Rodrigo Rey nació en Las Parejas, Santa Fe, el 8 de marzo de 1991. De chico se destacó en los deportes y practicó varios de forma simultánea. Desde pequeño convive con un problema en el habla llamado disfluencia, una condición que por momentos no le permite hablar fluidamente. Según él mismo cuenta, los deportes, además de la crianza familiar, fueron muy importantes en su crecimiento personal y para enfrentar sus problemas para comunicarse.
Ya como futbolista, tuvo un paso por las inferiores de River Plate, pero el club de Núñez lo cedió a Newell’s, que fue su primer equipo como profesional. De Rosario se mudó a Mendoza, para vestir los colores de Godoy Cruz. Del Tomba fue transferido al PAOK Salónica de Grecia. Luego de una breve estadía en México, donde jugó en Pachuca, volvió a jugar a la Argentina, para Gimnasia y Esgrima La Plata. Desde 2023 defiende el arco de Independiente, donde se destaca como uno de los mejores en su puesto del fútbol doméstico.
El año pasado, el nombre de Rodrigo Rey trascendió las noticias deportivas debido al caso de su hijo Benicio, un pequeño diagnosticado con TEA. El colegio de Benicio intentó apartarlo por su condición y Rey inició una batalla legal que concluyó con un fallo histórico para los chicos con autismo. Rey está casado con Laura, con quien además tienen otra hija, Renata.

-¿Cómo fueron tus inicios en el fútbol?
-Yo soy de un pueblo que se llama Las Parejas, en la provincia de Santa Fe. Toda mi familia vive ahí. Nací y me crié ahí. Comencé a jugar al fútbol en el Club Argentino de esa ciudad. En mi familia son todos hinchas de ese club, pasábamos todos los veranos ahí. En ese lugar me vinculé con el deporte como medio de vida. No solo hacía fútbol, también jugaba al básquet, al voley, al tenis...
-¿Eras de esos que jugabas bien a todo?
-Me iba bien con el tema de la destreza. Obviamente, el fútbol y el básquet eran mis puntos más fuertes ahí. De chiquito iba con la pelota para todos lados.
-Hay algo particular que tiene que ver con el tema del habla y tu manera de comunicarte, ¿es algo que comenzó en aquella época, es algo de nacimiento?
-Desde que tengo uso de razón esta es mi manera de comunicarme. Yo me conozco y vivo con eso. Cuando me preguntan cómo lo llevaba cuando era chico, siempre digo que tuve la suerte de tener un círculo íntimo muy sano. Mi familia, mis amigos, los del cole, los de fútbol, nunca me la hicieron pasar mal, ya sea con burlas o con distinto tipo de cosas que se pueden suceder.
-Lo que ahora se llama bullying...
-Exacto, un nombre que años atrás no existía. Pero la verdad que nunca estuve envuelto en esas situaciones. No sé si un poco por mi forma de ser, porque yo tampoco nunca me privé de nada. Siempre vieron que si tenía que hablar lo hacía, que si tenía que jugar al fútbol, jugaba. Si tenía que jugar al básquet, al tenis o nadar, siempre estaba y nunca fue un peso para mí. Nunca fue algo que diga “no, yo me privo de cosas o si hay una charla, yo no hablo y me muestro con temor”. También un poco por cómo me criaron en mi casa, de ir siempre al frente. Fui llevándolo de esa forma.
-¿Cuál es el diagnóstico? ¿Qué es lo que Rodrigo Rey tiene desde que tiene uso de razón?
-Se llama disfluencia, porque no llega a ser tartamudez, pero tampoco tengo un habla fluida. Te lo puedo describir como que hay veces que me trabo en la fluidez de la oración o que necesito hacer una pausa, un corte. Muchas veces es como que mi cabeza va más rápido de lo que digo y se genera esa falta de fluidez con la que hablo. Cuando era más chico fui a la fonoaudióloga durante un tiempo. La realidad es que como no notaba muchos avances llegó un punto que dije “bueno, es hasta acá, soy esto, vivo bien con esto, soy así”. Y tomé la decisión, porque creo que es una decisión personal, de que mi condición no limitará mi vida para nada.
-¿Es algo que por ahí viene de familia, o es algo que toca y es así?
-En mi caso puedo decirte que es algo que me tocó y que es así, porque no hay alguien en la familia, mi viejo o mi vieja, o alguien cercano que tenga esa condición. Después habría que ver con los médicos y eso sí, por ahí hay algo, no sé, pero desde lo que me toca a mí, creo que es algo que me tocó porque me tocó.
-Y en el puesto de arquero se necesita mucho de expresión, de orden. Te veo que les gritás a todos, los puteas un poco. ¿Tuviste alguna situación particular con alguno? ¿Te joden cuando vos se los permitís?
-Sabés que no, no me pasó. No me pasa. En todos los grupos en los que he estado, y hace 20 años que juego al fútbol, nunca sufrí con eso. Y cuando estoy jugando al fútbol, cuando elevo el tono de voz, cuando grito, no me trabo. Entonces estamos en la cancha jugando y, cuando tengo que dar órdenes, es así como si nada. A la hora de estar en una cancha, de estar en el vestuario mismo, hoy en Independiente y antes cuando estuve en otros clubes, por cómo hablo, por las cosas que digo, como que siempre tengo a cargo las arengas y van bien, fluidas.

-Y con las notas también, porque veo que terminan los partidos y en general hablás vos.
-Siempre que me toca, lo hago. Es mi decisión no limitarme. Es la única forma de no caer en el miedo o en un lugar del que después es difícil salir.
-¿Te pasa que te contacten personas que tienen situaciones parecidas para que le des un consejo o alguna referencia?
-Me han pasado muchas cosas locas. Sobre todo desde que mi nombre es un poco más conocido en el medio, juego en el club más grande el país. Me pasa que cuando vamos a jugar a otras canchas, padres que vienen, que me felicitan, que me cuentan de sus hijos, de que viven algo parecido, de porque vieron notas mías hoy se animan a ir a jugar al fútbol, porque antes no querían ir, porque les daba miedo que le digan algo. Nenes que vienen y que me cuentan su condición y con una sonrisa en la cara me dicen que hacen como yo, que van y juegan igual y que van y hacen lo que tienen que hacer igual. La verdad es que me llena de orgullo y que dentro mío es una voz como que me dice “vale la pena, vale la pena tener esta charla, hacerlo público”. Vale la pena poder dar un mensaje de este lado y de que se tenga la condición que se tenga, ya sea en el habla o en lo que sea, no hay que vivir una vida de autolimitación.
-Hablaste del miedo y traspasarlo de alguna manera, simbólicamente. Contanos la situación que viviste con tu hijo Beni.
-Cuando Beni nació no le daban esperanzas de vida, le daban un 1% de esperanza de vida. Nació con una atresia en el intestino, que es un nudo, lo cual implicó tener que ir a cirugía con doce horas de vida, con un riesgo muy grande. Gracias a Dios salió todo bien, pero fueron tres meses de neo, de estar en la clínica, sintiendo miedo de verdad. Gracias a Dios desde ese tema de salud está muy bien, pero ya nuestra historia de padres con Beni arrancó dura. Después, ya él a los seis años, lo diagnostican con TEA, estaba dentro del espectro autista. Para nosotros, con Laura, mi mujer, se nos abrió un mundo nuevo. El desarrollo social es por ahí el limitante más grande que pueden tener los nenes autistas, entre otras cosas, En el caso de Beni necesita pocos apoyos, pero hay muchos nenes que necesitan muchos apoyos. Uno ve lo difícil y lo duro que es, que los hijos van creciendo y tienen que salir a una sociedad que no está preparada al ciento por ciento para incluir a todo el mundo en todo y se viven cosas que son difíciles. A nosotros nos tocó vivir un poco lo que salió por todos lados, de la expulsión de Beni del colegio y de su hermana (Renata), por ser hermana de Beni.
-¿Como fue eso? ¿De una día para otro el colegio decidió expulsar a Beni y a su hermana? ¿Cómo se los comunicaron?
-Te mandan una carta documento, donde obviamente se amparan en el derecho de admisión. Pero vos te podés amparar en ese derecho si al ser una escuela privada la familia no paga la cuota o si suceden cosas graves. Pero no, en este caso fue decir “no quiero que esta gente esté acá”. Y la realidad es que se llegó a ese punto porque obviamente nosotros como padres de un nene TEA, les dijimos que necesitaba apoyos para poder aprender a la par de sus compañeros. Por la condición que tiene, neurológicamente necesitaba ese apoyo para procesar la información de otra forma. Entonces, si uno como padre decía “mirá, le están dando a todo el curso de esta forma, Beni así no logra entender los contenidos, entonces fíjense si pueden hacer esto”. Pero bueno, parece que uno pasa al punto de molestar y te echan.
-¿Cómo reaccionaron en ese momento?
-Hablamos con nuestra hija más grande y fue decirle “¿vos qué querés?“. Ella estaba en sus últimos años de secundaria, se venía el viaje a Bariloche, su fiesta de egresados. Entonces nuestra lucha fue clara, si ellos, nuestros hijos, quieren seguir en su círculo íntimo, no tenemos por qué nosotros tomar la decisión de sacarlos de ahí cuando lo que sucede es totalmente injusto para ellos. Decidimos en base al deseo de los chicos, porque a quienes afectaba esto era a ellos. Detrás de esto, como padres, tenés un mensaje para darles a tus hijos. Porque si vos a la primera de cambio les decís “no, mejor vayamos para otro lado” era feo para nuestros hijos, porque en definitiva nuestros hijos se van formando del ejemplo que les vamos dando nosotros como padres con lo que hacemos. Entonces Reni sobre todo, que es más grande, fue la que dijo “no, yo quiero estar acá, quiero seguir acá”.
-¿Qué hicieron después?
-Cuando nos llega la carta documento ya el tema pasó a resolverse por la vía judicial. Tuvimos que recurrir a nuestros abogados y empezar todo un tema judicial con el colegio. Para que se resuelva rápido pedimos un amparo, con una cautelar, porque si no se iba a ser todo mucho más largo. En esa época, ya estábamos en octubre, teníamos que saber si ibamos a continuar al otro año en la escuela. Fuimos por la vía judicial y por suerte pudo salir bien eso, pero que eso salga bien significó meses de estar encima del tema, de tener que ir a citaciones nosotros, Laura, yo, Reni, que tuvo que ser parte. Y se entra en un ida y vuelta con la otra parte en el que lamentablemente uno empieza a ver que el niño deja de ser el foco. Por qué si un niño dice “yo quiero estar acá”, y vos no tenés motivos para sacarlo de ahí, ¿por qué lo vas a alejar de sus amigos, de sus afectos, de sus relaciones?. Porque te molesta que los padres te vayan a pedir cosas para que mejores la condición de su hijo. Ahí es donde se corre el foco de lo que es verdaderamente lo más importante. Y no nos quedamos solamente con lo que sucediera con nuestros hijos, porque cuando este caso se hizo conocido nos fuimos contactando con gente que pasaba casos similares, que por ahí no tenía los recursos para llevar a cabo una vía judicial, o que no se animaban porque tenían miedo que todo quede en nada. Obviamente con nuestro caso, y nosotros al ser personas públicas, teníamos la chance de poder hacer que esto marque un precedente. Nosotros a fin de año pasado llegamos a un fallo y ese fallo marcó un precedente, que dice que los nenes (con autismo) tienen que seguir en la escuela hasta que terminen sus estudios. Este fallo se convirtió en un caso testigo.

-Más allá de lo que ocurrió con este colegio, ¿pensás que la sociedad argentina está prepara la inclusión?
-Es un camino que hay que transitar, en el que hay que crecer, en el que hay mucho por hacer. Sí, es real que hoy hay una conciencia más grande que hace diez años atrás. Por eso estamos hoy acá hablando sobre esto. Eso genera que los temas se pongan en agenda, que la gente que por ahí no conoce, se tome el tiempo de leer algo más, de escuchar, de ver de qué se trata. Entonces sí, está claro que hay un crecimiento, pero de ahí a llegar a lo que realmente nos marque como sociedad inclusiva, hay un camino muy grande por recorrer. Tiene mucho que ver con la cuestión de abrirse a conocer de qué se trata, de tomarse el tiempo, de meterse ahí, de ver qué le pasa al otro.
-¿Qué me podés decir de Laura, tu mujer? Imagino su importancia, porque entiendo que llevar todo eso solo no se puede.
-Nuestra familia se construye en base a la fuerza de ella. En base a la fuerza de Lau, de su empuje, en todo a su amor hacia mí, hacia Beni, hacia Reni. Para ella, su familia es todo. Pensá que por mi profesión, estoy mucho tiempo fuera de mi casa. De los siete días de la semana, hay dos que, por viajes, concentraciones y día de partido, estoy afuera. Y en las semanas que jugamos dos o tres veces, de los siete días estoy uno o dos en mi casa. Entonces la que lleva la familia adelante es ella. Cuando pasó lo de Beni, que estaba en neo, yo me iba a jugar porque lo tenía que hacer. Y ella se quedaba ahí y estuvo noches sin dormir. Pasó momentos muy duros. La fuerza de nuestra familia empieza con ella, estoy eternamente agradecido, primero por tenerla en mi vida, y también soy un bendecido de que mis hijos tengan esa madre.
-Estás jugando en Independiente, contame un poco de Rojo Inclusivo
-Junto con la gente de Rojo Inclusivo estamos haciendo un trabajo muy grande dentro del club y creo que si hay un área que florece en el club es esa. Hoy el club tiene fútbol inclusivo, tenis y otros de deportes más. No hay muchos clubes en la provincia de Buenos Aires que lo tengan y en nuestro caso es porque hay gente que trabaja en Rojo Inclusivo, que justamente le pone el corazón y quiere que nuestro club sea eso, un club con puertas abiertas para todos. Por eso se pudo hacer lo del palco, lo del kit sensorial. Y está Pepe (Santoro), que lo precisamos para algo y siempre está. Y así mucha gente del club, me tocó pedirles favores a los chicos del plantel y siempre están, dando una mano. Tenemos un departamento muy lindo dentro del club y creo que está bueno para crear conciencia. Más allá de los resultados, de toda la locura del fútbol, los clubes son la casa de muchas personas.
-Se viene el Mundial, con el Dibu (Martínez) has tenido también contacto, entiendo que ayudó en alguna cuestión con esto que venimos hablando. ¿Qué te genera como colega, como alguien además que comparte tu puesto?
-Está claro que es un referente para los arqueros argentinos, sobre todo por su forma y su estilo de juego, con su pasión, su energía, su vehemencia, nos representa mucho.





