El cardenal Carlos Castillo, arzobispo de Lima, llamó a reivindicar la dignidad y la soberanía de los pueblos latinoamericanos ante lo que describió como una mirada puramente mercantilista con la que potencias y organismos internacionales tratan a la región. Lo hizo en el marco del programa «León XIV vuelve a casa», impulsado por la oficina de comunicaciones del Arzobispado de Lima, de cara al viaje apostólico del papa León XIV al Perú, previsto del 11 al 17 de noviembre.
En diálogo con el periodista Juan José Dioses, Castillo situó a América Latina en el centro de un debate global que abarca la discriminación a los migrantes, la explotación de recursos naturales y los riesgos de una deshumanización acelerada por la tecnología. El purpurado sostuvo que uno de los problemas más graves del momento es que “no se reconoce que somos una sola humanidad”.
El arzobispo de Lima subrayó que la elección del Santo Padre de visitar tres países sudamericanos —Perú, Argentina y Uruguay— es un gesto deliberado para visibilizar el valor intrínseco de la región en el mapa global. Frente a quienes reducen a Latinoamérica a su potencial extractivo, Castillo fue enfático: “Algunos países nos ven solamente como una mina de oro o de minerales raros, y nos ven por el negocio, nada más. Nosotros no somos cosas: somos seres humanos que tenemos una historia y una vida”.
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La denuncia del cardenal se extendió también al trato que reciben los migrantes latinoamericanos. “Hemos visto la injuria que significa que se llegue a vapulear a nuestras naciones o el desprecio por los migrantes, que es un drama humano grande y serio en nuestro continente”, afirmó. Para Castillo, recuperar la autoestima colectiva pasa por “aprender a reconocer lo que somos en nuestra grandeza” y por defender “nuestra independencia y nuestra soberanía como países”.
El Perú como espejo de la región
El cardenal Castillo destacó que la decisión del papa León XIV de recorrer las tres grandes regiones geográficas del Perú —la costa en Chiclayo y Lima, la selva en Pucallpa y la sierra en el Cusco— no es casual. Para el arzobispo, esa ruta recoge toda la diversidad que converge en el país andino y lo convierte en un microcosmos de lo que vive el continente: “El Perú es como un mundo en pequeño, es reflejo de lo que vive la región”.
Castillo precisó que esa diversidad no debe entenderse como un obstáculo a superar, sino como una riqueza que el diálogo permite articular. “La unidad no es simplemente homologación o masificación; la unidad es compartir dialógicamente nuestra diversidad para irnos uniendo en lo que vale la pena reconocer como propio y distinto”, sostuvo. La visita apostólica, que se extenderá por siete días, llega así cargada de un simbolismo que trasciende la geografía y apunta a la identidad plural de toda América Latina.
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Una preparación espiritual, no logística
El arzobispo de Lima hizo un llamado expreso a que la preparación para la visita del papa León XIV no se reduzca a la organización operativa ni a la búsqueda de la fotografía anecdótica. Castillo reveló que el propio pontífice le transmitió, en su última conversación en Roma, una petición concreta: “El Papa textualmente me dijo que quería que la gente hablara. Para esta visita apostólica, vamos a prepararnos en distintos grupos para preparar nuestras preguntas y que el Papa nos escuche”.
Esa orientación convierte el viaje en un ejercicio de escucha mutua antes que en un acto de recepción pasiva. El cardenal instó a que cada persona realice “un acto de meditación y oración personal” como punto de partida, y que desde allí se construya un proceso comunitario de reflexión. La imagen que propuso es la de una Iglesia que aprende a escuchar antes de hablar, en sintonía con el espíritu sinodal que el pontífice ha promovido desde el inicio de su pontificado.
Sinodalidad frente a la deshumanización tecnológica
Carlos Castillo vinculó la experiencia del Sínodo y el modelo de sinodalidad con las advertencias que el papa León XIV desarrolló en su encíclica Magnífica Humanitas. Para el purpurado, América Latina está en condiciones de ofrecer al mundo un modelo alternativo de comunidad y diálogo humano frente a dos amenazas que considera urgentes: la automatización de la vida cotidiana y el avance de una guerra progresivamente deshumanizada.
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“Nuestra humanidad está decayendo producto de la rapidez, la ligereza del lenguaje y el desprecio. Se está perdiendo la capacidad de conversar, de vernos cara a cara. Ante esta avidez profunda de ser seres humanos, el Papa pone el acento en eso y llama a que reconformemos los sistemas de vida”, señaló el arzobispo. La región, a su juicio, no debe limitarse a recibir ese diagnóstico, sino a protagonizar la respuesta.
La Iglesia como modelo de autoridad invertida
El cardenal Castillo desarrolló una imagen que sintetiza su visión de la sinodalidad: la pirámide al revés. En ese esquema, el pueblo ocupa la cima, los sacerdotes el centro y los obispos la base, en su rol de servidores. “La sinodalidad implica que todos construimos la Iglesia y redefine el concepto de autoridad”, explicó, y añadió que una comunidad eclesial que aprende a escucharse y a decidir en conjunto genera una inspiración directa para que la sociedad civil retome los caminos del diálogo.
Esa propuesta adquiere mayor peso en el contexto del viaje apostólico. La visita del papa León XIV —quien se reunió en audiencia privada con Castillo en julio de 2026— llega a una región que el cardenal describe como capaz de aportar una voz propia al debate global, una voz que defienda la dignidad humana, la soberanía de los pueblos y el valor del encuentro cara a cara frente a la aceleración tecnológica.
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