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Joaquín Cavanna: los trabajos “bizarros” que hizo en España, cómo empezó en el streaming y el secreto de “Paren la Mano”

En Citados, el periodista y creador de contenidos recordó los años que vivió en Europa, sus inicios en el periodismo y cómo comenzó a stremear. Además, su relación con las redes sociales y los proyectos que le dieron aire al grupo de trabajo

Joaquín Cavanna en Citados: su vida en España, cómo se relaciona con las redes sociales y el éxito de Paren la Mano
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Joaquín Cavanna nació el 17 de abril de 1982 en la Ciudad de Buenos Aires. Desde joven abrazó el periodismo, pero con tan solo 24 años tomó la decisión de emigrar a España junto a su pareja, Tamara. Ya instalado en Madrid realizó algunos trabajos “bizarros”, como el mismo recordó, entre risas, hasta que pudo retomar el periodismo en la capital española. Luego de ocho años, la pareja, junto a Pedro, su pequeño hijo nacido en tierras españolas, volvió a la Argentina. Más tarde llegaron las gemelas, Simona y Olivia.

En cuanto a lo laboral, Joaco volvió a trabajar como periodista en la Argentina durante algunos años hasta que de la mano de su amigo Germán Beder comenzó a hacer columnas y luego pasó a formar parte del exitoso grupo de Paren la Mano. Allí llegaron más proyectos, con presente y futuro.

Citados - Joaquin Cavanna
Joaquín Cavanna vivió ocho años en España. Allí tuvo su primer hijo (Foto Maximiliano Luna)

-Te veo en local como pocos, por no decir el único. Viniste acá (a Infobae) y saludaste a todo el mundo.

-A todo el mundo. De hecho calculé para venir cuarenta minutos antes del horario que teníamos pactado para poder hablar con la gente de acá y charlar un ratito. Y esto, de venir al estudio y no tener que hacer yo una entrevista, sino que me la hagan a mí, me parece surrealista...

-¿Cuánto tiempo estuviste acá en Infobae? ¿Qué hacías?

-Estuve desde fines de 2015 hasta fines de 2022. Siete años estuve acá. Es increíble. Yo venía del periodismo deportivo.

-¿Ahí lo conocés a Germán (Beder)?

-De ahí lo conozco a Germán. Estuve viviendo un tiempo en España hasta el 2015. Entonces, cuando volví, era como que tenía que agarrar laburo lo más rápido que pueda, de cualquier cosa, y termino entrando acá en la sección Tendencias, a escribir de gatitos, de dietas, de Nutriglam... (risas), entré en ese mundo. Ahí estuve dos años y ya después pasé a Sociedad, y ahí también fue un mundo nuevo y terminé trabajando cinco años en la sección Sociedad.

-¿Ahí fue que hiciste la nota del Cubo Rubik?

-Eso fue cuando estaba en Tendencias. Eso fue terrible, porque yo era medio vago para hacer notas en el estudio. En ese momento nos pedían a los periodistas que saliéramos un poco de la redacción pura y dura y que empecemos a hacer entrevistas en el estudio, que empecemos a movernos un poquito. Y fue como “bueno, ¿qué hago? Y a ver, traigo al campeón argentino de Rubik". Y ya quedó para la posteridad esa nota.

-Contabas que estuviste viviendo en Europa. ¿Por qué te fuiste y cuánto tiempo?

-Yo estaba trabajando en Perfil en ese momento. En el momento de la decisión, llevabamos un año de novios, nada más, con quien hoy es mi esposa, con Tamara, con Tami. Y realmente fue una cosa que no fue tan charlada. Fue como una movida que estamos los dos un día en una situación normal de casa y uno dijo “yo viviría un tiempo afuera, en Europa”. Y el otro dijo “¿sabés que yo también?“. Empezamos a mirar hacia arriba y dijimos: ”Estamos en el momento de la vida para hacerlo". Teníamos veintitrés años, por ahí veinticuatro, teníamos la suerte de que los dos podíamos tener ciudadanía europea. De hecho nos fuimos a vivir a Madrid sin conocer la ciudad. Yo conocía Barcelona de un viaje anterior, pero ninguno conocía Madrid. Había un primo de Tami, de mi esposa, que vivía allá, nos dijo “vengan el año que viene, no esperen tanto, yo los ayudo con no sé qué”... Y así nos fuimos. Y empecé trabajando de socorrista, de guardavidas en piletas privadas, sin saber absolutamente nada...

-¿Se fueron cagados o entusiasmados?

-No, entusiasmados, totalmente entusiasmados. De hecho, era increíble, porque ella es profesora de educación física y los dos teníamos acá un trabajo en nuestra profesión. Pero laburar en periodismo acá era complicado, lo sigue siendo en realidad. Estábamos con las ganas de vivir la experiencia, nos fuimos con la idea de quedarnos dos años y nos terminamos quedando ocho. Incluso nuestro primer hijo nació allá. Tengo tres y el primero nació allá. Medio que la decisión de la vuelta fue vinculada a nuestro hijo, a los vínculos, al desarraigo y no a lo laboral. Queríamos ver crecer a nuestros hijos con sus abuelos, con nuestros amigos de toda vida. Estábamos bien allá, había una calidad de vida increíble, pero nos pesaba la parte esa de la cercanía humana.

Citados - Joaquin Cavanna
Joaco cuenta que no se lleva bien con las redes sociales (Foto Maximiliano Luna)

-¿Y allá de que buscaste trabajo?

-El primo de Tami tenía una inmobiliaria allá en Madrid y tenía un convenio con una empresa de piscinas, de arreglo de piscinas, que tenía como una red gigante. Entonces, esa empresa traía guardavidas de Argentina, muchos de Rosario. Es una cosa terrible, que los tipos hacen seis meses en Argentina y los seis meses de invierno se van a hacer a Europa. Llevaban como una troupe de doscientas personas desde acá para que vayan los tres meses a laburar, porque allá tipo un barrio privado necesita un guardavidas, está todo muy prolijo con eso. Entonces me dijo “bueno, los meto ahí en esta troupe”, porque él con la inmobiliaria les alquilaba a todos los guardavidas.

-¿Pero los que iban desde acá eran guardavidas reales, con título?

-Claro, pero a nosotros el primer día nos dijeron: “Si viene una supervisión, escóndanse”. Estuvo bien, pero estaba re cagado, porque dije “que no pase nada”, por eso estaba mirando constantemente la pileta. Después pasó el tiempo y me venían los padres de los pibitos de catorce años y me decían “nunca un guardavidas trabajó así, te quiero felicitar por cómo estás trabajando”. Después me di cuenta, a la larga, que era un trabajo -allá el curso de guardavidas dura seis meses- que lo hacen los pendejos de diecinueve años para juntar (plata) para irse de vacaciones al mes siguiente. Pero mi pánico era que alguien colapse adentro de la pileta y yo tenga que sacarlo. Yo no sabía ni cómo sacar a alguien. Imaginate un tipo de setenta, ochenta kilos y yo tenga que usar técnicas para sacarlo solo.

-¿Qué otras laburos tuviste después de ese?

-Después el otro bizarro que tuve, que fue inmediatamente después de ese, fue que vendía ropa de montaña y escalada en una tienda de ahí, en la calle Ribera de Curtidores, que está en el Rastro, el famoso Rastro de Madrid. En un local vendía cosas de montaña, alpinismo. Y terminé vendiendo un año y pico ropa de montaña. Y realmente no tenía idea. Vendía pie de gato, que son las zapatillas que se usan para la escalada. Yo pensaba primero que era para hacer surf, menos mal que me lo aclararon, sino iba a hacer un papelón. Y ahí haciendo ese trabajo un día fui a un partido Real Madrid-Barcelona acreditado por Perfil, así medio sarasa, y conocí a un periodista argentino que era jefe de una agencia de noticias, y ahí entré y ahí ya me metí en el periodismo y después terminé en televisión produciendo.

-Hay algo ahí de arriesgarse, de la incertidumbre, porque mucha gente prefiere ir a lo seguro...

-Es verdad, hay algo del caos que me no me asusta. No sé si me incentiva o me gusta, pero voy para adelante. Y lo del streaming después terminó siendo un poquito de eso también.

-¿Cómo fue en tu caso? Muchos que trabajan de productores tienen muchas ganas de estar delante de las cámaras, otros no...

-Te diría la segunda opción, se dio. Si vos ves las notas que hacía acá con video en Infobae, trataba de sacarme lo máximo que puede. Había una nota que era tipo videollamada y yo ponía solo la imagen del entrevistado. Odiaba verme en cámara. De hecho, me sigue pasando, que no me puedo ver. Te lo juro por Dios, todo el material mío no lo veo. Tenía pánico. De hecho, el primer día que hago la primera columna con Germán, que él me metió y me dijo que las cosas que le mostraba de YouTube en mi casa las tenía que hacer en el programa. Y yo estaba cagado. De hecho, el mismo día que tenía que ir, dos horas antes lo llamo y le digo “no puedo, no voy”. Y me dijo: “No, no, ya no podés no venir”, Y bueno, me arreglé y fui, y salió bien, de orto, pero salió bien.

-¿Y hoy que llenan teatros te sigue pasando?

-Sí, yo salgo con cagazo y nerviosismo al día de hoy. De hecho, cuando hay gente en el Tribunero me pasa todavía, que ya llevamos unas semanas haciéndolo, me sigue pasando que cuando tengo gente alrededor me empiezo más nervioso para hablar, me trabo...

-Y eso encima termina siendo hasta gracioso para el contenido...

-Claro, hace al personaje.

-¿Por qué crees que sucede el éxito de Vorterix, de Paren la Mano?

-A mí me resulta increíble que yo pueda generar en alguien lo que me dicen que genero. A veces parece que lo pongo como una falsa modestia, pero realmente me resulta increíble, que flasheo, con que me digan “loco, ustedes nos salvan la tarde”. Gente que nos dice que estuvo con situaciones de depresión o de tristeza muy fuerte y les cambiamos la vida y no puedo creer que pasa eso con Paren la mano. Hay una mezcla entre la química que pasó en el grupo y después hay un sentido real de identificación de la gente con nosotros, en el tema de la vulnerabilidad, que siempre lo digo, que no escondemos nuestras miserias, nuestros puntos débiles. Entonces, es como cuando vos tenés eso y te reís de vos mismo y sabemos reírnos de nuestras miserias, ya ahí es como que abrazás a todo el mundo. Entonces es como que la gente dice “eso me pasa a mí también”.

Citados - Joaquin Cavanna
Joaco Cavanna explicó que el "Tribunero" le dio oxígeno al grupo, que había llegado a una "meseta" (Foto Maximiliano Luna)

-¿Y cómo siguen, cuál es la zanahoria? ¿El Mundial, el post Mundial?

-No se, de hecho este año fue para nosotros de renovación del grupo. El año pasado terminamos mal, porque empezó a sentirse como un desgaste, como que entramos en una meseta. Como que íbamos a hacer el programa y no nos estaba enriqueciendo la situación de ir al programa. Lo hablamos públicamente y entre nosotros. De hecho, fue un chiste de todo el año pasado. Último año, último año, último año... y medio que realmente el último mes del año pasado estábamos en una situación de que no sabíamos si seguíamos o no. Teníamos que resolverlo y a dos semanas del final del aire no habíamos decidido si seguíamos o no. No es que había peleas o quilombos entre nosotros, pero se empeza a sentirse el peso de ir todos los días.

-¿Cómo lo resolvieron?

-Después de mucha charla de los cinco, de reuniones, de escribirnos, de hablar, y ahí sale el Tribunero y ese programa nos dio oxígeno, nos renovó y el teatro también nos renovó el aire de encarar nuevos proyectos y le dio mucha nueva vida a la mesa también. También pasó que en la misma mesa encajamos, empezamos a animarnos a hacer cosas. Nos dimos cuenta que le queríamos escapar al estancamiento y la rutina. No sé si este va a ser el último año de Paren la mano, pero no queremos que terminemos haciendo un programa por hacerlo. Cuando la cosa se ameseta eso después se transmite al afuera.

-Decime un poco el rol de cada uno en el grupo...

-Alfredo (Montes de Oca) es el empresario (risas) y un poco el padre de nosotros. Lucas (Luquitas Rodríguez) es claramente el líder del grupo, dentro y fuera del programa. Nos sirve que él sea, porque tiene una mirada y anticipa todo lo que va a pasar. Y tiene una generosidad... él entiende que cuando brillan los de al lado, él está brillando también. Después Ger (Beder) es como la pata inesperada de creatividad y humor, de sarcasmo que el grupo necesita en todo sentido, en cámara, cuando nos vamos en los viajes. Es una persona muy graciosa, extremamente graciosa y muy leal. Alfredo, como decía antes, es como nuestro padre, realmente hay momentos que nosotros nos comportamos los cuatro como niños y él nos tiene que estar sosteniendo. Y Robert (Galati) es como el talento, el habilidoso. Una vez se prende la cámara, Robert brilla y nos hace reír y fuera de cámara también. Es un tipo extremadamente gracioso y un talento narrativo.

-¿Cómo te llevás con las críticas?

-Me cuesta, me entran las balas bastante, te soy sincero. También entiendo que es el juego este, que estás expuesto, estás bajo escrutinio.

-¿Pero te han llegado a afectar?

-Sí, incluso tengo rachas de no ver comentarios de nada. Tengo muy poca actividad en redes. Me perjudica mucho en muchas cosas, pero mi Instagram casi no lo uso. Los chicos me dicen “loco, esto se termina. Aprovechá ahora, este es el momento”. Y no puedo, boludo. Hay algo, que es un defecto total, pero me agarra paranoia de que le doy demasiadas vueltas a los posteos, viste, como voy a postear una historia, me enrosco y no termino posteando nada. Realmente tengo un desfasaje total ahí. Incluso capaz me escribió gente, me empezó a seguir alguien medio conocido y yo no le devolví el follow, pero es porque no me enteré. Hay algo en mi cabeza que funciona mal. Soy una persona relativamente pública, pero para la vieja usanza.

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