A diferencia de la primera etapa de la gestión, los últimos meses del Gobierno estuvieron signados por dificultades económicas y políticas que golpearon la imagen de la administración y, sobre todo, la del presidente Javier Milei.
Con el operativo reelección del libertario en marcha, en Casa Rosada saben que el repunte económico del que hablan deberá tener su correlato en el bolsillo de los argentinos si quieren llegar competitivos en la carrera por otros cuatro años de gestión. “La suerte del Gobierno está sujeta al éxito de la economía”, repite desde hace meses una fuente que transita a diario Balcarce 50.
La premisa es compartida por varios integrantes de la mesa política que además consideran que la campaña electoral que protagonizará el libertario, y que impulsa la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, estará marcada por los resultados de la gestión. “La gente reclama siempre las mismas cosas: en primer lugar, economía; después, seguridad, educación y salud”, detectó una fuente del oficialismo.
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“En términos generales, trabajamos para que se termine de ordenar la macro y que decante en la micro. La gente no sabe cuánto impacta el déficit fiscal, pero reclama que el Estado gaste menos de lo que tiene”, explicó un hombre con despacho en Casa Rosada.
En esa línea, distintas consultoras detectaron que, en el último tiempo, la principal inquietud de los argentinos está ligada al deterioro del ingreso y a la incertidumbre laboral. Milei también se refirió al tema y sostuvo que “es de corruptos” proponer “tocar la micro”, porque —según dijo— la prioridad es bajar la inflación y ordenar las cuentas públicas. “Meterte en la micro es robarle a uno para darle a otro”, sentenció en declaraciones a La Casa Streaming.
La inquietud de la sociedad también empezó a aparecer en el discurso oficial. No es casual que el vocero presidencial, Adrián Ravier, reconociera el crecimiento del endeudamiento familiar que alcanzó niveles récord en la habitual conferencia de prensa de los martes. “En este problema no somos para nada insensibles, también estamos preocupados y creemos que hay una solución en marcha y que efectivamente está ocurriendo”, sostuvo luego, ante la prensa, tras haber calificado la situación como “un problema entre privados”.
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Luego de la publicación del Índice de Confianza en el Gobierno, que registró una caída del 6,5% en julio respecto de junio, en el oficialismo hay quienes explican ese deterioro por la quietud de la gestión, la falta de hitos, la demora en el repunte de la economía y algunos “errores no forzados”.
En el oficialismo identifican varios episodios que contribuyeron a la degradación de la imagen presidencial. Desde que estalló el caso de Manuel Adorni, a principios de marzo, el Poder Ejecutivo transitó semanas complejas marcadas por la combinación de ruido político e indicadores económicos adversos, en especial por la aceleración de la inflación de los primeros meses.
Pese a que algunos sostienen que el reciente decreto que habilitó la expulsión de inmigrantes que agravien al país fue bien recibido por la población, ese efecto positivo duró menos de 48 horas: quedó rápidamente opacado por la cadena nacional en la que el mandatario explicó la reforma del Banco Central, un anuncio que no logró generar el mismo impacto en la opinión pública.
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De marzo a esta parte, en el universo libertario aseguran haber detectado un leve repunte en algunos sondeos que llevó la imagen del mandatario a estabilizarse en torno a los 35 puntos. “Después de un primer trimestre malo, el segundo mejoró, pero no creció. El Presidente está en torno a los 35 puntos consolidados”, afirmó una voz violeta al tanto del tema.
Sin embargo, aclararon a este medio que, incluso en su piso más bajo, producto de la combinación entre la polémica de Adorni, la situación económica y un “desperfilamiento” en las prioridades de la gestión, la imagen del mandatario nunca descendió de los 30 puntos.
Por eso, más allá de los hitos discursivos o de las medidas de impacto, el desafío del Gobierno no pasa solo por exhibir indicadores positivos, sino por lograr que la recuperación económica se traduzca en mejoras perceptibles para los argentinos. Ese será, en definitiva, el principal desafío del oficialismo camino a la reelección.
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