El estreno de “Nuestra tierra”, programado para el 5 de marzo en los cines del país, reúne 14 años de trabajo intenso y una investigación minuciosa sobre el crimen de Javier Chocobar y la posterior búsqueda de justicia de la comunidad indígena Chuschagasta. El juicio por el asesinato de Javier Chocobar en Tucumán, motor inicial del documental Nuestra tierra, se convirtió en un caso paradigmático para la directora Lucrecia Martel, quien denunció el retraso judicial, la impunidad persistente y el trasfondo estructural del racismo en Argentina durante una entrevista con la edición latinoamericana de la revista Jacobin en 2021. “El crimen fue en el 2009, el juicio recién se llevó a cabo en el 2018, los imputados fueron condenados y puestos en prisión preventiva hasta que la sentencia quedara firme. En el 2020 fueron puestos en libertad porque los jueces de la segunda instancia no se habían pronunciado. No tuvieron tiempo en un año de cuarentena en el que no tenían nada que hacer. En 2021, el asesino murió de COVID. Los dos expolicías cómplices siguen en libertad”, relató Martel, marcando el tono de su investigación y la magnitud del conflicto retratado.
La directora precisó que el documental no solo reconstruyó el crimen, sino que examinó la cuestión de la propiedad de la tierra en América Latina, y destacó la vigencia del conflicto en el acceso territorial argentino. “Falta más tiempo para que esta película pierda actualidad. Porque resolver el tema del acceso a la tierra va a ser algo que este país tendrá que enfrentar en algún momento. No me imagino una cosa que se resuelva muy rápidamente. Así que, indudablemente, van a pasar muchos años y este tema va a seguir”, reflexionó Martel en conversación con Infobae Cultura en julio de 2023.
En la conversación con la revista Jacobin, Martel admitió el impacto personal de ver las imágenes previas al asesinato: “Le pasa a cualquiera que ve ese video”, una impresión de injusticia e impunidad que la impulsó a profundizar en el caso.
Martel definió el proceso creativo de Nuestra tierra como atípicamente extenso y exigente, tanto en lo logístico como en lo intelectual. “Es la primera vez que estoy en un proceso tan largo y tan dinámico... Que te obliga a estar muy concentrada porque permanentemente tenés que hacer cambios. Es muchísima información, porque la película se focaliza mucho en detalles”, señaló a Infobae Cultura.
La cineasta analizó los mecanismos que sostuvieron el despojo indígena tras la organización republicana de Argentina. “Las tierras comunales indígenas pasaron a ser tierras fiscales en la enorme mayoría de los casos, y así se consolidó el despojo y el racismo de mi país”, afirmó en la entrevista con Jacobin.
Al desarrollar el papel de la educación y la violencia como herramientas de perpetuación del racismo estructural, Martel expuso: “Arrebatar el tiempo de otro ser humano asignándole tareas excesivas de las que solo va a nutrirse un pequeño grupo, requiere de un complejísimo sistema de descalificación que apunta contra el que trabaja. Primero se logra por la fuerza, luego se mantiene con la educación. La violencia es un gasto de energía enorme, por eso el ahorro se produce con la educación”.
El guion de Nuestra tierra, firmado por Lucrecia Martel y María Alché, se desarrolló durante más de cinco años, con numerosos cambios de forma y enfoque, según lo relatado por Martel en ambas entrevistas. La directora abrió nuevas preguntas sobre la propiedad y el despojo en América Latina: “¿Quién posee la tierra, quién tiene un derecho legítimo a ella y quién ha sido desposeído?”