Es una gran artista. Actúa, canta, baila, streamea, conduce, pero no le gusta nada que la encasillen. Tiene una historia importante en teatro, en comedia musical, en programas muy populares de televisión y hasta en streaming. Ahora, más que nunca, hace lo que tiene ganas, lo que le sienta bien. Se va de viaje si lo necesita y elige el proyecto porque le gusta, no porque sea grande o chico. Desde hace un tiempo parece estar en otra etapa.
– Sí, fueron muchos años trabajando, nunca había viajado y cuando llegué a Buenos Aires vine con esa energía de hacer, hacer, hacer. Estuve muchos años haciendo de todo porque me gusta y porque amo mi trabajo, aprovechando oportunidades. Dije, me voy a tomar un año para viajar y cuando decida volver a trabajar que sea en un proyecto que me gusta, que sea un desafío, como es “Las cosas maravillosas”. Seis meses de viajes fueron, retomé este año.
– Se te veía muy feliz en los viajes. La gente que está acostumbrada a trabajar mucho y desde muy chica a veces no se lleva tan bien a veces con el ocio.
– Disfruté mal. Ahora volver a esa rutina de trabajo y a veces tener ocio es… ¿Qué hago? Tengo que llenarlo, pero empecé a aflojar un cambio. Creo que estoy más grande. Antes era: ¡ay, no! ¡Tengo que hacer cosas! Y ahora es: qué lindo estar al pedo. Te juro, aprendí a disfrutarlo.
– ¿Estabas más apurada antes?
– Puede ser. Esta cosa de: tengo que aprovechar el momento. A veces está bueno frenar y decir “mirá esto que hice!”. Disfrutarlo. Si no es, ¿qué viene después? ¿Qué viene después?

– Es muy difícil pasar del acelere del laburo a no hacer nada. Las dos cosas son lindas, pero para quedarse mucho.
– Total. El año pasado estuve grabando “Porno y helado”, fueron dos meses en Uruguay con un elenco, estás en una burbuja. Grabamos hasta 15 horas por día. Son meses de esa intensidad y después no los volvés a ver y hay medio una depresión post rodaje. Estás como en un viaje de egresados y después no ves más a nadie hasta un próximo proyecto. Eso es raro a veces de entender, pasa un tiempito y te acostumbrás.
– ¿Pero estar tan metida en algo no es lindísimo?
– Hermoso, y siento que estuve re presente y es re lindo disfrutar desde ahí.
“DEJÉ DE CORRER. DIJE: TENGO QUE FRENAR”
– ¿Dejaste de correr porque algo pasó?
– Dejé de correr porque venía de una seguidilla de mucho trabajo, que agradezco, pero la fui pagando con lo que les pasa a todos hoy en día. Mucho cansancio corporal, mental, ansiedades y ahí dije: tengo que frenar. Porque uno a veces no puede parar por un miedo. Sentir que tengo que aprovechar esto del momento por si después no tengo trabajo, tengo que estar porque si no estoy o no me ven es como si no existiera. Hay una cuota de confianza en que vas a seguir laburando si hacés las cosas bien y seguís entrenando. De confiar y frenar, porque si no, no disfrutás nada.
– Imagino que cuando estabas grabando en otro país tenías menos contacto con las redes.
– Me encantaba.
– ¿Tu generación está un poco intoxicada de redes, no?
– Sí, mi generación vio toda esa ola de crecimiento de las redes sociales. Instagram no era lo que es hoy en día, que es todo tan rápido, no existía TikTok como que hubo. Yo no tuve teléfono hasta los 13 años, sé lo que es ir a la escuela sin celular. No existía Instagram, YouTube, todo eso. Ahora va mucho más rápido de lo que iba hace diez años atrás. Pero sí, somos dependientes del celular y es un embole. Cuando grabábamos yo dejaba el celular en el motorhome y lo agarraba a las ocho de la noche, eran diez horas sin teléfono y eso fue maravilloso. Fue un detox hermoso, mal.
– ¿No te perdiste nada? Uno tiene la sensación de que está perdiendo algo y no te perdés nada.
– No te perdés de nada. Es como cuando una amiga viaja: amiga, todo sigue igual acá.
– De todo lo que hiciste, que es mucho, elijo “Porno y helado”, el streaming en Olga con Migue Granados y las comedias musicales “Kinky Boots” y “El Mago de Oz”.
– Hermosos proyectos, me encantaron todos. Elegiste re bien. Lo de Migue fue algo distinto que agradezco porque no tenía idea de lo que era el streaming. Estaban esos programas que arrancaron en pandemia y yo no entendía mucho, fui aprendiendo sobre la marcha. Cuando Migue me contó el proyecto yo le dije: no sé de qué me estás hablando, pero yo escuchaba a “Últimos cartuchos” y vos me pareces fantástico, súper talentoso, buen músico, buen comediante. Yo confío y vamos para adelante.

– ¿Cuánto estuviste en total?
– Es que estuve yendo y viniendo. El primer año éramos July Lucero, Migue y yo en la mesa. Después se fue July, yo tenía “Porno y Helado” y ese año fueron cuatro meses. Volví al otro año, estuve un mes. Me agarró la loca, me fui. Ella iba por la vida bajándose de cosas. Después volví una vez por semana el año pasado.
“DEJÓ DE SER UNA MESA PARA CONVERSAR Y PASÓ A SER UN SHOW, TANTO OLGA COMO TODOS LOS CANALES. NO TENGO GANAS DE ESO”
– ¿No era con el streaming en particular?
– No, ni hablar. Se empezó a formar algo con el streaming, al principio la propuesta era una especie de radio filmada. A mí la radio me encanta, me encanta hablar por hablar básicamente y me divertía. Después le empezó a ir bien a todo este mundo del streaming y empezó a sentirse ya medio tele por momentos, muy arriba la energía, tener que rendir en cuanto a números. En cuanto a contenido, dejó de ser la mesa para conversar y pasó a ser más un show, tanto Olga como todos los canales. Y ahí dije: uy, yo no sé si tengo la energía para esto. Si era en plan mesa, radio, esa energía bueno, pero cuando ya había que rendir números o para un clip… Hacer un contenido para un clip y que le vaya bien a ese clip. Ay, no, no tengo ganas de eso.
– ¿Le dijiste la verdad?
– Sí, le dije la verdad, que estaba pasada. El año anterior se había juntado el Movistar Arena de Olga con una peli que estaba grabando. Sí, le dije que me fui porque no me estaba sintiendo cómoda con esto de ser como un payasito. Por ahí yo estaba del orto y no me estaba sintiendo cómoda con esa energía que se le tenía que poner y no me salía caretearla.

“SE CHARLÓ: NO TE ESTOY SIRVIENDO A VOS Y TAMPOCO ME ESTÁ GUSTANDO A MÍ”
– ¿Era muy expuesto, decís?
– Claro, y mucha energía para darle. Quizás yo estaba en otra. “No te estoy sirviendo a vos y tampoco me está gustando a mí, prefiero bajarme”. Se habló, se charló, lo re entendió. Tuve temas personales en el medio, Migue sabe. Se mezclaron muchas cosas, pero aprendí muchísimo de Olga y me divertí muchísimo.
– Elegiste hacer en teatro “Las cosas maravillosas”, una obra de teatro que ya hicieron otros antes, donde te ponés en la espalda un texto emocionalmente fuerte.
– Sí. La obra me fascinó desde la primera vez que la vi, es una historia súper necesaria para contar hoy que no va el golpe bajo. Voy a resumir de qué trata. Es la historia de una chica que a sus siete años escribe una lista de las cosas más maravillosas del mundo para ella, la lista es para su mamá que tiene depresión. Y termina contando cómo la lista la ayudó a ella. Es una obra luminosa, no es una obra con bajada de línea sobre la salud mental. El público es parte, eso era un desafío lindo que quería transitar. Y tiene algo de misterio, hasta que no vas a verla no sabes muy bien para qué lado va a ir, para qué lado va a apuntar. Pasa un poco eso, la gente se sorprende en el teatro.
– Hay un desconcierto. Primero parece una comedia, después muy dramática.
– Como actriz del desafío estuvo bueno eso, que sea una obra que sube, pero que después tiene que bajar. Y después cuando baja tiene que saber cómo subir. Me ayudó Mey Scápola, la directora, que es una genia.
– Es una obra en una sala chica. para espacios chiquitos. Uno estaba acostumbrado a verte en grandes comedias musicales, o en “Bailando por un sueño” o en streaming, siempre trabajos muy populares. Ahora elegís algo más íntimo.
– Me gustaba esa idea de una sala chica, nunca lo había hecho. Se siente más la exposición ahí que en un teatro enorme.
– ¿Porque estás muy cerca de la gente?
– Porque estás cerca de la gente y porque es una obra donde las luces de las salas del teatro están prendidas. Vos ves todo, ves al que está masticando la papita, al que se durmió, al que está llorando de emoción. Y estoy sola. Yo estaba acostumbrada estar en una sala de ensayo y con uno vocalizando allá, otro elongando acá, ¿de qué herramientas me agarro? Pero el público es parte de la obra y me ayuda.

– Sobre salud mental mi generación no hablaba, se hablaba puertas adentro, con los médicos pero no en los medios. No creo que hayas elegido casualmente esa obra de teatro.
– Sí, obvio. Creo que nos toca a todos el tema de salud mental hoy en día. Hay una premisa de la obra que es que las cosas mejoran en algún momento, yo lo pensé más por ese lado. No por el golpe bajo ni para hacer una obra donde lloro. Es una historia de una chica la pasó mal porque influye un familiar en su salud mental. Un familiar o un amigo con un problema de la salud mental influye en el grupo, es tremendo también y esa mirada me interesaba. No tanto de la persona que sufre, sino de los que están alrededor de esa persona. Eso me gustaba y también que hay una luz al final del camino. No es que salís todo deprimido del teatro.
– La depresión que trata la obra, pero también la ansiedad y los ataques de pánico son temas que antes no existían. Ahora la gente más joven necesita hablar de lo que está pasando. Muchos sufren ansiedad.
– Sí, eso es tremendo. Yo noto muchísima más ansiedad en gente más chica que yo. Hasta en las citas, hay estadísticas que muestran que a la gente le está costando juntarse con alguien, mano a mano, hablar cara a cara. Compartir un vino, salir a tomar algo con alguien… Hay una ansiedad extrema, ni siquiera para socializar estamos predispuestos y hay depresión. Hay de todo y va todo muy rápido. A mí me pasa con las clases de danza. Una sala de ensayo es un ritual, es “acá me equivoco y acá hago papelones”, es una sala de entrenamiento, es muy importante. Cuando se empezaron a filmar todas las clases, vos te veías en una historia de alguien equivocándote, a mí me alejó eso, me generaba inseguridades. Cuando no existía eso no podías compararte, “mira quien baila mejor que yo”. A mi proceso lo re frenó todo el mundo redes, me alejaba la pantalla dentro de una sala de ensayo.
“A MUCHOS AMIGOS LES DAN MEDICACIÓN, A MÍ ME HA HECHO BIEN. SI TOMO UNA PASTILLA TENGO QUE ACOMPAÑARLA CON UNA SESIÓN DE TERAPIA”
– Muchos chicos muy jóvenes están medicados por temas de salud mental.
– Claro. Mientras vayas con un psicólogo y un psiquiatra a la par en el mismo proceso, soy re pro y banco la medicación. A muchos amigos les dan medicación, a mí me ha hecho bien. Si voy a tomar una pastilla tengo que acompañarla con una sesión de terapia, había mucho tabú antes respecto a la medicación, ahora no sé.
“TENÉS QUE APROVECHAR TODO EL TIEMPO PARA SER PRODUCTIVO Y AHORA ENCIMA VES LO BIEN QUE LE VA A LA GENTE PORQUE LO PUBLICAN”
- Ahora parece estar más aceptada y generalizada.
– Es rara la época que estamos viviendo. Es una época donde podés ser todo, tenés que hacer todo, tenés que aprovechar todo el tiempo del mundo para ser productivo. Y encima ahora ves lo bien que le va a la gente, porque la gente publica cuando le va bien. Por eso yo no juzgo a un pibe que creció en este mundo, porque yo quizás sería igual, por eso agradezco haber tenido un grupo de teatro cuando estábamos sin teléfonos. No es que digo “ay, qué embole los teléfonos”, no me hago la cool.
– ¿Los que nacimos antes tenemos otras herramientas, decís?
– Claro, pero no juzgo a esta generación, al contrario, digo: uy, qué difícil la tenés hermano.
– Sos de las que habla todo lo que le pasa o sos de las que aguanta, aguanta, aguanta y un día, ¡pum!
– Al principio era de esas, ahora cuando me pasa algo lo hablo, te juro. Espero a la semana, no soy una loca que le está escribiendo al psicólogo siempre. Antes aguantaba. Hablo mucho con amigas, somos muy de la de las conversaciones profundas, de analizarse. Somos re intensas en ese sentido, me encanta.
– Son amigas de Neuquén, ¿son amigas de acá, de la profesión?
– Mi grupo más unido, más cercano, íntimo, son todos de Neuquén, mis amigas de teatro y mis amigas de la escuela, las universitarias.
“TUVE QUE BAJARME DE UN AVIÓN, ME FALTABA EL AIRE”.
– Hace unos meses contaste en redes que tuviste que bajarte de un avión.
– Ay, sí, Fue horrible. Me dan claustrofobia los aviones y tuve que bajarme de un avión. Fue medio traumático, porque nunca me había pasado. Porque no fue un ataque de pánico, fue como de claustrofobia. Me faltaba el aire, el avión ya estaba acercándose a la pista y en un momento yo dije “no puedo”. Intenté respirar, meditar, pedí ayuda a las azafatas. Encima un azafato me dice “qué anda pasando? ¿Te está pasando algo en tu vida personal?” Y yo, “pero cierra el orto, no ves que no estoy pudiendo respirar? Claramente algo debe estar pasando, pero ahora necesito solucionar el problema”. Fue horrible todo. El avión ya se estaba moviendo, acercándose a la pista, la azafata me dijo que me sacara las medias para ayudar a la circulación. Me abanicaban con un cartelito. Me dieron agua y se me cayó el vaso de agua. Y dije: no, no puedo, no puedo viajar. Me explicaron que el clima estaba re bien para viajar, que era solamente una hora y media… Y yo, “sí, pero falta el aire acá adentro”. Yo estaba re acelerada.
– ¿Lograste que frenara?
– Sí, avisaron, pero es toda una burocracia que vuelva el avión. Yo miraba la ventana y decía, “por favor, que se abra ya esta puerta porque necesito bajarme”. No llegaba más la escalerita para que yo bajara, habrán sido diez minutos, pero para mí fue una hora.
– ¿Te tomaron en serio cuando dijiste me quiero bajar?
– Sí, las azafatas me re ayudaron. Después me pasó otra vez, yo ya estaba medicada. Era un viaje cerca, un viaje que venía organizando hacía dos meses, y ahí recurrí a un psiquiatra porque dije, ¡yo no me puedo subir al avión! Fuimos analizando el tema de la claustrofobia, de dónde viene, por qué, fue un trabajo. Y el viaje lo pude disfrutar.
‘YA NO TE PODÉS BAJAR DEL AVIÓN’, Y LE DIJE ‘YO ME BAJO DE ACÁ O ME MUERO’
– ¿En cuánto tiempo lo resolviste?
– Fueron meses de estar atenta porque también me pasaba cuando tomaba un Buquebús. Era en lugares cerrados, en una combi en la ruta o en un colectivo. Horrible, horrible, claustrofobia, nunca me había pasado. Cuando bajé de otro avión yo estaba sentada al fondo, tuve que pasar por el pasillo de la vergüenza. También esa vez un chico que trabajaba me dijo “ya no te podés bajar” y le dije “yo me bajo de acá o me muero”. Como diciendo “abrime la puerta”. ¡Ay, no! ¡Horrible! Si hay gente que vive eso todos los días, mis respetos, porque es una sensación horrible. No me quería volver a sentir así de mal jamás y empecé mi trabajo con el psicólogo y con el psiquiatra. Después dejé la medicación y ahora estoy atenta.
– ¿Volviste a viajar?
– Sí, volví a viajar, le tengo respeto a la situación. Cada vez que tengo un vuelo me acuesto temprano, no tomo alcohol el día anterior, respiro, medito, tengo mis cositas en el avión que me ayudan. Le tengo respeto, pero puede viajar.
– ¿Cómo la pasás ahora?
– Una vez que ya despega mi cabeza dice: “listo, si se cae me muero pero yo estoy acá adentro y no me puedo bajar porque ya estoy en el aire”.

– ¿Es la partida el problema?
– Claro, es la partida, no poder salir porque tenés que volar.
– A veces es bueno que haya alguien para apretarle la mano.
– Ni hablar. Con Santi Talledo viajamos juntos y le digo: ‘la manita’. Cuando se lo digo sabe qué.
– A veces a uno le da vergüenza pedir esa ayuda.
– Un día un chico me vio re nerviosa, temblaba, y me dijo “soy ex piloto de avión”. Tengo un ángel que me está cuidando que me puso un piloto de avión al lado pensé y empecé a preguntarle todo, qué pasa si la turbina, si esto… Me dijo: no pasa nada, relajá. La vida me puso un ex piloto al lado, así que dije no va a pasar nada.
– ¿Estás sola o estás con alguien?
– Estoy sola, muy bien.
– ¿No extrañás nada de una pareja?
– No sé si es que no extraño. Uno siempre tiene ganas de algo, pero estoy re bien sola y siento que si tiene que llegar, llega.
– ¿Te sentís bien viviendo sola?
– Sí, me llevo muy bien sola. Recontra, por suerte.
“SI TENGO QUE SACARME UNAS HORITAS DE SUEÑO PORQUE ESTOY ENAMORADA, LO HAGO. DUERMO MENOS, NO ME IMPORTA”
– Empiezan los ensayos de la comedia musical “Hairspray” en poco. No habrá tiempo para andar buscando pareja.
– Pero viste que cuando alguien te gusta el tiempo te lo hacés. Yo soy de las que si tengo que sacarme unas horitas de sueño porque estoy enamorada, lo hago, duermo menos, jajaja. Con lo que cuesta que te guste alguien. No duermo, no me importa. Los primeros meses que estás más enamorada está buenísimo vivirlo. Después ya volvés a tu rutina.
– Me gusta que digas que te cuesta que te guste alguien.
– Sí, me cuesta que me guste alguien. Pero cuando me gusta alguien, me encanta.
– ¿Es porque sos exigente?
– Siento que soy exigente, pero vos podés ser re enamoradiza y también ser exigente.

– Creo que cuando una se va afirmando es más autónoma y se pone más exigente. Vivís de lo que te gusta desde hace mucho tiempo y podés tomarte tiempo para elegir. Hay gente a la que la inseguridad la lleva a necesitar siempre un otro cerca.
– Cuando es así te banco, gente que no puede estar sola. Pero hay gente que es enamoradiza, que va por la vida y se enamora siempre. No es que lo envidio, pero digo qué bien. No soy así, ni lo seré pero esa gente que vive enamorada también es re feliz.
– Se enamoran de los ojos y no ven el resto.
– Claro. Che, todavía no lo conocés, ¿como que ya estás enamorada?
- Tenés una relación muy cercana con tu familia.
– Recontra sí, somos medio secta. Somos muy clan, todo el tiempo juntos, pero todo el tiempo. Encima somos muchos, muchos primos, muchas tías, mis abuelos. Es mucho, mucho apoyo. ¿Alguien tiene una muestra de algo? Vamos todos. ¿Alguien está en el hospital? Vamos todos.
– ¿Es tu lugar en el mundo Neuquén?
– Neuquén es mi hogar. Es la mejor provincia del mundo, me atrevo a decir, del país.
– Después de haber vivido en Nueva York y de haberlo pasado mal esto es divino.
– Sí, ni hablar. Respeto a la gente que se va a probar suerte a otros lados. A mí me pasó que prioricé un montón lo espontáneo, yo siento que soy muy argentina. La juntada, el “che amiga, estás?” Y en 15 minutos cae alguien a tu casa. Mi perro, el mate, la medialuna, necesitaba eso. Allá es muy solitario todo desde mi experiencia, muy solitario. Importa mucho la plata, el trabajo, es una ciudad con muchas oportunidades, donde te perdiste una hay 800.000 personas detrás y esa presión se siente en la calle. Yo la sentí y dije: no sé si estoy para esto.
– ¿Más competitivo?
– Puede ser. Yo vine de Neuquén a Buenos Aires y Buenos Aires es competitivo también, pero está el encuentro, lo casual, lo social. Allá si nos juntábamos a tomar algo tenía que organizarlo en tres días. No, pero yo necesitaba hablar ahora, hermana. Es difícil, pero es una ciudad con oportunidades, me re gustó la experiencia.

– Le está pasando también a gente que ha emigrado, incluso cuando pasan los años sienten una cosita acá como un agujero, la falta del cariño argentino.
– Para mí es muy solitario. Afuera la gente está tan triste sin saberlo. Yo veía a la gente y estaba triste, pero no puede frenar a fijarse en eso, ¿entendés? Y eso yo que soy medio sensible lo notaba. En la escuela en la que estudiaba había veces que faltaban. Si, tuvo un brote. Sí, la medicaron porque no sé qué. Yo decía, ¿alguien le preguntó si está bien esta chica?
– Es muy difícil ser inmigrante y no tener tu comunidad.
– Mucha gente de todos lados, gente que tiene que pegarla porque le envía plata a su familia que está mal y gente que acepta convivir con ocho personas en una habitación en un cuarto de dos por dos. Por eso digo, mis respetos a los que van y prueban suerte afuera, porque es duro.
- Vos tenías ese sueño.
– Yo quería hacer el checklist. El sueño del teatro de Broadway, musicales. Quería vivir la experiencia. Me podría haber encantado y quizás hoy en día seguía ahí.
– ¿Era solo la experiencia, no era hacer carrera?
– Sí, era hacer carrera. Yo fui con esa idea, pero me pasaba todo eso interno. Ahora yo soy una Sofi que está priorizando otras cosas. Fue un duelo de este sueño, no fue de un día para el otro.
– Encontrarte con la frustración de lo que soñaste tanto tiempo.
– Totalmente. Los sueños también cambian y está perfecto. Pero entender eso es: soy una fracasada porque me estoy volviendo, no pude hacerlo, no me la banqué, no fui lo suficientemente… Es toda la cabeza que te juega y después entendés que no, que querés otras cosas.
– ¿No te hizo dudar de la vocación?
– No, de eso no, pero sí de decir “che, si yo pongo lo mejor de mí puedo, pero si priorizo otras cosas, ¿para qué voy a desgarrarme haciendo esto?” Pero eso me costó un tiempito entenderlo después de volver.
- Ahora que vayan todos a ver “Las cosas maravillosas”.
– Que vengan todos a ver “Las cosas maravillosas”. Es una obra hermosa, en el Multiteatro los viernes y sábados de febrero, los lunes y viernes a partir de marzo y se van a sorprender. Sale muy conmovida la gente y van a ser parte también. Así que los invito.





