Un megaterremoto de entre 8,5 y 8,8 grados representa una amenaza persistente para la costa central de Perú, especialmente para las regiones de Lima, Ica y Áncash. Según explicó el sismólogo César Jiménez, docente de la Facultad de Ciencias Físicas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la acumulación de energía sísmica en esa zona podría desencadenar un evento de grandes proporciones en cualquier momento.
Jiménez enfatizó que, pese a la reciente sucesión de terremotos en Venezuela, México y Colombia, no existe relación causal entre esos fenómenos y el peligro que enfrenta el litoral peruano. Cada uno de estos movimientos sísmicos responde a condiciones geológicas independientes, de acuerdo con el especialista. En el caso colombiano, el origen se ubicó en la subducción de la placa de Nazca bajo la placa continental, con una profundidad estimada de 110 kilómetros.
Solo el 20% de la energía acumulada ha sido liberada desde 1746
El dato que subraya la preocupación de los científicos se basa en estudios recientes: los terremotos ocurridos en la zona central de Perú desde 1746 solo habrían liberado un 20% de la energía sísmica acumulada, de acuerdo con Jiménez. Esto implica que cerca del 80% de la energía permanece almacenada y podría liberarse en un solo evento de gran magnitud que abarque las áreas comprendidas entre Lima, Ica y Huarmey.
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Jiménez detalló que, desde el siglo XVIII, la región ha experimentado sismos relevantes, como el terremoto de Huacho en 1940, Barranca en 1966, Lima en 1974 y Pisco en 2007. Sin embargo, esos eventos no bastaron para descargar completamente la energía acumulada. El especialista fundamentó su diagnóstico en investigaciones realizadas por el Instituto Geofísico del Perú (IGP) durante 2016, que identificaron zonas específicas de silencio sísmico y un área de aspereza significativa entre Paracas y Huarmey.
La acumulación de energía sísmica en el segmento central del litoral convierte a esta franja en un sector de alto riesgo, pues la presión tectónica podría desencadenar un sismo mayor sin aviso previo. Jiménez subrayó la imposibilidad de prever la fecha exacta del próximo gran terremoto: “Puede ocurrir en una semana, en un año o en 100 años, pero terminará por registrarse en la zona central del país”, sostuvo el especialista.
La franja costera central presenta zonas de silencio sísmico
La costa central del Perú, de acuerdo con el mapa sísmico elaborado por el IGP, concentra una amplia zona de silencio sísmico. Este concepto se refiere a segmentos donde, a pesar de la alta actividad tectónica, no se han producido terremotos importantes durante largos periodos, lo que incrementa la probabilidad de un evento súbito y de gran magnitud.
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Jiménez comparó la situación peruana con la de países como Chile y Japón, donde la actividad sísmica es constante y las experiencias históricas han dejado lecciones importantes para la preparación y la mitigación de daños. En Perú, la historia registra ejemplos como el megaterremoto de 1746, que devastó el Callao y obligó a la reconstrucción total del puerto, incluida la construcción del Real Felipe.
El especialista remarcó que la zona de aspereza detectada entre Paracas y Huarmey concentra una parte importante de la carga sísmica no liberada. Los estudios del IGP sugieren que este segmento, aún inactivo, representa el mayor peligro para la capital y las ciudades cercanas.
Distritos vulnerables frente a un posible megaterremoto
Consultado sobre las zonas más expuestas, César Jiménez mencionó el mapa de microzonificación sísmica de Lima. Entre las áreas de mayor vulnerabilidad identificó a Ventanilla, Callao, La Punta y los distritos del sur como Villa El Salvador y Chorrillos. El tipo de suelo en estos sectores, caracterizado por su textura arenosa, incrementa la posibilidad de daños estructurales graves en caso de un sismo de gran magnitud.
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La proximidad al mar agrava el riesgo, ya que un movimiento telúrico de esas características podría originar un tsunami. El antecedente más relevante es el tsunami de 1746, cuando la ola impactó el Callao apenas 24 minutos después del sismo, según simulaciones numéricas desarrolladas por el equipo de Jiménez. En aquel episodio, de una población de 5.000 personas, solo sobrevivieron 200, según crónicas históricas.
El especialista recordó que la devastación total del puerto marcó la historia urbana y social de la franja costera central. Esa dimensión de desastre ilustra la magnitud que podría alcanzar un evento similar en la actualidad.
Impacto en servicios básicos y necesidad de preparación
El riesgo de un megaterremoto no se limita al colapso de edificios e infraestructuras. Según Jiménez, un sismo de gran magnitud podría afectar de modo inmediato el suministro de agua potable, energía eléctrica y servicios de comunicación. El ejemplo reciente más cercano fue el terremoto de Pisco en 2007, cuando las redes telefónicas y de internet sufrieron interrupciones prolongadas.
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El especialista recomendó que las autoridades del gobierno central, los gobiernos regionales y las municipalidades implementen acciones de prevención y preparación, tanto en la planificación urbana como en la educación de la población. Afirmó que cada familia debe conocer las zonas seguras de su vivienda y realizar mejoras para disminuir su exposición al riesgo.
Jiménez sugirió que, tras un evento sísmico de gran magnitud, la comunicación inmediata se realice preferentemente mediante mensajes de texto convencionales, ya que suelen mantenerse operativos cuando fallan otras vías. Además, recomendó contar con reservas básicas de alimentos, agua y abrigo para los días posteriores a una emergencia.
La advertencia de los científicos persiste: la acumulación de energía sísmica en la costa central peruana mantiene latente la posibilidad de un megaterremoto que podría transformar por completo la vida en Lima, Ica y Áncash. Prepararse para ese escenario constituye una de las principales tareas de gestión de riesgo para la región.
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