El éxito no está asegurado

El sector agrícola alcanzó más de 140 destinos con 2,790 compañías ese año, tras la apertura comercial, la inversión privada, la infraestructura hídrica y la vigencia de 25 acuerdos internacionales

En Peribán, México, el 18 de enero de 2025, se ven cajas llenas de aguacates recién recolectados en una plantación, a la espera de ser exportadas a EEUU, REUTERS/Iván Arias
En Peribán, México, el 18 de enero de 2025, se ven cajas llenas de aguacates recién recolectados en una plantación, a la espera de ser exportadas a EEUU, REUTERS/Iván Arias
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Esta semana compartimos con una delegación empresarial chilena la transformación de la agricultura peruana. Entre 2000 y 2025, nuestras agroexportaciones pasaron de US$ 642 millones a US$ 14,529 millones: se multiplicaron más de 22 veces. Un resultado extraordinario que demuestra lo que podemos lograr cuando existen condiciones para invertir, producir y competir internacionalmente.

Esta transformación no fue casualidad. La apertura comercial, los 25 acuerdos comerciales vigentes, la inversión privada, la infraestructura hídrica, la sanidad agraria y un marco regulatorio favorable permitieron convertir extensiones desérticas en tierras productivas y posicionar productos como arándanos, uvas y paltas en los mercados internacionales.

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Las agroexportaciones peruanas sumaron USD 5.642 millones en el primer semestre de 2026, un 3,6% más que en igual periodo de 2025, según Midagri.
Las agroexportaciones peruanas sumaron USD 5.642 millones en el primer semestre de 2026, un 3,6% más que en igual periodo de 2025, según Midagri. Foto: Imagen Ilustrativa Infobae

Pero los TLC, por sí solos, no garantizan exportaciones. Se necesitan protocolos fitosanitarios, infraestructura, tecnología, logística eficiente y empresas capaces de cumplir las exigencias internacionales. En 2025, más de 2,790 empresas exportaron productos agrícolas a más de 140 destinos. Asimismo, el empleo formal agroexportador creció significativamente, generando oportunidades que trascienden el campo y alcanzan al procesamiento, transporte y otros servicios.

Sin embargo, estos resultados no deben ocultar los riesgos. Porque no solo está en juego cuánto más podemos crecer, sino cuánto de lo avanzado podríamos perder.

En 2025, las ventas externas de frutas y hortalizas superaron los USD 8.104 millones y alcanzaron destinos en más de 130 mercados internacionales.
En 2025, las ventas externas de frutas y hortalizas superaron los USD 8.104 millones y alcanzaron destinos en más de 130 mercados internacionales. Foto: Andina

Persisten enormes brechas de informalidad, productividad, financiamiento y acceso a mercados. Buena parte de nuestros productores agrícolas permanece al margen de las cadenas globales de valor. Incorporarlos exige asistencia técnica, asociatividad, acceso al crédito y menores costos de formalización. No basta con que exporten más quienes ya lo hacen; necesitamos que muchos más puedan participar.

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La infraestructura constituye otro desafío. Las demoras en la ejecución de proyectos como Majes Siguas II, Chavimochic III, Chinecas y Alto Piura postergan la ampliación de la frontera agrícola y nuevas oportunidades de inversión, empleo y exportación. A ello se suman las deficiencias de conectividad vial, los elevados costos logísticos y las limitaciones de almacenamiento y transporte, especialmente para productos perecibles.

FILE PHOTO: Workers harvest strawberries grown for export, after tariffs were imposed on Mexico by the U.S., in Acuitzio, Mexico March 4, 2025. REUTERS/Ivan Arias/File Photo
FILE PHOTO: Workers harvest strawberries grown for export, after tariffs were imposed on Mexico by the U.S., in Acuitzio, Mexico March 4, 2025. REUTERS/Ivan Arias/File Photo

Tampoco podemos permanecer al margen de la innovación. La moratoria a los transgénicos restringe herramientas biotecnológicas que podrían contribuir a elevar la productividad y enfrentar los desafíos climáticos, en un contexto de creciente presión sobre la disponibilidad de agua.

A estas limitaciones se suma un entorno internacional más desafiante. Los aranceles estadounidenses afectan productos emblemáticos de nuestra agroexportación. Según nos han trasladado empresas del sector, muchas vienen asumiendo prácticamente todo este sobrecosto para preservar su participación en las grandes cadenas de distribución, sin lograr trasladarlo a sus compradores. Sus márgenes se reducen y, con ellos, su capacidad de reinversión. Mientras desde el exterior se encarece competir, internamente seguimos postergando las mejoras que permitirían compensar esos mayores costos.

Campo de cultivos de plantas verdes, canales de riego con agua, caminos de tierra, cielo con nubes oscuras y luz amarilla, montañas difusas en el horizonte.
Un paisaje agrícola costero en Perú muestra un campo de cultivos en primer plano con canales de riego y tierra húmeda bajo un cielo de nubes densas y luz amarilla. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Existe, además, un riesgo de mediano plazo. En 2035 vencen los beneficios tributarios del régimen agrario. Desde 2036, las empresas comprendidas pasarán de pagar 15% a 29.5% de impuesto a la renta, mientras obligaciones laborales como el bono BETA permanecerán. Las inversiones agrícolas requieren horizontes largos, estabilidad y condiciones competitivas.

Cuando llegue el momento de discutir la continuidad del régimen, no bastará exhibir récords de exportación. Importará cuántas nuevas empresas, familias agrícolas y trabajadores lograron incorporarse a la formalidad y beneficiarse del comercio exterior. De lo contrario, crecerá el espacio para propuestas que, bajo el argumento de proteger a la agricultura nacional, terminen restringiendo el comercio o debilitando la seguridad jurídica.

La mejor defensa del régimen agrario no será proteger a quienes ya exportan, sino lograr que muchos más puedan hacerlo.

Rafael Zacnich

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