Hace poco asistí al seminario final del Knowledge Sharing Program (KSP) 2025/26 entre Corea y el Perú, ejecutado por el Korea Development Institute junto al Ministerio de la Producción. Fui esperando el género habitual de estos encuentros —un país exitoso cuenta su historia y el país anfitrión toma nota— y me encontré con algo distinto: un diagnóstico sobre el Perú que vale la pena discutir.
Cuando se habla de por qué el Perú innova poco, la respuesta casi automática es que faltan recursos y programas. El estudio del KSP plantea otra lectura. El Perú ya cuenta con capital semilla a través de StartUp Perú, apoyo a incubadoras y aceleradoras, un fondo de fondos público, regulación de crowdfunding e incentivos tributarios para investigación, desarrollo e innovación.
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El problema es otro: la continuidad limitada entre etapas.
Los instrumentos existen, pero no necesariamente funcionan como un sistema. Una idea puede recibir apoyo para validarse, pero luego tener dificultades para encontrar capital privado, clientes o financiamiento para crecer. Tenemos las piezas, pero no siempre tenemos la arquitectura que las conecte.
El estudio identifica cuatro discontinuidades a lo largo del ciclo de financiamiento y añade algo especialmente relevante: todas son más severas fuera de Lima, donde existen menos redes de inversionistas, servicios especializados y demanda corporativa.
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La experiencia coreana también deja una lección menos evidente que simplemente “invertir más”. Corea construyó sus instrumentos de manera progresiva y conectada. Combinó capital público con inversión privada, desarrolló incentivos para distintas etapas del ciclo y creó mecanismos en los que la selección del sector privado sirve como una primera señal para orientar el apoyo público.
El orden también importó: primero se construyeron las bases legales y financieras; después llegaron otros incentivos y mecanismos para profundizar el mercado.
¿Qué implica esto para el Perú?
La recomendación central del estudio es sencilla de formular y bastante más difícil de ejecutar: fortalecer y conectar los instrumentos existentes antes de crear instituciones nuevas.
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Eso supone, por ejemplo, que cada programa tenga claro cuál debería ser el siguiente paso para una empresa que lo aprovecha bien. También implica mejorar la conexión entre capital semilla, inversión privada, clientes corporativos y financiamiento posterior.
En el frente de capital, el estudio propone fortalecer el Fondo de Capital para Emprendimientos Innovadores y explorar mecanismos de coinversión con inversionistas privados antes de crear nuevos fondos.
Sostengo que algunos de nuestros problemas de desarrollo productivo suelen diagnosticarse principalmente como problemas de recursos cuando también son problemas de gestión y diseño institucional.
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Este estudio es una buena muestra.
Claro que el presupuesto importa. Pero también importa que los programas conversen entre sí, que exista una secuencia y que una empresa pueda saber qué viene después.
Tal vez el siguiente paso para fortalecer el ecosistema de innovación peruano no sea agregar una pieza más.
Tal vez sea conseguir, por fin, que las piezas que ya tenemos funcionen como una arquitectura.
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