Una senadora peruana pidió retirar de espacios públicos las esculturas que reproducen huacos eróticos de la cultura moche, al considerar que “dañan a la niñez” y “confunden” a los menores de edad. La propuesta de Milagros Jáuregui, pastora evangélica e integrante del partido Renovación Popular, reactivó un debate sobre el lugar de la sexualidad en el arte prehispánico y los límites entre protección infantil y acceso al patrimonio histórico.
Durante una sesión de la Comisión de Salud, Educación, Cultura, Mujer, Desarrollo Social y Digital del Senado, en presencia del ministro de Cultura, Alberto Beingolea, la legisladora solicitó que las piezas sean desmontadas de parques y vías públicas y trasladadas a recintos cerrados. Según su planteo, la exposición a estas imágenes provoca confusión en niños de entre uno y cinco años, debido a las dimensiones corporales exageradas de las esculturas, y “despierta una sexualidad no sana” en edades en las que, afirma, los menores no están “capacitados neurológicamente” para procesarlas.
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El blanco principal de sus críticas es el Parque de la Fertilidad, un espacio público inaugurado en 2019 en el distrito de Moche, provincia de Trujillo, región La Libertad. Allí, la municipalidad instaló reproducciones en fibra de vidrio de unos tres metros de altura que recrean cerámicas mochicas con escenas sexuales explícitas, como parte de una estrategia de promoción turística y reivindicación del patrimonio local.
Jáuregui sostiene que organizó mesas de trabajo con psiquiatras infantiles, educadores y psicólogos en un período legislativo anterior, y que todos habrían coincidido en que la exhibición de estas imágenes en espacios públicos es perjudicial. Sin embargo, especialistas en sexualidad infantil consultados por la prensa afirman que no existe evidencia científica que respalde esa conclusión.
“Tenemos que proteger la mente de los niñitos”, declaró la senadora, y agregó: “estas imágenes están puestas como arte, como cultura, pero sin embargo están yendo en contra de los derechos del niño”. La funcionaria acepta que escolares de secundaria puedan verlas en museos, bajo supervisión docente, pero rechaza su presencia en parques de uso familiar.
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El organismo Promsex, dedicado a la defensa de derechos sexuales, salió al cruce de la propuesta y calificó la mirada de la senadora como “prejuiciosa”, al sostener que los huacos eróticos “no son pornografía”, sino patrimonio histórico y arqueológico de más de 1.500 años de antigüedad.
Psicólogos descartan evidencia de daño neurológico en menores
El psicólogo Gary Rivera, miembro de la Asociación Peruana de Sexología, Salud y Educación Sexual, respondió directamente a las afirmaciones de la senadora. Según explicó, entre los dos y seis años existe una curiosidad natural por la anatomía del cuerpo que lleva a los niños a explorar y preguntar sobre su propia fisonomía, sin que ello implique atribuir a una imagen el significado sexual que proyecta un adulto.
“No hay ningún estudio a nivel neurológico, neurocientífico, psicológico al respecto, de que una exposición a una escultura pueda generar un trastorno o una alteración cognitiva en los niños”, afirmó el especialista. Según su lectura, quienes advierten sobre secuelas neurológicas por observar huacos eróticos malinterpretan estudios sobre neurodesarrollo, al extrapolar conclusiones de contextos de trauma severo a situaciones radicalmente distintas, como la contemplación de restos arqueológicos.
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Rivera diferenció el origen real del daño cerebral en la infancia: eventos traumáticos como la exposición temprana a pornografía explícita, la hipersexualización mediática, el estrés tóxico prolongado, el maltrato físico y el abuso sexual infantil. Ninguno de esos factores, aclaró, guarda relación con la observación ocasional de piezas arqueológicas o monumentos públicos en un entorno no traumático.
La psicología del desarrollo también señala que la percepción infantil está mediada por el entorno social: lo que puede resultar perturbador para un niño no es la imagen en sí, sino la reacción de los adultos que lo rodean y el tipo de explicación que recibe. Si la sexualidad se presenta como una dimensión natural de la vida humana, las imágenes que la representan pueden procesarse como parte de un aprendizaje sobre diversidad cultural e historia.
Origen ritual y funerario de las cerámicas mochicas
Los huacos eróticos forman parte del repertorio cerámico de la cultura moche, civilización prehispánica que floreció en la costa norte del Perú entre los siglos II y VIII, con centros ceremoniales como la Huaca del Sol y la Huaca de la Luna. Se han identificado al menos 500 piezas con temática sexual explícita, que muestran penetración anal, felaciones, masturbaciones y escenas entre figuras vivas y esqueletizadas, con un nivel de detalle anatómico considerable.
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La evidencia arqueológica indica que estas cerámicas tenían como función confirmada acompañar a los muertos como bienes funerarios, junto con objetos de metal, textiles y otras ofrendas. Su presencia en tumbas, y no en contextos de uso cotidiano, sugiere que no estaban destinadas a una audiencia pública, sino a un vínculo con el mundo de los muertos y las divinidades.
La directora del Museo Larco, Ulla Holmquist, explicó que la actividad sexual representada en los huacos forma parte de “los ritos de fertilidad, de relación con el mundo de abajo, del sistema de circulación de fluidos que en el mundo andino era la base de la vida existente en las comunidades”. Según detalló, muchas piezas fueron diseñadas con cavidades para contener agua o chicha, que se vertía en rituales de libación como ofrenda a la Pachamama para propiciar la fertilidad de los cultivos.
El arqueólogo Luis Rengifo coincide en que la mayoría de las vasijas eróticas halladas en las huacas de Moche provienen de tumbas, junto a cerámicas de guerreros y prisioneros, aunque reconoce los límites de la interpretación: “es difícil o imposible saber exactamente lo que pensaban” los mochicas sobre estas representaciones. Esa cautela académica advierte sobre el riesgo de proyectar significados contemporáneos sobre piezas de hace más de mil años.
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El Parque de la Fertilidad, entre el turismo y la polémica local
La instalación de esculturas eróticas gigantes en Moche respondió a una estrategia de la municipalidad para atraer visitantes y poner en valor el patrimonio mochica de la zona. El entonces alcalde, César Arturo Fernández, defendió el proyecto al señalar que los mochicas “relacionaban el sexo con la fecundidad de la tierra” y que las figuras no representan simple eroticidad, sino una deidad vinculada a la fertilidad agrícola.
El escultor responsable de las piezas definió el objetivo del proyecto como una forma de “democratizar el arte y hacerlo público para todas las clases sociales que no pueden pagar la entrada del museo para ver piezas de su propia historia”. Las esculturas, ubicadas en el sector Santa Rosa de Moche, se convirtieron en atractivo turístico, con visitantes que acudían a fotografiarse junto a ellas.
Sin embargo, la iniciativa no estuvo exenta de rechazo entre los propios vecinos, que cuestionaron la falta de criterio al emplazar imágenes explícitas en un entorno transitado por familias. La controversia escaló hasta un punto extremo: la estatua del llamado “huaco erótico gigante” recibió disparos en un episodio que evidenció la intensidad del conflicto social generado por la pieza.
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El contraste entre la defensa municipal del patrimonio y el malestar de ciertos sectores religiosos conservadores preparó el terreno para que la discusión trascendiera el ámbito local y llegara, años después, al Senado peruano, en un clima político marcado por la presencia de partidos con agenda activa en temas de género y educación sexual.
Museo Larco exhibe las piezas con curaduría y advertencias
El Museo Larco, en Lima, alberga una de las colecciones más importantes de arte erótico precolombino de la región y ofrece un modelo de gestión que combina acceso al público con contextualización histórica. Su exhibición se organiza en cinco espacios temáticos: el cuerpo femenino y la maternidad, la unión sexual y la fertilidad, los rituales sexuales no reproductivos, el cuerpo masculino como emisor de vida, y el “mundo de abajo”, donde los muertos se representan como seres sexualmente activos.
La institución incluye advertencias sobre la naturaleza de la muestra y recomendaciones para el ingreso de menores, de modo que padres y educadores puedan decidir cómo y cuándo exponer a los niños a estas salas. Ese enfoque evita tanto la invisibilización total del contenido como la exhibición sin contexto, y ha sido señalado por especialistas como un posible modelo para el espacio público.
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Promsex planteó que la postura de Jáuregui construye una falsa oposición entre protección de la infancia y acceso al conocimiento, al sugerir que no es necesario restringir el saber histórico para cuidar a los niños. La organización defendió que los huacos eróticos pueden formar parte de procesos educativos sobre historia, cuerpo y cultura, sin que ello implique un riesgo para los menores.
La diferencia entre arte erótico y pornografía radica en su intención y contexto: mientras la pornografía busca la excitación inmediata y descontextualiza los cuerpos, los huacos eróticos requieren explicación y se inscriben en narrativas sobre la vida, la muerte y la fertilidad agrícola. Esa distinción es, según los especialistas consultados, el punto que el debate político suele pasar por alto.
Las posiciones enfrentadas sobre el futuro de las esculturas
El cruce entre la senadora y los especialistas no se limita a un desacuerdo puntual, sino que expone visiones distintas sobre cómo gestionar el patrimonio con contenido sexual en el espacio público. Mientras Jáuregui insiste en que las piezas deben confinarse a museos con acceso controlado, organizaciones como Promsex y especialistas en psicología sostienen que existen alternativas intermedias, como la señalización informativa y la mediación educativa, que no requieren retirar las esculturas de la vía pública.
El Ministerio de Cultura, representado por el ministro Beingolea en la sesión del Senado, no se pronunció públicamente sobre el pedido de retiro de las esculturas, aunque la comisión legislativa quedó encargada de dar seguimiento al planteo de la senadora. La definición sobre el futuro del Parque de la Fertilidad dependerá, en los próximos meses, de las gestiones entre el gobierno local de Moche, el Ministerio de Cultura y los sectores que han tomado posición en el debate.
La controversia se inscribe, además, en una serie de iniciativas legislativas impulsadas por sectores conservadores y evangélicos en el Congreso peruano, orientadas a limitar contenidos de educación sexual integral en escuelas y restringir representaciones de diversidad sexual en el espacio público. Ese contexto político alimenta la expectativa sobre cómo se resolverá el caso puntual de los huacos eróticos moche.
Por ahora, las esculturas del Parque de la Fertilidad permanecen en su ubicación original en Moche, mientras continúa el intercambio público entre la senadora, los especialistas en psicología infantil y las organizaciones de derechos sexuales sobre la pertinencia de su exhibición en espacios de uso familiar.
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