Cada 22 de julio se conmemora el Día Mundial del Cerebro, una fecha que busca crear conciencia sobre las enfermedades neurológicas y la importancia de cuidar este órgano vital. Entre ellas, el accidente cerebrovascular (ACV), también conocido como derrame cerebral, destaca por ser una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo.
A nivel mundial, el ACV afecta a 93,8 millones de personas y representa la tercera causa de muerte y discapacidad. En el Perú, la situación también es preocupante: constituye la segunda causa de muerte, y las proyecciones estiman que los fallecimientos por esta enfermedad podrían aumentar de 33.065 en 2020 a 91.412 en 2035.
El doctor Manuel Moquillaza, médico neurólogo intervencionista, advierte que el tiempo es determinante cuando una persona sufre un accidente cerebrovascular.
“No es lo mismo tratar a un paciente a los 30 minutos de iniciado el ACV que a las ocho o doce horas. Más tiempo, más secuelas”, señala el especialista.
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Las tres señales de alerta que no debes ignorar
Aunque existen distintos síntomas, el neurólogo explica que hasta el 85 % de los accidentes cerebrovasculares isquémicos se presentan con al menos una de estas tres señales:
1. Dificultad para hablar
La persona comienza a hablar de forma extraña, arrastrando las palabras o con dificultad para pronunciar frases, como si estuviera bajo los efectos del alcohol sin haber consumido bebidas alcohólicas.
2. Pérdida de fuerza en un lado del cuerpo
Se presenta una debilidad repentina en el brazo y la pierna del mismo lado del cuerpo, dificultando levantar objetos, caminar o mantener el equilibrio.
3. Asimetría facial
Uno de los lados del rostro se cae o desvía de manera repentina. La sonrisa luce desigual y la boca puede inclinarse hacia un lado.
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Además de estos síntomas, también pueden aparecer mareos intensos, visión doble o pérdida súbita del equilibrio, signos que requieren atención médica inmediata.
¿Qué tipos de derrame cerebral existen?
El especialista explica que existen dos tipos principales de accidente cerebrovascular y que cada uno requiere un tratamiento diferente.
El ACV isquémico representa aproximadamente el 87 % de los casos y ocurre cuando una arteria del cerebro se obstruye por un coágulo, impidiendo el paso de sangre y oxígeno hacia el tejido cerebral.
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En estos pacientes pueden emplearse tratamientos como la trombólisis endovenosa, que utiliza un medicamento para disolver el coágulo, o la trombectomía mecánica, un procedimiento especializado mediante el cual se retira el coágulo a través de un catéter introducido por una arteria.
Por otro lado, el ACV hemorrágico, que corresponde al 13 % restante, ocurre cuando una arteria cerebral se rompe y provoca un sangrado dentro del cerebro.
En estos casos, los síntomas suelen incluir un dolor de cabeza intenso y repentino, acompañado de náuseas, vómitos y alteración progresiva del estado de conciencia. El tratamiento se enfoca en controlar la presión arterial y, cuando existe un aneurisma, realizar procedimientos endovasculares para sellarlo.
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¿Qué hacer si sospechas de un ACV?
Ante cualquiera de estas señales, el doctor Moquillaza recomienda actuar sin demora.
Las principales acciones son:
- Llamar inmediatamente al Sistema de Atención Móvil de Urgencia (SAMU) al 106 para solicitar una ambulancia o acudir a un centro de salud más cercano.
- Registrar la hora exacta en la que comenzaron los síntomas, ya que este dato determina qué tratamientos pueden aplicarse.
- No dejar sola a la persona afectada.
- Evitar que coma o beba alimentos o líquidos, debido al riesgo de atragantamiento.
- No esperar a que los síntomas desaparezcan por sí solos.
“Muchos pacientes llegan tarde porque creen que se trata de cansancio, estrés o un malestar pasajero. Ese retraso disminuye considerablemente las posibilidades de recuperación”, advierte el especialista.
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La hipertensión sigue siendo el principal factor de riesgo
Aunque el accidente cerebrovascular puede parecer inesperado, la mayoría de los casos está relacionada con factores que pueden prevenirse o controlarse.
El principal es la hipertensión arterial, seguida por la diabetes, el colesterol alto, el tabaquismo, la obesidad y la fibrilación auricular, una alteración del ritmo cardíaco que favorece la formación de coágulos.
También incrementan el riesgo el consumo excesivo de alcohol, el sedentarismo, la mala alimentación y el estrés crónico.
En el marco del Día Mundial del Cerebro, los especialistas recuerdan que reconocer los síntomas y buscar atención médica inmediata puede marcar la diferencia entre una recuperación completa y una discapacidad permanente.
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“El reconocimiento oportuno y el tratamiento adecuado pueden ser la diferencia entre la recuperación total de un paciente y secuelas irreversibles. Ante cualquier señal de alerta, cada segundo cuenta”, concluye el doctor Manuel Moquillaza.