Lima se queda sin hijos: en este distrito, la fecundidad no llega ni a un hijo por mujer

La capital registra una caída sostenida de la fecundidad durante la última década. Otros distritos también presentan promedios inferiores a un hijo por mujer

Perú registra un descenso en nacimientos
Foto composición: Infobae Perú.
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San Borja registra la menor tasa de fecundidad entre los distritos de Lima Metropolitana, con un promedio de apenas 0,80 hijos por mujer, según un cálculo elaborado a partir de información del Repositorio Único Nacional de Información en Salud (REUNIS) del Ministerio de Salud (Minsa) y del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). La cifra lo ubica por debajo de otros distritos de la capital donde el indicador también se encuentra por debajo de un hijo por mujer.

El dato forma parte de una tendencia más amplia de reducción de la fecundidad en Lima Metropolitana. De acuerdo con las cifras recopiladas para 2025, el promedio de la capital se sitúa en 1,11 hijos por mujer, frente a los 2,2 registrados en 2015.

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¿Qué otros distritos tienen menos hijos por mujer?

Después de San Borja, Chaclacayo registra una tasa de 0,85 hijos por mujer y Pueblo Libre alcanza 0,94, de acuerdo con el cuadro distrital recopilado. San Miguel (0,96), Los Olivos (0,97) y Santiago de Surco (0,98) también presentan promedios inferiores a un hijo por mujer.

En el extremo opuesto aparece Pucusana, con 1,84 hijos por mujer, seguida de Jesús María (1,76) y Lince (1,67).

Lima Metropolitana también registra una baja fecundidad

Personas en Lima, Perú
Perú tendría un futuro difícil, con la tasa de natalidad en caída y siendo un país aún en desarrollo. - Crédito Andina/Juan Carlos Guzmán Negrini

La tendencia distrital coincide con el descenso de la fecundidad en el país. Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) 2025, publicada por el INEI en junio de 2026, la tasa global de fecundidad nacional fue de 1,7 hijos por mujer. En el área urbana alcanzó 1,6, mientras que en la rural llegó a 2,5.

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La tasa global de fecundidad estima el número promedio de hijos nacidos vivos que tendría una mujer durante su vida reproductiva si se mantuvieran las tasas de fecundidad por edad observadas. Es un indicador demográfico distinto del número de nacimientos registrados durante un año.

El contraste con el nivel de reemplazo poblacional también resulta relevante. Como referencia demográfica, suele utilizarse una tasa de alrededor de 2,1 hijos por mujer para mantener el tamaño de una población a largo plazo, en ausencia de migración y bajo determinadas condiciones de mortalidad. Los promedios reportados para Lima se encuentran por debajo de ese umbral.

¿Por qué preocupa la reducción de la fecundidad?

La disminución de los nacimientos modifica la estructura por edades de la población: reduce el peso relativo de los niños y, junto con el aumento de la esperanza de vida, contribuye al envejecimiento demográfico. En el Perú, la proporción de personas de 60 años a más pasó de 5,7% en 1950 a 14,3% en 2026, mientras que la población menor de 15 años disminuyó de 42% a 24% en el mismo periodo, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).

Este cambio también tiene consecuencias económicas. Cuando las generaciones jóvenes son proporcionalmente más pequeñas y aumenta la población adulta mayor, se transforma la relación entre las personas en edad de trabajar y quienes requieren pensiones, atención sanitaria o cuidados. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte que el envejecimiento incrementará la demanda de estos servicios y plantea desafíos para la sostenibilidad de los sistemas de protección social.

Otro aspecto es el llamado bono demográfico, periodo en el que la población en edad de trabajar representa una proporción elevada frente a los grupos dependientes, como niños y adultos mayores. El descenso de la fecundidad puede favorecer esta etapa al reducir inicialmente la proporción de menores, pero esa ventaja es temporal: a medida que las generaciones numerosas envejecen y las nuevas generaciones son más pequeñas, aumenta la presión sobre los sistemas de pensiones, salud y cuidados.

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