“Para mí una infidelidad no se perdona. Todo son reglas claras: mientras yo no lo sepa, no me molesta que el otro esté con alguien más. Lo que no tolero es la traición”, sostuvo Dani La Chepi en Desencriptados, el ciclo de entrevistas de Infobae, al reflexionar sobre los vínculos de pareja, la confianza y los límites personales.
Daniela Viaggiamari es actriz, cantante, conductora, humorista y creadora de contenido. Alcanzó una enorme popularidad en las redes sociales gracias a sus videos de humor sobre la vida cotidiana, la maternidad y las relaciones de pareja, construyendo una comunidad de millones de seguidores.
A lo largo de su carrera participó en programas de televisión, obras de teatro y proyectos musicales. Además, es madre de Isabella, a quien define como la persona más importante de su vida. Con humor y resiliencia, logró transformar experiencias personales, desafíos familiares y momentos difíciles en historias con las que miles de personas se sienten identificadas, destacándose por su autenticidad, espontaneidad y cercanía.

—Leyendo un poco acerca de tu historia y de tu vida, vi que vos sos actriz, cantante, humorista, conductora e influencer. ¿Cómo podemos ordenar eso?
—Y mamá de Isa… La mejor profesión, la más sacrificada y gratis (risas).
—Pero ¿qué sentís que sos más?
—Todo. Yo creo que no puedo cantar sin actuar, no puedo actuar sin cantar. No puedo conducir sin actuar, no puedo bailar sin actuar (risas). Robé mucho tiempo con el baile. Tuve una preparación que mis viejos pudieron pagar, que era muy barrial. Me mandaron por pie plano y me copó. Pero después robé mucho tiempo con Pablo Codevilla en Sábado Bus. Ahí robé al lado de bailarinas de primera línea. Por supuesto, profesionales, pero siempre me la arreglé yo.
—Porque además de bailar, sos simpática y graciosa.
—Compensaba. Estudié todo, pero ahora tengo 46 años y en la obra que estábamos haciendo, En Papá por siempre había que bailar y yo lo doy todo. O sea, el cuerpo tiene memoria. Pero no puedo decir que soy bailarina profesional porque no lo soy. Me la rebusco muy bien.
—¿Y con el canto tomás clases?
—Recién este año. Cuando empecé la obra, arranqué. Porque nunca había hecho una comedia musical que es hablar, cantar y de golpe bailar... Nunca en mi vida había tomado una clase de canto. De hecho, canté mucho tiempo con Cacho Castaña y él me decía: “Manicomio, no hagas la misma que hice yo”. Yo le decía: “No, hay cosas tuyas que no comparto” (risas). “Vos no podés subir así sin vocalizar”, me decía. Y él en sus últimos tiempos, empezó con una fonoaudióloga y a querer estudiar canto. Ahí no me quedó otra y dije: “No quiero lastimarme“. Empecé a estudiar canto con la que era mi cover, Mery Hernández, que es una bestia, y empezó también Isa, que obviamente es artista y me dice: “Yo quiero una audición”. Yo le digo: “Cantás muy lindo, preparate. No hagas la de mamá”. Porque después te terminás lastimando. Ella es muy natural. Ya de chiquita a la directora de Cromañón, le decía: “¿Por qué no puedo hacer de la hija si yo sé llorar? Y se largaba a llorar ahí. Yo no sabía dónde meterme. Se sabe todos los libretos porque me los toma ella cuando me ayuda a estudiar. Ya tiene 12 años, pero se crió conmigo en un escenario. El padre se dedicaba a la música, entonces le poníamos los auriculares mientras yo grababa un disco. Es muy artística y muy histriónica, y creo que nos une mucho el humor para pasar algunas cosas de la vida.

La experiencia sentimental: relaciones, límites y el valor de la honestidad en la pareja
—¿Cómo sos con los hombres? ¿Cómo te fue en tus relaciones?
—No, mal...
—Pero ¿por qué? Porque sos humorista, linda y simpática. Sin embargo, cuando hablás también se nota que tenés carácter, que con vos las cosas son blancas o negras. Te imagino diciéndole a un tipo: “Mirá, la verdad, ¿sabés qué, amigo? Agarrá tu campera y andate”.
—¿Vos sabés qué no? Tuve una pareja que se llama Emmanuel, que yo digo nada es idea. Pero siempre le digo a él: “Fuiste mi mejor exnovio”. Y él cuando me escribe por cosas de publicidad y demás, me dice: “Acá, tu mejor exnovio”. Yo estaba muy enamorada, todavía no existía Isa. Pero siempre elegí lo más parecido a lo que yo me crie. Mi papá era un gran tipo, muy trabajador, falleció y cuando empecé a hablar con sus amigos, nadie me dijo nada negativo de mi papá. Después me empecé a enterar cositas, pero un tipo bueno, ¿viste? Y no quiero decir que con los que estuve no eran buenos. Pero yo necesitaba estar sola mucho tiempo para ver y entender que eso no es amor.
—¿De cuánto fue tu pareja más larga?
—Seis años. Fue una situación muy especial. Pero la pasé mal. Y lo que me pasa a mí, que no me pasa de ahora, y pobre mi pareja actual, es que yo ya no digo novio, digo compañero, porque a esta edad yo ya quiero un compañero.
—Pero sos joven Chepi, dale…
—Sí, pero a esta edad después de tanto barrio, tanto golpe, literal me gusta llamarlo así. Hasta Isa me dice: “Mamá, no seas así”. Aparte encontrar una persona que te da esa libertad... Primero, tenemos una pareja abierta. Y por lo menos yo, nunca hice ninguna.
—¿No usaste el crédito de pareja abierta todavía?
—No, no.
—¿Hay reglas?
—Por supuesto.
—Contame.
—Respetame, cuidándote.
—¿Usar preservativo sería?
—Exacto.
—Eso desde ya, sería la regla uno para todos. ¿La regla número dos es que te tiene que contar si hace alguna?
—No, no me interesa saber. No me cuentes nada…
—¿Hacela como si no fuese abierta?
—Claro, hacelo. Ahora, si te enganchás y tenés una relación, ya está, deja de ser una pareja abierta, porque ya estás teniendo otra pareja.
—Cuando vos decís pareja abierta, ¿es poder tener sexo con otras personas o también puede tener una cita?
—No, eso no. Si querés tener sexo, hacelo. Yo soy muy asexuada, por ende…
—¿Siempre fuiste así o es de ahora?
—Sí, siempre. El primer mes de relación lo doy todo. Al mes tengo a mi pareja, sea bueno o sea malo, me dice: “Che, no somos amigos”. O sea, yo ya de ahí corté y empiezo a…
—Pero Dani, ¿puede ser que eso es lo que haga que no te funcione?
—No, no.
—Bueno, Igual te ha funcionado. Tampoco es que nunca tuviste novio. Tuviste varias parejas.
—Sí, tuve varias.
—Saliste con el anterior, salís con este. Digo el anterior porque es famoso por la pandemia y cómo se conocieron.
—Claro, fue el público.
—Has tenido pareja, sos una mujer linda y simpática; obviamente, los hombres se fijan en vos. Pero si al mes les cortás el tema del sexo, imagino que la cosa se complica...
—Por supuesto que es un problema, pero yo nunca dejé de blanquearlo.
—¿Se los blanqueas de entrada?
—Mirá en algún momento sí. Yo no puedo tener relaciones todos los días. Porque me han tocado parejas así...
—¿Dos veces por semana?
—¿Estás loco vos?
—¿Una vez por semana?
—Y con mucha suerte...
—¿Cada 15 días?
—Y ponele. No sé, no las cuento. Es cuando los dos tenemos ganas.

—Pero, ¿por qué? ¿No te gusta en el momento que lo estás teniendo?
—Sí, claro. Pero tengo un mambo muy grande con eso. Tengo mambo de cosas que me han pasado de pequeña y esta personalidad que vos ves que yo muestro y que también soy un poco, que no es la Chepi, sino Dani, fue un mecanismo de defensa que yo opté, igual que el humor, para defenderme de lo que podría pasar, ¿no?
—¿Tuviste una situación de abuso o de acoso?
—Sí, horrible. Entonces, tengo un tema y sé que tendría que ir, más allá de mi terapia, a un sexólogo. He hablado con amigas mías que son excelentes. Pero bueno, hoy en día yo sé que es importantísimo el tema del sexo en una pareja. Pero como siempre digo, para mí está sobrevaluado el sexo, qué sé yo. No sé, no estoy diciendo que no hay que hacerlo.
—¿Vos decidiste abrir la pareja para que él pueda tener más sexo cuando vos no querés?
—Exacto. Sí.
—Pero vos, ¿no hay ninguna chance que algún día te pinte con alguien?
—No sé. Mi laburo es muy libre, voy, giro, tengo muchísimos compañeros varones. O mujeres.
—Sin nombrar a nadie, te vas a hacer un evento a no sé dónde y te toca con alguien que te gusta. ¿No te tiran onda?
—Pasa que yo no salgo a ningún lado y cuando salgo, salgo a trabajar. Y viste que a todo le ponen un nombre hoy, yo soy creo que pansexual o algo así. Esto de que tengo que tener mucha confianza para tener una relación. Tiene que ver con que me guste algo que no pasa solo por lo físico. Además, siento que ya pasó mi época de reviente cuando era muy joven, ahora no me imagino yendo a bailar o en un show que un sonidista o alguien diga: “Mirá lo que es ese bombónazo”. Cuando vienen como a levantar yo digo: “Mmm”. Empiezo a hacer chistes. Porque sé que no me voy a quedar ocho días en Bahía Blanca. Termino el show y nos subimos a la combi y volvemos. Necesito tener una relación y sentirme segura.
—Para llegar a eso...
—Sí, y segura en todo sentido. Yo sigo teniendo, tengo un montón de mambos. Pero como todo el mundo, con mi cuerpo... Con mi pareja anterior puse lograr sacarme la remera para tener relaciones.
—No te gustás.
—No, para nada. Y todo el tiempo doy el discurso, pero me incluyo. No es que soy la influencer o la madre que dice: “Hay que aceptarse como uno es”. Y yo digo: “La realidad es que no me gusta tener toda la panza llena de cicatrices por todas las operaciones que tuve”. Sí digo, son parte de mi cuerpo. ¿Me las taparía, me las sacaría? No. ¿Me haría lolas? No. ¿Me pondría pómulos? No. ¿Me operaría la nariz? No. No lo haría.
—Entonces sí te aceptás como sos.
—Es un laburo diario y estoy laburando en esto. Suben un corte de esto y me comentan “¿Y por qué no se peinó? Qué sé yo. No soy muy femenina como se supone que debería hacer. Subir fotos muy tuneada y demás no me sale.
—Con esto que me contás es imposible tener una aventura o utilizar tus cartas en la pareja abierta, ¿no? Lo de la pareja abierta es para él. Porque es raro que vos de la nada pinte con alguien.
—Y si pinta, se tiene que armar una relación. Por ende, estaría traicionando las reglas del juego.
—Bueno, podría ser con un ex o, por ejemplo, con alguien que ya hace tiempo le venís echando el ojo.
—Bueno, pero no sería un ex. Yo soy muy de volver con los ex. Por eso te decía al principio esta cosa de blanco o negro, no era tan taxativa y ahora sí lo soy. Porque yo entiendo que hay que dar oportunidades y perdonar, pero hay cosas que no se perdonan.
—¿Por ejemplo?
—Para mí una infidelidad no se perdona.
—Pero tenés pareja abierta…
—Pero no es una infidelidad.
—Estoy de acuerdo con vos, pero te bancás entonces que el otro se acueste con alguien.
—Mientras yo no lo sepa, sí.
—A vos te molesta la traición. No el tema de que tuvo sexo con otra persona,
—Claro, la traición. O sea, esta cosa de enterarte después de todo, o no contarte tengo esto y no blanquearte…
—¿Enganchaste a alguno engañándote?
—Sí
—¿Te pasó de batir algún récord de “estuve tanto tiempo sin sexo”?
—Sí, cinco años. Desde quedé embarazada (risas).
—Desde que te separaste del bajista.
—Sí, no quería saber nada.
—¿Estabas negada al amor, al sexo, a todo?
—Sí. Me pegó por el lado de “soy mamá, dejé de ser mujer”, ¿viste? Me quedé sin laburo encima cuando Isa era chiquita. Yo ya la mantenía sola, claramente. Era una locura mi vida. Cuando nació Isa, mi papá tuvo un ACV isquémico. O sea, pasaron tantas cosas que la verdad que mi cabeza estaba puesta en sobrevivir.
—Cuando vos empezás a hacer videos, eran como más de reclamo. Eran en esa época en la que estabas enojada por una serie de injusticias.
—Estaba odiada.
—Enojada y sin sexo. Era la peor Chepi esa...
—La peor versión. Y mi hija comía un bife de chorizo y yo le daba al sándwich de fideo porque no me quería endeudar, no quería tocar los ahorritos que me había pagado la radio ¿viste? Entonces decía: “A la nena no le va a faltar nada, la obra social la tiene ella”. Es muy largo y pasan muchas cosas. No se puede solamente hablar de una cosa sola.
—Son una sumatoria de cosas que te llevaron a eso.
—Y ahora estoy en la perimenopausia. Entonces cambia todo. Yo tengo amigas de mi edad que no quieren saber nada y otras que están como locas. Pero mi cabeza no está puesta ahí. Obviamente que cuando me quedo sola con mi pareja… Y eso es otra cosa que también. Para para tener intimidad, tienen que pasar cosas. El mimito, la previa. No es “bueno, dale ahora”. O sea, tienen que pasar cosas y a mí mi pareja me encanta, pero está Isa literalmente adentro de la casa. Entonces, tengo que llamar a una amiga y decirle: “Che, ¿vos la podés tener hoy? Porque yo tengo función y vuelvo a la una de la mañana”. Entonces, a la noche no tomo las pastillas psiquiátricas, que gracias a Dios fui al psiquiatra sin ningún tipo de vergüenza y lo blanqueé cuando desaparecí de todos lados. Hay una que te baja la libido. Entonces, si sabés que esta noche la tenés libre, no la tomás esa a la mañana. Y a veces no la tomo y no pasa nada. Porque él también es padre y encima es entrenador canino, peluquero canino, paseador de perros. O sea, tiene 50 año y está todo el día desde las seis de la mañana. Labura un montón. Y aparte no para de caminar. Entonces, estamos viendo la historia del hijo de Pablo Escobar y a los cuatro minutos se escucha el ronquido. Capaz que a las tres de la mañana me despierto y digo: “Si me despierto ahora, no me duermo más”. Y con los cinco galgos adoptados (risas).
—Es un escándalo lo tuyo, Dani.
—Pero eso no quiere decir que no me guste el sexo. No estoy diciendo que no me guste el sexo.
—Está clarísimo. Creo que contaste una sumatoria de cosas que, cuando lo analizás todo en su conjunto, tiene más sentido.
—Sí y hoy que no estoy yendo a terapia, sino haciendo terapia, desde que tuve este episodio de ansiedad derivada en depresión, claro, yo cuento la punta del iceberg. Pero debajo hay un montón de cosas.
—No es fácil la vida.
—Y sí.

—Escuchame, ¿no lo mostrás en redes a tu nuevo novio?
—No se muestra él. O sea, sí habrá salido alguna foto, pero siempre con lentes. Vos fijate que el laburo está flojo para todos y él en ningún momento me sugirió, y hace creo que ya tres años que estamos juntos, tipo: “Che, ¿me arrobás?”. No le da bola a las redes. Incluso yo le digo que las tiene que activar.
—“No creo en la fidelidad”, ¿es una frase que dijiste alguna vez públicamente?
—Sí, es así. No creo. Salvo en la mía con mi hija, pero en una relación amorosa no creo. Y en vínculos de amistad sí hay algunas personas en las que creo.
—“Nunca volvería a convivir con una pareja”. ¿Lo dijiste o no lo dijiste?
—Lo dije, sí. Conviví con mi exmarido, con mi único marido. Y no sé, alguna capaz que convivencia corta, pero tipo voy unos días a su casa y vuelvo. Eso lo haría, pero cuando Isa sea más grande, ¿viste?
—¿Trío? ¿Sí o no?
—Ya lo hice, no me gustó.
—¿Con mujer o con hombre?
—Otra mujer.
—¿Dos mujeres y un hombre?
—Sí, lo otro no me atrevo.
—¿Te gusta encarar o que te encaren?
—Encarar. Pero me gustaría que me encaren alguna vez, ¿eh?
—Pero después de todo lo que escuché, sos una mujer difícil de encarar.
—Pero me gustaría que me encaren. Me ha pasado y me pongo tan incómoda que le meto mucho humor y capaz que el chabón, o la mina...
—Piensa que lo estás limpiando.
—Claro. Dice: “¿Me lo está diciendo en serio o no?” El único que fue al frente fue el anterior. Y mi actual pareja, que le decimos Juli, pero no se llama así. Subí a una historia, me acuerdo, que yo me había cambiado el pelo de color y le dije: “Y, ¿qué decís, Juli? ¿Garpa o no?”. Me dijo: “La verdad que sí”. Él es muy callado. Todo lo contrario a lo mí, por eso creo que seguimos juntos. Y cuando se estaba yendo le digo: “¿Me das?”. “Obvio”, me dice. Y sigue caminando. Yo tiré en chiste. Y cuando vuelve, me dice: “Lo que me dijiste, ¿es en serio?”. Yo no sabía dónde meterme. Y le digo: “Sí”. Yo me había separado. Hacía dos años y pico que estaba sola. “Porque yo también respondí en serio”, me dijo todo respetuoso.
—Es como una novela los 70 tu vida.
—Sí, (risas). Yo empecé a temblar. Y me dice: “Bueno, en un día de estos...”. Él sabía todos mis horarios porque tenía la llave para pasear a Rumba, una perra rescatada. “Bueno, si querés, cuando volvés de la psicóloga de Isa o cuando sale de gimnasia, te invito a tomar la leche”, me dijo.
—Fuerte (risas).
—Pero yo lo entendí, porque yo también digo: “¿Vienen a tomen la leche?”. Pero lo primero que me salió fue: “Después dicen que la zapada soy yo” (risas). Él es muy morocho, se puso todo colorado y me dice: “No, no. Te invito un mate”. Y obviamente no fui a ningún lado, vino a tomar mate a casa porque era muy conocido. Le entrenó los perros a todos los de mi zona y conoce a todos, ¿viste? Y lo quieren todos. Así empezó todo.
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