mi ejemplo a seguir y mis compañeros de vida. Yo crecí con ellos y fue hermoso verlos ahora más grandes y entender muchas cosas sin juzgar ni criticar. Fue muy sanador.
—¿Hay un grupo de chat de Soy Luna?
—Sí, ahora sí estoy, antes no. Pasaron cosas, pero normales, éramos bien chiquitos y vivimos una cosa gigante. Y, además, una persona se encargó de difamar y decir muchas cosas de algo que no fue así.
—Ahora se viene la gira…
—Sí, estoy impactada porque la primera fecha se agotó en 24 horas, en la preventa. Empezamos aquí, o sea, nos van a dar la patadita de la suerte con este proyecto. Y seguimos en México, que es mi casa, mis dos hogares que fueron parte de mi vida, de mi crecimiento, que me forjaron. Estoy de verdad muy agradecida con los fans, con la gente, con los papás, por hacer posible este tour. Será un show dirigido a la nostalgia de lo que fue Soy Luna y vamos a sumar las canciones de la nueva temporada que está en Disney+.
—¿Puedo fantasear con una nueva temporada después de esta?
—No puedo decir que sí porque también tengo otros compromisos. Quiero crecer con mi carrera. Esto para mí también es despedirme del infanto-juvenil. Quiero crecer, hacer otros proyectos, ahora estoy preparando el nuevo álbum y son letras completamente diferentes. Es una Karol que siento que nadie ha visto en mí. Va a hablar y va a ser mucho más directa, sin pelos en la lengua.
—Tenemos temporada en Disney+ y tenemos la gira que arranca en Argentina.
—7 y 8 de octubre en el Movistar Arena, y después vamos a estar en muchos países.
—Venimos hablando hace diez años. Si te encuentro en cinco, ¿cómo soñás que te encuentre?
—Igual de feliz, con muchos más retos. Realizada en muchos aspectos de mi vida y con una carrera que siempre he soñado. Quiero ser una gran mujer, quiero ser como mi mamá, como las mujeres que fueron mi inspiración: mi abuelita, mi mamá Berta. Mi núcleo familiar está lleno de mujeres súper empoderadas, trabajadoras y guerreras. Eso quiero ser. Quiero hacerle honor a las mujeres que me están viendo crecer.
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