Robotín atraviesa jornadas de ingresos inciertos en Estados Unidos, donde busca sostener a su familia con espectáculos callejeros y otros trabajos. Alan Castillo contó que puede reunir cerca de 300 dólares en un buen día, aunque también ha terminado una jornada con apenas 30 dólares.
El artista peruano, conocido por su personaje de hombre de hojalata, relató en Magaly TV: La Firme que trabaja en el muelle de Santa Mónica, una zona turística de Los Ángeles donde los espacios para presentarse se asignan mediante un sorteo diario.
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La ubicación que obtiene determina gran parte de lo que puede recaudar. Un lugar con alto tránsito de peatones le permite atraer a más personas, mientras que una zona alejada reduce las posibilidades de recibir aportes del público.
“En Santa Mónica hay sorteo, sortean los espacios diarios. Me puede tocar un buen espacio, me puede tocar un mal espacio, como también ya me ha pasado que no me ha podido tocar nada”, explicó Alan Castillo durante la entrevista con Magaly Medina.
Según detalló, alrededor de 30 artistas participan por 20 puntos habilitados para realizar presentaciones. Algunos logran instalarse en sectores concurridos, pero otros deben conformarse con lugares de menor circulación o, directamente, regresar sin trabajar.
El cómico recordó una de sus mejores experiencias desde que llegó al país norteamericano. “Un buen día, por ejemplo, yo me acuerdo que me hice casi 300 dólares”, señaló.
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La diferencia puede ser marcada cuando el sorteo no lo favorece. “Pero un mal día me hice 30 dólares”, agregó, al describir las variaciones de una actividad que depende de la afluencia de visitantes y del espacio que le asignen.
Castillo indicó que aún busca consolidar a Robotín entre el público extranjero. Su permanencia en Estados Unidos responde también a la necesidad de aprovechar una oportunidad laboral que, según explicó, difícilmente tendría en Perú.
El artista afirmó que un promotor lo ayudó a conseguir una visa de trabajo por tres años. “No es una visa de turista, es una visa de trabajo”, precisó.
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Esa autorización fue uno de los motivos por los que postergó su retorno. “Necesito aprovechar, aprovechar la legalidad”, sostuvo al referirse a sus planes de continuar en territorio estadounidense.
La distancia de sus hijas, que permanecen en Perú, representa la parte más difícil de su decisión. Castillo contó que su hija menor suele llamarlo a escondidas de sus hermanas durante la madrugada para preguntarle cuándo volverá.
“Y eso me quiebra, pues, me quiebra, me dan ganas de regresar, de verdad. Todavía no puedo”, expresó el humorista, conmovido por la conversación con la conductora.
El dinero que reúne en sus labores está destinado a sus hijas y a su madre, quien atraviesa un problema de salud. “Si yo estuviera en Perú, quizás viviría el día a día y quizás no tendría para enviarles”, manifestó.
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Robotín combina la calle con trabajos de jardinería y construcción
Las presentaciones como estatua humana no son la única fuente de ingresos de Robotín en Los Ángeles. Mientras intenta afianzar su personaje, también acepta empleos temporales que le permiten cubrir sus gastos y enviar dinero a su familia.
Durante su diálogo con Magaly TV: La Firme, contó que ha trabajado en jardinería, construcción, lavado de vehículos y atención en restaurantes. El objetivo, dijo, es aprovechar cada opción que aparezca.
“Yo hago el trabajo de jardinería. Varios peruanos me han contratado; aprovecho y me dan mi día. Todo lo que salga es bienvenido”, afirmó.
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El peruano lleva varios meses fuera de su país y señaló que esa rutina laboral responde a un esfuerzo familiar. Entre las funciones que asume en la calle y los trabajos que consigue por recomendación, busca mantener ingresos constantes pese a la inestabilidad de los espectáculos.
En la entrevista, también dirigió unas palabras a sus hijas. “Un saludo para mis hijas hermosas que me están mirando. Papito está esforzándose por aquí”, dijo Castillo, quien no pudo contener las lágrimas.
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