La voz de Lucía de la Cruz volvió a resonar con fuerza, esta vez no solo por su trayectoria artística, sino por una serie de confesiones personales que dejaron al descubierto episodios poco conocidos de su vida.
Durante su participación en un podcast, la intérprete abordó distintos momentos de su historia, incluyendo su relación con Gisela Valcárcel, una figura a la que, según recordó, considera parte importante de su entorno, aunque no sin matices.
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Desde el inicio de la conversación, la artista dejó en claro que su vínculo con la conductora tiene una carga emocional significativa. “Mi madrina Gisela Valcárcel, que se olvidó de su ahijada Lucía”, expresó.
Lejos de tratarse de una declaración aislada, sus palabras dieron paso a un relato más amplio sobre experiencias que, según explicó, marcaron su percepción de esa relación. La criolla recordó que, en diversas oportunidades, fue convocada para presentarse en el programa de Valcárcel, pero que esas invitaciones no siempre se concretaban de la manera esperada.
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“Se olvidó, porque a veces me llamaban del programa en la mañana, yo me preparaba para el día siguiente y en la noche de ese mismo día me decían, ‘uy Lucía se ha postergado la presentación y vamos a cambiar’ y ya comenzaron a fastidiarme esas cosas…”, relató a Trome.
Sin embargo, pese a la claridad de su relato, la intérprete fue enfática en señalar que no guarda resentimientos. Su discurso, lejos de buscar confrontación, se mantuvo en un tono conciliador, reflejando una actitud que prioriza el respeto por encima de las diferencias.
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“Sí, pero claro cada uno con su tema. Yo respeto a todo el mundo y si me invitan voy con mucho cariño y si no también…”, sostuvo, dejando en claro que su disposición hacia la conductora no ha cambiado en términos de cordialidad.
Más allá de este tema, la conversación también permitió conocer aspectos más íntimos de su vida, particularmente en el ámbito sentimental. En un tono más distendido, pero igualmente revelador, la cantante sorprendió al compartir una cifra que llamó la atención de inmediato.
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“162 enamorados. O sea, el lunes era Miguel, el martes era Renzo, el miércoles Santiago y así sucesivamente. Pero nadie me tocaba, porque mi mamá me decía de acá para acá, todo. De acá para acá, nada”, comentó al medio citado.
El breve romance con Miguel Barraza
La anécdota, más allá de su tono anecdótico, refleja una etapa de su vida marcada por la inocencia y las normas familiares. En ese sentido, la artista explicó que sus relaciones en la adolescencia tenían un carácter distinto al que podría imaginarse hoy.
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“Yo tenía 12, 13 años y los amiguitos míos eran de tomarnos de la mano, caminar de la mano y ya éramos novios, así un besito en la mejilla nos despedíamos y así comencé a contar mis novios”, añadió.