Luego de los bochornosos hechos vistos en la final del Torneo Mineiro 2026 entre Cruzeiro y Atlético Mineiro en la que 23 jugadores terminaron expulsados por el árbitro del encuentro, más de un hincha peruano se ha preguntado si es que en nuestro fútbol se ha registrado un hecho parecido.
Y la verdad es que sí, aunque no por el torneo local sino por la Copa Libertadores. El protagonista fue Sporting Cristal que, en la edición de 1971, fue capaz de arrancar un empate a dos al ‘xeneize’.
Sin embargo, la impotencia de los boquenses por no logar el tanto del triunfo, y al ver que se les escapaba de las manos la clasificación a las semifinales de ese edición, desató la hecatombe.
La magnitud del conflicto, que involucró a jugadores de ambos equipos, motivó sanciones históricas y una repercusión internacional que impactó tanto en la normativa como en la memoria colectiva del fútbol sudamericano.
La noche que cambió la historia la Copa Libertadores
El 17 de marzo de 1971, el estadio La Bombonera de Buenos Aires fue testigo del partido correspondiente a la fase de grupos. Se disputó ante más de 60 mil espectadores y era crucial para las aspiraciones de Boca Juniors, que necesitaba la victoria para continuar en el certamen.
Sporting Cristal, por su parte, jugaba sin chances directas pero con la posibilidad de influir en la clasificación de Universitario de Perú. La tensión escaló en los últimos minutos, cuando una jugada dentro del área no fue sancionada por el árbitro uruguayo Alejandro Otero, lo que desató una pelea campal entre los planteles.
En medio del tumulto, 19 futbolistas participaron activamente en la gresca, mientras solo tres —el peruano Julio Meléndez y los arqueros Rubén Sánchez y Luis Rubiños— lograron mantenerse al margen. El saldo fue grave: Eloy Campos sufrió fractura de tabique nasal, Fernando Mellán padeció una conmoción cerebral y el argentino Rubén Suñé debió recibir siete puntos de sutura en el rostro. Las imágenes de la violencia recorrieron la región, alimentando el debate sobre la seguridad en los estadios y el control de los compromisos internacionales.
Arrestos, sanciones y la intervención diplomática tras la pelea
Terminada la batalla en el campo, intervino la policía argentina, que aplicó la normativa vigente y trasladó a los protagonistas a la Seccional 24 de Buenos Aires. Los jugadores de Boca Juniors y Sporting Cristal permanecieron detenidos durante la noche, compartiendo una celda común. La liberación llegó al día siguiente gracias a gestiones de la embajada peruana y la intervención del jefe de la Policía Federal. El episodio adquirió relevancia diplomática y recibió atención en ambos países.
El Tribunal de Penas de la Confederación Sudamericana de Fútbol impuso sanciones que incluyeron hasta seis fechas de suspensión para algunos involucrados, mientras la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) determinó penas más severas, con suspensiones de hasta dieciocho meses para ciertos futbolistas y el entrenador de Boca.
Sin embargo, esas medidas quedaron sin efecto pocos días después, cuando fue decretada una amnistía en el marco del Día de los Trabajadores. El propio Roberto Rogel, jugador de Boca y protagonista del partido, relató: “Caímos todos presos hasta el otro día. Charlábamos con los peruanos porque no podíamos creer donde terminamos”.
De manera inédita, ambos clubes fueron suspendidos por un año para participar en la siguiente edición de la Copa Libertadores. De este modo, Universitario de Perú avanzó a las semifinales sin disputar el partido definitorio. El título de aquel año quedó en poder de Nacional de Uruguay, aunque la polémica de La Bombonera eclipsó la definición del torneo.
Partidos peruanos marcados por expulsiones masivas
El caso de 1971 no es el único antecedente de sanciones colectivas en el fútbol peruano. A lo largo de la historia del deporte nacional, otros encuentros han registrado múltiples expulsiones, aunque ninguno alcanzó la cifra de la noche en Buenos Aires. En el ámbito local, diversos clásicos y duelos decisivos han derivado en incidentes que obligaron a los árbitros a mostrar numerosas tarjetas rojas, generando suspensiones y debates sobre la disciplina en el fútbol profesional.
Uno de los partidos más recordados fue el que enfrentó a Universitario y Alianza Atlético en 2023. El árbitro expulsó a tres jugadores del conjunto crema y a dos de Alianza Atlético, dejando a ambos equipos diezmados. El resultado final favoreció a Sullana con un 3-1, reflejando la influencia de las tarjetas rojas en el desarrollo del juego.
Un poco más atrás, en el 2015, Alianza Lima sufrió la salida de cuatro de sus futbolistas en apenas cinco minutos frente a Real Garcilaso. Christian Cueva, Marcos Miers, Pablo Míguez y Gabriel Costa dejaron a su equipo con solo siete jugadores en el campo, lo que afectó la estrategia y el ritmo del partido.
La Copa Perú tampoco escapa a estos hechos, pues en el 2025 registró un episodio sin precedentes cuando, tras un enfrentamiento entre Alianza Pisco y Diablos Rojos de Huancavelica, el informe arbitral derivó en la suspensión de 20 jugadores por hasta cuatro años, consolidando uno de los récords disciplinarios más altos a nivel local.