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El viaje emocional de Mica Lapegüe: del miedo a la soltería al encuentro inesperado y transformador con el padre de su bebé en camino

En Ellas, la actriz habló sobre el proceso interno que la llevó a cambiar su forma de vincularse, aprender a respetar los tiempos del otro y gestionar la ansiedad. Además, contó cómo inició la relación con su pareja, los aprendizajes que le dejaron sus experiencias amorosas anteriores y cómo transita su embarazo en una etapa llena de expectativas

ELLAS - MICA LAPEGÜE
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“Yo no registraba el tiempo de él. Eso fue un reaprendizaje. Dije: ‘Yo tengo que ver al otro, qué le pasa y qué me pasa a mí. Pero si es de a dos, no puedo estar pensando solo en mí. Los vínculos son para aprender y, si no aprendés, las cosas se repiten’”, afirmó Micaela Lapegüe al describir uno de los cambios más significativos de su vida reciente. En Ellas, el ciclo de entrevistas de Infobae, habló sobre su embarazo, su relación con Tomás Bartolomé y el proceso interno que la llevó a replantear su manera de vincularse.

Actriz, comediante e influencer, Mica es hija del periodista Sergio Lapegüe y de Silvia Bochi Todaro. Creció en un entorno ligado a los medios y construyó su propio camino en redes sociales, donde ganó popularidad con sus videos de “audios ajenos”. Con el tiempo, amplió su carrera al teatro, la televisión y el streaming, con participaciones en proyectos como LOL: Last One Laughing Argentina y El Galpón, donde comparte pantalla con su padre. El 15 de abril estrenará Casual en el Multiteatro, una apuesta clave en su presente profesional, con funciones de miércoles a domingo y doble función los sábados.

Micaela Lapegüe: el salto al teatro, su historia con Tomi y la llegada de la primera nieta a ambas familias
Micaela Lapegüe: el salto al teatro, su historia con Tomi y la llegada de la primera nieta a ambas familias

Embarazo y vivencias personales durante la gestación

Mica contó que transita los primeros meses de su embarazo con tranquilidad y una mezcla de emociones nuevas. Se siente bien de salud, sin náuseas y con pocos síntomas, aunque advirtió que el cansancio fue notorio durante el primer trimestre. “Estoy de cuatro meses ahora, así que ahí va creciendo, tratando de vivirlo. Estoy retranquila y es como que por momentos me olvido que se está generando algo acá adentro”, expresó entre bromas.

La maternidad, para ella, representa un proceso de transformación que desafía la rutina habitual. Admitió que disfruta el cuidado que recibe durante esta etapa, pero también afronta limitaciones y cambios en su ritmo diario. “Es otro cuerpo, otra energía, es como que soy otra ahora. Entonces, es acomodarme a eso, a otros tiempos, otro ritmo y tomármelo un poco más tranquila. A mí me gusta estar al palo, bien culo inquieto, de un lado para otro porque soy muy independiente, entonces, tengo que adaptarme. Me gusta eso de estar para todos lados, juntarme con amigas, ir a trabajar. Y ahora es como: no me da para todo”, confesó.

“Hay un montón de gente que te dice: ‘¡Ay! Es el mejor momento de tu vida el embarazo, disfrutalo ahora, porque después la prioridad dejas de ser vos’. Y es verdad, siento que tiene un montón de cosas increíbles y también, por otro lado, es como que todo es una excusa. Estoy embarazada, entonces si no tengo ganas de hacer esto, bueno, banquenme”, admitió.

Al mismo tiempo, confesó que vive el embarazo con cierta ansiedad por experimentar todo antes del nacimiento, pese a que reconoce que la vida no se detiene por completo tras convertirse en madre. “Quiero hacer todo ahora, porque después, viste que te dicen: ‘Se te acaba esto, se te acaba lo otro, dejás de dormir, dejás de...’. Entonces estoy con ansiedad de vivir todo ahora. Es el miedo también, la incertidumbre”, expresó.

La historia de su relación con Tomi y el proceso de conocerse

—¿Cómo era para vos conocer gente antes de estar con Tomi? Porque te escuche decir: “Me presentan chicos y todos me parecen unos salames” (risas). ¿Te paraste dese otro lugar o efectivamente eran todos unos salames hasta que llegó Tomi?

—Tal vez no era el momento. Igual es cierto que tengo amigas que están solteras y sé que es difícil conectar con alguien hoy, como que por ahí quieren algo más efímero. No hay tanto compromiso...

—O se te enamoran (risas).

—De hecho las últimas dos veces, las últimas dos personas a las que conocí antes de conocerlo a Tomi, salí tres meses con cada uno. Me daba un tiempo para conocer. No es que me cerrás al toque y decía: “Bueno, una cita y ya está”. Y ellos se habían enganchado y yo no, y era como: “¿Y cuándo me voy a enganchar?” Porque no me estaba pasando y me preocupaba.

—¿En algún momento pensaste que no iba a llegar?

—En un momento hice constelaciones (risas). Porque yo tenía de parte de la familia de mi mamá una tía solterona que se había enamorado una sola vez. Él la deja y no pudo volver a formar familia, no pudo volver a enamorarse de nadie. Entonces, yo había tenido un solo ex y dije: “¿Mirá si me pasa lo de la tía Eli?”. Me preocupaba, te juro.

—¿Es verdad que a Tomi te lo presenta una amiga tuya?

—Él es primo de Juli Bartolomé, que es actriz. Ella vivía a cuatro cuadras de mi casa, estaba soltera, yo también y nos hicimos amigas. No es que es amiga mía de toda la vida. Tomi estaba en pareja en ese momento. Al tiempo, lo dejan también y unos meses después lo conocí. Me encantó, divino, simpático...

—Pero sin disponibilidad emocional…

—Claro. Él lo marcaba. Lo conozco en Navidad. Yo almorcé con mi familia y después me fui a la casa de Juli que me invitó y ahí lo conocí. Ahí él agarra muy simpático y dice: “Bueno, en Año Nuevo no sé qué van a hacer. Pero yo me quiero ir a Punta del Este con un amigo”.

—No tenía disponibilidad emocional, pero sí de agenda y de planes (risas).

—Sí, sí (risas). Ahí nos dice: “Si ustedes quieren venir, vienen en el auto”. Y yo ahí la admiro a Juli, agarro el celular y le escribo a una amiga de Uruguay y le digo: “Che, Sandri, por casualidad, ¿te sobra el departamento?” (risas). Me dice el de Punta del Este no, pero el de Piriápolis sí.

—Era difícil el plan: un chico que recién se había separado y que quería ir a Punta del Este, pero consiguieron para ir a Pirápolis (risas).

—Sí, aparte le conté a mi mamá y me dice: “Pero Micaela, ¿te vas a meter con un pibe que se acaba de separar?“. Como diciéndome estás en el boludeo, enfocate, no vayas por ahí. “Yo siento que tengo que ir”, le dije. Así nada más. Hice la mía y fui. Seguí mi instinto.

—¿Y qué pasó?

—Fuimos de viaje, pero todo esto fue un largo proceso... A partir de ahí, nueve meses chongueando. Pero él marcaba distancia. Igual yo estaba tranquila, había estado tres años soltera, no me enganchaba con nadie. Pero él me gustaba.

—¿Cómo fuiste manejando la cabeza ese tiempo en el que decís que él marcaba distancia y vos venías con otra disponibilidad emocional?

—Hice lo que nunca había hecho: bancarme la ansiedad. Entender que él estaba en un proceso. No era que no quería ponerse de novio nunca más en la vida, en ese momento no. Tenía que hacer un proceso y está buenísimo respetarlo porque si él no hace ese proceso después tal vez no sucede. Avanzaba todo muy lento, mes a mes, pero me iba sorprendiendo. Hasta que en un momento yo lo que planteé fue: “Yo te banco, te recontra entiendo lo que te pasó. Pero ya la ‘no exclusividad’ no me copa”. Y ahí me dice que tampoco estaba con otras personas. No te lo había dicho hasta ese momento y a la semana me dijo si quería ser la novia. Todo ese periodo duró como 9 meses.

Ellas - Mica Lapegüe
“Los vínculos son para aprender y, si no aprendés, las cosas se repiten”, expresó Mica en diálogo con Luli. (Adrián Escándar)

La primera vez que Tomi conoció a la familia de Mica

—¿Cómo fue el primer avance formal en la relación? ¿Cuando conoció a tus papás?

—En julio arranca bien a avanzar, que vino a mi cumpleaños en casa y ahí conoce a mis papás.

—¿Qué sentiste cuando tu mamá lo vio entrar, después de haber dicho: “Acá desestimo esto para mi hija”?

—¡Ay Dios!. Yo casi me muero ahí, porque aparte eran los primeros avances. Yo a mis papás les dije: “Bueno, no hablen mucho”, como que no quiero que se manden cagadas. Mi papá no dijo nada, ni le habló ni lo miró, ¿entendés? Nada. Se va a un extremo. No es que no diga nada, pero fue mudo. Mi mamá fue re simpática con él.

—¿Por qué creés que tu papá reaccionó así, que se puso tan nervioso? No era la primera vez que presentabas a alguien…

—No sé. Yo pensaba: qué le pasa. Me hace reír porque actúa raro a veces, es muy gracioso.

—¿Cómo fue la actitud de tu mamá después de conocerlo?

—Ahora lo ama. Ella es así, al principio me cuidaba, y después, cuando vio que todo iba bien y que era un divino total, acompañó. Y bueno, mi papá también.

—¿Ese día fue la presentación oficial?

—Claro, pero sin ser tan oficial, porque tampoco era nada todavía. Estaba empezando a gestarse el vínculo como tal. De a poco.

—Si mirás un poco para atrás, ¿hubo algún cambio en vos para correrte de ese lugar de “che, conozco a todos pibes que no me cuadran”, hasta que llega Tommy? Por esto que me decías de que “su tiempo y su duelo los tenías que respetar”. Ahí te paraste desde otra versión tuya.

—Sí, es que en parte fue un aprendizaje. Los vínculos son para aprender y si vos no aprendés, las cosas se repiten. Es clave hacer terapia, trabajarse, porque es la única manera de evolucionar. En mi anterior relación, yo no registraba el tiempo de él. Ya estábamos de novios y todo, pero estábamos en distintas sintonías. Eso fue un recontra aprendizaje y dije: “Tengo que ver al otro, qué le pasa, qué me pasa a mí. Pero si es a dos, no puedo estar yo pensando en mí nada más”. También la comunicación. Ese fue un cambio que hice: ver y respetar los tiempos del otro.

Expectativas sobre la maternidad y el entorno familiar

Micaela compartió que la noticia de su embarazo fue recibida con entusiasmo en ambas familias, ya que será la primera nieta tanto por su lado como por el de su pareja. De cara a la maternidad, confesó que no tiene una imagen definida de cómo será como madre, pero se imagina relajada y abierta a aprender sobre la marcha.

—Si pudieras tomarte un mate con vos misma dentro de cinco años, ¿qué te dirías?

—Que me respete mi momento, que todo está bien y que saque la presión de que tiene que ser perfecto. Porque en este momento no sé nada de lo que está por venir, no entiendo nada y está bien. En cinco años me diría: “Está bien que estés así, ya vas a saber qué hacer”.

—¿Cómo te imaginás como mamá?

—La verdad es que no me imagino. No sé qué me va a suceder. Sí tal vez me imagino relajada, porque soy por lo general así. Conozco que hay madres que son más como…

—¿Y al papá? ¿Cómo lo ves?

—Tommy para mí es más controlador, como que va a ser más sobreprotector. Y yo más tranquila.

—¿Cómo fue tu papá con vos?

—Lo más. O sea, él dice que no estuvo presente, pero lo que hablaba con mi hermano es que en los momentos en los que él estaba, por ejemplo, al mediodía cuando volvíamos del colegio, era súper presente a pesar de trabajar mucho. El momento que estaba era de calidad, y eso está buenísimo.

—¿Y ahora que va a ser abuelo?

—Para mí, como abuelo… Ya le fue a comprar ropa, imaginate. Y mi mamá se ríe y dice: “Nunca les compró ni un pañal a ustedes” (risas). Para mí algo le está sucediendo internamente. Para mí, se va a volver loco de amor.

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