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La trampa de la ilegalidad: Cuando una conexión eléctrica clandestina amenaza a todos

El hurto de energía afecta la calidad del suministro, pone vidas en peligro y desvía recursos necesarios para modernizar la red eléctrica

Un nicho en la fachada de una residencia permanece sin el medidor de electricidad correspondiente y mantiene sus cables de conexión al descubierto. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Imagina que una persona que no conoces ingresa a tu casa sin permiso y conecta a tu tomacorriente sus artefactos eléctricos de forma permanente. Poco después, empiezas a notar anomalías: las luces de tu casa parpadean, hay chispas en tus conexiones debido a la sobrecarga y, finalmente, al recibir el recibo de luz a fin de mes, el monto se ha duplicado. ¡Te están robando electricidad y malogrando la calidad de tu servicio!

La energía eléctrica es un motor indispensable para el desarrollo de nuestro país. Sin embargo, este propósito enfrenta un enemigo silencioso y peligroso: las conexiones clandestinas. Se trata de una instalación ilegal e improvisada donde personas o empresas recurren a la utilización de cables en mal estado para engancharse de las redes de media o baja tensión, o bien rompen las veredas o fachadas para realizar conexiones indebidas.

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Una mano inserta un enchufe en un toma corriente de pared, y el contacto genera chispas y una descarga eléctrica en el punto de conexión. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los riesgos de esta práctica van mucho más allá de una simple infracción. Los cables expuestos y sobrecargados pueden provocar bajas de tensión, electrocuciones, cortocircuitos e incendios devastadores. Según el Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú, siete de cada diez incendios tienen origen eléctrico. Detrás de estas cifras hay viviendas destruidas, pequeños negocios quebrados y vidas humanas en peligro. Realizar o solapar una conexión clandestina no es solo un delito penado por la ley; es una amenaza directa para la integridad de todo un vecindario.

Las conexiones ilegales sobrecargan las redes, provocando interrupciones imprevistas del servicio eléctrico que perjudican a comunidades enteras, afectando sobre todo a los usuarios que cumplen puntualmente con sus pagos. Combatir el hurto de energía no responde únicamente a una lógica comercial o de cumplimiento normativo: es, ante todo, una cuestión de seguridad pública, de no promover economías ilegales y de defensa de la calidad de vida.

Un tomacorriente de pared sobrecargado con adaptadores se conecta con una regleta eléctrica llena de enchufes en el suelo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Venimos ejecutando inspecciones constantes e incorporando tecnología de vanguardia. No obstante, la participación ciudadana es un pilar fundamental para erradicar la informalidad eléctrica. Reportar una conexión sospechosa a tiempo es un acto de responsabilidad que puede prevenir una tragedia y proteger a toda una comunidad. El impacto también golpea con fuerza la economía y la calidad del servicio eléctrico. La energía hurtada en Lima Norte equivale al consumo mensual de 190 mil familias, y las pérdidas técnicas y comerciales alcanzaron el 9,7 % en 2025. Cada punto porcentual de esta pérdida representa más de S/ 57 millones que podrían destinarse a modernizar y fortalecer la infraestructura eléctrica.

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La seguridad eléctrica debe colocarse al frente del debate público para frenar los accidentes e incendios derivados de las sobrecargas eléctricas. Es momento de poner este problema sobre la mesa y dejar de normalizar un delito que nos pone en riesgo a todos.

Javier Muro

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